Cuarenta años de la Escuela Provincial de Cine y Televisión de Rosario. Entrevistas a sus Directores: Raúl Bertone, Héctor Molina, Sergio García y Federico Mateucci
Elida Moreyra(*)
ARK-CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/kzn8f39hw
I - Introducción
En mayo de 1984, comenzaron las clases en la Escuela Provincial de Cine y Televisión (EPCTV) de Rosario. El presente escrito se propone recorrer aspectos particulares de esos 40 años transcurridos, a partir de entrevistas realizadas a quienes se desempeñaron como directores de la institución. Durante los primeros 30 años, Raúl Bertone dirigió la EPCTV, lo sucedieron, en esa tarea, Héctor Molina, Sergio García y quien desempeña actualmente el cargo de director, Federico Mateucci.
Las entrevistas se deslizan por una variedad de temas que van construyendo del perfil particular de esta casa de estudios. Esta singularidad deviene sobre todo de su génesis, de su pertenencia regional, como también de las características de los sujetos e instituciones que participaron en su concreción como escuela. Las preguntas formuladas y sus respuestas están directamente asociadas a la circunstancia festiva de este aniversario. Pero, si bien se tratan temas puntuales relacionados con hechos propios que marcan a esta institución, no puede dejarse de lado que aparezcan al análisis como una reversión. Pueden así identificarse tópicos, reclamos, deudas y proyectos que se conectan con muchas de las problemáticas generales de las escuelas de educación artística de la región. La EPCTV es única, pero sus dichas y problemas, logros y falencias, son compartidas con las instituciones de enseñanza de disciplinas artísticas en general, y del cine en particular, surgidas en y desde la vuelta a la democracia.
Los temas que aparecen en estas entrevistas refieren a la preocupación política y la necesidad educativa de encontrar un equilibrio entre la transmisión de la experiencia técnica y la reflexión sobre la cultura. También a la urgencia de solucionar los problemas de la relación entre la política educativa enunciada y su traducción en un presupuesto que retrasa la incorporación de nueva tecnología. Un tema importante será también la especificidad metodológica aplicada a la tarea pedagógica y su relación directa con la reglamentación del trabajo docente. Además, preocupa la demora en el tratamiento de acuerdos sindicales que promuevan la revisión y rediseño de la educación artística, acercándola a un ideal de construcción de identidad cultural regional.
Paralelamente a las cuestiones que podríamos asegurar comunes al conjunto de las instituciones que van asumiendo —a partir de la década del 80— la formación en realización audiovisual, aparecen otros temas que otorgan una identidad particular a la EPCTV. En este sentido, su surgimiento —temprano, inaugural, dentro del conjunto de las escuelas provinciales de cine en Argentina— así como la genealogía en la que se inscribe, van adelantando su devenir técnico, temático y estético, construido de manera original.
II – Antecedentes de la EPCTV
El quehacer documentalista argentino ha visto en Birri una figura fundante. Conceptos como el de “encuesta social filmada” o “contrainformación” se han instalado, aun con distintos significados, en el glosario compartido de este grupo de pertenencia. Los cineastas rosarinos, y los documentalistas en particular, nunca reniegan de pensarse enlazados a la tradición del Instituto de Cinematografía de Santa Fe. Así, independientemente de una adhesión estética o política, se asume esa especie de identidad familiar con respecto a una gesta reconocida como iniciadora de la renovación del cine latinoamericano.
Una exclusividad genealógica que reconozca al Instituto de Cinematografía de Santa Fe, dentro de la Universidad Nacional del Litoral, como único antecedente de la EPCTV no resiste demasiada profundidad analítica. Raúl Bertone y Héctor Molina coinciden en el rol decisivo de un espacio protagónico en la génesis de la escuela: el Taller de Cine de Arteón.
Con una trayectoria teatral que había comenzado veinte años antes, Arteón era un grupo reconocido dentro de la actividad artística de Rosario. Sus talleres (de teatro, danza y cine) fueron lugares donde se podía pensar y discutir, crear y proyectar, aun en momentos muy duros como los transcurridos entre 1976 y 1983. La sangrienta dictadura había “logrado” que un conjunto diverso en edad y niveles educativos, con sujetos provenientes de sectores políticos muy disímiles, ahora igualmente perseguidos, coincidiera —se refugiara— en este espacio cultural y artístico.
No se puede suscribir una coincidencia integral, artística o política y mucho menos partidaria, entre el Birri de los 60 y el Arteón de ese momento. Pero si se puede afirmar que ese “refugio”, compartía algunos postulados que consideraremos coincidentes con los del —para entonces— Instituto de Cinematografía de Birri.
La formación en los talleres de Arteón no admitía una figuración donde el divismo fuera la manera de instalarse. Proponía una integración de roles que, a través de un trabajo que privilegiaba la improvisación y la horizontalidad no admitía otra manera de crear que no fuera la grupal. De este modo, roles tradicionalmente centrales debían dislocarse e integrarse para ser fieles a aquello que, casi como un mantra, era el fundamento más identificable en Arteón: la práctica de la creación colectiva,
…que reemplazaba la figura del autor y el director. El “nosotros” plantea un modelo donde no solo es la metodología de creación lo que se pone en juego sino también las temáticas y la inserción del trabajo teatral en la trama social. En la creación colectiva de los setenta hay voluntad de intervención política. Lo colectivo es una marca de una construcción donde se integra al otro, un modelo utópico de creación conjunta donde la idea de un mundo mejor parece ser posible (Arguello Pitt, 2009).
La importancia de reconocerse, de asumir una identidad, ya sea la pertenencia barrial, la herencia migrante, o la asociada a una tradición, eran centrales en la experiencia teatral de ese espacio. La búsqueda de un teatro nacional se transformaba en la búsqueda de una imagen nacional dentro del taller de cine. Las producciones de los talleristas de ese momento dan fe de esta idiosincrasia. El caso del corto Cabecita negra (1984), referido especialmente por Héctor Molina es ejemplo de esta forma de crear, así como de aprender y enseñar.
Las experiencias de las producciones cinematográficas de aquellos primeros egresados del Taller de Arteón eligieron mostrar aquello de lo que no quedaba bien hablar, aquello inconveniente desde un punto de vista pacato, y que coincidentemente, se acercaba al más significativo concepto legado por Birri de la “encuesta social filmada”. Esta categoría se hará presente en esos nóveles realizadores, incluso cuando no hayan podido ver siquiera un fotograma de Birri.
Es que la visualización de ese material y la del resto de los integrantes del Instituto de Cinematografía de Santa Fe no estaba al alcance en ese momento. Debieron pasar años para que fueran accesibles tanto a los investigadores, especialistas, como al público en general. Tampoco estuvieron disponibles muchos de los escritos de Birri. Ni los conceptos que luego se tornaron tan significativos como “tercer cine” o “contrainformación”, que no circulaban formalmente en el ámbito de la educación en realización audiovisual. Tampoco existía, salvo contados casos, tal educación audiovisual en la gran mayoría del territorio nacional.
Interesa aquí destacar la importancia de un espacio que no pertenecía al ámbito de la educación formal, sorteando los embates de la dictadura. En el taller de cine de Arteón convivían talleristas “viejos”, que estaban en los treinta, compartiendo con jóvenes, que apenas salían de la secundaria. Esta diversidad de experiencias apañaba una formación paralela: se aprendía la técnica en los salones de Córdoba al 1200, y luego el aprendizaje se completaba en los bares de calle Mitre, a la vuelta, café de por medio. Se conversaba/discutía sobre cine, historia, cultura, arte y política. La inquietud acerca de una imagen cinematográfica nacional y la necesidad de apropiársela a través de un nuevo cine nacional, ocupaba las interminables charlas posclase en los bares aledaños.
En las entrevistas es recurrente la alusión a la metodología del taller, que tenía una dinámica de ida y vuelta constante por la que el aprendizaje resultaba de una relación horizontal. Se enseñaba y aprendía simultáneamente tanto pericia técnica, como lenguaje artístico; tanto Historia, como actitud militante. Este formato pedagógico sui generis fue muy importante para la posterior historia de la realización audiovisual de la región.
La experiencia del Taller de Cine de Arteón se desarrolló entre 1978 y 1983. Constaba de un plan de aprendizaje de tres años que se concretó en cuatro promociones. Docentes y egresados de este taller serán los primeros docentes de la EPCTV.
Raúl Bertone menciona, también, el lugar que tuvieron, en el diseño de la EPCTV, las carreras universitarias de cine ya existentes. Las propuestas educativas en cine, en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) serán tomadas como modelo a la hora de pensar plan de estudios, metodologías pedagógicas y organización de la nueva escuela. Bertone, que había estudiado la carrera de Realizador Audiovisual que se dictaba en la Universidad Nacional de Córdoba, pasará de ser el responsable del taller de cine de Arteón, a ser docente, y pronto director, de la EPCTV.
III - ¿La Técnica o la Historia?
En el primer año de funcionamiento, la EPCTV pasa por un momento crítico. Un grupo importante de estudiantes, reunidos en asamblea evalúan la relación entre el contenido técnico y el contenido cultural e histórico que propone la carrera. Exigían y fundamentaban la necesidad de profundizar en aspectos técnicos. El reclamo se resumía en esta conclusión: habían ingresado a una escuela de cine y se encontraban estudiando historia.
Los cuatro directores entrevistados coinciden en que el área de cultura del plan, con su consecuente carga de formación en historia, estuvieron orientadas —y lo siguen estando— a lograr aptitudes específicas. La posibilidad de esbozar analíticamente una situación política, o la de definir un problema de orden social, así como disponer de herramientas para caracterizar problemáticas de la vida contemporánea, son centrales a la hora de proponerse hacer cine. Y es que las premisas formativas que vimos en el punto anterior (el Instituto Documentalista de Santa Fe, y Arteón en especial) refieren específicamente a una forma de hacer cine, directamente fundada en la necesidad de rebelarse contra la situación de dependencia (neocolonialismo decían Solanas y Getino; imperialismo decía Cine de la Base) en la que estaban sumidos los países latinoamericanos.
La crisis señalada al comienzo de este punto, promovió una sostenida discusión que se desarrolló a lo largo de varios meses, y que resultó valiosa. Cabe recordar aquí el gran slogan de la EPCTV “Descolonizando Pantallas” que acompañaría el nombre de la escuela, a partir de allí, durante varios años.
Como ya se ha mencionado antes, el antecedente de la EPCTV, el Taller de Arteón, dedicaba casi la totalidad del espacio de cursada a la práctica de las especificidades técnicas (luz, sonido, fotografía). Y la transmisión cultural, la reflexión política o la historia del cine se iban transitando en el ámbito de la charla informal. Pero ahora, en una institución educativa formal, dependiente de la Provincia de Santa Fe, y nucleada (junto a otras especialidades artísticas) en el Instituto Provincial de Arte (IPA), los contenidos culturales e históricos debían exponerse en el espacio áulico. Con el restablecimiento de la democracia, la técnica y la historia readecuaron su ubicación y alcances. Y el desarrollo y profundización del proceso de politización, ahora convertido en una actividad abierta, legal y extendida, necesita habitar las aulas.
Los ´90 nos dejaron una Ley de Cine, muchas nuevas escuelas de cine a lo largo del país; también un tipo de cambio que favoreció la renovación tecnológica. Sin embargo, fueron definitivamente negativos en cuanto a muchas otras cuestiones. Entre ellas, las reformas educativas en el nivel secundario. Uno de los recortes más efectivos a la hora del “cambio cultural” de esa década fue el que resintió la enseñanza de la Historia. La coincidencia es definitiva entre los entrevistados: las materias de la EPCTV como Problemática de la Cultura Argentina y Latinoamericana, Historia Regional, o Cultura del Siglo XX y XXI, así como también las que indagan en la historia de los medios audiovisuales en relación a los procesos sociales y políticos, como Cine, Televisión y Sociedad I y II, son los espacios que nutren de sentido la producción audiovisual que se espera de una escuela de cine. Como dice Sergio García, la escuela de cine te prepara técnicamente para decir cosas, pero esto sería inútil sin saber cuáles son esas cosas que se quieren decir.
IV - “A bailar se aprende bailando”. De licencias y competencias
Una de las cuestiones que aparece frecuentemente en las reuniones en escuelas de artes es la que atañe al problemático vínculo entre la normativa del trabajo docente, y la nula consideración acerca de la importancia de articularlo formalmente con la tarea investigativa, tanto como con la experiencia que resulta de la propia producción artística. En el plan de estudios de la EPCTV, el 65% de los 19 espacios curriculares (entre talleres, seminarios y materias) corresponden a áreas relacionadas con el quehacer técnico específico (Realización audiovisual, con especificidades como Guion o Dirección de actores, además de Tecnología, Iluminación, Sonido, Fotografía, etc).
Estos distintos espacios, corresponden a formas directamente vinculadas al hacer, que evidentemente se enriquecen en la praxis. No hace falta remarcar que la realización audiovisual se concreta materialmente a partir de prácticas de organización de la producción, siempre determinadas por una dura planificación orientada a la optimización del presupuesto disponible (en tiempo, dinero, y sujetos del trabajo). Precisamente, esta estricta planificación nunca encuentra espacio/tiempo a la hora de articularse con las posibilidades que la normativa del trabajo docente exige a quienes desarrollan esta tarea educativa en escuelas como la EPCTV. Esto deriva en que quienes enseñan deban (ilógicamente) alejarse de la producción audiovisual para poder seguir ejerciendo su tarea como docentes. No existe en este ámbito laboral la posibilidad de licencias que cubran el tiempo de una realización, el acompañamiento de una producción a un festival, o la participación en una muestra.
Los docentes de escuelas de arte, y algunos de los aquí entrevistados, refieren esto como un sinsentido que afecta directamente la calidad de la formación de los estudiantes de disciplinas artísticas. Esto proviene de una falta de consideración ministerial acerca de las particularidades de la producción artística o, directamente, de su desconocimiento. En plenarias, por ejemplo, se menciona esta falencia que, por repetida y desoída, parece haberse asumido como inamovible, empobreciendo la tarea docente en artes audiovisuales. El caso de la EPCTV no es ajeno a esta problemática. Si como dice Sergio García, “a bailar se aprende bailando, y a filmar, filmando” la inclusión de la experiencia formal de participación en proyectos audiovisuales debe contemplar la posibilidad real de que los docentes-realizadores tengan la oportunidad de incluir como trabajo de formación, capacitación y especialización, sus trayectorias en producción audiovisual.
También menciona García, que el mayor de los problemas de las escuelas artísticas reside en la falta de continuidad de los proyectos. Estando estos subsumidos a decisiones que cambian con las distintas gestiones provinciales, se dificulta el sostenimiento en el tiempo de experiencias que cuando se lograron resultaron exitosas. Nombra el “Campacine”, interesante experiencia pedagógica donde toda la escuela produce instalada en un campamento, o la realización de series, donde sobresale el caso de Siete Latidos (2016).
En el caso de las materias teóricas, históricas y culturales, la falencia en cuanto a espacios de formación e investigación, también es escasamente considerada, lo que redunda en una disminución del potencial de la formación específica. Sorprendentemente, el ámbito de la actividad de investigación de grado académico universitario no es considerado un valor a la hora de solicitar un permiso o una licencia en el ámbito de la docencia provincial (y viceversa). Esta cuestión termina generando que las posibilidades experienciales que pudieran generarse en este intercambio, terminen siendo relegadas, evitadas, en función de no incurrir en una inasistencia.
V – Conclusiones
Antes de comenzar con las conclusiones mencionaremos algunos temas que sólo fueron rozados o directamente obviados pero que se tocan o desarrollan en las entrevistas con los directores de la EPCTV. Al final de este escrito encontrarán los links para acceder a las grabaciones (editadas) respectivas. Allí podrá seguirse el lugar de la EPCTV en la fundación y trayectoria de la Federación de Escuelas de la Imagen y el Sonido de América Latina (FEISAL), experiencia relatada por Raúl Bertone, quien se desempeñó como presidente de la misma. O la gesta para ubicar físicamente la escuela en momentos, tanto antes como después de la pandemia, donde la cuestión de la carencia de “la casa propia” se traduce en fragilidades que afectan la tarea educativa; este tópico en especial, ha sido referido por Héctor Molina. A Sergio García le tocó de lleno el comienzo de una carrera nueva dentro de la EPCTV: el Profesorado en Realización Audiovisual y también la pandemia y el traslado de edificio. Federico Mateucci llega recientemente a la dirección, pero conociendo muy profundamente la Escuela. Habiendo transitado todos los espacios de ella, su entrevista mira hacia adelante mientras trabaja constantemente en este adecuar, aun con las indefiniciones acerca de que pueda ser momentáneo, el espacio físico que la EPCTV ocupa hoy en el edificio de Plataforma Lavardén.
Una Escuela Provincial de Cine garantiza la inclusión. No solo provee conocimiento técnico y bagaje cultural, experiencia narrativa y herramientas poéticas, sino que aporta a cada estudiante, el capital social necesario para poder contar una historia. Durante tres años para ser realizadores, o cuatro para dedicarse a la enseñanza, cada estudiante va construyendo una red social de pertenencia que puede que le acompañe durante toda la vida. Los entrevistados en esta ocasión, han coincidido en el lugar central que ha tenido en sus vidas su relación con la escuela y con el mundo audiovisual. Sin caer en elucubraciones románticas, se puede asegurar que por el tipo de trabajo que se transita en y entrena en la escuela se fortalecen especificidades de mucho valor. Donde el compromiso, la responsabilidad, la puntualidad y la palabra son atributos tan apreciados como la experticia en cualquier habilidad técnica, se crean relaciones laborales y humanas muy fuertes.
La génesis de la EPCTV se compone de una herencia mixturada: la creación colectiva y la búsqueda de una imagen propia, identitaria y descolonizadora, abrevada en el Taller de Cine de Arteón. Los postulados de la Escuela Documentalista de Birri, y las trayectorias de Cine Liberación y Cine de la Base. También las experiencias universitarias en la UNLP y en la UNC. Aquí habría que rastrear las formas en que se elude sostener un instituto provincial dedicado a las artes que no sólo aglutine a las escuelas que en un principio se nuclearon en el IPA, sino también evaluar como este proceso trunco tempranamente, anuló las posibilidades de tener una institución homologable a una universidad de artes.
Quedan pendientes para los próximos protagonistas de la vida de la EPCTV solucionar cuestiones edilicias y tecnológicas. También crear formas de trabajo donde sea compatible la tarea productiva personal de cada integrante de la casa con la tarea docente.
Calculamos que un 70% de los trabajadores de los canales y medios de comunicación audiovisual en general de Rosario, son egresados de la carrera de Tecnicatura de la EPCTV. También comenzamos a ver como nóveles docentes egresados de la carrera de Profesorado en Realización Audiovisual van ocupando cargos en escuelas de distintos niveles educativos. En ocasión de la proyección de La zorra y la pampa (2024), film realizado por jóvenes egresados de la EPCTV, así como en la proyección de los trabajos finales de este año lectivo, o al realizar las entrevistas que sostienen este escrito, reaparece un sentir que contiene y evidencia toda lo que significan estos cuarenta años de la EPCTV. Nada se compara con la felicidad de reconocer en esos lugares los nombres en los créditos, de quienes han transitado la Escuela Provincial de Cine y Televisión de Rosario.
Cabecita negra (Molina-Postiglione, 1984)
Siete Latidos (EPCTV-Matiozzi, 2016)
La zorra y la pampa (Rovere-Sanchez Ordoñez, 2024)
Bibliografía citada
AAVV. (2014). 30 años descolonizando pantallas. Crónicas de la Escuela Provincial de Cine y Televisión de Rosario. Rosario: EPCTV y Gobierno de la Provincia de Santa Fe.
Arguello Pitt, C. (2009). El nosotros infinito. Creación colectiva y dramaturgia de grupo. Revista Picadero 23 (abril/julio). Instituto Nacional del Teatro.
Birri, Fernando (1962). Manifiesto de Santa Fe. Recuperado de: https://comunicacionymedios.wordpress.com/wp-content/uploads/2007/09/birri-pionero-y-peregrino.pdf
|
Acceso a las Entrevistas de los Directores de la Escuela Provincial de Cine y Televisión de Rosario |
|
Raúl Bertone Primer director EPCTV Rosario-Noviembre 2024
|
|
Federico Mateucci Actual director EPCTV Rosario-Diciembre 2024
|
|
Héctor Molina Ex director EPCTV Rosario-Diciembre 2024
|
|
Sergio García Ex director EPCTV Rosario-Noviembre 2024
|
(*) Licenciada en Antropología; Profesora Universitaria en Antropología; Magister en Diseño de Estrategias Comunicacionales (Universidad Nacional de Rosario. UNR); Egresada del Taller de Teatro y Taller de Danza de Arteón. Profesora Titular de Antropología Visual (UNR); Profesora Titular de Semiótica, Cine, TV y Sociedad I y II (Escuela Provincial de Cine y Televisión. EPCTV); Profesora Titular de Sociología (Instituto Superior del Profesorado N° 5). Argentina. Email: [email protected] ; ORCID: https://orcid.org/0009-0009-9697-2907