Espacio público y regímenes de comunicación. Ibagué, Colombia

 

Hernán Rodríguez Uribe(*)

y Andrés Ernesto Francel Delgado(**)

 

ARK-CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/42a8lqvxr

 

Resumen

 

A partir de la revisión documental soportada en el método filológico-documental, se realiza el rastreo de la emergencia y modificaciones del espacio público en la historia de Ibagué (Colombia) y la configuración de los regímenes de comunicación que están en la base de las interacciones sociales. Identificamos ocho momentos desde los que analizamos la estructuración de las dinámicas comunicativas que basculan entre la sociabilidad preurbana del mundo precolonial, las interacciones en la ciudad actual y el posicionamiento de la urbe digital que catapultó la pandemia producida por el covid-19. Se enfatizan las relaciones sociales que producen los espacios y su alteración con el surgimiento de los medios de comunicación masiva que pusieron en escena la “interacción mediática”, complejizando las maneras tradicionales de vivir el espacio público por sus habitantes, que devienen como practicantes de lo urbano.

 

Palabras clave: Comunicación social; Espacio público; Historia urbana; Medios.

 

 

 

Public space and communication regimes. Ibagué, Colombia

 

Abstract

 

From the documentary review supported by the philological-documentary method, the emergence of public space in the history of Ibagué (Colombia) and the configuration of communication regimes that are at the base of social interactions are tracked. We identified eight moments from which we analyzed the structuring of the communicative dynamics that swing between the pre-urban sociability of the pre-colonial world, the interactions in the current city and the positioning of the digital city that catapulted the pandemic produced by the covid-19. The social relations produced by the spaces are emphasized and their alteration with the emergence of the mass media that staged the “media interaction”, complicating the traditional ways of living the public space for its inhabitants, who become urban practitioners.

 

Keywords: Social communication; Public space; Urban history; Media.


 

Espacio público y regímenes de comunicación. Ibagué, Colombia

 

Introducción

 

“La historia de la ciudad es la de su espacio público” (Borja & Muxí, 2020).

 

En diciembre de 2019, el COVID-19, un virus altamente contagioso, recorrió el mundo y dejó una estela que ronda los veinte millones de muertes (Naciones Unidas, 2023), lo que obligó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a categorizarlo como pandemia y declarar la emergencia de salud pública mundial desde el 20 de enero de 2020.

La alerta en Colombia duró 28 meses, desde el 12 de marzo de 2020 al primero de julio de 2022, y las medidas preventivas hicieron énfasis en el uso restringido del espacio público en todos los ámbitos de la vida social. La sociabilidad en la vida urbana cambió radicalmente y evidenció que sin la acción colectiva no hay espacio público, pues este es la razón de ser y estar en la ciudad (Carreira, 2020).

Para este análisis se abordó una arqueología del espacio público, que buscó describir las dinámicas de su configuración en la historia de Ibagué (Colombia), para comprenderlo como esencia de lo urbano, en su condición de espacio de encuentro o lugar relacional. En él se fortalece la identidad, se garantiza el ejercicio de la ciudadanía y, de acuerdo a las condiciones económicas, también escenario de oportunidades (Arteaga Rosero, 2018).

Así mismo, se identificó cómo se estructuran los regímenes de comunicación en el espacio público ibaguereño producto de las interacciones sociales territorializadas que tienen los sujetos al juntarse (Joseph, 2002), como escenarios de sociabilidad en tanto forma superior de la intersubjetividad (Rizo, 2005). Igualmente, como espacios de sociabilidad, donde los sujetos, al interactuar, anclan sus procesos de interpelación y negociación con el poder, y de su constitución e identidad (Martín-Barbero, 2003), así como el surgimiento de otros nuevos como el espacio público mediático (Ferry, 1998).


Se indagó en esos espacios públicos que hacen posible la ciudad (González Calle, 2006), donde la praxis comunicativa es esencia de la interacción social y la emergencia de las representaciones sociales que como guías para la acción (Abric, 2001b). Allí se despliegan los urbanitas para transitar y apropiárselo, así como los referentes de identidad individual y colectiva de sus pobladores que tienen a la ciudad como soporte histórico-social por su condición de institución creada por el hombre (Villar Lozano & Amaya Abello, 2010).

El contexto de este análisis es Ibagué, una ciudad intermedia capital del departamento del Tolima, ubicada en el centro-occidente del departamento, sobre la Cordillera Central de los Andes entre el Cañón del Combeima y el Valle del Magdalena, en cercanías del Nevado del Tolima, reconocida por su patrimonio musical y su Festival Folclórico Colombiano [Figura 1].

La ciudad, por estar situada en la región del Ecuador terrestre, no presenta ciclo estacional, pero, al igual que el departamento, disfruta de todos los niveles térmicos de montaña y una gran biodiversidad. Se encuentra organizada en 13 comunas con 445 barrios en su zona urbana, y una zona rural conformada por 17 corregimientos.

De acuerdo con las proyecciones de población publicadas por el DANE, para el 2024 se estima un total de 544.132 habitantes en esta capital, de los cuales 285,473 son mujeres (52.5%) y 258,659 hombres (47.5%). Los habitantes de Ibagué representan el 39.4% de la población total de Tolima en 2024.

 

Metodología

 

Los insumos para la indagación se recabaron a partir de un método mixto, desde el cual se recolectaron, analizaron y vincularon datos cuantitativos y cualitativos abordados desde el análisis de contenido y la etnografía urbana. En este caso, se aplicaron a la actividad humana en espacios públicos, en los que se reconoce la presencia de una forma social (Delgado, 2003; Araya, 2002).

En primera instancia se aplicó el método filológico-documental (Moreno-Martín, 2014, p. 6) consistente en la búsqueda de fuentes primarias que conducen a la identificación de las características de la comunicación en el espacio público de Ibagué, en sus dimensiones política, arquitectónica, económica y cultural, para reconocer, en la producción documental, las relaciones entre los grupos sociales y sus manifestaciones en el espacio público.

Para ello, se realizó una búsqueda de publicaciones en las que se hiciera referencia al espacio público de Ibagué, en relación con sucesos históricos que pudiesen conducir a la comprensión de sus dinámicas. Estos documentos incluyen libros, artículos científicos, publicaciones periodísticas, cartografía, fotografías y grabados, que permiten la reconstrucción del ámbito comunicativo en el espacio público.     

Se seleccionaron los planos presentes en el Archivo Histórico Municipal, la hemeroteca del centro cultural Darío Echandía del Banco de la República, el archivo histórico de planeación municipal, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y el grupo de investigación en Historia, Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad del Tolima, como herramientas para el estudio de la historia arquitectónica y urbanística local (Francel, 2019).

El proceso explicativo de los datos hallados en la revisión documental, se apoyó en la revisión de los criterios de clasificación de las épocas y manifestaciones sociales comunicativas en el espacio público, cuyos conceptos se incorporaron de acuerdo a las clasificaciones temporales de la historia general de Colombia, desde su fundación hasta la actualidad. Estas clasificaciones sirvieron de marco para generar apartados temáticos enfocados en las características del espacio público como síntesis de las dinámicas comunicativas en el espacio urbano.

La generación de piezas gráficas que sintetizan y apoyan los documentos hallados y las clasificaciones generadas, constó de la generación de montajes fotográficos, retoque y restauración digital, vectorización o calco digital y producción de nueva planimetría apoyada en los Sistemas de Información Geográfica, con esquemas analíticos (Francel, 2015; van der Maas, 2011).

 

Resultados

 

Se encontraron ocho momentos fundamentales para la identificación y análisis de los regímenes comunicativos en el espacio público: 1. La sociabilidad preurbana, 2. Las unidades de sociabilidad urbana, 3. La ciudad del intercambio, 4. Higiene y sociabilidad, 5. El espacio laico y mediático, 6. La sociabilidad en las periferias, 7. Formalidad e informalidad, 8. El espacio público prohibido.  En consecuencia, se abordan las condiciones de sociabilidad preurbana características de los momentos previos a la conquista hispánica. Con el establecimiento del aparato civilizatorio español, emergen las unidades de sociabilidad urbana que se amplían y perfeccionan en el proceso de establecimiento de un sistema urbano hispánico basado en el intercambio.

También, se identificaron los aportes que los medios de comunicación realizaron en la configuración del espacio público a partir de la creación y difusión de las ideas mediante la prensa escrita en el tránsito de la Colonia a la configuración de la República, en reunión con las ideas laicas que reformaron el comportamiento frente al orden instituido en el espacio público. El avance y transformación de los medios de comunicación y su complementariedad con el espacio público, se divide en tres momentos marcados por la expansión urbana y la condición periférica que encuentra nuevos espacios de comunicación.

Finalmente, el tránsito de la centralidad del espacio público físico hacia el mediático halla un momento clave durante la pandemia del Covid 19, en el que se reconfiguran las relaciones entre la protección de la vida y la necesidad de recursos económicos que controvierten los idearios políticos y la planeación urbana centrada en el espacio público (García-Canclini, 2007; Hiernaux, 2006-2007; Hiernaux, 2006; Santamaría-Delgado, 2013; Silva, 2006).

 

Discusión

 

La ciudad se comprende como el contexto amplio en el que emergen nuevas formas de interacción y de intercambios comunicativos permanentes, mientras que el espacio público articula la dimensión geográfica y simbólica urbana. El espacio público se constituye en uno de los referentes más importantes de la identidad personal y grupal cuando sus usuarios se apropian de él y lo dotan de un significado (Rizo García, 2013). Los ocho momentos que dan cuenta de la forma como se han estructurado y complejizado los regímenes comunicativos en esta ciudad intermedia, corresponden a cada uno de los apartados temáticos presentados a continuación.

 

1.       La sociabilidad pre-urbana

En Ibagué precolombina, el mundo era predominantemente rural, sin la referencia de vida urbana de grandes ciudades como Tenochtitlán en México, el Cuzco en el Perú u otras localidades de menores dimensiones (Romero, 2011), en el momento histórico denominado revolución urbana o tercer proceso civilizatorio en el que surgieron estas urbes nativas (Ribeiro, 1970).

En Colombia, ese mundo rural estuvo predeterminado por la topografía de tres cordilleras que dividieron la población en diversas regiones que van desde el mar Caribe hasta la Amazonía y del océano Pacífico al río Orinoco (Safford & Palacios, 2011). En la cordillera Central y el costado sur occidental de la Oriental se asentaron más de 70 etnias, que los cronistas españoles agruparon en el término pijao y los clasificaron como nación, designación usada para agrupar a los individuos con antepasado común, más allá de sus diferencias culturales, políticas y territoriales (Velásquez Arango, 2021; Oliveros, 1996; Velásquez Arango, 2018) [Figura 2].

Los pijaos construían su sociabilidad en las montañas y en los valles, en grupos de casas amplias y apartadas, cada una de las cuales medía entre 56 y 120 metros de largo y entre 20 y 60 de ancho y alto (Uribe T., 1992; Francel-Delgado, 2017). En ellas convivían varias familias en un número que rondaba las 50 personas (Aguado, 1956; Arciniegas Herrán, 2003). Sus encuentros rituales alrededor de las prácticas agrícolas como la cosecha (Ribeiro, 1970) y los solsticios, se realizaban en sierras, en las cuales bebían, se emborrachaban y organizaban sus torneos de lucha cuerpo a cuerpo (Guzmán, 1996; Ortega-Ricaurte, 1949; Cardona, 2012; Simón, 1891).

La sociabilidad, esencia de la construcción del ser humano como parte de una sociedad, también se expresa en el universo simbólico que legitima las estructuras protectoras del orden institucional (Berger & Luckmann, 2003). Es así como los líderes espirituales, denominados mohanes y chamanes, coordinaban sus ceremonias tanto al interior de los grandes bohíos, como en los sitios de los encuentros rituales (Rodríguez Cuenca & Cifuentes Toro, 2008).

En este sentido, estos dos espacios son expresión de la sociabilidad para tejer relaciones a través de la preservación de las creencias, tradiciones e interacciones con la naturaleza. Igualmente, de este modo se garantizaba el equilibrio social, el intercambio económico y las alianzas familiares políticas y militares para la administración del territorio (Oliveros, 1996; Martín-Barbero, 2003). Los ríos, quebradas y lagunas, eran también espacios de sociabilidad, a través de la presencia de espíritus de seres antiguos, de intercambios comerciales y de fronteras entre grupos humanos (Romero, 2011).

 

2. Las unidades de sociabilidad urbana

La fundación de Ibagué se realizó el 14 de octubre de 1550 (Durán y Díaz, 2012) y fue trasladada a su actual ubicación el 7 de febrero de 1551. Se nombraron nuevas autoridades, se distribuyeron solares y encomiendas, en medio de la guerra contra los pijaos (Velásquez Arango, 2018). Se diseña el trazado urbano reticular o en damero (Martínez Silva, 2003), con un fuerte de cuatro torreones, cuya disposición militar los ubicaba en los bordes de la ciudad original, a través del concepto de la apropiación de un espacio, el poder y la frontera (Giménez, 1996, p. 27). A partir de allí, emerge el espacio público urbano (Brandão, 2011), limitado a las actividades que aseguraran la expresión del programa civilizatorio basado en la evangelización (Fajardo Barragán, 2013).

Se construyeron tres ermitas que constituyeron los espacios de sociabilidad para ingresar a la ciudad, dos plazas para la reunión pública y dos iglesias para convocar y transformar las creencias (Francel Delgado, 2017, p. 40). De esta manera se estructuró una geografía del poder, de contenido político y religioso como unidad ciudad-territorio (Guzmán, 1996, p. 161). La plaza mayor, además, estaba bordeada por el cabildo y la cárcel, representación del control de las acciones de la población.

La plaza mayor era el lugar desde donde se administraba la ciudad, se hacía justicia, se comerciaba y se celebraban las fiestas. Junto con la plaza secundaria, las ermitas y las calles eran los espacios en los que giraban las prácticas públicas de las manifestaciones religiosas, de la evangelización, del encuentro cotidiano, además de alojar las residencias de las familias más destacadas de la sociedad colonial (Zambrano Pantoja, 2016), por lo que en su conjunto se consideran las unidades de sociabilidad urbana (Lussault, 2015), donde se tejen las interacciones sociales.

Tal geografía del poder estaba fundamentada en las interacciones sociales de sus pocos pobladores, pues “lo que le confería su derecho a ser ciudad, eran sus vecinos” (Colom González, 2016b, p. 126), que en 1563 eran 30 autoridades coloniales, comerciantes, hacendados, encomenderos y mineros y 3.000 indios tributarios que vivían en las encomiendas (Guzmán, 1996). Este escenario de sociabilidad, de confrontación del poder, era un sistema de espacios y un “ámbito contenedor de la conflictividad social” (Carrión, 2007), por lo que la praxis comunicativa estaba en función de la guerra, de modo que se configuraban tanto en espacios de culto y administración, como de refugio de moradores durante los ataques de los pijaos para reclamar su territorio (Guzmán, 1996).

 

3. La ciudad del intercambio

En el siglo XVII, cuando finaliza la campaña de pacificación, se observa un momento de reconstrucción y permanencia (Guzmán, 1996), centrando su desarrollo en brindarle a los viajeros las condiciones necesarias para transitar el camino del Quindío, que conectaba con el Virreinato del Perú, y facilitar la explotación de los recursos mineros y naturales desde instituciones como las encomiendas, los resguardos y las mitas (González Calle, 2006).

La función esencial de Ibagué consistía en hacer parte de la red de ciudades hispánicas para distribuir las mercancías entre los diversos territorios españoles de Europa y el Nuevo Mundo (Múnera, 2005; González Calle, 2006; Zambrano Pantoja, 2023), para lo cual los caminos y su control militar fueron fundamentales (Abric, 2001b).

Esta localización en el centro del tránsito entre Bogotá y Popayán, condujo a un modelo de socialización basado en las actividades derivadas del comercio hacia el camino del Quindío. Transportadores, comerciantes, viajeros, autoridades de correos y caminos, encomenderos y tropas de campaña (Bolufer Peruga, 2006, p. 122) se detenían en Ibagué antes de acometer el ascenso a 4.000 metros sobre el nivel del mar (Jaramillo, 1983, p. 11).

Las actividades logísticas produjeron un habitus, como principios generadores y organizadores de las prácticas y representaciones (Bourdieu, 2007, p. 86). El crecimiento económico condujo a la búsqueda y formación de personal para la construcción y mantenimiento del poblado, como albañiles y carpinteros que escaseaban, para lo cual se fijaron los resguardos para sus huertos, potreros y cría de animales (Guzmán, 1996), para responder a la interacción social y las exigencias de un orden socio-económico impuesto (Friede, 1984, p. 178).

El espacio público se enfocaba en el intercambio en un espacio común (Carreira, 2020), entre los pobladores y los viajeros, con lo que se desarrolla el espacio hotelero o de posadas como escenario de sociabilidad para conseguir “los indios cargueros que a sus espaldas los transportaban escalando la empinada cordillera” (Martínez Silva, 2003, p. 146).

 

4. Higiene y sociabilidad

Una epidemia de viruela motivó que se dotara a Ibagué de un cementerio. Esta operación implicó el desplazamiento de las tumbas en las iglesias, hacia un nuevo espacio especializado que, inicialmente, funcionó junto a la catedral y luego se trasladó a la periferia urbana, ubicada en la calle 12 con carrera primera (Guzmán, 1996). El proceso de higienización implicó el mejoramiento de la fuente en la plaza mayor para el suministro de agua, alimentada por una acequia que desembocaba en las calles del poblado.

En 1785 se ordenó encañar y cubrir la acequia y construir dos pilas de cuatro chorros cada una en sendas plazas locales, de modo que se visibiliza una sociabilidad alrededor del suministro de agua, a través de los aguadores y del mercado, que conducen a la comunicación de los eventos urbanos y la dispersión de los rumores (Guzmán, 1996; Joseph, 2002; Dascal, 2007). Los hechos políticos y económicos emergen como hechos simbólicos y cognoscitivos que están en la base de la constitución de la identidad urbana y nuevas maneras de conocer y ubicarse en el mundo (Machuca, 2005), es decir, representaciones sociales como guías para la acción que corresponden a la base cultural urbana de estirpe colonial.

Los espacios en los que se concreta el orden social colonial (Sosa Velásquez, 2012), constituyen la trama de relaciones cotidianas que tejen los hombres al juntarse y en la que anclan sus procesos primarios de interpelación y constitución de los sujetos y las identidades (Martín-Barbero, 2003), espacios de sociabilidad que se constituirán, a finales del siglo XVIII, en los epicentros de la lucha de la colectividad por horadar el orden establecido y rediseñarlo, como la insurrección comunera.

Los ibaguereños se amotinaron como reacción a la detención de un vecino al que le encontraron tabaco de contrabando: tocaron las campanas para convocar al pueblo, despedazaron las rentas estancadas, liberaron los presos y pusieron en fuga a las autoridades que se vieron obligadas a negociar sobre los impuestos y tributos ante la amenaza de incendiar el caserío, embrión de la entrada en escena de otro actor social que en adelante legitimaría el poder: el pueblo (Zambrano Pantoja, 2023).

 

5. El espacio laico y mediático

A inicios del XIX, la crisis del sistema colonial se evidencia en los movimientos anticolonialistas y de liberación de las colonias españolas en América (Ocampo López, 1984). Los regímenes comunicativos se modifican en articulación con la insurrección y el alistamiento de voluntarios para las luchas independentistas. El Cabildo de Ibagué reconoció la autoridad soberana de la República y a Simón Bolívar como Libertador (DANE; Cámara de Comercio de Ibagué; Planeación Departamental del Tolima, 1983), a pesar de que los espacios y sus usos coloniales se preservaron durante décadas (Téllez, 1984; Tirado Mejía, 1984; Avendaño Cortés, 1997).

El nuevo marco de referencia para interpretar la realidad social (Aguirre Dávila, 2002), en la que el pueblo es el legitimador del poder, presenta una inflexión a través del Congreso de Cúcuta en 1821, que ordenó suprimir el convento de Santo Domingo y su iglesia anexa, para que diera paso al Colegio Nacional de San Simón (Carvajal H., 1993). Este acto constituyó un cambio fundamental en la configuración de la ciudad, pues pasó de ser un espacio religioso a un centro educativo laico (Ramírez Kuri, 2003, p. 42).


Y con este cambio, la plazuela de Santo Domingo, homónima del convento y ubicada en su frente, pasó a denominarse de San Simón (Zambrano Pantoja, 2016; Pardo, 2003). Un santo fue reemplazado por un ideólogo liberal francés, de acuerdo a la orientación política de Santander, fundador de la red de colegios públicos a partir de 1822 [Figura 3].

 

En 1852, el colegio de San Simón pondría en circulación el periódico La Imprenta, a cargo de profesores de la institución, génesis del periodismo local y del espacio público mediático, definido como un nuevo dispositivo institucional y tecnológico “propio de las sociedades posindustriales” que podía presentar a un “público los múltiples aspectos de la vida social” (Ferry, 1998, p. 19). En este sentido, es operador de las formas de sociabilidad secundarias, sustituto del chisme de la aldea y forma de sociabilidad de los lectores que se apasionan por la actualidad (Joseph, 2002).

Ese mismo año circuló el quincenario de avisos El Pabellón Granadino y el Boletín Oficial, órgano del gobierno local (Pérez Salamanca, 2003), que propició la participación en el espacio público (Ferry, 1998). Durante el resto del siglo circularon en Ibagué más de veinte medios impresos, que tenían el carácter de “empresas políticas nacidas al calor de las confrontaciones partidarias” (Pérez Salamanca, 2003, p. 557), que se instituían como parte de la nueva sociabilidad democrática de la era republicana.

Fue así que se configuraron como una “cultura mediática” (López De la Roche, 1996, p. 39), instancia privilegiada del espacio público que pone en circulación otras representaciones sociales que se constituyen en fuentes de influencia o negociación en los grupos o comunidades locales (Rodríguez Salazar, 2009), ensanchando los regímenes comunicativos del entorno urbano con nuevas y cambiantes formas de sociabilidad.

Además, los espacios públicos mediáticos, nuevos escenarios de sociabilidad, construyen sentido sobre los asuntos públicos y promueven el encuentro o desencuentro entre gobernantes y gobernados, ampliando el régimen de visibilidad de la democracia (Andrade del Cid, 2009). De esta forma, los espacios públicos mediáticos elaboraban sus propias representaciones sociales sobre temas, personas o hechos entre sus lectores, quienes las incorporan o rechazan para configurar nuevas representaciones e interacciones con otros interlocutores (Cuevas, 2011).

La mediatización del espacio público se articuló a las transformaciones político administrativas como la creación del Estado Soberano del Tolima el 12 de abril de 1861 (Pinto & Kalmanovitz, 2017) y el departamento del Tolima en 1887 (Safford & Palacios, 2011) con Ibagué como capital. A ello se sumó el impacto de la colonización antioqueña, que instaló la economía cafetera (Bejarano, 1984), la explotación maderera, la creación de pueblos y la transformación paisajística en la Cordillera Central, como símbolo del progreso del país (González Calle, 2006), lo que condujo a la conversión de los habitantes rurales en jornaleros (Villa & Hougthon, 2005).

Al sumar a ello las guerras de finales del siglo XIX, la migración del sector rural a la zona urbana duplicó su población y extensión (Martínez Silva, 2003) e incentivó los asentamientos periféricos (González Calle, 2006), que se empobrecieron porque las inversiones públicas se concentraron en las nuevas sedes del poder institucional, como la gobernación, la alcaldía (Francel Delgado, 2017) y la cárcel (Sánchez Rojas & Francel Delgado, 2020).

La prensa partidista, escenario de la sociabilidad mediática, cumplía un papel fundamental en las guerras civiles, que “empezaban siempre en las mesas de redacción de los periódicos y terminaban en los campos de batalla”, pues se encargaban de amplificar los climas de hostilidad interpartidista, difundiendo los argumentos a favor de la insurrección de cada bando, siendo así las situaciones prebélicas “verdaderos fenómenos de opinión pública” (Uribe de Hincapié, 2001, pp. 19-20).

Un suceso fundamental de la ciudad representada en el espacio público mediático es la presencia del Conde de Gabriac, cronista francés que generó el apelativo de “Ibagué ciudad musical” (González Pacheco, 2003), que es esencia de su identidad en la actualidad.

 

6. La sociabilidad en las periferias

El aumento poblacional y el consecuente crecimiento urbano impulsó las obras públicas, en medio de las guerras civiles (Rivero, 2016; Fischer, 1998) para los 24.500 habitantes en 1900 (Martínez Silva, 2003), como la ampliación de los servicios públicos (Espinosa Rico, 1992) y el mejoramiento de las vías (Francel, 2013).

La transformación de los nuevos barrios alejados del centro y empobrecidos, se acometió a través de la alianza con las órdenes religiosas, que construyeron iglesias con colegios anexos con enfoques técnicos y tecnológicos de educación para el emprendimiento, tal como la iglesia del Carmen con el claustro de San José y la iglesia de San Roque con el colegio Cisneros (Francel & Ojeda, 2016). En estos espacios se formaron muchos de los impulsores del desarrollo industrial local, que para 1927 contaba con 37 industrias (Gómez Henao, 2005; Francel-Delgado, 2017).

Con el desarrollo económico se incorpora el sector de entretenimiento, como las corridas de toros, el teatro y el cine itinerante (Martínez Silva, 2003; González & Piedra, 2000), y se institucionaliza el sector financiero que apalanca las inversiones públicas y privadas (Romero, 2011) en la figura del Banco Social del Tolima (1917), lo que condujo a la concepción de una capital comercial y de servicios, que se alejó rápidamente del modelo rural (González Calle, 2006).

Este enfoque fue incentivado por el arribo del ferrocarril en 1921, por lo que la estación Pedro Nel Ospina se constituyó en nuevo escenario de sociabilidad, tanto de intercambio de mercancías, como de interacción social alrededor del desarrollo infraestructural en la periferia urbana.

Este nuevo espacio de sociabilidad amplió los regímenes comunicativos que involucraban directamente el contacto intelectual y físico con el exterior. Por ejemplo, las ideas estéticas de los nuevos barrios como Belén, llegaron directamente con los arquitectos Manrique Martín y Jaramillo Concha a la estación del ferrocarril, así como insumos y conceptos espaciales y estéticos para los diversos espacios de interacción social en la periferia [Figura 4].


El proceso de expansión concentró los esfuerzos en el paradigma vial asociado al automóvil (Jaramillo, 1983), que condujo a la conformación de 21 empresas de transporte entre 1938 y 1951 (Espinosa Rico, 1992). El proceso de conexión con las demás ciudades del departamento y de Colombia, fue relatado por la prensa, fuertemente politizada (Peña Valenzuela, 2017), dentro del marco geopolítico posterior a la Segunda Guerra Mundial (Urrutia, 1984), al que se sumaron las emisoras radiales, consideradas incendiarias (Isaza, 2018) y, en consecuencia, con incidencia en la congregación de la población en el espacio público (Mata, 2000), que construye un nexo entre las tecnologías y la esfera política (Caletti, 2000), como “el primer poder ideológico que existe en nuestra sociedad” (Esteinou Madrid, 2010, p. 72).

 

7. Formalidad e informalidad

Con la aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial en septiembre de 2000, quedan explícitas las definiciones y características del espacio público, compuesto por plazas, parques, zonas peatonales e, inclusive, por los elementos de afectación pública como la publicidad y las fachadas, lo que amplía el orden de lo público al ámbito de interacción en la calle (Alcaldía Municipal de Ibagué; Asociación para el Desarrollo del Tolima, 2017).

La búsqueda de protección del espacio público a nivel multidimensional, entra en conflicto con las dinámicas de su apropiación informal con fines lucrativos, derivados del continuo desplazamiento de más de 33.000 víctimas del conflicto armado (PNUD, 2003; El Tiempo, 2003) y el desempleo mayor al 13% (Alcaldía Municipal de Ibagué; Asociación para el Desarrollo del Tolima, 2017). En este sentido, el espacio público se logra definir a nivel conceptual, pero se vuelve imposible de administrar, dada la realidad económica local (Martín-Barbero, 2003).

Esta divergencia se observa claramente en la preferencia conceptual en el espacio público por las actividades recreativas, deportivas, culturales y la conservación ambiental, mientras que, en la realidad, el tránsito y el comercio ocupan la mayor cantidad de espacio. Es decir, que la socialidad se ejerce desde el intercambio y el comercio, más que desde la expresión del ocio y la salud.

 

8. El espacio público prohibido

Aunque en un principio la pandemia producida por el covid-19 fue declarada como una emergencia de salud pública mundial, el aislamiento al que se sometió a la población puso en evidencia numerosos problemas sociales, más allá de la emergencia sanitaria, por lo que muchos expertos consideraron tratarla como una sindemia o concentración de varios brotes de enfermedades en una población, que interaccionada por factores sociales, políticos y económicos (Almeida-Filho, 2021).

La cuarentena total y la cancelación de eventos públicos de más de 500 personas, vaciaron las ciudades de espacio público y generaron “una disminución del uso de la ciudad real y un aumento vertiginoso de la urbe digital” (Silva, 2023, p. 26), lo que implicó un cambio drástico de la vida urbana (Zambrano Pantoja, 2021).

Fue así como las calles y plazas fueron espacios de circulación exclusiva para autoridades civiles, militares y profesionales de la salud, mientras el ulular de las sirenas de las ambulancias se asociaba con una posible “recogida de cadáveres” (Silva, 2023, p. 35). Los edificios públicos fueron cerrados y los canales virtuales adquirieron carácter de legalidad, la salud acudió a la teleconsulta y el entretenimiento circuló por los medios y redes sociales como “cultura a domicilio” (Martín-Barbero, 2003), lo que excluyó a miles de pobladores sin acceso a Internet.

El espacio público se convirtió en sinónimo de contagio y riesgo de muerte, sacó de las calles al transporte público y los vendedores informales. El comercio formal diseñó estrategias de mercadeo virtual y a domicilio, las empresas reorganizaron sus actividades a partir del teletrabajo y los sectores industriales restringieron el número de trabajadores en los sitios de producción.

Así mismo, la plaza pública y la calle, espacio público asociado a la democracia, se trasladó totalmente al espacio mediático como escenario de disputa del poder con un rápido crecimiento de las narraciones engañosas, fake news y teorías conspirativas (Silva, 2023, p. 44).

La vacunación y el retorno a la nueva normalidad incorporó regímenes de comunicación como el uso de mascarillas y el distanciamiento social (Martín-Barbero, 2003) e incrementó problemáticas como el desempleo que ascendió al 19.7% y aumentó la informalidad (Ibagué, 2023).

El punto crucial en la recuperación del espacio público para la vida social urbana lo constituyó el “estallido social”, una serie de protestas multicausales que tuvieron como detonante el anuncio del proyecto de reforma tributaria, en un marco de violencia policial y desigualdad, a partir del 28 de abril de 2021 y se mantuvieron hasta fin de año, lo que incrementó los porcentajes de contagios y muertes (Pardo, 2021).

 

Conclusiones

 

La ciudad de Ibagué fue diseñada desde el espacio público, a partir del trazado urbano reticular, con una edilicia desde la que se estructuró una geografía del poder que moldeó las interacciones sociales de sus pobladores, primero, en función de la guerra contra los pijaos y luego como ciudad logística.

Las dinámicas de sociabilidad y de socialidad urbanas fueron cambiando al ritmo lento de la reconstrucción y permanencia de la ciudad de tránsito, que tuvo su punto de inflexión con el advenimiento de la República, que, aunque conservó la estructura urbana heredada, modificó las formas de habitarla por una sociedad criolla en la cual irrumpía un nuevo orden en el que el pueblo fungía como nuevo actor social y legitimador del poder que incluyó cambios como el nombre de la plaza mayor a plaza de Bolívar.

Los regímenes de comunicación urbanos se amplificaron y complejizaron con la entrada en escena del espacio público mediático, con su capacidad de presentar a un público amplio los múltiples aspectos de la vida social, fundamento de la constitución de una cultura mediática que incorporó otro tipo de interacciones a las relaciones sociales tradicionales.

Identificamos, entonces, que mientras en la interacción cara a cara los interactuantes están en un contexto de co-presencia y comparten un sistema espacio-temporal común, en la interacción mediática los sujetos interactuantes se ubican en contextos diferentes en el espacio y el tiempo y ponen a disposición de los participantes un limitado conjunto de pistas simbólicas para reducir la ambigüedad del encuentro.

Por su parte, la sociabilidad, hasta entonces soportada en la tradición oral y en la interacción cara a cara, fue interpelada por una nueva sociabilidad mediática en la que la experiencia con los medios —mediated wordliness— alteró tanto nuestro sentido del pasado como nuestra percepción de que el mundo existe más allá de nuestra experiencia personal, cada vez más mediatizada por las formas simbólicas de los medios, que nos permite experimentar sucesos, observar a los otros e interactuar con ellos, ampliando así los horizontes espaciales de nuestra comprensión de una Ibagué glocalizada.

 

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Recibido: 25/02/2025

Evaluado: 22/04/2025

Versión Final: 05/05/2025

 

 



(*) Comunicador Social y Periodista, Magíster en Comunicación. Doctorando en Comunicación (Universidad Nacional de La Plata), Argentina. Profesor titular (Universidad del Tolima), Director del programa de Comunicación Social y Periodismo y de la Maestría en Territorio, conflicto y cultura. Investigador del Grupo de Estudios Urbanos y Regionales y del Grupo Comunicación y Democracia. Colombia. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0009-0009-3809-8262

(**) Arquitecto, Doctor en Historia, Posdoctor en Arte y Arquitectura. Profesor titular (Universidad del Tolima), Decano de la facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño e Infraestructura; Director de la Maestría en Urbanismo. Coordinador del grupo de investigación en Historia, Arquitectura, Urbanismo y Diseño y del semillero en Historia de la Arquitectura y el Urbanismo de Ibagué, Colombia. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3249-3191