La reorganización del radicalismo durante la apertura democrática en clave local (Mar del Plata, 1981- 1983)
Constanza Castro(*)
ARK-CACYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/firgqruk8
Resumen
Este artículo analiza la reorganización de la Unión Cívica Radical (UCR) en el partido de General Pueyrredón entre el final de la última dictadura militar y los primeros años de la apertura democrática. A partir de un enfoque centrado en la dinámica faccional, se examinan las relaciones entre las principales corrientes internas -el Movimiento de Renovación y Cambio (MRyC) y el Balbinismo Auténtico-, así como los conflictos dentro del propio MRyC. El trabajo sostiene que el predominio del balbinismo se explica en parte por las redes políticas construidas durante la década de 1970 y su presencia sostenida en el comité local. Al mismo tiempo, muestra cómo el liderazgo de Raúl Alfonsín acentuó las tensiones dentro del MRyC, dificultando su cohesión e integración, y provocando un funcionamiento autónomo de sus fracciones, con efectos duraderos sobre la vida partidaria local.
Palabras claves: Partidos políticos; Recuperación democrática; Mar del Plata.
The reorganization of radicalism during the democratic opening in a local key (Mar del Plata, 1981-1983)
Abstract
This article analyzes the reorganization of the Unión Cívica Radical (UCR) in the district of General Pueyrredón between the end of Argentina’s last military dictatorship and the early years of democratic transition. Adopting a factional perspective, it examines the relationships between the party’s main internal currents —the Movimiento de Renovación y Cambio (MRyC) and the Balbinismo Auténtico— as well as the conflicts within the MRyC itself. The study argues that the predominance of the Balbinista sector can be partly explained by the political networks built during the 1970s and its sustained presence in the local party structure during the dictatorship. At the same time, it shows how Raúl Alfonsín’s leadership —instead of fostering unity— intensified tensions within the MRyC, undermining its cohesion and prompting autonomous behavior among its factions, with lasting consequences for local party dynamics.
Keywords: Political parties; Democratic recovery; Mar del Plata.
La reorganización del radicalismo durante la apertura democrática en clave local (Mar del Plata, 1981- 1983)[1]
Introducción
El retorno democrático en 1983 generó grandes expectativas respecto al potencial transformador de la democracia en Argentina. En este contexto, las organizaciones partidarias emergieron como espacios fundamentales para canalizar las demandas de participación de una ciudadanía largamente postergada en el ejercicio pleno de sus derechos políticos. La (re)organización de estos espacios resultó clave para enfrentar los desafíos de la reinstitucionalización del país y la consolidación de la democracia electoral.
El triunfo de la Unión Cívica Radical (UCR) a nivel nacional -replicado en la provincia de Buenos Aires, tradicional bastión electoral del justicialismo- colocó a este partido centenario en una posición inédita de poder. Sin embargo, este escenario implicó la necesidad de gestionar una estructura partidaria en expansión y asumir las responsabilidades de gobierno. Investigaciones previas (Masi, 2014) destacan el liderazgo democrático encarnado en Raúl Alfonsín como un factor clave en el éxito electoral, al tiempo que remarcan la importancia de las alianzas internas, especialmente entre el Movimiento de Renovación y Cambio (MRyC) y el Balbinismo Auténtico, que aseguraron la conducción del partido a nivel nacional y provincial.
No obstante, a nivel local estos acuerdos se manifestaron con dinámicas propias, donde actores políticos enfrentaron la decisión de replicar la coalición o disputar el control de las estructuras partidarias mediante contiendas intrapartidarias. En este sentido, el análisis microanalítico de los espacios locales ofrece una perspectiva privilegiada para comprender las dinámicas de liderazgo y las disputas entre facciones.
Este trabajo propone explorar la reorganización de la UCR en Mar del Plata entre 1981 y 1983, con especial énfasis en los modos de organización, las prácticas políticas y las tensiones internas. Se plantea la hipótesis de que el predominio del balbinismo en la ciudad responde, en buena medida, a las redes políticas y el capital social acumulado durante la dictadura en el comité local. A su vez, se sostiene que el auge del espacio alfonsinista, lejos de favorecer la cohesión interna, exacerbó las pugnas entre fracciones del MRyC a nivel local, generando una autonomía funcional de sus componentes con importantes consecuencias para la vida partidaria.
Para el abordaje teórico-metodológico, el estudio se enmarca en la perspectiva de análisis de redes políticas y estudios sobre liderazgo y fragmentación partidaria en contextos de transición democrática. Metodológicamente, se basa en el análisis de fuentes periódicas y partidarias de alcance nacional, provincial y local, complementadas con memorias de dirigentes y entrevistas a militantes, contrastadas sistemáticamente para asegurar su validez.
Finalmente, el trabajo busca aportar a la comprensión de cómo las lógicas regionales y locales dialogan con procesos nacionales, evaluando si el caso de Mar del Plata constituye un modelo representativo de las disputas internas del radicalismo bonaerense y nacional en la apertura democrática.
La Unión Cívica Radical durante la apertura democrática
Entre finales de la década de 1960 y la apertura electoral de 1983, la Unión Cívica Radical (UCR) experimentó una significativa reconfiguración en su espacio político partidario. Durante este período emergió como actor central el Movimiento de Renovación y Cambio (MRyC), una de las principales corrientes internas del radicalismo, liderada por Raúl Alfonsín que en el marco de la apertura democrática logró el control de gran parte de los recursos de poder partidario.
El ascenso del MRyC se remonta a finales de los años sesenta y principios de los setenta, cuando un sector del radicalismo comenzó a cuestionar la conducción del partido por su inmovilismo, al que se referían como "quedantismo". Este malestar alcanzó su punto más crítico con la designación de Arturo Mor Roig como Ministro del Interior durante el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse, decisión que provocó un fuerte rechazo interno. Este episodio impulsó el acercamiento entre los renovadores de la generación intermedia del radicalismo y la Juventud de la Junta Coordinadora Nacional (JCN), un sector juvenil compuesto mayoritariamente por estudiantes universitarios. Ambos compartían como objetivo la recuperación democrática y buscaban transformar a la UCR en un partido de masas, superando su estructura burocrática y electoralista tradicional (Persello, 2007).
Con el levantamiento de la veda política, las elecciones internas partidarias de 1972 representaron un momento clave para este nuevo espacio. Bajo la denominación de MRyC, esta corriente enfrentó al balbinismo, que desde entonces pasó a denominarse Línea Nacional. La fórmula Raúl Alfonsín-Conrado Storani del MRyC compitió contra Ricardo Balbín-Eduardo Gammond, resultando derrotada. Sin embargo, la contienda marcó la irrupción del MRyC como una fuerza política con alcance nacional y evidenció la capacidad de movilización de su base juvenil, organizada en torno a la coordinadora (Ferrari, 2014).[2]
Durante la apertura democrática, la figura de Raúl Alfonsín adquirió una relevancia creciente. Su negativa a respaldar la Guerra de Malvinas y su activa participación en la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) reforzaron su posicionamiento tanto dentro como fuera del partido.[3] Este ascenso fue favorecido, además, por el deceso de Ricardo Balbín, líder histórico de la UCR, lo que dejó un vacío de liderazgo que facilitó el recambio generacional. Alfonsín, con una personalidad convocante, logró tal consenso que sus adversarios internos retiraron su precandidatura presidencial en un contexto de negociaciones para garantizar la unidad partidaria.[4]
La campaña electoral de Alfonsín proyectó una imagen renovada de la UCR, caracterizada por una clara vocación hegemónica y presentada como una alternativa viable al peronismo, sin definirse explícitamente como una fuerza antiperonista, lo que evidenció un cambio estratégico en su discurso político (Persello, 2007, p. 287).
La UCR y la administración local durante el régimen militar (1976-1983)
Con la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas en 1976, en el Partido de General Pueyrredón —cuya cabecera es la ciudad de Mar del Plata—, el intendente electo por el Partido Socialista Democrático (PSD), Luis Fabrizio, fue destituido de su cargo. Durante el periodo de facto, la administración municipal estuvo encabezada sucesivamente por civiles y militares designados con la aprobación de los uniformados. Entre los últimos dirigentes que ocuparon la intendencia se encontraba Mario Russak, quien renunció en marzo de 1981 tras ser nombrado subsecretario del Menor y la Familia en el área nacional de Acción Social.[5] En su lugar, asumió de manera interina el secretario de Bienestar Social, Carlos Raúl Martín, hasta que la jefatura municipal fue conferida nuevamente a Fabrizio, quien había sido depuesto en marzo de 1976.[6]
Este último nombramiento reflejaba los cambios políticos promovidos durante la presidencia de facto de Roberto E. Viola, quien asumió formalmente en marzo de 1981. En un contexto de creciente desgaste del régimen militar, el gobierno de Viola buscó revitalizar su legitimidad apelando a un mayor acercamiento con las organizaciones de la sociedad civil y otorgando reconocimiento oficial a las estructuras partidarias como instancias válidas de mediación política (Canelo, 2008, p. 168). Aunque el mandato de Viola duró apenas ocho meses, estas orientaciones políticas tuvieron eco en la provincia de Buenos Aires. Allí, el gobernador de facto Ibérico Saint Jean fue sustituido por Oscar B. Gallino, quien profundizó ciertas medidas implementadas por su predecesor, como la designación de intendentes con estrechos vínculos con asociaciones locales y un amplio conocimiento de sus comunidades.[7] Esto permitió que, en numerosos casos, quienes habían sido electos en 1973 retomaran sus funciones.
La política de designación de intendentes se vinculó también con la postura ambigua de algunos partidos políticos frente al régimen militar. Algunas organizaciones mantuvieron un acceso fluido y, en ocasiones, participación directa en áreas clave de la administración pública (Canelo, 2016, p. 55-56).[8] En este marco, la UCR no fue ajena y la participación del sector Línea Nacional, liderado por César García Puente, generó tensiones internas dentro del partido, siendo repudiado por otros espacios radicales.[9] En abril de 1981, el periódico santafesino La Causa, dirigido por Luis Cáceres, denunció la colaboración de esta corriente en la administración de unas treinta comunas de la provincia de Buenos Aires.
En Mar del Plata, pese a las restricciones impuestas por el régimen, la actividad política de la UCR se mantuvo activa a través del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales “Ricardo Rojas”, que operaba en el Comité local de la UCR. La continuidad de este espacio fue posible gracias a que la propiedad del inmueble no pertenecía formalmente al partido, sino a tres de sus dirigentes, quienes al momento del golpe de Estado ejercían los cargos de presidente, vicepresidente y tesorero de la filial local. Esta circunstancia permitió que el radicalismo mantuviera un espacio simbólico y operativo en un contexto adverso para la actividad política.[10] Ante un intento de “copamiento” por parte de los militares, un dirigente radical recuerda que:
Fuimos Roig y yo a hablar con el jefe de Regimiento local, coronel Barda. Le dijimos que en la Casa Radical teníamos una parrilla y que hacíamos una peña todos los martes a la que concurrían diversas personas de distintos pensamientos y le preguntamos si podíamos seguir realizándola. Nos contestó: ´Bueno, pueden hacerla pero con las persianas cerradas y nada de política´. Esas reuniones semanales tenían el objetivo de mantener, aunque precariamente, la vigencia política. Nos juntábamos y recibíamos visitas de dirigentes de todos lados. Recuerdo que en varias oportunidades concurrió Illia.[11]
Por consiguiente, en el ámbito del radicalismo marplatense, la sociabilidad política resultó dificultada, aunque no completamente interrumpida. Con el ensayo aperturista promovido por el gobierno de Viola, que generó cierta distensión en las actividades partidarias, el radicalismo local comenzó a formular y expresar públicamente críticas hacia la gestión municipal. Inicialmente, los cuestionamientos se centraron en denunciar la crisis que afectaba al sector pesquero y el presunto ocultamiento que, según su interpretación, ejercían tanto el gobierno municipal como el provincial. En respuesta a los desencuentros surgidos entre el intendente Russak y los representantes radicales, estos últimos emitieron un documento que no solo abordaba las declaraciones del intendente sobre la crisis pesquera, sino que también ampliaba el marco de sus críticas.[12] Además de destacar la alineación política del gobierno local con la política económica impulsada por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, los radicales marplatenses comenzaron a plantear observaciones más incisivas, que se intensificarían en los meses posteriores. En ese contexto, sostenían que:
… el país necesita de hombres interesados en la política… [que] accedan a la función pública no por casualidad sino por la determinación de su pueblo… la unidad de todos los sectores… debe hacer reflexionar sobre la necesidad de reaccionar sin esperar situaciones extremas, y sin temor dar vigor al reclamo en defensa de legítimos intereses. La lección debe servir para convencer que la democracia es el único sistema que consulta, atiende y resuelve en forma natural e igualitaria otorgando derechos y creando obligaciones en un ámbito de respeto y libertad.[13]
La crisis pesquera no solo motivó la reacción del radicalismo marplatense frente a la coyuntura económica, sino que también sirvió para introducir posicionamientos públicos relacionados con la necesaria normalización institucional del país. En este contexto, la designación de Luis Fabrizio como intendente colocó en el centro del debate la legitimidad política del “nuevo” jefe comunal y abrió una discusión más amplia sobre la gestión local bajo el régimen de facto.
Con motivo de cumplirse cinco años del gobierno militar, la UCR local emitió un comunicado en el que evaluaba críticamente el desempeño político del régimen en el ámbito municipal. En dicho documento, tras justificar el tiempo transcurrido antes de pronunciarse sobre el nombramiento de Fabrizio, el radicalismo distinguía dos etapas en la gestión provincial y su impacto en el Partido de General Pueyrredón. Según el análisis del partido, el primer periodo correspondía a los dos años iniciales del régimen, marcados por lo que denominaron “desinteligencias o antipatías” entre el gobierno municipal y el provincial. El segundo periodo comenzaba con la llegada de Mario Russak, a quien identificaban como un “protegido” del gobierno provincial. Este periodo se caracterizó por alterar el vínculo entre ambas administraciones, culminando con una “retirada sin lucha” que, en su opinión, evidenciaba la falta de apoyo y cohesión política.
El balance del quinquenio destacaba la ejecución de obras públicas como uno de los principales logros del gobierno local; no obstante, los radicales subrayaban que dichas obras carecían de una planificación estratégica y respondían más a la improvisación que a un proyecto integral de desarrollo. En consecuencia, afirmaban que el régimen había desperdiciado “una de las mejores coyunturas que tuvo gobernante alguno en los últimos tiempos”. El punto más controvertido, sin embargo, giraba en torno al nombramiento de Fabrizio. Sobre esta cuestión, el comunicado expresaba:
El Proceso restituye al Intendente que sacó en 1976. No sabemos si el acto es una reparación, una apertura política o el pago de adhesión. Lo que sí queda claro es la representación partidista en el gobierno comunal y la solidaridad que debe la misma a los poderes centrales con la coincidencia que sella. Todo es un mismo conjunto, Nación, Provincia y Municipio, y está afirmado oficialmente que el cambio es solo una continuidad.[14]
El análisis realizado por el radicalismo intensificó las críticas hacia el Partido Socialista Democrático (PSD), al que acusaban de mantener una relación de connivencia con el régimen militar, un aspecto que sería reiteradamente señalado en los meses siguientes.[15] Luis Fabrizio asumió sus funciones como intendente el 23 de mayo de 1981. Al alinearse con los objetivos del gobierno militar, su administración se presentó como un modelo austero, orientado a atender únicamente las “prioridades más exigibles”.[16] Esta postura provocó una reacción inmediata de diversos sectores partidarios, que vieron en su designación una oportunidad para posicionarse en la arena política local y cuestionar la legitimidad del nombramiento.
En respuesta, el Centro Socialista Democrático defendió la designación de Fabrizio, argumentando que esta estaba respaldada por la legitimidad del proceso electoral de marzo de 1973. Desde su perspectiva, aquellos comicios tenían un “valor insoslayable” dado el contundente triunfo obtenido por el PSD en aquella ocasión. Con un discurso claro y directo, los dirigentes socialistas afirmaban que:
… Jamás hemos ocultado nuestras críticas y oposiciones a la política económica de los últimos años ni hemos dejado de reclamar la plena vigencia del estado de derecho. Pero ello no nos ha impedido señalar nuestra adhesión a los objetivos fundamentales del proceso, ni nos impedirá seguir luchando porque esos objetivos se concretan a la mayor brevedad, como único camino de lograr la ansiada estabilidad institucional en el marco de la plena y leal vigencia de la Constitución…[17]
A pesar del respaldo recibido tanto por las autoridades de su partido como por el gobierno de facto, la gestión de Luis Fabrizio tuvo una duración limitada, extendiéndose por poco más de un año. Su gobierno se vio afectado por un creciente descontento social derivado del significativo aumento de las tasas municipales y del transporte urbano, así como por las críticas provenientes de distintos sectores partidarios.[18] Estas tensiones culminaron con su renuncia en febrero de 1983, momento en que fue reemplazado por el subsecretario comunal, José María Zabaleta, quien se definía sin filiación partidaria.[19] El retiro de Fabrizio se inscribe en el contexto del debilitamiento del régimen militar, del cual buscó distanciarse como parte de un nuevo proyecto político que eventualmente lo condujo a competir por el ejecutivo provincial.[20]
Para entonces, el colapso del régimen militar era evidente, especialmente tras la derrota en la Guerra de Malvinas, que precipitó la salida de Leopoldo Fortunato Galtieri y su reemplazo por Reynaldo Bignone. El último gobierno de facto centró su estrategia política en garantizar una retirada que implicara el menor costo posible para las Fuerzas Armadas. En este marco, se avanzó en el acercamiento hacia las organizaciones políticas y se promulgó el Estatuto de los Partidos Políticos, que establecía un plazo máximo de trece meses para la normalización de las agrupaciones partidarias, el proceso de reafiliación, y la "institucionalización" del país (Canelo, 2008, p. 201).[21]
En la provincia de Buenos Aires, el gobernador Jorge Aguado, quien asumió el ejecutivo provincial a comienzos de 1982, promulgó un decreto-ley alineado con las directrices nacionales. Este instrumento legal definía tres tipos de partidos políticos: nacionales de distrito, provinciales y municipales. Asimismo, estableció la creación de una junta electoral y la reafiliación completa de los afiliados, exigiendo un mínimo del cuatro por mil del padrón electoral para el reconocimiento oficial de los partidos (Ferrari, 2014b). Este contexto generó un notable fervor participativo, evidenciado en el incremento de las afiliaciones, la reapertura de comités y unidades básicas, y la proliferación de actos proselitistas.[22] Mar del Plata, en calidad de ciudad turística, se convirtió en un epicentro estratégico, recibiendo a dirigentes de diversas agrupaciones que difundían sus plataformas electorales.
En el ámbito del radicalismo local, el Centro Ricardo Rojas fue un actor clave, organizando múltiples conferencias impartidas por dirigentes que dinamizaron el debate político de la época. Mientras tanto, el proceso de reorganización partidaria avanzaba a paso firme; pero, mientras que en Línea Nacional se llevó a cabo sin mayores contratiempos, en el MRyC surgieron profundas tensiones internas que tuvieron significativas repercusiones para la vida partidaria.
“La interna de la interna”. Las facciones dentro del MRyC marplatense
En el contexto de las elecciones internas de la provincia de Buenos Aires, las principales corrientes del radicalismo lograron forjar una coalición dominante.[23] Esta alianza estuvo integrada por las dos facciones del MRyC —la generación intermedia y la JCN— y el Balbinismo Auténtico, una escisión de Línea Nacional liderada por el dirigente tandilense Juan Carlos Pugliese. Este acuerdo aseguraba la unidad del partido, otorgando espacios de liderazgo y gestión al Balbinismo Auténtico en un escenario marcado por el ascenso del alfonsinismo (Ferrari y Closa, 2015, p. 39).[24]
En Mar del Plata, la coalición tuvo los mismos actores principales; sin embargo, en este distrito, la estructura partidaria estaba bajo el predominio del Balbinismo Auténtico. Este sector había consolidado su hegemonía tras la creación de Línea Nacional, que resultó de la fusión entre el unionismo y el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR). En ese marco, convergieron dirigentes con larga trayectoria en la gestión pública y partidaria, respaldados por una sólida base territorial.[25]
Por otro lado, el proceso de (re)organización del alfonsinismo fue más complejo. Aunque el liderazgo de Alfonsín concitó un apoyo significativo, las disputas internas entre los distintos sectores que reivindicaban su representación en la ciudad se intensificaron. Estas tensiones impidieron una integración plena de las facciones, incluso después de que las elecciones internas determinaran los resultados. Este escenario favoreció al Balbinismo Auténtico, que logró mantener el control de la estructura partidaria local.
La tensión en el MRyC local enfrentó a dos grupos. Por un lado, un sector encabezado por Luis María Sobrón, presidente de la Junta Reorganizadora del MRyC, y por otro, un conglomerado de agrupaciones que se articularon formalmente a inicios de 1983.[26] Entre estas últimas figuraban los Ateneos "Leandro N. Alem" y "Crisólogo Larralde", la Coordinadora Juventud Radical, y movimientos como el Radical Socialista, el Nacional Desarrollista (MONADE) y escisiones de otras fuerzas como el Partido Socialista (PS) y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). Aunque el grupo liderado por Sobrón era el más numeroso, su legitimidad fue cuestionada por las otras facciones.
El conflicto entre ambos sectores se originó a partir de la convocatoria realizada por la Junta Reorganizadora, presidida por Sobrón, para llevar a cabo una Asamblea General Ordinaria programada para el 14 de mayo de 1983. El propósito de dicha asamblea era la elección de las autoridades del MRyC del partido de General Pueyrredón, con un mandato de dos años. Además, se pretendía elegir cuatro delegados para la quinta sección electoral, un delegado para la Comisión Política Asesora de la Mesa Directiva por la misma sección, convencionales nacionales de la provincia de Buenos Aires, miembros del comité provincial y candidatos para el comité local de la UCR.[27] Asimismo, se estableció que la asamblea discutiría el mecanismo de elección, contemplándose dos alternativas: el voto secreto o la aclamación. Se dispuso, además, que podrían participar en la votación tanto los afiliados registrados en las actas del MRyC como aquellos no afiliados que expresaran su adhesión mediante firma, una disposición novedosa en el radicalismo.[28]
Previo a su realización, la convocatoria a la asamblea fue impugnada por los ateneos Leandro N. Alem y Crisólogo Larralde, que objetaron la posibilidad de elección por aclamación y la ausencia de padrones partidarios legales y oficiales.[29] Simultáneamente, uno de los sectores disidentes, identificado como “Línea Unidad”, intentó sin éxito organizar una asamblea paralela en la misma fecha y horario, con el objetivo de reunir a los sectores disconformes y opositores al grupo liderado por Sobrón. No obstante, esta iniciativa también fue cuestionada por ciertos grupos que criticaron a sus dirigentes, acusándolos de “reclamar elecciones únicamente porque el Sr. Sobrón no les ofreció un cargo importante en su lista”.[30]
Ante los cuestionamientos de los sectores opositores, el grupo liderado por Sobrón calificó las críticas como “inconsistentes” al considerar que se basaban en “hechos y apreciaciones subjetivas”.[31] A través de un comunicado oficial, los integrantes de la Junta Reorganizadora defendieron la legitimidad de su convocatoria, argumentando que había sido realizada por la única autoridad competente y reconocida en el ámbito local. Además, subrayaron la relevancia de la asamblea como instancia para la nominación de candidatos a los cargos partidarios convocados. Por último, informaron sobre la disponibilidad de los listados de afiliación y garantizaron el acceso libre a la asamblea durante su desarrollo.[32]
La realización de la asamblea intensificó las tensiones internas en el MRyC. Los sectores opositores declararon su rechazo a “toda práctica antidemocrática” y manifestaron su negativa a aceptar “asambleas dirigidas por unos pocos que comprometen la libre participación del afiliado en la elección de sus autoridades mediante voto directo y secreto”. Asimismo, solicitaron la intervención de las autoridades partidarias provinciales con el objetivo de anular los resultados de la asamblea organizada por la Junta Reorganizadora.[33]
En respuesta a la creciente conflictividad interna, Alejandro Armendáriz, precandidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, y Raúl Borrás, candidato a vicepresidente del Comité de la UCR bonaerense, se trasladaron a la ciudad con el propósito de mediar entre las facciones enfrentadas y propiciar la conformación de una lista única que favoreciera la cohesión intrapartidaria. Como resultado de estas gestiones, la asamblea previamente celebrada fue anulada, y se convocaron elecciones para el 12 de junio de 1983, bajo la supervisión de un veedor designado por la Junta Provincial. Además, se reafirmó el empleo del voto directo y secreto como mecanismo electoral, en consonancia con la tradición partidaria.[34]
Lejos de calmar el conflicto, las resoluciones de los dirigentes provinciales alentaron aún más los reclamos de los opositores, renuentes a alcanzar algún tipo de acuerdo. En un documento dado a conocer públicamente, la Coordinadora Radical señalaba:
… es el momento de que los afiliados exijan a todas las personas que convalidaron el llamado a asamblea formando parte de las listas allí impuestas, que renuncien y se abstengan de integrar cualquier lista por la actitud que demostraron, y que no deja lugar a dudas de cuáles fueron sus propósitos: quedarse con los cargos partidarios a espaldas del afiliado. Ello no coincide con el mensaje de amplio fortalecimiento de la democracia que propugnan Raúl Alfonsín y el partido radical…[35]
Como puede apreciarse, las posiciones resultaron irreconciliables, lo que desembocó en la confrontación entre dos listas. El grupo liderado por Sobrón presentó la Lista N.º 1, denominada “Alfonsín Presidente”. Este sector sostuvo que la anulación de la asamblea previa no se debió a irregularidades de carácter jurídico o legal, sino a decisiones políticas orientadas a promover la unidad partidaria. Enérgicos en su postura frente a sus adversarios, afirmaban que:
… La Lista N°1 está conformada por radicales sin aditamentos que expresan posiciones políticas y personales avaladas por largos años de trayectoria. Mientras algunos defendimos durante ocho años las líneas de Renovación y Cambio, otros se presentan hoy a disputar puestos partidarios porque sólo se presenta la oportunidad política…[36]
Por su parte. la Lista N.º 2, denominada “Unidad con Alfonsín” y encabezada por Enrique Clerch, aglutinó a los sectores opositores que interpretaron la elección en términos de una disyuntiva entre democracia y antidemocracia. Desde la perspectiva de este agrupamiento, la unificación de las facciones opositoras se había logrado como respuesta a las múltiples falencias atribuidas al sector liderado por Sobrón, al cual calificaron como de “marcado tinte elitista y personalista”.[37]
Los comicios finalmente otorgaron la victoria a la Lista N.º 1, que obtuvo 1.838 votos frente a los 1.348 recolectados por la lista opositora.[38] Este resultado consolidó a Sobrón como líder del movimiento y precandidato a presidente del comité local. La elección interna generó gran interés, tanto dentro como fuera del partido, debido a las expectativas en torno al número de afiliaciones atribuido al sector alfonsinista, estimado en aproximadamente entre ocho y nueve mil. Sin embargo, los resultados reflejaron una participación significativamente menor, con poco más de tres mil votos emitidos, lo que evidenció un bajo nivel de involucramiento efectivo dentro de la estructura partidaria a pesar del amplio respaldo que parecía haber suscitado.
Tras los comicios, el titular de la lista derrotada declaró que “más allá del resultado, ya hemos triunfado con el hecho de convocar a estas elecciones, y ahora colaboraremos plenamente con los correligionarios que han ganado legítimamente la representación del Movimiento”.[39] No obstante, dicha afirmación no se materializó en la práctica, y los conflictos internos dentro del MRyC continuaron sin resolverse.
La interna verdadera: el
enfrentamiento entre el MRyC y el Balbinismo Auténtico
El calendario electoral del radicalismo contemplaba la realización de dos elecciones internas. La primera, programada para el 26 de junio, tenía como objetivo designar las nuevas autoridades del partido, mientras que la segunda estaba destinada a elegir al candidato a intendente.[40] Sin embargo, lograr una victoria en la primera instancia resultaba crucial, ya que permitía ejercer mayor control partidario y mejorar las posibilidades de negociación interna.
Debido a dificultades en la elaboración de los padrones, la Junta Electoral de la UCR bonaerense decidió postergar los comicios internos al 17 de julio, dando inicio a una breve campaña de un mes.[41] Este periodo estuvo marcado por el acuerdo provincial entre el alfonsinismo y el Balbinismo Auténtico, que culminó en la presentación de listas conjuntas para la elección de delegados al comité nacional y provincial. Solo el sector liderado por César García Puente quedó fuera de este armado, convirtiéndose en una minoría. En el plano local, las decisiones quedaron en manos de los dirigentes, quienes debían optar entre mantener la alianza entre las distintas corrientes internas o fomentar el enfrentamiento entre ellas. En el partido de General Pueyrredón se eligió la segunda alternativa.
En este contexto, el Balbinismo Auténtico se benefició de la conducción de Ángel Roig, quien, como líder indiscutido, facilitó la selección de candidaturas y actuó como árbitro en el proceso. Esta corriente definió con antelación sus listas para el comité local y proclamó la precandidatura de Roig a intendente mediante una asamblea.[42]
Por su parte, el MRyC experimentó un notable desgaste debido al conflictivo proceso electoral que enfrentó para designar a sus autoridades. En un corto período, esta corriente tuvo que esforzarse por integrar a todas sus fracciones, al tiempo que intentaba diferenciarse de sus rivales del Balbinismo Auténtico, en el contexto de un acuerdo provincial que buscaba superar los enfrentamientos y fomentar el consenso entre correligionarios. La estrategia del MRyC se centró en polarizar las alternativas entre las dos fórmulas presidenciales que, hasta ese momento, competían dentro del radicalismo. La vinculación política entre Alfonsín y Sobrón se presentó como una unidad indivisible, mientras que Roig, el candidato opositor al comité local, era asociado con De la Rúa y Perette. Así se planteaba la contienda:
… en Mar del Plata van a confrontar hasta el momento dos listas. Ambas estarán encabezadas por el doctor Raúl Alfonsín en el orden nacional, diferenciándose en el orden local en lo formal por la conformación de las mismas, pero fundamentalmente por la filosofía que sustentan. La encabezada por Roig es la expresión del “acuerdo” porque, conforme a las declaraciones de sus candidatos sólo concurren con el alfonsinismo como una cuestión circunstancial, pues no han resignado su disposición de apoyar en el orden nacional la fórmula De la Rúa- Perette. La otra, la encabezada por el señor Luis María Sobrón, es la expresión auténtica del pensamiento de Raúl Alfonsín. Este tema es fundamental para el afiliado que vaya a votar el 17. En el cuarto oscuro va a encontrar una boleta con Alfonsín con candidatos que pretenden, por cualquier medio, aprovechar el éxito ajeno para mantener la conducción del comité local, y la otra, también con Alfonsín, representa el trabajo fecundo y continuado de doce años de Renovación y Cambio con una auténtica filosofía renovadora, que significará en una futura conducción que el comité de la UCR deje de ser por fin una oficina receptora de afiliaciones, para convertirse en el verdadero congreso de las ideas radicales en Mar del Plata.[43]
En la misma sintonía, en una solicitada los integrantes del MRyC consideraban oportuno y necesario “aclarar” que:
Estamos en presencia de una verdad a medias, que trae aparejada confusión, a fin de desviar hacia Línea Nacional el caudal enorme de votos de RyC que está triunfando en forma aplastante en todo el país.
Si bien no están compitiendo en forma directa ambas fórmulas presidenciales, es indudable que si lo hacen las líneas internas del radicalismo que patrocinan a cada formula. Una de ellas es Renovación y Cambio, de la que es líder indiscutido y fundador el Dr. Raúl Alfonsín.
En consecuencia, quien pretenda que el candidato a la Presidencia de la República por el radicalismo lo sea Raúl Alfonsín, deberá votar el día 17 por la lista 15-1 encabezada localmente por Sobrón, porque de esta manera le estará dando al candidato de Renovación y Cambio el arma eficaz para que pueda gobernar el comité local con sus hombres.
Quien pretenda llevar a la Presidencia al Dr. De la Rúa deberá votar por la lista de Línea Nacional encabezada localmente por el señor Ángel Roig.
No se trata de una lucha local entre Roig y Sobrón, sino de dos listas que responden a las líneas internas del radicalismo. La de Renovación y Cambio es la 15-1 y la de Línea Nacional la 15-51.
¡¡SIN CONFUSIÓN POSIBLE!!
Alfonsín es Renovación y Cambio
Renovación y Cambio en Mar del Plata es la lista 15-1, encabezada por Sobrón.[44]
En el ámbito local, al MRyC no conformó el acuerdo alcanzado a nivel provincial entre el alfonsinismo y el Balbinismo Auténtico, ya que esto lo llevó a adoptar como estrategia política la polarización y la identificación de su sector con la figura de Alfonsín, quien aparecía en ambas listas. Por su parte, el Balbinismo Auténtico también optó por polarizar el discurso, presentando la elección como un enfrentamiento entre la "unidad partidaria", representada por su candidato, y la "dispersión partidaria", asociada al MRyC. Esta estrategia generó un intenso debate, especialmente entre quienes se identificaban con el alfonsinismo local. En un comunicado titulado “¿El símbolo de la unidad va en dos listas al comicio?”, los integrantes del MRyC expresaron su postura, señalando que:
… nuestro correligionario Ángel Roig, pregona que es él, como candidato a presidente del comité, a diputado nacional, a intendente municipal, y no recordamos si a algún cargo más, el símbolo de una unidad que solo se dio en el más alto nivel partidario por la decidida, decisiva y definitiva resolución de nuestro líder, el doctor Raúl Alfonsín (…) Roig considera que la unidad pasa por su persona e intenta así unificar todos los cargos posibles (…) en Mar del Plata, como en todo el país, dentro de la UCR todos sabemos quienes están por el partido chico, y quienes por el movimiento grande que simboliza el doctor Raúl Alfonsín. Subirse al carro triunfal de Renovación y Cambio, hablando de unidad, pero por si acaso participando en dos listas tan opuestas como la de García Puente y la de Alfonsín, solo un alquimista puede justificarlo.[45]
Ante el flujo constante de comunicados y aclaraciones emitidos por el sector alfonsinista, el Balbinismo Auténtico adoptó una postura moderada, evitando el enfrentamiento directo. Su líder, Ángel Roig, se limitó a señalar que el candidato del MRyC generaba confusión en el electorado al presentar como única la fórmula "Alfonsín-Sobrón". Asimismo, Roig criticó la caracterización de su figura como "policandidato", recordando que Alfonsín también había sido proclamado precandidato presidencial antes de asumir la presidencia del Comité Nacional de la UCR, y que ahora ostentaba ambas responsabilidades.[46]
Más allá de estas disputas discursivas, el MRyC enfrentó un desafío interno significativo: la integración de sus distintas facciones tras los profundos desacuerdos previos. Aunque en declaraciones públicas se enfatizó que las divisiones habían sido superadas y que todas las fracciones estaban unificadas, esta cohesión resultó efímera.[47] Tras las elecciones internas, el titular del Ateneo "Crisólogo Larralde" llamó a los "auténticos radicales" a respaldar a Roig y cuestionó tanto al líder del MRyC, Sobrón, como a sus aliados. Según él, estos actores se autoproclamaban "héroes nacionales", pero eran, en realidad, "oportunistas" que buscaban recuperar posiciones en un momento favorable, pese a haber estado ausentes durante los períodos más difíciles en referencia al último gobierno militar.[48]
En paralelo, el MONADE decidió retirar a sus candidatos de la lista encabezada por Sobrón. No obstante, sus dirigentes reafirmaron su compromiso con "la propuesta del gran movimiento nacional" y con los principios e ideas representados por Alfonsín.[49] Esa decisión, junto con el apoyo explícito al proyecto alfonsinista, sugiere una adhesión débil y ambigua a la lista liderada por Sobrón. Una postura similar adoptaron los integrantes de la Coordinadora Radical, quienes expresaron su respaldo a la "lista 15-1 que postula en el ámbito nacional a Alfonsín", omitiendo toda referencia al liderazgo local. Por otro lado, los miembros del Ateneo "Los Radicales", identificados con el MRyC, declararon su neutralidad frente a las elecciones.[50]
En otras líneas internas, que no tenían un peso significativo en la ciudad, predominó el hermetismo. El Movimiento de Afirmación Yrigoyenista (MAY), a través de un comunicado firmado por Martín Adrián Bereilh, elogió la gestión de Roig al frente del comité local y expresó su total respaldo a su candidatura.[51] Sin embargo, esta postura fue desmentida por los representantes locales, Luis Pedro Bentivoglio y Juan Manuel Crovetto (titular y secretario, respectivamente), quienes aclararon que no apoyaban ninguna de las listas en competencia.[52] Por otro lado, el sector alineado con García Puente decidió no presentar lista a nivel local, limitándose a respaldar a este dirigente, quien junto a Néstor García conformó la lista N° 5 para los comités nacional y provincial.
A nivel provincial, la alianza entre el MRyC y el Balbinismo Auténtico logró una victoria contundente frente a Línea Nacional y el MAY, obteniendo la totalidad de los delegados al comité nacional. Asimismo, Juan Carlos Pugliese conservó la presidencia del comité provincial, secundado por el alfonsinista Raúl Borrás.[53] En el ámbito local, las elecciones consagraron a Roig como presidente del comité con 4.195 votos frente a los 3.400 obtenidos por Sobrón.[54] Los resultados de las elecciones internas del MRyC muestran un notable incremento en el caudal de votos de este sector, sumando la totalidad de los sufragios emitidos en su propia interna, más allá de las adhesiones que algunos representantes de facciones opositoras dieron a la lista contraria. Este aumento parece reflejar una mayor participación en beneficio del MRyC, aunque insuficiente para revertir los resultados finales. Es posible que la participación del sector de Línea Nacional, liderado por García Puente, haya sido determinante, ya que sus votos se inclinaron hacia Roig a nivel local.[55] Sin embargo, resulta difícil cuantificar el impacto del apoyo de los sectores disidentes del MRyC en la candidatura de Roig, dado que su elección se resolvió por aclamación, sin cifras concretas que permitan un análisis detallado.
Hacia la definición de las candidaturas finales
La derrota del MRyC en la disputa por la presidencia del comité local llevó a la renuncia de las autoridades electas de esa línea interna. En este contexto, se conformó una Junta Provisoria que convocó a una asamblea para definir el precandidato a intendente. De esta instancia surgió la lista “Movimiento Nacional”, que postuló a Héctor Geigo, integrante del Ateneo “Crisólogo Larralde”, uno de los grupos opositores a Sobrón.[56] Sin embargo, en línea con los acuerdos alcanzados a nivel provincial por la coalición dominante, el MRyC retiró su candidatura y se estableció una lista única.
El triunfo del Balbinismo Auténtico en las elecciones del comité local fortaleció su posicionamiento, lo que se reflejó en la designación de Roig como candidato a intendente y en la obtención de los primeros puestos en la lista de concejales.[57] No obstante, este esquema excluyó al sector alineado con García Puente, cuyo apoyo fue crucial para el éxito de Roig. Este grupo cuestionó su exclusión, considerando que la lista final no reflejaba la "unidad radical".[58]
El acuerdo, alcanzado en el último momento antes de la oficialización de las listas, resultó beneficioso para ambas partes. Por un lado, el MRyC logró evitar un agravamiento de las tensiones internas entre el grupo de Sobrón y los disidentes. Por otro lado, el Balbinismo Auténtico consolidó su hegemonía negociando con el MRyC y evitando una nueva interna que, sin el apoyo del garciapuentismo, podría haber puesto en peligro los logros obtenidos.
Tomando como referencia los resultados de las elecciones internas del 17 de julio, la distribución de candidaturas quedó de la siguiente manera: el puesto de intendente, los dos primeros lugares y el cuarto en la lista de concejales fueron para el Balbinismo Auténtico. Por su parte, el MRyC ocupó el tercer y quinto lugar a través de representantes del sector de Sobrón. A partir de ahí, las posiciones restantes se repartieron de manera equitativa entre ambas líneas, con los lugares subsiguientes ocupados por las distintas fracciones del MRyC.
Cabe destacar que los candidatos provenientes del alfonsinismo no tenían experiencia previa en cargos públicos o partidarios, lo que respalda la hipótesis de algunos estudios. Según estas investigaciones, el golpe de Estado interrumpió la trayectoria política de los renovadores, quienes al ocupar estos espacios durante el período de apertura democrática, ralentizaron la llegada de nuevos dirigentes a las primeras líneas del radicalismo (Ferrari, 2014a; Ferrari y Closa, 2015).
Mientras el radicalismo enfrentaba las elecciones de octubre de 1983, el MRyC continuaba inmerso en sus conflictos internos. La renuncia de las autoridades no logró calmar los ánimos, y surgieron nuevas disputas a partir de denuncias de la nueva conducción —integrada por opositores a Sobrón— sobre el deterioro económico que atribuían a los gastos de campaña.[59] En respuesta, integrantes de la Juventud Radical del MRyC vinculados al sector de Sobrón desmintieron estas acusaciones, alegando que solo buscaban "desprestigiar y menoscabar la imagen que hemos construido gracias a un trabajo activo, ampliamente reconocido a nivel local y nacional por las más altas autoridades del movimiento".[60] La Juventud Radical que respaldaba a Sobrón pronto se consolidó como un sector influyente, no solo dentro del MRyC, sino también en el partido en su conjunto. Este grupo fortaleció su capital político desde la universidad, donde reclutó nuevos integrantes que luego disputaron posiciones de poder en las estructuras partidarias durante las sucesivas elecciones internas.
A modo de síntesis
Este trabajo se centró en analizar el proceso de reorganización partidaria del radicalismo desde una perspectiva local, tomando como estudio de caso la ciudad de Mar del Plata. Desde la óptica de una de sus fracciones internas, el MRyC -liderado por Alfonsín-, se evidenciaron las tensiones y disputas que atravesó este sector, siempre en relación con otras líneas internas y facciones de la UCR. En un clima de intensa efervescencia política, la figura de Raúl Alfonsín resultó convocante para amplios sectores sociales, que encontraron en su propuesta una alternativa política basada en valores democráticos y el respeto por las instituciones.
Sin embargo, en el partido de General Pueyrredón, la corriente interna vinculada a Alfonsín estuvo lejos de ser homogénea. A pesar del contexto favorable para la identificación con su figura, los integrantes de este sector protagonizaron enfrentamientos internos, disputándose el legítimo liderazgo del alfonsinismo local. Estas divisiones dificultaron la integración plena de las distintas fracciones en la búsqueda del control partidario. En gran medida, la dispersión inicial se relacionó con la masiva incorporación de nuevos militantes, muchos de ellos con escasa experiencia en política partidaria.
Estas incorporaciones renovaron las demandas hacia procesos internos más abiertos y democráticos, expresándose en las elecciones internas donde el MRyC impulsó mecanismos como el voto directo y secreto, en contraste con la candidatura del Balbinismo Auténtico, que se definió por aclamación. Así, las prácticas tradicionales del centenario partido comenzaron a ser cuestionadas, marcando el inicio de una renovación que apostaba a una democratización mayor y a nuevos aires dentro de la UCR local.
En suma, el caso de Mar del Plata ilustra las complejidades del radicalismo durante la transición democrática, en un escenario donde las dinámicas internas, las disputas faccionales y la influencia de liderazgos nacionales convergieron para configurar las estructuras partidarias locales. Este análisis contribuye a comprender cómo se vivió la apertura democrática en un espacio de poder intermedio, reflejando las tensiones entre renovación y tradición que atravesaron el radicalismo en la provincia de Buenos Aires.
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Recibido: 19/12/2024
Evaluado: 01/04/2025
Versión final: 26/06/2025
(*) Profesora y Licenciada en Historia (Universidad Nacional de Mar del Plata); Maestranda en Partidos Políticos (Universidad Nacional de Córdoba) y Doctoranda en Ciencia Política (Universidad Nacional de San Martín). Becaria doctoral (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Argentina. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3901-7243
[1] El presente trabajo es una adaptación de la Tesina de Licenciatura en Historia de la autora, dirigida por las Dras. Marcela Ferrari y Mariana Pozzoni. Las interpretaciones y eventuales errores que persisten son, naturalmente, de exclusiva responsabilidad de la autora.
[2] Además del MRyC y Línea Nacional, otras líneas internas minoritarias que integraban el radicalismo eran el Movimiento de Afirmación Yrigoyenista (MAY) que en el orden nacional respondía al dirigente Luis León y Línea Córdoba, con epicentro en esa provincia bajo el liderazgo de Eduardo Angeloz.
[3] La trayectoria política de Alfonsín comenzó con su presidencia en el Comité de Chascomús, donde ejerció entre 1956-1958 y 1959-1961. Posteriormente, fue delegado al Comité de la provincia de Buenos Aires entre 1961 y 1965. En noviembre de 1965, asumió como presidente del Comité Provincia de Buenos Aires de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). En 1958, fue elegido diputado provincial y renovó su mandato en 1962 por otros cuatro años. En 1963, accedió al Congreso Nacional como diputado, donde se desempeñó como vicepresidente de bloque y presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Baja. De cara a la apertura electoral de 1972, fundó el Movimiento de Renovación y Cambio. Diversos autores han señalado que su figura logró acumular un capital político singular en el contexto del regreso democrático, no sólo por su trayectoria previa, sino por su capacidad de representar un horizonte ético y político de transición que conectó con demandas sociales más amplias. En ese sentido, se ha destacado la potencia de su discurso transicional, en tanto interpretación del pasado reciente y proyección de un orden político democrático (Lesgart, 2004; Velázquez Ramírez, 2019).
[4] La Nación, Buenos Aires, 19/7/1983, p. 1; Clarín, Buenos Aires, 19/7/1983, p. 3.
[5] La Capital, Mar del Plata, 24/3/81, p. 7; La Capital, Mar del Plata, 28/3/81, p. 6.
[6] La Capital, Mar del Plata, 15/5/1981, p. 7.
[7] La Capital, Mar del Plata, 30/3/1981, p. 8.
[8] El máximo dirigente del PSD, Américo Ghioldi se desempeñó como embajador en Portugal durante el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla.
[9] La Capital, Mar del Plata, 1/3/1981, p. 3; La Capital, Mar del Plata, 8/3/1981, p. 7.
[10] Sobre el funcionamiento del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales “Ricardo Rojas” ver Taroncher y Coronel (2017).
[11] Cf. Castro, A (2001, p. 25-26).
[12] La Capital, Mar del Plata, 4/2/1981, p. 5.
[13] La Capital, Mar del Plata, 4/2/81, p. 12.
[14] La Capital, Mar del Plata, 17/5/81, p. 9.
[15] Durante el transcurso del gobierno de Martín circularon fuertes versiones que aseguraban la presión partidaria por parte del PSD en la designación del nuevo intendente. Américo Ghioldi desmintió la presunta presión partidaria, pero reconoció tener una decisiva participación por sus contactos con el gobierno nacional. Es relevante destacar la caracterización que éste dirigente realizaba sobre el gobierno militar y la finalización del mandato municipal en 1976. Caracterizaba al primero como una “revolución” y destacaba la importancia de que “un intendente que cesó sus funciones con motivo de la revolución” sea nuevamente designado por el mismo “gobierno de la revolución”. La Capital, Mar del Plata, 23/5/81, p. 1.
[16] La Capital, Mar del Plata, 24/5/81, p. 10 y 11.
[17] La Capital, Mar del Plata, 7/2/1981, p. 12.
[18] El Atlántico, Mar del Plata, 2/2/1982, p. 3; La Capital, Mar del Plata, 5/2/1982, p. 5; Comisión Provincial por la Memoria, Fondo DIPBA División Central de Documentación, Registro y Archivo, Mesa A, Factor Político, Carpeta 13, Legajo 50.
[19] La Nación, Buenos Aires, 18/1/1983, p. 6.
[20] Fabricio fue candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires por la Alianza Demócrata Socialista de la cual formaron parte el Partido Demócrata Progresista (PDP) y el PSD. En el orden nacional ese nucleamiento postuló la candidatura de Rafael Martínez Raymonda – René Balestra. El Día, La Plata, 17/9/1983, p. 3; La Capital, Mar del Plata, 18/9/1983, p. 2.
[21] La Capital, Mar del Plata, 16/7/1982, p. 1.
[22] En la provincia de Buenos Aires, el PJ superó ampliamente al radicalismo al alcanzar 1.155.753 afiliaciones y la UCR 501.218. Fueron seguidos por 39.452 del Movimiento de Integración y Desarrollo; 35.159 del Partido Intransigente; 27.558 del Partido Obrero; 24.568 del Movimiento al Socialismo; 21.111 de la Democracia Cristiana; 20.916 del Partido Comunista; 16.579 del Partido Social Demócrata; 14.010 del Partido Demócrata Progresista; 13.115 del Partido Socialista Popular Federal; 12.516 del Partido Federal; 11.986 de la Unión Conservadora; 10.932 del Partido Conservador Popular; 6.858 del Frente de Izquierda Popular y 563 del Partido para la Democracia Social. Clarín, Buenos Aires, 19/5/1983, p. 8.
De las 501.218 afiliaciones a la UCR bonaerense, poco más de 430.000 fichas fueron reunidas por el MRyC y alrededor de 70.000 por Línea Nacional. A la primera sección electoral corresponden 174.966 afiliados; a la sección Capital con asiento en La Plata, 27.225; a la segunda sección, 34.030; a la tercera, 117.845; a la cuarta, 38.412; a la quinta, 55.261; a la sexta, 31.094 y; a la séptima, 22.385. La Nación, Buenos Aires, 2/4/1983, p. 14; Clarín, Buenos Aires, 22/4/1983, p. 12.; La Nación, Buenos Aires, 23/4/1983, p. 9.
[23] Se entiende por coalición dominante al reducido grupo de personas que concentra los principales recursos de poder en el partido, controla las zonas de incertidumbre más vitales y posee un saber especializado para manejar las relaciones político organizativas (Panebianco, 1990, pp. 89-94)
[24] Entre junio y julio de 1983 se realizaron elecciones internas en la UCR. Aun cuando no se habían celebrado en las provincias de Buenos Aires, Catamarca, Chaco Jujuy y Santiago del Estero, el alfonsinismo había alcanzado 55 delegados al Comité Nacional del partido lo cual le otorgaba mayoría absoluta. Línea Nacional contaba con 13 y el MAY con 4. La Nación, Buenos Aires, 11/7/1983, p. 14.
[25] Entrevista. El MIR se constituyó a nivel nacional en abril de 1945. En su documento emblemático, la Declaración de Avellaneda, reconocían la existencia de dos corrientes: una oligárquica y la otra; en la cual se inscribía la UCR, popular y progresista. Para el partido propusieron la depuración de los dirigentes “sin injerencias extrañas y con su propia disciplina” lo cual implicaba la oposición a pactos y acuerdos con otras fuerzas políticas (Persello, 2007, p. 136).
[26] Luis María Sobrón fue senador provincial por Buenos Aires en el periodo 1973- 1976.
[27] La provincia de Buenos Aires se divide territorialmente con fines electivos en secciones que agrupan a un conjunto de partidos. De las ocho secciones existentes, Mar del Plata pertenece a la quinta sección.
[28] Para la elección de autoridades del MRyC se elegía presidente, vicepresidente, secretario, secretario de actas, tesorero, protesorero, seis vocales titulares y seis suplentes. Para el comité local de la UCR un presidente, dos vicepresidentes, tres secretarios, un tesorero, protesorero, diecisiete vocales titulares, doce vocales suplentes, siete convencionales provinciales titulares y siete suplentes. La Capital, Mar del Plata, 5/5/1983, p. 3.
[29] La Capital, Mar del Plata, 13/5/1983, p. 7.
[30] La Capital, Mar del Plata, 14/5/83, p. 10.
[31] La Capital, Mar del Plata, 14/5/83, p. 10.
[32] La Capital, Mar del Plata, 13/5/83, p. 7.
[33] La Capital, Mar del Plata, 15/5/1983, p. 1; La Capital, Mar del Plata, 16/5/1983, p. 10.
[34] La Capital, Mar del Plata, 2/6/1983, p. 7; La Capital, Mar del Plata, 2/6/1983, p. 7. El destacado es nuestro.
[35] La Capital, Mar del Plata, 2/6/1983, p. 7. El subrayado es nuestro.
[36] La Capital, Mar del Plata, 10/6/1983, p. 4.
[37] La Capital, Mar del Plata, 9/6/1983, p. 12. Integraban la Lista N°2 como candidato a presidente Enrique Clerch (Históricos Independientes), vicepresidente primero, Víctor Francisco Iriarte (Ateneo Leandro N. Alem); vicepresidenta segunda, Irma Susana Piñero (Ateneo Crisólogo Larralde); secretario primero, Reinaldo José Cano (Movimiento de Radicales Socialistas); secretario segundo, Oscar Domínguez (MONADE); secretario tercero, César Ramella Latorre (Históricos Independientes); tesorero, Eugenio Nicolás Kotlar (Históricos Independientes); y protesorero, José María Conte, (Coordinadora Radical). Como vocales titulares Gustavo Frexas, Carlos Layral, Eduardo Conesa, Raúl Catán, Graciela Manfrín de Conesa, Héctor Martínez, Eladio Ricardo López Oliver, Haydée Pérez, Raúl Patrone, Carlos Gil, Ricardo Santos, Elda Domínguez, Romualdo Segovia, Roberto Fernández Bugna, Susana Reichere y Carlos Martínez Graggio.
[38] La Capital, Mar del Plata, 13/6/1983, p. 6.
[39] La Capital, Mar del Plata, 13/6/1983, p. 6.
[40] La Nación, Buenos Aires, 20/4/1983, p.1; Clarín, 20/4/1983, p. 9.
[41] La Nación, Buenos Aires, 29/6/1983, p. 13.; La Capital, Mar del Plata, 6/7/83, p. 5.
[42] La Capital, Mar del Plata, 20/5/1983, p. 4; La Capital; Mar del Plata, 22/6/1983, p. 12.
[43] La Capital; Mar del Plata, 2/7/1983, p. 4.
[44] La Capital, Mar del Plata, 14/7/1983, p. 12. El destacado corresponde al texto original.
[45] La Capital, Mar del Plata, 16/7/1983, p. 9.
[46] La Capital, Mar del Plata, 14/7/1983, p. 12. La Carta Orgánica partidaria establecía la incompatibilidad entre cargos públicos y partidarios.
[47] La Capital, Mar del Plata, 2/7/1983, p. 4.
[48] La Capital, Mar del Plata, 16/7/1983, p. 9.; Entrevista.
[49] La Capital, Mar del Plata, 16/7/1983, p. 9.
[50] La Capital, Mar del Plata, 16/7/1983, p. 9.
[51] La Capital, Mar del Plata, 16/7/1983, p. 9.
[52] La Capital, Mar del Plata, 17/7/1983, p. 12.
[53] Fueron electos como delegados al Comité Nacional Raúl Alfonsín, Antonio Tróccoli, Adolfo Gass y Mario Lavalle. Obtuvieron 149.538 votos, 26.320 Línea Nacional, s/d MAY. La Nación, Buenos Aires, 18/7/1983, p. 1.
[54] La Capital, Mar del Plata, 18/7/1983, p. 10.
[55] Con motivo de las elecciones internas para definir candidato a intendente, este sector admitió haber apoyado la lista de Roig en las elecciones para la titularidad del comité local. La Capital, Mar del Plata, 15/8/1983, p. 6.
[56] La Capital, Mar del Plata, 6/8/1983, p.12; La Capital, Mar del Plata, 10/8/1983, p. 9.
[57] La Capital, Mar del Plata, 19/8/1983, p.10.
[58] La Capital, Mar del Plata, 28/8/1983, p. 7.
[59] La Capital, Mar del Plata, 26/8/1983, p. 7.
[60] La Capital, Mar del Plata, 28/8/1983, p. 7.