Eugenia Sánchez(*)
ARK CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/jtf0w7hyt
Resumen
Este artículo analiza cómo el sabattinismo, sector liberal y progresista de la Unión Cívica Radical (UCR) de Córdoba, articuló antifascismo y anticomunismo entre 1935 y 1940. Desde una perspectiva de los lenguajes políticos, se examina la construcción de su discurso antifascista durante la campaña electoral de 1935 y la gestión de Amadeo Sabattini (1936-1940). En ese sentido, se analiza cómo los significantes que ponía a disposición la lucha ideológica internacional fueron articulados y resignificados según el contexto y las intenciones del enunciador. Se sostiene que el lenguaje político antifascista contribuyó, junto a otros, a la construcción de la identidad del radicalismo sabattinista y a subrayar las diferencias que existieron en su interior. De manera que este estudio pretende contribuir a un mejor entendimiento de la dinámica política del radicalismo en Córdoba y de las posibilidades locales de articular antifascismo y anticomunismo en la década de 1930.
Palabras clave: Antifascismo; Anticomunismo; Córdoba; Unión Cívica Radical; Sabattini.
À la carte antifascism and anticommunism: Sabattinist Radicals during electoral campaigns and government (1935-1940)
Abstract
This article analyzes how Sabattinism, the liberal and progressive faction of the Unión Cívica Radical (UCR) in Córdoba, articulated antifascism and anticommunism between 1935 and 1940. From the perspective of political languages, it examines the construction of its antifascist discourse during the 1935 electoral campaign and Amadeo Sabattini's administration (1936-1940). In this sense, it explores how the ideological struggles of the international context provided significant elements that were articulated and reinterpreted based on the circumstances and the intentions of the enunciator. The study argues that the antifascist political language, alongside others, contributed to shaping the identity of Sabattinism while highlighting internal differences within this faction. Thus, this research seeks to enhance the understanding of the political dynamics of radicalism in Córdoba and the local possibilities of articulating antifascism and anticommunism during the 1930s.
Keywords: Antifascism; Anticommunism; Córdoba; Unión Cívica Radical; Sabattini.
Antifascismo y anticomunismo a la carta. Radicales sabattinistas en tiempos de campaña electoral y gobierno (1935-1940)
En la segunda mitad de los años 30, la Unión Cívica Radical (UCR) regresó al escenario electoral tras cuatro años de abstención (1931-1935). Sin embargo, desde 1932 a 1943 el poder ejecutivo nacional permaneció en manos de la Concordancia, una coalición de fuerzas liberales y conservadoras que recurrió al fraude para frenar el avance radical. En efecto, entre 1932-1940 la presidencia estuvo a cargo de Agustín P. Justo, un radical antipersonalista, ex-Ministro de Guerra del gobierno de Marcelo T. de Alvear (1922-1928) y uno de los impulsores -junto a José Félix Uriburu- del golpe de Estado que en 1930 derrocó a Hipólito Yrigoyen.
Durante esos mismos años comenzó a tomar forma una apelación antifascista que permitió a las fuerzas democráticas locales oponerse al avance del fascismo[1] y ligar al gobierno conservador con él (Bisso, 2000). Como sucedió con diversas corrientes políticas de diferentes países, en Argentina, las fuerzas opositoras a la Concordancia compartieron una sensibilidad antifascista, sobre todo a partir de la toma del poder por los nazis en Alemania.[2] El radicalismo no fue una excepción a ello y es interesante analizar cómo y en qué términos se dio su vínculo con el antifascismo.
En esa línea, Leandro Losada (2016, 2023) ha realizado importantes aportes sobre cómo el dirigente nacional de la UCR, Marcelo T. de Alvear, tramitó el antifascismo. El autor da cuenta de cómo en el partido convivieron de diversas maneras posiciones antifascistas y anticomunistas que resultaron en un antifascismo moderado, llevando a eludir cualquier iniciativa frentepopulista. Como ya ha indicado Joseph Fronczak (2019), el caso argentino puede ser un excelente observatorio para examinar cómo antifascismo y anticomunismo no eran contrarios entre sí tal como lo sostenía François Furet.
Por consiguiente, este artículo tiene como objetivo contribuir al conocimiento de cómo el radicalismo gestionó el antifascismo considerando las posiciones que asumió respecto al comunismo. En particular, proponemos examinar el caso del sector liberal y progresista de la UCR de la provincia de Córdoba que lideraba Amadeo Sabattini. De esta manera, pretendemos conocer nuevas connotaciones y matices que convivieron al interior del partido en un momento en el que esta línea interna resultó doblemente victoriosa y gobernó la provincia. En efecto, en 1935 Sabattini ganó las elecciones internas del partido y, luego, las provinciales, gobernando Córdoba entre 1936 y 1940.
En los últimos años, se han realizado investigaciones que comenzaron a preguntarse por el fenómeno antifascista en la provincia. Algunas han indagado a sectores de izquierda en períodos anteriores a 1936 (Agüero, 2023; Bergel, 2012; Sánchez, 2024c, 2024b; Schaller y Callido, 2022), y otras a los “liberales” que se opusieron Golpe de 1943 (Daniele, 2019). En líneas generales, estos trabajos resaltan la importancia que jugó el antifascismo durante los años 30 en los discursos y representaciones de diferentes tradiciones políticas de Córdoba.
Por otro lado, los estudios centrados en la relación entre sabattinismo y antifascismo dan cuenta de la relevancia de estudiar este vínculo para contribuir al conocimiento del gobierno radical y de la dinámica política del período. En ese sentido, Rebeca Camaño Semprini (2024) identifica y analiza las representaciones que nutrieron los proyectos políticos, sociales y culturales de católicos y sabattinistas durante el retorno electoral y gobierno radical. Su análisis evidencia que las representaciones de unos y otros dieron lugar a homologaciones franqueadas por las disputas internacionales. Mientras que Desirée Osella (2024) señala que los espacios antifascistas que tomaron forma en la primera mitad de los años 30 en oposición a la derecha radicalizada contribuyeron al triunfo de Sabattini en 1935. En conexión con estas investigaciones, se ha observado que el antifascismo contribuyó en la construcción de la identidad sabattinista a partir de las apropiaciones que sus dirigentes hicieron de las referencias de la conflictividad internacional (Sánchez, 2024a).
Más allá de estos aportes y de la relevancia del sabattinismo en la agenda historiográfica de Córdoba, su relación con el antifascismo sigue siendo un tema que requiere mayor exploración para captar mejor su complejidad. En particular, resulta fundamental analizar cómo este sector construyó discursos antifascistas, identificando las intenciones que los motivaron y el contexto que posibilitó su formulación.
Por lo tanto, para este análisis, consideramos pertinente incorporar la perspectiva de los lenguajes políticos desarrollada por Elias Palti (Palti, 2004, 2007). Esta perspectiva articula una lectura crítica del contextualismo de la Escuela de Cambridge y de la historia de los conceptos de origen alemán. Según Palti, los lenguajes políticos se definen como “formaciones conceptuales plenamente históricas, absolutamente contingentes y singulares”. Esto implica que se trata de un conjunto fijo de ideas o conceptos, sino de un modo característico y dinámico de producirlos.
En línea con los planteamientos de Quentin Skinner, la historia de los lenguajes políticos propuesta por el historiador argentino no se limita a estudiar lo que dijeron los sujetos históricos, sino que pone el foco en las condiciones de enunciación que hicieron posible esos discursos. Los conceptos y lenguajes no son simplemente descriptores de la realidad político-social, sino que actúan como agentes activos en los procesos de cambio histórico. Por lo tanto, en el análisis, no es posible separar la palabra de la acción, ya que el lenguaje es constitutivo de las prácticas socio-políticas (Palti, 2014 citado por Páez Debia, 2023).[3]
Por consiguiente, el presente estudio busca desentrañar el aparato argumentativo subyacente en los discursos del sabattinismo en relación con el antifascismo. Entendemos al antifascismo como un concepto cuyo significado fue construido y fijado de manera precaria dentro de una determinada “comunidad política o lingüística” durante la segunda mitad de la década de 1930 en Córdoba. Este proceso no se limitó a utilizar un lenguaje político preexistente, sino que implicó la configuración de un espacio discursivo en el que las luchas ideológicas internacionales moldearon y resignificaron el concepto de antifascismo en términos locales. En un contexto político nacional caracterizado por prácticas fraudulentas e intervenciones federales en las provincias, el radicalismo sabattinista buscó posicionarse como el garante de la democracia y el orden. Para ello, articuló estos significantes resignificándolos en el marco discursivo configurado por el antifascismo. Desde esta perspectiva, el antifascismo se presenta como uno de los elementos constitutivos de la identidad del sabattinismo que adquirió sentidos diversos en relación al contexto y los intereses de los actores políticos.
Respecto al comunismo, el sabattinismo adoptó posiciones que variaron según los objetivos y lugar del enunciador dentro de la estructura política. Estas divergencias exponen los matices y complejidades que coexistieron -y, en ocasiones, entraron en tensión- dentro del sabattinismo durante el período en estudio. También, las posibilidades locales de articular antifascismo y anticomunismo.
El análisis se realizará a partir del trabajo con bibliografía específica y fuentes oficiales y periodísticas: prensa afín al radicalismo, tanto provincial -La Voz del Interior (LVI)- como del interior de la provincia -Heraldo[4]-, y el diario católico vinculado al Arzobispado de Córdoba, Los Principios (LP). También, intervenciones en la legislatura de la Provincia de Córdoba y discursos de Amadeo Sabattini pronunciados en diferentes ámbitos. En un primer momento se reconstruirá el contexto en el que Sabattini accedió al gobierno de Córdoba y la campaña de desprestigio que llevaron sectores de la oposición. Después, se analizarán dos circunstancias en las que identificamos posiciones antifascistas más nítidas y “hospitalarias” con el comunismo: cuando Sabattini se presentaba como candidato en 1935 y en las discusiones legislativas durante su gobierno. Luego, se examinarán las posiciones antifascistas más restringidas y distantes del comunismo que asumió en el gobierno el “Peludo Chico”.[5] Por último, se entregarán algunas reflexiones finales.
El ascenso del sabattinismo a la gobernación y la campaña de la oposición
En las elecciones internas de la UCR del 7 de julio de 1935, la fórmula Amadeo Sabattini – Alejandro Gallardo venció a la alianza antisabattinista liderada por Agustín Garzón Agulla y Carlos Rodríguez. A diferencia del sabattinismo, estos últimos tenían posiciones liberales moderadas, cercanas a la Iglesia Católica y eran apoyados por Alvear (Tcach, 2007). En noviembre de ese año, los candidatos radicales vencieron a los liberales conservadores del Partido Demócrata de Córdoba (PDC) por un estrecho margen de votos. La UCR obtuvo así la mayoría en la Cámara de Diputados y la oposición quedó conformada mayoritariamente por demócratas y, en menor medida, socialistas. En cambio, la Cámara de Senadores continuó bajo control del PDC hasta las elecciones legislativas de 1938, cuando la UCR logró revertir la correlación de fuerzas.
Las victorias radicales, sobre todo la de noviembre de 1935, constituían triunfos excepcionales en un contexto nacional totalmente adverso para el partido por los intentos sistemáticos de impedir su éxito electoral. En parte, la diferencia en Córdoba se explica por el carácter democrático del PDC que lo llevaba a rechazar las prácticas fraudulentas que en otras provincias ejercían sus pares conservadores (Osella, 2019). Asimismo, el radicalismo cordobés logró presentarse unido y evitar la intervención del Comité Nacional del partido (Persello, 2007). Según César Tcach (2007), el doble triunfo de la fórmula Sabattini-Gallardo fue producto del proceso de democratización interna de la UCR cordobesa y de la capacidad de Sabattini para construir una identidad que atrajo incluso a sectores no radicales, como el Partido Comunista (PC).
El PC llamó a votar por el candidato radical argumentando que “las masas populares que acompañan al radicalismo, son consecuentemente democráticas, antifascistas y antiimperialistas". El partido aducía que Sabattini había prometido perseguir a las legiones armadas y garantizar la libertad del movimiento obrero y del comunismo.[6] En línea con el cambio de orientación política que en 1935 tomó la Komintern hacia la formación de frentes populares, el PC apoyó a Sabattini (Tcach, 2007). Si bien el radicalismo cordobés no aceptó conformar un frente popular, el comunismo se benefició del clima de libertades públicas que el sabattinismo buscó garantizar entre 1936-1940 (Sánchez, 2024a; Tcach, 2012).
En otro extremo, en la provincia actuaban diferentes organizaciones de la derecha nacionalista y radicalizada: la Unión Nacional Fascista (UNF), Acción Nacionalista Argentina y su brazo universitario, Acción Universitaria Nacionalista, la Milicia Azul y la Legión Cívica Argentina (LCA). La UNF surgió en 1936 sustituyendo al Partido Fascista Argentino (PFA) y constituyó una de las organizaciones más importantes del nacionalismo del interior del país (Buchrucker, 1987 citado por Tcach, 2009). Estaba liderada por Nimio de Anquín, profesor de filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que en 1934 había presidido al PFA. Estos sectores encontraron en las páginas del diario católico LP un espacio desde donde intervenir en el debate público y manifestar su oposición al gobierno. Sobre todo en el caso de De Anquín, quien desde allí se manifestaba como un férreo anticomunista y defensor del catolicismo y el fascismo.[7]
Si bien algunos dirigentes demócratas participaron en agrupaciones de la derecha radicalizada, otros, como Aguirre Cámara, se opusieron a ellas (Osella, 2019). No obstante, tanto los sectores de la derecha nacionalista como los liberales conservadores coincidieron en identificar al radicalismo con el comunismo. Tras el triunfo de Sabattini, demócratas y nacionalistas católicos emprendieron una campaña de desprestigio contra el gobierno radical para incentivar una intervención federal en la provincia. La estrategia consistió en denunciar, sobre todo a través de LP, cierta connivencia entre el radicalismo y el comunismo (Camaño Semprini, 2014, 2024).
La Guerra Civil Española se convirtió en una referencia central para reforzar estas denuncias, permitiendo analogías que vinculaban al radicalismo con los republicanos españoles. El conflicto operó como un catalizador de tendencias pre-existentes dentro de la derecha conservadora provincial. En este contexto, y ante los rasgos laicistas y anticlericales del sabattinismo, los sectores nacionalistas y católicos vieron en Sabattini a un “liberal izquierdista” y la amenaza del “caos y la anarquía” (Camaño Semprini, 2014).
En la legislatura, los demócratas encontraron un espacio clave para sus ataques, asociando al radicalismo con el comunismo y el desorden. Por su parte, el radicalismo buscó desarticular estos significantes a partir de la articulación de otros que posibilitaba el marco discursivo que ofrecía la disputa internacional entre fascismo y antifascismo. El parlamento se convirtió así en un espacio clave donde los actores políticos no solo enfrentaron sus ideas, sino donde también competieron por significantes que el contexto internacional y el escenario político local abierto en 1936 ponían en disputa.
Radicales sabattinistas antifascistas
Sabattini, un candidato antifascista
La bibliografía existente sobre Amadeo Sabattini ha destacado su perfil de radical revolucionario, personalista, abstencionista, anticlerical, pro-obrero y neutralista durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, es particularmente relevante profundizar en su postura ante los grupos fascistas y el fascismo en el contexto de los años 30. César Tcach (1991, 2007) ha señalado que hacia 1935 Sabattini defendió la estrategia de abstención electoral como un medio para luchar contra las “bandas armadas” de la derecha radicalizada. Mientras que durante la campaña electoral de 1935 prometió eliminar a estos grupos y años más tarde, en 1945, definió al peronismo como un apéndice y resabio del fascismo europeo. A primera vista, podemos observar cómo el lenguaje antifascista fue utilizado en contextos y bajo estrategias diferentes. En este apartado proponemos analizar más detalladamente la apropiación que hizo Sabattini del antifascismo cuando era candidato a gobernador.
En el marco de las elecciones internas del partido en 1935, el candidato yrigoyenista expresó su posicionamiento en contra del fascismo y de las organizaciones de la derecha radicalizada que tenían presencia en la provincia. A su vez, vinculó a estas con el gobierno demócrata al denunciar que operaban bajo el amparo estatal.[8] La acusación de complicidad no era nueva, en 1933 el PS y el diario LVI ya habían realizado denuncias semejantes tras el asesinato del diputado socialista José Guevara (Sánchez, 2024b). Sin embargo, luego del triunfo en las elecciones internas, Sabattini acusó directamente a la oposición demócrata de ser “la neta expresión del fascismo en el país” por
los actos de violencia del gobierno que usurpa; por su afán incontenido de avasallar las libertades; por [su] esencial tendencia a la dictadura al afianzar el privilegio; por su origen, por su método de acción, por su índole y por su espíritu regresivo.[9]
En esa sintonía, a pocos días de las elecciones provinciales, el candidato radical volvió a identificar a los demócratas con el fascismo para defenderse de las acusaciones que lo vinculaban con el comunismo:
Sólo a ellos, que quieren la suma del poder público, que sienten y piensan como si estuvieran en Roma, puede la ideología fascista que los anima, ofuscarle hasta el extremo de imputarnos a nosotros, que nos impulsa el afán de restablecer las instituciones conculcadas, el que obramos al servicio de Moscú. Si ellos han llegado a Roma, nosotros no vamos hacia Moscú.[10]
Sabattini asociaba al PDC con el fascismo a pesar de que los demócratas llevaban como candidato a gobernador a José Aguirre Cámara, una de sus máximas figuras liberales y contrario a las organizaciones de la derecha radicalizada (Osella, 2019). Tampoco el gobierno de Frías se identificaba con las organizaciones de derecha: en varias oportunidades había dispuesto el cerramiento de los locales del PFA y de la LCA y ante el asesinato de Guevara el PDC había buscado reafirmar su carácter democrático (Sánchez, 2024b). Mientras que en la campaña electoral de 1935 prohibió la “propaganda antidemocrática” de organizaciones y partidos que en carteles y reuniones incitasen a la violencia o desconocieran los poderes del Estado. La medida había sido celebrada por LVI aduciendo su necesidad frente “a los insólitos avances de ciertas agrupaciones, especialmente las de la extrema derecha, que procedían con verdadera ‘carta blanca’, que nada podía justificar.”[11] Frías presentó el decreto pocos días después del 23 de julio de 1935, fecha en la que fue asesinado el senador demócrata progresista Enzo Bordabehere en la Cámara de Senadores de la Nación. Como había sucedido con Guevara en Córdoba, el asesinato del senador nacional fue un hecho de violencia política que llevó a dirigentes políticos y a la prensa a prestar atención y repudiar a organizaciones “antidemocráticas”. Más allá del repudio que despertó entre los demócratas cordobeses, para LVI y Sabattini el asesinato de Bordabehere era un atentado a la democracia del que eran responsables la derecha liberal conservadora nacional y provincial.[12]
En su discurso, Sabattini desdibujó estratégicamente las diferencias que existían entre los demócratas cordobeses y la derecha radicalizada para así acusar a sus adversarios políticos de violentos y confundirlos con organizaciones antidemocráticas y el fascismo. Desde su perspectiva, el PDC en su totalidad no era democrático y eso volvía fascistas a sus miembros y los responsabilizaba de los hechos de violencia política. Esta articulación le permitía al candidato radical contraponerse a su principal oponente político y autodefinirse desde ese antagonismo.
A su vez, Sabattini ya había señalado al fascismo como uno de sus oponentes cuando bregaba por la abstención de la UCR. Entonces, desde un discurso antifascista defendió dos estrategias opuestas en coyunturas partidarias diferentes: primero, cuando abogó por la abstención partidaria y, segundo, en sus promesas de campaña durante el retorno electoral de la UCR en 1935. En sendas oportunidades asoció al fascismo a la derecha liberal conservadora gobernante a nivel provincial y nacional para tacharla de antidemocrática. En contraposición, se presentaba a sí mismo como democrático y tomaba una prudente distancia del comunismo al señalar que no era comunista, sin convertir a este en el eje de su preocupación.[13]
El enfoque que Sabattini adoptó durante la campaña electoral respecto al comunismo y a los demócratas se diferenciaba notablemente del posicionamiento de Alvear. Mientras que el líder nacional de la UCR sostenía un anticomunismo explícito y desestimaba la existencia de fascistas en el gobierno, interpretándolos como “posiciones accidentadas”, Sabattini desplegó un lenguaje político más nutrido del campo semántico de entreguerras. Alvear entendía tanto al fascismo como al comunismo como manifestaciones de un sistema “viciado” -en referencia al régimen justista-, pero no lo calificaba específicamente como fascista (Losada, 2016). Por su parte, el Sabattini candidato no consideraba al comunismo una amenaza central, aunque discretamente lo encuadraba, junto al fascismo, como uno de los extremos contrarios a la institucionalidad democrática. Su discurso priorizó al fascismo como la única amenaza real para la democracia en Córdoba. El posicionamiento ambiguo respecto al PC puede interpretarse como una estrategia para desmarcarse de las acusaciones que lo vinculaban al comunismo sin comprometer su respaldo electoral. De este modo, Sabattini tramitaba las articulaciones fluctuantes y posibles entre antifascismo y anticomunismo y elaboraba un discurso e identidad que respondiera a las demandas de su contexto político inmediato.
A diferencia de Alvear, Sabattini incorporaba significantes que tenían un alto valor movilizador, como el antifascismo, y que podía vincular a otros, como el antiimperialismo. La plasticidad de los términos colaboraba en la articulación de significantes y significados diversos, posibilitando, por ejemplo, la conexión entre la lucha contra el fascismo y la oposición al capital extranjero con el rechazo a las prácticas fraudulentas. Así, el candidato radical acusaba a los demócratas de ser “fascistas al desnudo” y denunciaba que “obran y luchan para entregar las fuentes de riqueza de la Provincia al capital extranjero”.[14] Como sucedió entre otros sectores del radicalismo y corrientes de izquierda, los posicionamientos antiimperialistas acompañaron a las posiciones antifascistas (Persello, 2007).
En este marco, los sentidos que Sabattini atribuyó al fascismo se correspondían en general con los que compartían otros partidos considerados "democráticos": la UCR, el Partido Demócrata Progresista (PDP) y el PS. A saber, una construcción semántica que lo oponía a la democracia y lo vinculaba con la violencia y el fraude que practicaban fuerzas conservadoras. No obstante, estas significaciones no estaban fijadas de manera definitiva y, en un contexto diferente como lo fue el posterior a 1945, el peronismo fue sumado como nuevo significante articulado al de fascismo y antidemocracia.
Por consiguiente, durante su campaña como candidato a gobernador de la UCR, Amadeo Sabattini recurrió a una estrategia discursiva que es posible analizar desde la perspectiva de la historia de los lenguajes políticos. La definición que el radical dio de los demócratas al señalarlos de antidemocráticos puede ser entendida como un acto de articulación dentro de un campo semántico contingente, modelado tanto por las condiciones locales como por las resonancias de los discursos internacionales producidos en el contexto de la lucha antifascista. El líder radical articuló significantes como "fraude", "violencia" y "fascismo" para construir una narrativa que deslegitimara a sus adversarios. Estas nociones formaban parte de un entramado de significantes disponibles en el horizonte político de la década de 1930. Al vincular a los demócratas con el fascismo, Sabattini se apropió y resignificó un lenguaje político ampliamente difundido, contribuyendo a la redefinición de los términos de la disputa política en Córdoba. Este proceso de articulación no solo evidenció su capacidad para disputarle a sus opositores el control del significante "democracia", sino que también da cuenta de cómo los lenguajes políticos funcionan como instrumentos dinámicos para colaborar en la configuración de identidades y antagonismos en contextos específicos.
Fascismo vs democracia y comunismo vs democracia en la legislatura
Antes del ascenso de Sabattini a la gobernación, la disputa entre fascismo y antifascismo había tenido lugar en el parlamento de Córdoba en dos oportunidades. La primera, en agosto de 1930 cuando se discutía la Ley Orgánica de Educación Primaria durante el gobierno de José Antonio Ceballos (UCR). El ministro de gobierno de entonces, el antisabattinista Garzón Agulla, se había opuesto al carácter laico de la norma trayendo el ejemplo del apego al catolicismo de la Italia de Mussolini. Ante esto, el senador demócrata Alonso se ocupó de señalar que el ministro estaba reivindicando una dictadura, a lo que Agulla respondió: “Hay dictaduras que salvan no sólo a la Nación de Italia, sino que salvan a Europa del bolcheviquismo de Rusia”.[15] La intervención de Agulla tuvo lugar antes del ascenso de Hitler en Alemania, cuando el antifascismo aún no se había convertido en un fenómeno internacional. Es decir, en un momento en el que para muchos dirigentes políticos el fascismo no solo no representaba un peligro, sino que era un camino a seguir.
La segunda vez que los legisladores discutieron sobre el fascismo fue luego del asesinato de Guevara en septiembre de 1933. A diferencia de lo que había sucedido en 1930, ya en 1933 podemos observar un cambio a favor de posiciones antifascistas. Sobre todo, a esto contribuyó la identidad política de los acusados del crimen ya que eran miembros del PFA y de la LCA. En la legislatura cordobesa tanto socialistas como demócratas repudiaron el hecho y se pronunciaron contra el avance del fascismo en Córdoba. Si bien en ese entonces el radicalismo no formaba parte del parlamento cordobés, radicales sabattinistas tomaron parte en la discusión pública. Es más, el sabattinista Reginaldo Manubens Calvet integró Acción Nacional Antifascista (ANA), una organización que se constituyó a raíz del asesinato y que estuvo conformada por algunos líderes del reformismo universitario y diputados socialistas y demócratas (Sánchez, 2024b). Entre los demócratas que formaron parte de ANA se encontraba Eudoro Vázquez Cuestas, quien en 1936 volvió a ejercer como diputado junto a Manubens Calvet.
En 1936, ya con Sabattini en la gobernación, los posicionamientos antifascistas volvieron a tener presencia en los debates legislativos. El contexto había cambiado, sobre todo porque los radicales gobernaban, tenían presencia en el parlamento y en España se libraba una guerra civil que dividía la opinión pública hasta del otro lado del Atlántico. Además, ante la iniciativa frentepopulista del PC las posiciones anticomunistas de conservadores y católicos se profundizaron (López Cantera, 2019). Sobre todo, temían que un posible frente electoral le permitiera a los comunistas llegar al poder. Por lo tanto, cuando en 1936 los legisladores cordobeses volvieron a debatir sobre la cuestión del fascismo lo hicieron en un contexto no solo signado por posicionamientos antifascistas, sino también anticomunistas. El anticomunismo promovió variaciones entre los posicionamientos antifascistas de los actores y de ello da cuenta la discusión que se dio en la Cámara de Diputados a raíz de la lectura de una carta enviada por el PC.
La misiva del PC de Córdoba fue parcialmente leída en una sesión de noviembre de 1936. Allí, el partido decía responder a las injurias que había recibido del PDC en sesiones anteriores e intentaba desmarcarse de los discursos anticomunistas. Para ello, buscó mostrarse como un partido democrático y pacífico y señaló al fascismo como la verdadera amenaza para la democracia. La lectura fue interrumpida por Vázquez Cuestas porque consideró que el mensaje lo agraviaba y acusó al oficialismo de ser cómplice del comunismo. Ante esto, Manubens Calvet pidió que se dejase de leer la carta afirmando que a los radicales el comunismo “no nos interesa tan absolutamente como no nos interesa el partido fascista, como ningún otro partido fuera de la Constitución”.[16] Sin embargo, la discusión continuó porque Vázquez Cuestas insistió en señalar la connivencia entre el radicalismo y el PC y en subestimar la amenaza del fascismo en Argentina. Entendía que la formación de un frente popular dirigido por el PC era inminente después del acto de 1° de mayo de ese año.[17] El evento convocado en Buenos Aires por la Central General de Trabajadores (CGT) Independencia -dirigida por socialistas y comunistas- había expuesto públicamente la cercanía entre los partidos democráticos: PS, UCR y PDP. El acto había evidenciado el gran poder de movilización que tenía la confluencia de las apelaciones democrática, frentista y antifascista (Bisso, 2007; Giménez, 2012).
Por su parte, Manubens Calvet respondió a Vázquez Cuestas reafirmando la posición antifascista que había adoptado en 1933 e invirtiendo el diagnóstico de este. Sostuvo que el fascismo representaba el verdadero peligro para las instituciones y, de manera desafiante, sentenció que la formación de un frente popular sería bienvenida si servía para aplastar al fascismo.[18] Se trataba solo de una provocación -o a lo sumo de un deseo-, porque en julio de 1936 el Comité Provincial de la UCR ya había hecho público su rechazo a formar un frente. A su vez, el radical resaltó el respaldo que su partido había recibido del comunismo durante las elecciones de 1935 e intentó "democratizar" al PC. Argumentó que los comunistas “se han sumado en el deseo patriótico de todos los hombres libres de la república, de terminar con la dictadura uriburista”,[19] contribuyendo así a la imagen democrática que había intentado construir sobre sí mismo el propio PC en su carta.
En esa línea, el ministro de gobierno Santiago del Castillo estableció una distinción entre el comunismo cordobés y el fascismo afirmando que, a diferencia de este último, el primero adhería a las reglas de la democracia desde hacía un largo tiempo. Señaló que esto había quedado reflejado con la participación del PC en el parlamento durante el gobierno de Julio A. Roca (hijo) entre 1922-1925. Los diferenció también en cuanto a su origen y composición social al indicar que el fascismo había surgido en 1930 durante la gobernación demócrata y que era “una formación que se ha hecho desde arriba”. Así, vinculaba el fascismo con el golpe de Estado de ese año, lo antipopular y a sus adversarios. Agregó que durante el gobierno de Frías los fascistas habían gozado de cierta libertad de acción y que en el presente “el fascismo se alimenta desgraciadamente de ciudadanos del partido opositor.” Manubens Calvet se sumó a esta articulación entre demócratas y fascismo gritándoles: “¡Qué se vayan!... ¡Fascistas renegados!” cuando sus adversarios abandonaban la sesión.[20]
A la articulación entre demócratas y fascismo, el sabattinismo agregó la de radicalismo y orden para antagonizar con las realizadas por sus adversarios. En ese sentido, Del Castillo destacaba que en Córdoba el gobierno radical garantizaba el orden público porque tenía bajo control a las “bandas armadas”. Aclaraba que no desconocía el peligro que representaba el PC, pero aseguraba que por “una razón táctica” ahora “no perturba en nada la vida política de Córdoba”.[21] De esta manera podría haber querido marcar una diferencia entre el comunismo anterior a 1935, el que perseguía la estrategia de clase contra clase, y el comunismo posterior caracterizado por su enfoque frentepopulista. Sin embargo, anteriormente había destacado que el comunismo de Córdoba se había mostrado democrático desde la gobernación de Roca, es decir, antes del cambio de estrategia comunista. Entonces, según el ministro ¿cuándo el PC había perturbado la vida política de Córdoba? Entendemos que durante un gobierno como el de Frías al que asociaba con el “desorden” y era posible vincular con dirigentes de la oposición: Aguirre Cámara había sido ministro de hacienda de esa gestión.
A lo largo de la discusión podemos detectar cómo fluctuaron las posiciones de Manubens Calvet y Del Castillo respecto a la constitucionalidad y carácter democrático del comunismo. Por ejemplo, a pesar de que en un momento el diputado había mostrado cierta aprobación al PC, en otro no dejó de señalar que lo consideraba intrínsecamente inconstitucional. Estas variaciones se debieron a que en una polémica muy extensa e intensa los actores persiguieron distintos objetivos. Ambos buscaron defenderse de las acusaciones de connivencia entre comunismo y radicalismo, al mismo tiempo que intentaban desprestigiar al PDC. Por consiguiente, con el fin de refutar a Vázquez Cuestas, los radicales optaron por distanciarse del comunismo. En otras ocasiones, intentaron destacar los vínculos entre el PDC y el fascismo señalando que esa relación explicaba que los demócratas atacaran al PC y no al otro “extremismo” que, a su entender, sí representaba un problema para la democracia.
Por otro lado, mientras que la oposición nacionalista y católica que se expresaba en LP pretendió desacreditar a Sabattini homologándolo con los republicanos españoles, simplificando a estos como comunistas (Camaño Semprini, 2014), los legisladores sabattinistas se mostraron a favor del bando republicano. En agosto de 1939, cuando ya la UCR era mayoría en Senadores, el radicalismo propuso destinar 30.000 pesos nacionales para trasladar a Córdoba a intelectuales españoles expatriados en Europa. El proyecto fue apoyado por organizaciones antifascistas pro-republicanas e intelectuales vinculados al reformismo universitario y al campo de las izquierdas. Entre las primeras encontramos a la Liga por los derechos del hombre -Junta provincial Córdoba-, la Federación de organismos de ayuda a los refugiados españoles y la Agrupación femenina pro infancia española. Y entre los intelectuales es posible distinguir los nombres de Saúl Taborda, Gregorio Bermann, Tomás Fulgueira, Luis F. Sánchez y Arturo Orgaz. El proyecto buscaba modificar una ley que destinaba esa suma de dinero al traslado de niños españoles y que había sido aprobada por ambas Cámaras y contado con el apoyo de la oposición. El radicalismo propuso este cambio de destino del dinero porque la legislación migratoria del país impedía traer menores. El proyecto logró ser aprobado a pesar de la oposición demócrata y el oficialismo reafirmó así su posición respecto al conflicto español.[22]
Resulta llamativo que en el debate los senadores demócratas no hayan acusado de comunistas a los radicales homologándolos a los republicanos españoles. Tampoco defendieron al bando franquista ni al republicano. Como ha señalado Osella (2023), al interior del PDC convivían sectores más liberales y progresistas con nacionalistas y católicos. Esta heterogeneidad podría haber implicado diferentes posiciones sobre la contienda española. Todo esto no significa que los demócratas no continuaran identificando al radicalismo con el comunismo, sino que no todos utilizaron la analogía con la Guerra Civil Española tal como la usaron católicos y nacionalistas.
Entender que los lenguajes políticos son constitutivos de las prácticas socio-políticas, en el sentido de que configuran las acciones y les otorgan significado dentro de un contexto histórico particular, ayuda a interpretar el accionar del gobierno sabattinista respecto al PC. A saber, el gobierno de Sabattini adoptó una postura "hospitalaria" hacia el PC, permitiendo su actividad en la provincia pero marcando ciertos límites, ya que no se trataba de una relación de complicidad o de incentivo a la actividad comunista (Sánchez, 2024a). Esta forma de vinculación destaca en un contexto en el que el gobierno nacional construía al PC como una amenaza real o potencial, justificando y ampliando su aparato represivo en consecuencia (López Cantera, 2021).
Por otro lado, la discusión entre el demócrata y los radicales, además de reavivar en la legislatura la disputa entre fascismo y antifascismo, evidenció una reconfiguración en el lenguaje político. La experiencia de ANA en 1933 no representó un acuerdo ideológico estable, sino un momento de convergencia táctica entre demócratas, radicales y socialistas, motivado por la percepción del fascismo como una amenaza común y real. Ante el asesinato de Guevara y el amplio repudio y movilización que generó, repudiar al fascismo y a las organizaciones de ultraderecha resultó estratégico. En ese contexto, el PDC buscó reforzar su compromiso democrático, marcando una clara diferencia respecto al fascismo.
Sin embargo, la fragilidad de la confluencia lograda en ANA quedó expuesta en 1936, cuando el contexto, las prioridades y estrategias de los actores cambiaron. Desde mediados de ese año, el PDC -ya en la oposición- temía el avance del comunismo por su estrategia frentepopulista. Entonces, los demócratas encontraron más efectivo reafirmar su compromiso democrático y desprestigiar al oficialismo mediante un discurso anticomunista antes que antifascista. Por su parte, los radicales sabattinistas continuaron priorizando el antifascismo porque les permitía continuar combatiendo una amenaza que consideraban real, el fascismo, y desprestigiar a la oposición con el mote de fascista.
A diferencia de la campaña electoral, en la que Sabattini había intentado distinguir entre un presente demócrata y un prometedor futuro radical, como gobierno, los radicales centraron su discurso en el presente. Articularon su gestión en torno a los significantes de democracia, libertades civiles, orden y constitucionalidad. De este modo, no solo buscaban contrarrestar la narrativa de caos promovida por sus adversarios y prevenir una intervención federal del presidente Justo, sino también construir una imagen de sí mismos. Por consiguiente, las oscilaciones discursivas no obedecieron únicamente a contradicciones ideológicas, sino también a adaptaciones estratégicas en un escenario donde los significantes políticos estaban en disputa.
En suma, como da cuenta Leandro Losada (2016, 2023), dentro del radicalismo existieron matices respecto a cómo se definió y relacionó con el fascismo y el comunismo, lo cual condicionó su tratamiento del antifascismo. Según lo analizado en este apartado, a diferencia de Alvear, el Sabattini candidato y los sabattinistas que intervinieron en la legislatura no adoptaron posicionamientos anticomunistas nítidos. Más bien, optaron por una estrategia de distanciamiento orientada a defenderse de los ataques demócratas. Este enfoque distante y ambiguo coexistió con un discurso antifascista que logró mayor claridad y contundencia que el de Alvear.
Sabattini gobernador y un discurso antifascista restringido
Sabattini, al asumir como gobernador en 1936, debió lidiar con desafíos internos y externos que lo llevaron a reformular su discurso antifascista y su posición respecto al comunismo. Camaño Semprini (2024) detecta estos cambios en Sabattini y en LVI y argumenta que ellos evidencian el pragmatismo de los actores. Para contribuir al análisis, en este apartado buscaremos explicar cómo fueron producidos esos discursos, cómo fue posible la variación en ellos.
En primer lugar, señalamos que como candidato Sabattini había utilizado el lenguaje antifascista para vincular a sus adversarios demócratas con una amenaza internacional, pero que como gobernador su retórica transitó hacia un terreno más moderado. A pesar de que continuó presentándose a sí mismo -y ahora a su gestión- con los significantes orden, democracia y constitucionalidad, reguló su prédica antifascista. Mientras gobernó la provincia abandonó la estrategia de señalar de fascistas a sus oponentes y, a diferencia de los legisladores analizados, mostró una mayor preocupación por presentarse más mesurado. Entendemos que no se trató de una simple contradicción, sino de una resignificación estratégica en un contexto diferente al de 1935: una vez en el gobierno los significantes aludidos eran objeto de disputa.
El tránsito hacia posiciones más moderadas también fue una estrategia del propio partido. Desde 1935 el radicalismo se ocupó de erigir a Sabattini como democrático y pacífico y desdibujar su imagen revolucionaria y conspiradora. En ese sentido, el vicepresidente del Comité Nacional, José Luis Cantilo, negó que los candidatos radicales de Córdoba fuesen “izquierdistas impulsivos". Y, particularmente sobre el gobernador electo sostuvo: "Considero al Dr. Sabattini como un hombre sereno, modelo, firme en sus ideas y en sus orientaciones políticas".[23]
A su vez, mientras se encontraba a cargo del Poder Ejecutivo, Sabattini intentó equilibrar su postura antifascista con una prédica más explícitamente desligada del comunismo. En esa línea, subrayó que tanto el fascismo como el comunismo eran extremismos de los cuales se distanciaba de igual manera, pero ya no proponía eliminarlos. A pocos meses de haber asumido declaraba que su gobierno permitiría su existencia y “la exposición de su ideario en un ambiente de paz y sin más limitación que las disposiciones vigentes”.[24]
En un contexto en el que sus adversarios le reclamaban al gobierno nacional la intervención de la provincia, Sabattini ya no los llamó fascistas, sino “perturbadores del orden”.[25] Esta calificación podía adquirir sentidos más amplios, ya que también podía incluir a organizaciones y partidos de izquierda. Por lo tanto, no solo hay una diferencia entre el discurso del candidato y el gobernador, sino entre este último y los parlamentarios sabattinistas.
Las desavenencias al interior del sabattinismo no solo se circunscribían a las posiciones que adoptaban respecto al comunismo. Los resquemores comenzaron a surgir desde el momento en que el gobernador dio a conocer quiénes ocuparían cargos en su administración, ya que incluyó a personalidades del antisabattinismo. Por ejemplo, para el cargo de ministro de hacienda Sabattini nombró a Agustín Garzón Agulla. Podemos suponer que de esta manera el nuevo gobernador buscaba ampliar su base de legitimación y suturar la división interna. Sin embargo, para muchos de los suyos representaba una traición: “[los hombres capaces] parecen haber sido definitivamente olvidados por el gobernador después de la elección que lo llevó al triunfo y al sitial de mayor jerarquía en la provincia."[26] La estrategia de Sabattini podría haber implicado integrar a su gobierno a hombres del antisabattinismo y moderar el carácter de su facción.
En esa búsqueda, enfrentó a Manubens Calvet por el tono en el que se dirigía a la oposición en la legislatura.[27] Sin embargo, como ya observamos, el diputado no aminoró la belicosidad y los continuó llamando fascistas. Por el contrario, Sabattini evitó mostrarse agresivo, escapando así de los motes que la oposición le asignaba para alentar la intervención federal de la provincia. Por tal razón, debe de haber sentido tranquilidad cuando en agosto de 1936 Justo visitó la provincia y refutó las denuncias que recibía sobre la Córdoba de Sabattini. En esa instancia, la prensa afín al radicalismo celebró las apreciaciones del presidente:
El presidente se ha convencido indudablemente que todos los rumores alarmistas que llegaron hasta su despacho de la Casa Rosada, eran infundados […].
El general Justo, tiene razón de calificar de “disparate” una medida intervencionista en estos momentos. Y es que ahora reina el orden y la tranquilidad en la Provincia. Si ellos no son alterados con nuevos atentados dinamiteros, si las fuerzas políticas ajustan su acción a la cordura y si el gobierno sabe encauzar su desenvolvimiento y reprime los desenfrenos que pueden gestarse al amparo de una tolerancia excesiva, el radicalismo podrá llegar hasta el final de este nuevo ensayo gubernamental.[28]
El lugar que Sabattini dio a los antisabattinistas en su gobierno y el cambio que sufrió su discurso respecto a cómo vinculaba a demócratas con fascismo deben pensarse en el marco de su estrategia para lidiar con las diferencias al interior del radicalismo y con sus oponentes. Alvear, que había apoyado al sector antisabattinista, no asociaba a los demócratas con el fascismo. Por lo tanto, el mandatario cordobés debía manejarse con sutileza para sortear conflictos tanto con el gobierno nacional como con sus propias filas. Por ello, su discurso fue más conciliador y nacionalista, centrado en la defensa de la democracia:
Superemos las divergencias ideológicas, confesionales o políticas que nos separan. Contemplemos el destino de nuestra nacionalidad que debe ser muy alto y unámonos en una suprema aspiración de bien general. Impidamos que corrientes exóticas se infiltren y reafirmemos nuestra fe en las instituciones democráticas. A su sombra, el trabajo y el orden pueden y deben hacer realidad el sueño maravilloso de Sarmiento.[29]
La cita anterior se trata de un fragmento de un discurso de Sabattini pronunciado meses después del acto del 1° de mayo de 1936 que había alarmado a los sectores conservadores. Dado que la alocución del gobernador tuvo lugar durante la inauguración de la 6° exposición nacional ganadera de la Sociedad Rural de San Francisco es pertinente destacar la significación que pudo haber asumido allí. A saber, en esta localidad del este provincial la presencia del fascismo italiano era significativa y se traducía en instituciones como el Dopolavoro y en actores locales vinculados a la Iglesia católica y a la Sociedad Italiana. En los comicios municipales de 1935 la lista radical apoyada por Sabattini había vencido a la del candidato oficialista a quien el radicalismo local acusaba de ser fascista y comunista (Sánchez, 2024d). Entonces, en un espacio donde las disputas políticas locales habían sido tramitadas mediante el uso de referencias internacionales, no debe haber pasado desapercibido lo dicho por el nuevo gobernador acerca de las “corrientes exóticas”. Más allá de cuál fue la intención de Sabattini, su discurso podía encontrar anclaje en las formas locales en la que se articulaban significantes y significados.
En 1938, en el marco del acto de apertura de las sesiones de las cámaras legislativas el gobernador volvió a reforzar la idea de que se hallaba en el justo medio de dos extremos. Sin embargo, solo hizo referencia al fascismo y aseguró que en la provincia estaban ya aseguradas la democracia y la libertad. Es decir, no eran una aspiración sino una concreción:
Con una profunda convicción democrática, que nos hace equidistar de todo extremismo, hemos creado en Córdoba un ambiente que permite el fácil juego y hasta el choque de las más diversas posiciones ideológicas. Así, por la propia gravitación de medio, desaparecieron ciertas organizaciones armadas (Sabattini, 1992, p. 57).
Los discursos de Sabattini en las aperturas de sesiones legislativas -como los de otros gobernantes- eran mensajes que se constituían como un instrumento privilegiado de propaganda política. El mandatario no se limitaba a ofrecer un mero informe sobre su desempeño anual, sino que elaboraba un relato estilizado y selectivo de su gestión (Ortíz Bergia, 2020). Entonces, podemos alegar que en esa ocasión el gobernador no solo buscó afirmar que los grupos armados habían dejado de existir en la provincia, sino propagar que su ausencia se debía al mero establecimiento de un gobierno radical. Es decir, el mandatario pretendía difundir la idea de que el radicalismo garantizaba un gobierno democrático que sin violencia ni exaltaciones terminaba erradicando la violencia de la derecha radicalizada. Procuraba ofrecer así una imagen de su gestión lo más alejada de cualquier identificación con el uso de la fuerza, dejar en claro que había abandonado su perfil revolucionario y mostrar distancia respecto del comunismo.
Un año después, Sabattini emprendió una campaña política de proyección nacional en la que buscaba colocarse como candidato de la UCR. En ese momento, el escenario aperturista y dialoguista con la UCR y en contra del fraude que se abrió con la presidencia de Roberto Ortíz pudo haber estimulado las ambiciones electorales del gobernador cordobés y del radicalismo en general (López, 2011; Ortíz Bergia, 2020). De allí que el gobernador cordobés volviera a insistir en presentar a su provincia como un caso exitoso y a la desaparición de las bandas armadas como una muestra de ello. Y, como cuando era candidato a gobernador, alegó que la derecha radicalizada había actuado bajo la complicidad del gobierno demócrata de Frías:
Las esporádicas y artificiosas organizaciones armadas que en un tiempo perturbaron la paz pública, inficcionaron [sic] el ambiente y limitaron la autoridad del Estado, privadas del fomento oficial y sometidas al régimen de la ley, han desaparecido como tales en Córdoba. (Sabattini, 1992, p. 89).
A pocos meses de culminar su mandato recurrió nuevamente a la asociación entre demócratas y fascismo afirmando que sus adversarios dejaban actuar a “fuerzas uniformadas y armadas, que confesaban, como objetivo de su actividad, la suplantación de nuestro régimen político, por un sistema extraño”. En cambio, sostenía, durante su gestión estos grupos habían desaparecido gracias a “una acción prudente y enérgica para que sus integrantes, desaparecida la impunidad en que actuaban, comprendieran cuál era su sitio en la colectividad". Asimismo, destacó que su gobierno respetó por igual a ambos extremismos: "Extremistas de derecha fueron tan respetados en su legítimo desenvolvimiento, como los extremistas de izquierda”.[30] De esta manera Sabattini procuraba mostrarse a sí mismo como el actor fundamental y capaz de replicar a nivel nacional lo que entendía haber conseguido en Córdoba: la eliminación de la violencia y la garantía de las libertades políticas y civiles.
En Sabattini podemos apreciar la mutabilidad y contingencia del discurso antifascista. En momentos claves de confrontación con los adversarios políticos, el líder articuló el antifascismo a una crítica moral para desprestigiarlos. Mientras que durante su gestión -y ante el contexto nacional adverso para el radicalismo-, convirtió a este discurso en un recurso para legitimar su capacidad de gestión.
Reflexiones finales
A lo largo del análisis se ha dado cuenta de cómo los lenguajes políticos producidos por la conflictividad internacional fueron utilizados para dirimir las disputas políticas locales. A su vez, cómo estos colaboraron en la construcción de identidades, como la de los radicales sabattinistas. Lejos de ser una herramienta retórica fija o estática, el antifascismo se presenta como un lenguaje político dinámico, cuyas modulaciones respondieron tanto a los desafíos del contexto local como internacional.
Sin pretender sobredimensionar la importancia que tuvo la apelación antifascista respecto a otras circulantes y que utilizó el sabattinismo -como el nacionalismo, obrerismo, republicanismo y el antiimperialismo-, es de destacar que su flexibilidad le permitió desacreditar a adversarios distintos: a los demócratas en los años 30 y al peronismo en 1945. Como otras fuerzas democráticas argentinas, en la segunda mitad de los años 30 el radicalismo sabattinista compartió una sensibilidad antifascista que le permitió mostrar su oposición al fascismo y denunciar a sus adversarios demócratas y las prácticas fraudulentas.
A su vez, no solo se trató de una estrategia en una coyuntura específica, sino que el antifascismo contribuyó a la identidad del sabattinismo. A partir de entender que la lucha contra el fascismo era una batalla a favor de la democracia, el antifascismo colaboró en la manera en que los sabattinistas se definían a sí mismos y a sus opositores. En el contexto específico de Córdoba el antifascismo como lenguaje político permitió al sabattinismo identificarse como el referente de la democracia y presentar a Córdoba como ejemplo en un contexto nacional signado por el fraude. De manera que el antifascismo no fue solo una respuesta a una amenaza de un fenómeno externo, sino un campo de sentidos que puso a disposición referencias que contribuyeron a la construcción identitaria, a legitimar la gestión y a rivalizar con la oposición.
A su vez, la manera en que el sabattinismo se vinculó con otros discursos, como el nacionalismo, antiimperialismo y anticomunismo permite distinguirlo de otros radicales y advertir las diferencias al interior del partido. En ese sentido, las oscilaciones respecto al comunismo que presentaron los dirigentes sabattinistas nos advierten de la diversidad y variabilidad de las articulaciones entre significantes y significados. Desde esta perspectiva, el análisis del discurso sabattinista revela la importancia de considerar las condiciones de posibilidad del campo semántico en el que operan los actores políticos, entendiendo que las categorías empleadas no poseen un significado fijo, sino que adquieren sentido en el marco de su utilización estratégica en contextos particulares. Si en otros puntos de Occidente es muy difícil -y hasta contradictorio- encontrar posiciones que sean a la vez antifascistas y anticomunistas, el caso del radicalismo argentino nos entrega una diversidad de conjugaciones. En última instancia, el caso del radicalismo sabattinista confirma que el antifascismo debe ser entendido como un fenómeno transnacional que, sin embargo, encuentra anclajes interpretativos profundamente locales. Esto refuerza la necesidad de estudiarlo no solo como una reacción a un fascismo real, sino como un campo de significados que contribuyó a configurar identidades políticas locales y a articular disputas en escenarios singulares.
Entonces se ha querido mostrar que el estudio de los lenguajes políticos posibilita desentrañar cómo conceptos como el antifascismo adquieren significados diversos y contextualmente específicos en función de las disputas y configuraciones políticas locales. Asimismo, invita a profundizar en el análisis de las conexiones entre lo local y lo global en la configuración de discursos políticos y de la conflictividad política durante el período de entreguerras.
Bibliografía
Agüero, A. C. (2023). La “década infame” como esperanza. Acerca del antifascismo visto desde Totoral. Anuario IEHS, 251-266. Recuperado de: https://ojs2.fch.unicen.edu.ar/ojs-3.1.0/index.php/anuario-ies/article/view/1834/1678
Bergel, M. (2012). Flecha, o las animosas obsesiones de Deodoro Roca. En: G. Vázquez y D. Tatián (Eds.), Deodoro Roca. Obra Reunida: Vol. IV. Escritos políticos. Córdoba: Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.
Bisso, A. (2000). El antifascismo latinoamericano: Uso locales y continentales de un discurso europeo. Asian Journal Of Latin American Studies, 3, 91-116.
Bisso, A. (2007). Mímicas de guerra, costumbres de paz. Las prácticas de movilización y apelación antifascistas del Partido Socialista en el interior bonaerense durante la Segunda Guerra Mundial. Los casos de Baradero y Luján. Ciclos, 16(31-32).
Camaño Semprini, R. (2014). Ecos de la Guerra Civil Española: La derecha nacionalista y los frentes antifascistas en los espacios locales argentinos. Diacronie, 1(17). DOI: https://doi.org/10.4000/diacronie.1109
Camaño Semprini, R. (2024). Representaciones cruzadas: Católicos y radicales en la Córdoba de los años treinta. Revista Paginas, 16(40). DOI: https://doi.org/10.35305/rp.v16i40.838
Daniele, N. (2019). Liberalismo, antifascismo y antiperonismo, 1943-1946. Una historia desde Córdoba (Tesis de maestría). Universidad Nacional de Córdoba, Facultad de Ciencias Sociales, Córdoba, Argentina.
Finchelstein, F. (2010). Fascismo trasatlántico. Ideología, violencia y sacralidad en Argentina y en Italia, 1919-1945. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Fronczak, J. (2019). Review of Rethinking antifascism: History, memory and politics, 1922 to the present. Journal for the Study of Radicalism, 13(1). Recuperado de: https://www.muse.jhu.edu/article/717845
Giménez, S. R. (2012). La juventud radical y la opción por los Frentes Populares (1935-1936). Actas de las II Jornadas de Sociología de la UNLP, Argentina. Recuperado de: https://www.aacademica.org/000-097/108
Groppo, B. (2004). El antifascismo en la cultura política comunista. Anuario IEHS, 19, 27-44.
Hobsbawm, E. (2008). Historia del siglo XX. Buenos Aires: Critica.
López Cantera, M. F. (2019). Construir un enemigo en tiempos de neutralidad: Anticomunismo y disciplinamiento detrás de los debates por el derecho de reunión en Argentina (1938-1943). Revista Paginas, 12(28). DOI: https://doi.org/10.35305/rp.v12i28.377
López Cantera, M. F. (2021). Definiendo estrategias para el enemigo: De la acción preventiva a la ofensiva anticomunista. El Estado y la Sección Especial (1930-1943). Colección, 32(1), 89-128. DOI: https://doi.org/10.46553/colec.32.1.2021.p89-128
López, D. (2011). Naciones imaginadas. Reflexiones en torno a la historiografía sobre el nacionalismo argentino de derecha durante el período 1930-1945. Anuario del Centro de Estudios Históricos «Prof. Carlos S. A. Segreti», 11, 227-245.
Losada, L. (2016). Marcelo T. de Alvear. Revolucionario, presidente y líder republicano. Buenos Aires: Edhasa.
Losada, L. (2023). Liberalismo y antifascismo. Anuario IEHS, 363-375.
McGee Deutsch, S. (1999). Las Derechas. The extreme Rigth in Argentina, Brazil, and Chile, 1890-1939. Stanford: Stanford University Press.
McGee Deutsch, S. (2001). La derecha durante los primeros gobiernos radicales, 1916-1930. En R. Dolkart y S. McGee Deutsch (Eds.), La derecha argentina. Nacionalistas, neoliberales, militares y clericales. Buenos Aires: Javier Vergara.
Prislei, L. (2011). Los orígenes del fascismo argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Ortíz Bergia, M. J. (2020). «Democráticos y eficientes»: Radicalismo, propaganda política y Estado intervencionista en los tempranos años 1940. Coordenadas, 2(7), 213-242.
Osella, D. (2019). ¿Cómo fue la relación de las derechas actuantes en Córdoba entre 1930 y 1936? En E. Bohoslavsky (Ed.), Las derechas en el Cono Sur, siglo XX. Actas del VIII Taller de Discusión (pp. 7-27). Buenos Aires: Universidad Nacional General Sarmiento. Recuperado de: https://repositorio.ungs.edu.ar/bitstream/handle/UNGS/616/Actas_E_Bohoslavsky.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Osella, D. (2023). El Partido Demócrata de Córdoba entre 1928 y 1943. La adscripción a diversas culturas políticas. En R. Camaño Semprini (Ed.), Culturas políticas argentinas. Miradas desde las provincias (1912-1955) (pp. 91-128). Río Cuarto: TeseoPress. Recuperado de: https://www.teseopress.com/culturaspoliticasargentinas
Osella, D. (2024). La extrema derecha y la conformación de un frente opositor en Córdoba (1930-1939). Coordenadas. Revista de Historia Local y Regional, XI(1), 135-153.
Páez Debia, G. (2023). Teoría y metodología en Elías José Palti: Hacia una historiografía de los lenguajes políticos. Revista de Historiografía (RevHisto), 38, 195-216. https://doi.org/10.20318/revhisto.2023.6605
Palti, E. J. (2004). De la historia de «ideas» a la historia de los «lenguajes políticos». Las escuelas recientes de análisis conceptual. El panorama latinoamericano. Anales, 7-8, 63-82.
Palti, E. J. (2007). El tiempo de la política: El siglo XIX reconsiderado. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores Argentina.
Persello, V. (2007). Historia del radicalismo. Buenos Aires: Edhasa.
Prislei, L. (2011). Los orígenes del fascismo argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Reano, A. (2013). Reflexiones en torno a una teoría política de los lenguajes políticos. Revista de Filosofía y Teoría Política, 44. Recuperado de: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.6074/pr.6074.pdf
Sabattini, A. (1992). Mensajes a la Legislatura acerca del Estado de la Provincia. Gobernador Amadeo Sabattini 1936-1940. Córdoba: Secretaría Técnica Parlamentaria.
Sánchez, E. (2024a). Antifascismo y sabattinismo. Córdoba, un lugar hospitalario para el comunismo entre1936-1940. PolHis, 34, 30-64.
Sánchez, E. (2024b). Antifascismo(s) en Córdoba: Derivaciones del asesinato de José Guevara en 1933. Sociohistórica, 53, e220. DOI: https://doi.org/10.24215/18521606e220
Sánchez, E. (2024c). Flecha: Antifascismo y la proyección de un frente popular “con todos” desde Córdoba (1935-1936). En J. Blanco (Ed.), Lo político en disputa: Intelectuales, partidos y otras organizaciones en la Argentina del siglo XX (pp. 39-64). Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Filosofía y Humanidades.
Sánchez, E. (2024d). Un “fascista comunista” en el interior de Córdoba. Una disputa local desde referencias internacionales en la Argentina de entreguerras. Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, 25, 109-129. https://doi.org/10.46688/ahmoi.n25.468
Schaller, P., & Callido, I. (2022). La contribución de la revista Flecha al surgimiento de una cultura antifascista en Córdoba. Cuadernos de Historia. Serie Economía y Sociedad, 29, 82-110. DOI: https://doi.org/10.53872/2422.7544.n29.38703
Tcach, C. (1991). Sabattinismo y peronismo. Partidos políticos en Córdoba 1943-1955. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
Tcach, C. (2007). Un radicalismo exitoso en la Argentina de los treinta. El caso del sabattinismo cordobés. Boletín Americanista, 57, 133-156.
Tcach, C. (2009). Entre la tradición conservadora y la tentación fascista: La derecha cordobesa contra Amadeo Sabattini. Estudios, 22, 177-192.
Tcach, C. (2012). Córdoba: Izquierda obrera y conflicto social durante el gobierno de Amadeo Sabattini. 30, 19-34. Recuperado de: https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.5674/pr.5674.pdf
Recibido: 03/10/2024
Evaluado: 09/12/2024
Versión Final: 13/01/2025
(*) Máster en Estudios Americanos (Universidad de Sevilla) España. Licenciada en Historia (Universidad Nacional de Córdoba). Doctoranda en Historia (Universidad Nacional de Córdoba). Becaria doctoral (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Docente (Universidad Nacional de Córdoba). Argentina. Email: [email protected] RCID: https://orcid.org/0009-0004-3824-0808
[1] Si bien el ascenso de la ultraderecha en Argentina coincidió con el período de experiencia democrática de los gobiernos radicales (1916-1930), en 1932 se fundó en Buenos Aires el Partido Fascista Argentino. Sobre el surgimiento de estos sectores en la Argentina de entreguerras ver: McGee Deutsch (1999, 2001), Prislei (2011), Finchelstein (2010).
[2] Sobre la internacionalización del antifascismo ver: Groppo (2004), Hobsbawm (2008).
[3] A su vez, los hechos sociales no se reducen al lenguaje. La realización de una acción excede su mera enunciación o representación simbólica, lo que implica que, aunque el lenguaje sea constitutivo, no es autosuficiente para explicar la totalidad de los procesos sociales (Reano, 2013).
[4] Heraldo fue un diario afín al radicalismo editado en Villa María. Resulta interesante porque esta localidad era el bastión del sabattinismo, allí su líder tenía su residencia y ejercía como médico. Además, era una localidad importante del interior de la provincia de Córdoba, ciudad cabecera del departamento Tercero Abajo (actualmente General San Martín) y vinculada a la actividad agroexportadora.
[5] Amadeo Sabattini recibió el apodo de “Peludo Chico” por su identificación con Hipólito Yrigoyen, a quien le decían “el Peludo”.
[6] Los Principios, Córdoba, 27/10/1935.
[7] Los Principios, Córdoba, 06/09/1936, p. 5.
[8] La Voz del Interior, Córdoba, 05/07/1935, p. 12.
[9] La Voz del Interior, Córdoba, 02/11/1935, p. 6.
[10] La Voz del Interior, Córdoba, 20 /11/1935, p. 6.
[11] La Voz del Interior, Córdoba, 31/07/1935, p. 6.
[12] La Voz del Interior, Córdoba, 24/07/1935, p. 3.
[13] La Voz del Interior, Córdoba, 02/11/1935, p. 6.
[14] La Voz del Interior, Córdoba, 02/11/1935, p. 6.
[15] Diario de Sesiones, Cámara de Senadores, Córdoba, 18/08/1930, p. 325.
[16] Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Córdoba, 18/11/1936, p. 1240.
[17] Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Córdoba, 18/11/1936, p. 1249.
[18] Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Córdoba, 18/11/1936, p. 1250.
[19] Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Córdoba, 18/11/1936, p. 1254.
[20] Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Córdoba, 18/11/1936, pp. 1272, 1276, 1331.
[21] Diario de Sesiones, Cámara de Diputados, Córdoba, 18/11/1936, p. 1276.
[22] Diario de Sesiones, Cámara de Senadores, Córdoba, 18/08/1939, pp. 1109-1117.
[23] La Voz del Interior, Córdoba, 28/11/1935, p. 3.
[24] Los Principios, Córdoba, 07/09/1936.
[25] Los Principios, Córdoba, 07/09/1936.
[26] Heraldo, Villa María, 26/05/1936.
[27] Heraldo, Villa María, 13/06/1936.
[28] Heraldo, Villa María, 20/08/1936.
[29] Los Principios, Córdoba, 07/09/1936.
[30] Los Principios, Córdoba, 01/02/1940.