El kirchnerismo “santafesino” durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner: del “desbande” a la rearticulación (2011-2015)

 

Hugo Ramos(*) y Mariano Vaschetto(**)

 

ARK-CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/v9xfyv3c7

 

Resumen

 

En el año 2011 el principal referente del kirchnerismo santafesino fue derrotado en su segundo intento de alcanzar la gobernación. Su derrota evidenció la incapacidad de su espacio para articular a los distintos sectores justicialistas no kirchneristas. En forma paralela, el Frente Para la Victoria (FPV) a nivel nacional ganó las elecciones presidenciales de 2011, revalidando su predominio a nivel nacional. Luego del triunfo el FPV experimentó reajustes que repercutieron en el plano provincial. Considerando ambas escalas de análisis pero con el foco en el escenario provincial el artículo analiza la reconfiguración de la coalición dominante del PJ, el lugar que ocupó el kirchnerismo y la emergencia de nuevas agrupaciones (2011-2015). El análisis se basó en una metodología de tipo cualitativa, involucró la realización de entrevistas a informantes clave, la revisión de notas periodísticas de medios locales y nacionales, y la recuperación de bibliografía especializada.

 

Palabras clave: Kirchnerismo; Política subnacional; Redes partidistas; Santa Fe.

 

 

Santa Fe’s kirchnerism during the 2nd presidency of Cristina Kirchner: from “disbandment” to rearticulation (2011-2015)

 

Abstract

 

In 2011, the main leader of Santa Fe’s Kirchnerism was defeated in his second attempt to become governor. His defeat showed the inability of his space to articulate the different non-Kirchnerist Justicialist sectors. In parallel, the Frente Para la Victoria (FPV) at the national level won the 2011 presidential elections, revalidating its predominance at the national level. After its victory, the FPV underwent readjustments that had repercussions at the provincial level. Considering both scales of analysis but focusing on the provincial scenario, the article analyzes the reconfiguration of the dominant coalition of the PJ, the place occupied by Kirchnerism and the emergence of new groups (2011-2015). The analysis was based on a qualitative methodology, it involved conducting interviews with key informants, reviewing journalistic articles from local and national media, and recovering specialized bibliography.

 

Keywords: Kirchnerism; Subnational politics; Party networks; Santa Fe.

 


 

 

El kirchnerismo “santafesino” durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner: del “desbande” a la rearticulación (2011-2015)

 

1.-Introducción

 

El kirchnerismo ha sido un fenómeno ampliamente estudiado desde sus orígenes (Malamud y De Luca, 2011; Gervasoni y Peruzzoti, 2015; Pucciarelli y Castellani, 2017; entre otros). Desde diversas perspectivas contamos actualmente con un acervo relevante de estudios para mejorar la comprensión de lo que aún hoy es uno de los fenómenos políticos más importantes de la Argentina post 2001. Sin embargo, la mayor parte de los trabajos existentes han delineado un objeto de estudio “nacional” sin atender a la problemática de las escalas. En otros términos, todavía conocemos poco de la manera en que el kirchnerismo nació, se desarrolló y, -en ocasiones- se consolidó, en los escenarios provinciales. Con la excepción del estudio a cargo de Sosa y Ortiz de Rozas (2022) y de algunos trabajos puntuales sobre provincias específicas (Quilici y Rinaldi, 2007; Tcach, 2023a y 2023b, Ramos, 2023a; entre otros) lo cierto es que todavía se desconoce en buena medida lo que podemos denominar como la dimensión subnacional del kirchnerismo. Este trabajo intenta, en este sentido, avanzar en esta área de vacancia atendiendo a un caso específico, la Provincia de Santa Fe, y en una temporalidad definida, por la última presidencia de Cristina Fernández de Kirchner (CFK).

En línea con otros trabajos de diversas disciplinas que se han acercado al caso santafesino, en el presente artículo abordamos una provincia electoralmente relevante (cerca del 8% del padrón electoral) parte integrante de la Región Centro de Argentina y con un nivel de desarrollo económico importante. En términos políticos, y como detallamos posteriormente, ha sido una provincia esquiva al kirchnerismo desde el momento mismo en que el PJ fue desplazado del poder ejecutivo provincial en el año 2007; más aún, desde el denominado “conflicto con el campo”, en el año 2008, el kirchnerismo encontró serias dificultades para consolidar su dominio político, controlar al partido y acceder a la gobernación.

En este punto es importante aclarar que la historia del kirchnerismo santafesino; esto es, del sector político referenciado en los liderazgos nacionales de Néstor Kirchner y Cristina Fernández se superpuso, en parte, con la del peronismo santafesino.[1] En trabajos previos hemos sustentado esta afirmación (Ramos y Vaschetto, 2023b); la expresión “en parte” debe sin embargo ser resaltada a los fines de no olvidar que varios grupos autodefinidos como kirchneristas mantuvieron una relación compleja y cambiante con el peronismo local y con su principal herramienta electoral, el Partido Justicialista (PJ). En este sentido, el trabajo empírico nos permitió identificar algunas de las prácticas políticas que esos grupos pusieron en juego a lo largo de los años y que incluyeron desde competir en elecciones con partidos propios; integrarse temporalmente al Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS) -principal alianza opositora al peronismo local- hasta sumarse a frentes partidarios liderados por el kirchnerismo justicialista.[2] Aún así, cabe resaltar que el kirchnerismo electoralmente competitivo se desarrolló en Santa Fe en y desde el PJ y que fue desde esta organización partidaria que emprendió las principales disputas políticas. Por esta razón este trabajo centra su mirada en el kirchnerismo “justicialista”; esto es, en el sector que se desarrolló y operó al interior del PJ local.

Bajo esta lógica, en el año 2011 el principal referente de este kirchnerismo, Agustín Rossi, fue derrotado en su segundo intento de alcanzar la gobernación. Previamente, había logrado conformarse como el candidato más votado de las cuatro fórmulas que se enfrentaron al interior del “Frente Santa Fe para Todos” en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) provinciales, desarrolladas apenas unos meses antes de la contienda general. Su derrota evidenció la imposibilidad de articular bajo su liderazgo a los distintos sectores justicialistas forzando así un proceso de reorganización que involucró cambios en la coalición dominante del partido.[3] En forma paralela, y también en 2011, el Frente Para la Victoria (FPV) a nivel nacional volvió a ganar la presidencia de la Nación con la candidatura de CFK, que se presentó a su reelección. Con un 54,11% de votos en las elecciones generales el FPV revalidó su predominio.

Considerando ambas escalas de análisis, pero con el foco en el escenario provincial el presente artículo analiza la reconfiguración del justicialismo santafesino durante los años 2011-2015 atendiendo a la conformación de su coalición dominante (Panebiano, 1990), al lugar que ocupó el kirchnerismo justicialista y a la emergencia de nuevas agrupaciones provinciales al calor del triunfo nacional de CFK.

La investigación que sustenta el trabajo se basó en una metodología de tipo cualitativa, involucró la realización de entrevistas, la revisión de notas periodísticas desarrolladas por medios locales y nacionales correspondientes al período bajo análisis y la revisión de bibliografía especializada vinculada con nuestra temática. En lo que respecta a las entrevistas, contamos con 20 (veinte) realizadas a militantes y exfuncionarios gubernamentales ligados a distintos sectores del PJ. Las mismas fueron acordadas y realizadas de forma personal a lo largo del período 2017-2022 en el marco de dos investigaciones vinculadas al peronismo santafesino, una de las cuales proveyó de insumos a una tesis doctoral. Tuvieron un formato semiestructurado, y en ellas se consultó a los entrevistados acerca de su trayectoria personal en el peronismo, así como sus opiniones sobre un conjunto de temas vinculados con la vida partidaria del PJ.[4] El acceso a los sujetos entrevistados se realizó por medio de contactos con militantes justicialistas y luego por recomendación de los propios actores. Por su parte, los principales diarios consultados fueron El Litoral, La Capital y Página 12 (sección Rosario 12). Aquí armamos una base de datos que partió de la revisión diaria de ambos periódicos y que nos permitió seleccionar cerca de 300 notas para nuestra investigación.

Adelantando algunos aspectos de nuestro análisis en este trabajo damos cuenta de la autonomía relativa del kirchnerismo provincial; de la diversidad de grupos que operaron en la escala local bajo la misma categoría; de las tensiones que se generaron con otros sectores políticos que se identificaban como peronistas o justicialistas y, finalmente, de las cambiantes lógicas de intervención nacional en la disputa política provincial.

El artículo se estructura en dos apartados y una serie de conclusiones provisorias. En el primero definimos conceptos relevantes para nuestro trabajo a la vez que reconstruimos algunos aspectos del proceso histórico previo. En el segundo nos centramos en las transformaciones en el liderazgo y la coalición dominante del PJ local, en el desarrollo de nuevas organizaciones kirchneristas y en el (re) despliegue del kirchnerismo nacional.

 

2.-Nociones teóricas y organización del PJ santafesino (2003-2011)

 

La perspectiva teórica que guía nuestro trabajo proviene del análisis organizacional; en particular de los aportes de Panebianco (1990). Del politólogo italiano recuperamos las nociones de coalición dominante, zonas de incertidumbre, grado de estabilidad, grado de cohesión interna y mapa de poder.[5] La primera categoría nos permitió centrar nuestra mirada en quienes “controlan las zonas de incertidumbre más vitales” (1990: 91) de un partido; esto es, en aquellos que han logrado acumular el poder organizativo suficiente como para definir su destino. Por su parte, la noción de “zonas de incertidumbre” alude a los recursos cuyo control se traduce en dominio organizativo. Aunque no los desarrollamos aquí, Panebianco (1990) menciona seis: el control sobre la información interna, la experticia sobre ciertas áreas temáticas clave, el acceso al financiamiento, la definición de las reglas formales, el manejo de las relaciones con el exterior del partido y el poder sobre el reclutamiento.

Cabe destacar que para Panebianco (1990) la coalición dominante es siempre colectiva; esto es: que el líder partidario, lejos de ostentar un control absoluto “es el centro de una organización de fuerzas internas del partido, con las que debe, al menos en cierta medida, avenirse a pactos” (1990: 90). Atender a las características de la coalición dominante es lo que nos acerca a las siguientes tres categorías: el grado de estabilidad que “refiere a los intercambios horizontales (entre élites), y en particular al carácter estable o precario de los compromisos en el vértice de la organización” (Panebianco, 1990: 93); el grado de cohesión que “depende de si el control sobre las zonas de incertidumbre se halla disperso o concentrado. La distinción principal es ... la que se establece entre partidos subdivididos en facciones (es decir, grupos fuertemente organizados) o en tendencias (grupos débilmente organizados)”; y, finalmente, el mapa de poder organizativo que se define “tanto [por] las relaciones entre las distintas áreas organizativas del partido (por ejemplo, el que se dé un predominio del grupo parlamentario, o de los dirigentes nacionales de la organización o de los dirigentes de la periferia, etc.), como [por] las relaciones (de predominio, subordinación o cooperación) entre el partido y otras organizaciones” (Panebiano, 1990: 94).

Asimismo, sumamos a nuestro trabajo los estudios sobre redes partidistas de Sawicki (2011). Este autor define a la noción de red como “cadena de relaciones sociales, no sólo entre individuos”, aunque centra su atención en las redes interindividuales (2011:44). Dentro de éstas, identifica distintos tipos. Aquí recuperamos tres: i-redes personales, entendidas “como conjunto de relaciones personales ... formales o informales de un individuo dado (ego)”; ii-lo que llamamos redes políticas, definidas como “conjunto de relaciones interpersonales entre los responsables de los diferentes componentes de una organización dada” y iii-redes sindicales, conceptualizadas como “sistema estabilizado (hasta institucionalizado) de interdependencia entre organizaciones que intervienen en diferentes sectores, pero cuyos actores son multiposicionados” (2011:45).

Finalmente, añadimos los aportes de Mustapic (2002), que analiza al PJ como un partido federal con un esquema descentralizado de organización. Esta mirada permite pensar el estudio de un PJ provincial desde su autonomía relativa con respecto al PJ nacional y considerar así sus lógicas políticas en contextos situados y específicos. Como se presenta a lo largo de este trabajo, la relación entre escalas/niveles de la organización partidaria ha sido dinámica, alternando entre momentos de mayor autonomía provincial y momentos de mayor subordinación e imposición nacional.

En esta línea, otros trabajos han dado cuenta de la configuración organizativa de la coalición dominante del peronismo santafesino hacia el momento en que Néstor Kirchner asumió la presidencia de la Nación, en mayo de 2003.[6] La misma se articulaba en torno al liderazgo de Carlos Reutemann, un conductor (Balbi, 2020) que había logrado asentar su predominio partidario -prácticamente indiscutido-, desde mediados de los años 90 (Lascurain, 2021).[7] Asociado a su figura, el sector liderado por Jorge Obeid logró desarrollar y consolidar un perfil propio, subordinado pero relativamente autónomo del reutemismo.[8] En términos teóricos, las figuras de Reutemann y Obeid dieron forma a una coalición dominante cohesionada y estable. Aun así, las dos principales facciones que la conformaban hasta bien entrado el siglo XXI eran desiguales; esto es: el reutemismo era la facción principal, sin que el obeidismo tuviera posibilidades de desplazar a Carlos Reutemann del vértice partidario.

El liderazgo de Reutemann se consolidó a lo largo de toda la década de los 90 y se basó en el control del partido, en los recursos estatales y en el éxito electoral. En 1993, luego de vencer de forma decisiva en las elecciones internas fue elegido presidente del partido. A partir de esa fecha no se volvieron a realizar internas y las conducciones fueron reemplazadas por acuerdos cupulares donde la venia del ex corredor era la clave para el acceso a las candidaturas electivas y partidarias, lo cual le garantizó el control partidario y político. En 1995 logró imponer a su sucesor, Jorge Obeid, al que derrotó cuando intentó desafiarlo en 1997. En 1999 fue electo nuevamente como gobernador con el 57,57% de los votos, de los cuales el 96% correspondía a las listas que llevaban su candidatura (ver nota 9 sobre ley de lemas). Aun en el año 2003, y luego de una desastrosa inundación de la ciudad capital que puso en juego su capacidad de gestión, fue electo como Senador Nacional con el 56,73% de los votos.

Por su parte, los sectores del partido que no integraron la coalición dominante se refugiaron en los espacios municipales -en especial del sur provincial- o transitaron el camino de la disidencia, en particular en dirección al FREPASO. En menor cuantía, y aprovechando las posibilidades que brindaba el sistema electoral lograron controlar unas pocas diputaciones provinciales.[9] En conjunto, las dos principales facciones controlaban la amplia mayoría de las diputaciones y senadurías locales, así como los principales cargos municipales y comunales. Sin embargo, también reservaron lugar para sus partidos aliados, en especial el Partido del Progreso Social (PPS), -una disidencia del socialismo provincial-, dirigido por Héctor Cavallero, la Unión del Centro Democrático (UCeDe), y el Movimiento Vecinalista Santafesino (MoVeSa). En todos los casos estas fuerzas partidarias se subordinaron a la coalición dominante provincial y al liderazgo reutemista. Cabe destacar, además, que este mapa de poder propició la territorialización del peronismo provincial. Este fue un fenómeno observado también por otros autores (Calvo y Escolar, 2005) y por los mismos peronistas.[10]

El mapa de poder partidario empezó a experimentar transformaciones durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007). En una primera etapa (2003-2005) su presencia se expresó mediante una alianza con el obeidismo, principal soporte organizativo. Lejos de agotarse en esta instancia el kirchnerismo “desembarcó” en Santa Fe por múltiples canales, al interior y por fuera del PJ e inclusive del peronismo provincial. Así, en el marco de la “transversalidad” se acercó al socialismo, aunque no logró concretar ninguna alianza ante la oposición orgánica de ese partido.[11] Asimismo, logró articular y reintegrar al PJ a sectores que lo habían abandonado en los años 90, en especial a ex militantes setentistas y ex frepasistas. También sumó pronto a los grupos derrotados de la coyuntura electoral presidencial del año 2003 -menemistas y a ex adherentes a la candidatura de Rodríguez Saa- e inclusive reactivó e impulsó a “La Corriente”, una agrupación fundada en los años anteriores y con presencia en la zona de Rosario. Finalmente, logró la adhesión de organizaciones sociales y sindicales, en especial vinculadas con el mundo católico, grupos del movimiento de derechos humanos y una parte de los sindicatos estatales (tales como la sección local de la Asociación de Trabajadores Estatales -ATE- y la Federación Sindical de Trabajadores Municipales -FESTRAM-, entre otros). Este conglomerado, basado en redes personales, políticas y sindicales- no se constituyó en facción durante esta etapa -usando la terminología de Panebianco (1990) sino que se aproximó a lo que el autor caracteriza como tendencia (Ramos y Vaschetto, 2022), esto es, un grupo menos estable y organizado que una facción.

Sin embargo, la clave de este proceso es que parte del armado “kirchnerista” pudo sortear -bajo el impulso del kirchnerismo nacional- el “control de fronteras” del liderazgo peronista local (Gibson, 2006). Esto en parte fue motorizado por quien se transformó en uno de los principales operadores kirchneristas -el histórico Juan Carlos Mazzón- pero también por una múltiple y confusa llegada de funcionarios nacionales al territorio provincial que propiciaron la conformación de organizaciones nuevas. En conjunto, el justicialismo santafesino se nutrió de nuevos cuadros y grupos, pero a costa de la erosión del poder partidario de la anterior coalición dominante.

Este proceso comenzó a ser más evidente con las elecciones del año 2005, con el mandato asignado al jefe de bloque kirchnerista de la Cámara de Diputados de la Nación, Agustín Rossi, de armar una “línea propia”, en asociación con el intento de organizar una fuerza propiamente kirchnerista de escala nacional. Diputado electo por Santa Fe, Rossi había ocupado hasta entonces cargos municipales en la ciudad de Rosario. Con el empuje de su cercanía al presidente, Rossi inició un trabajo de armado político en Santa Fe que pronto enfrentó serios obstáculos: la resistencia de los liderazgos provinciales ya consolidados, en especial, de Jorge Obeid y Carlos Reutemann; la propia división y pluralidad de los grupos kirchneristas provinciales y, más importante aún, su escaso control de un recurso organizativo clave para dirimir los conflictos intrapartidarios: los votos. A corto plazo, una imagen negativa persistente ante el electorado y la imposibilidad de unificar al kirchnerismo santafesino bajo su liderazgo propició la continuidad de las alianzas del kirchnerismo nacional con la coalición dominante local y el apoyo a un dirigente alternativo -Rafael Bielsa- afín a esa coalición para las elecciones a gobernador del año 2007 (Ramos y Vaschetto, 2023b).

Ahora bien, en ese mismo año, y por primera vez desde 1983, el peronismo santafesino perdió la gobernación. Para esa derrota se articularon tanto el cambio en la legislación electoral -con la derogación de la ley de lemas y su reemplazo por las PASO-, la unificación de los partidos de oposición -en el ya mencionado FPCyS- como la creciente división del justicialismo, evidente en la interna que enfrentó a dos fórmulas afines al kirchnerismo, pero con apoyos partidarios disímiles. Así, la fórmula Rafael Bielsa-Carlos Galán contó con el apoyo de la amplia mayoría de las facciones justicialistas dominantes, mientras que la fórmula Agustín Rossi-Jorge Fernández sumó la adhesión de sindicatos estatales y organizaciones sociales. Aunque perdió las primarias, este sector del kirchnerismo provincial pudo evitar las consecuencias más negativas de la derrota en las elecciones generales. Más aún, el tipo de apoyos conseguido le permitió presentarse como “lo nuevo”, afín además al kirchnerismo nacional que en 2007, con la victoria de CFK, revalidó su predominio.

En este contexto político-partidario se comenzaron a preparar las elecciones internas para la definición de las autoridades partidarias del PJ, proceso que tenía su último antecedente en el año 1993. La candidatura de Agustín Rossi como presidente del PJ santafesino, quien tras la pérdida de la gobernación por el justicialismo aparecía como la figura con mayor peso institucional al interior del peronismo local, permitía imaginar un escenario donde se produjera el desplazamiento de los liderazgos previos y la consolidación del dominio kirchnerista. Sin embargo, el conflicto con el “campo” en 2008, terminó por quebrar esta posibilidad.[12] Como principal representante y referente del gobierno nacional en la provincia, encargado de defender el proyecto oficial en el Congreso, los apoyos a la candidatura de Rossi se debilitaron rápidamente, obligándolo a aceptar las negociaciones que se abrieron entre la conducción partidaria nacional y los demás referentes provinciales (Ramos, 2023c).

De forma paralela, Carlos Reutemann inició un camino de distanciamiento con el kirchnerismo. En el año 2009, de hecho, el PJ santafesino acordó concurrir dividido a las elecciones, repitiendo la estrategia empleada por el PJ nacional en las elecciones presidenciales de 2003. La incapacidad de alguna de las facciones en disputa de imponer su propio criterio a la totalidad del partido da cuenta de la profunda fragmentación que atravesaba a la organización. En este contexto, y acuerdo partidario mediante, Reutemann lideró una facción para las elecciones legislativas nacionales de 2009 bajo la sigla “Santa Fe Federal” y pudo derrotar tanto al kirchnerismo como al gobierno provincial del FPCyS, asegurando la continuidad de su mandato senatorial hasta el año 2015. Jorge Obeid, en tanto, por entonces Diputado Nacional, transitó de forma autónoma un camino similar; sin embargo, nunca unió sus fuerzas con el ex corredor de Fórmula 1 y, como veremos posteriormente, retornó al oficialismo nacional. Por su parte, el kirchnerismo provincial logró, a partir del 2008, insertarse en la estructura partidaria. Fue clave aquí un acuerdo entre el propio Kirchner y Reutemann en los días previos a la votación que finalizó con la derogación de la Resolución 125/08. Ese acuerdo aseguró un 50% de los cargos partidarios, incluyendo la vicepresidencia, al kirchnerismo provincial; asimismo, también le aseguró la mayoría de los congresales nacionales del partido. En contraposición, el reutemismo se alzó con la presidencia del PJ -a partir de entonces en manos de Ricardo Spinozzi, senador provincial por el departamento de General López- y la mayoría de los congresales partidarios provinciales. Esta suerte de “división de escalas” le permitió al reutemismo refugiarse en el escenario provincial y, -luego de la derrota política del año 2008 y la derrota electoral del año 2009 del kirchnerismo-, desplegarse en la escena nacional auspiciando la candidatura presidencial de Carlos Reutemann. Sin embargo, el kirchnerismo logró resistir.

En Santa Fe, en tanto, Rossi revalidó su cargo de Diputado Nacional en el año 2009. Al año siguiente, y de la mano de la recomposición nacional del kirchnerismo intentó, nuevamente, aglutinar bajo su dirección a todos los grupos kirchneristas partidarios y no partidarios. Más allá de sus esfuerzos, tampoco lo logró en esta ocasión; menos aún atraer a los sectores reutemistas, obeidistas y de nuevo cuño que comenzaban a conformarse bajo liderazgos alternativos, en especial de la figura de Omar Perotti, un dirigente con una exitosa trayectoria política en la ciudad de Rafaela.

Para el inicio del período que analizamos aquí el PJ santafesino se encontraba ante un momento clave: la coalición dominante se disgregaba ante el alejamiento del liderazgo reutemista de las disputas políticas locales -en el marco del Peronismo Federal, que apostaba a elegirlo como candidato presidencial-, la multiplicación de facciones -evidentes en la legislatura provincial, que sumó varios bloques distintos- y la persistente intervención de funcionarios nacionales, que siguieron articulando sus propias agrupaciones, autónomas del sector rossista (Ramos, 2023c). La inestabilidad y la división de la coalición dominante del PJ, que empezaba a transformarse en un dato permanente, se plasmó de forma clara en las cuatro candidaturas a gobernador que se enfrentaron en las PASO del año 2011.[13] Por añadidura, los senadores provinciales se consolidaron como actores autónomos en base a su control y poder territorial. Todos estos datos indican una reconfiguración en curso del mapa de poder partidario. Otro dato clave es que los legisladores del peronismo provincial apoyaron en 2010 un nuevo cambio en la legislación electoral, la denominada boleta única, que perjudicó las chances electorales del candidato con mayor apoyo nacional, el propio Agustín Rossi.[14] Para entonces también era evidente la seria amenaza para el peronismo provincial que representaba la consolidación del partido Propuesta Republicana (PRO) en Santa Fe.[15]

Finalmente, la nueva derrota del PJ provincial en el año 2011, ahora sí bajo la candidatura de Rossi, no hizo más que confirmar la imposibilidad del kirchnerismo “rossista” de lograr el control del partido, construir una nueva coalición dominante bajo su égida y consolidar un mapa de poder partidario más favorable a sus intereses.

 

3.-El intento de estabilizar una nueva coalición dominante (2011-2015)

 

Los resultados del año 2011 fueron un duro golpe para el kirchnerismo rossista. Su sector era el más organizado y numeroso de los kirchnerismos de la provincia e integraba la Corriente Nacional de la Militancia (CNM) desde su creación entre octubre-diciembre de 2010.[16] “La Corriente”, -como empezó a denominarse-, se transformó en Santa Fe en sinónimo de “rossismo”.

A partir de entonces Rossi fue perdiendo centralidad en el armado kirchnerista provincial. Aun así, no fue sólo la derrota lo que provocó este efecto, sino que otros liderazgos provinciales cercanos al kirchnerismo lograron posicionarse como dirigentes electoralmente competitivos. En el apartado anterior mencionamos a Omar Perotti, oriundo de la principal ciudad industrial del oeste santafesino, Rafaela. Apenas tres meses después de las elecciones provinciales Perotti logró ser electo diputado nacional con más del doble de los votos obtenidos por Rossi; más aún, tenía en su favor haber sido elegido directamente por la propia CFK para encabezar la lista. Otra dirigente en muy buena posición era María Eugenia Bielsa -ex vicegobernadora de Jorge Obeid (2003-2007)-, quien había sido cabeza de lista en la categoría de diputados provinciales. A nadie le resultó inadvertido el hecho de que mientras Rossi perdió la gobernación, Bielsa logró la victoria en su categoría, posibilitando que 28 diputados justicialistas conquistaran la mayoría.[17] Para complicar aún más el panorama, Jorge Obeid reafirmó su presencia en el escenario partidario “tendiendo puentes” con el kirchnerismo nacional.[18]

Aun así, el “rossismo” guardaba todavía la fuerza suficiente como para resistir, al menos por un tiempo, su desplazamiento. Para el momento en que los legisladores provinciales asumieron sus cargos logró sostener la presidencia de la Cámara -rompiendo así con un acuerdo implícito del peronismo; esto es: que quien tenía los votos lograba los cargos más importantes- en las manos de Luis Rubeo.[19] Lo hizo en alianza con el sector “Producción y Trabajo”, que respondía al sindicato UPCN, y “100% Santafesino” que en 2011 se sumó a la alianza del FPV bajo el liderazgo de Oscar Martínez. Como consecuencia de este conflicto, un año después (en febrero de 2013) María Eugenia Bielsa renunció a su banca, despojando al PJ de un liderazgo relevante y con atractivo electoral. Esta sucesión de acontecimientos da cuenta del grado de fragmentación interna del PJ, que no logró articular durante este período una posición legislativa unificada. En palabras de un protagonista:

 

2011-2015 es una etapa yo diría bastante compleja, el Peronismo pierde la provincia, sale tercero, pero gana la categoría de Diputados, entonces teníamos mayoría … pero no éramos gobierno, nos dirimíamos permanentemente entre sostener una posición de resguardo institucional, y políticamente armónica con el Ejecutivo, o chocar, chocar, chocar. Bueno, en esas discusiones se nos iba la vida interna, además de que había Diputadas y Diputados de todos los frentes internos habidos y por haber, con lo cual la realidad era muy convulsionada. (Entrevista personal a Carlos, 20/04/21).[20]

En este marco general de fragmentación, el rossismo retuvo la capacidad de imponer, en acuerdo con otros sectores partidarios, al presidente del PJ. Éste ya no sería el propio Agustín Rossi, sino un dirigente de su confianza: José Luis Freyre, intendente de Venado Tuerto. Su elección fue el intento más serio realizado en este período para consolidar una nueva coalición dominante. Del análisis de los nombres que conformaron la lista de unidad -que evitó la realización de elecciones internas- puede deducirse cuáles eran las facciones más relevantes en esa coyuntura. Así, Luis Freyre (presidente) era cercano a Rossi e integrante de la Liga de los Intendentes, un viejo conglomerado que apoyó al kirchnerismo desde sus inicios y que estaba ligado, a nivel nacional, con Juan Carlos Mazzón. Podemos sumar a este sector el nombre de Alejandro Rossi (vicepresidente segundo), hermano del ex candidato. La vicepresidencia general del partido quedó en manos de Roberto Mirabella, diputado provincial y cercano a Omar Perotti. Stella Maris Clérici, intendenta de la ciudad de Cañada de Gómez, fue ungida como vicepresidenta primera; ella representaba a María Eugenia Bielsa, que no estaba afiliada al partido pero que participó en la confección de la lista.[21] Finalmente, entre los secretarios ejecutivos se encontraban Carlos Bermúdez -con cercanía a los sectores de Obeid, Perotti y a grupos reutemistas- y Alejandro Ramos, que representaba el vínculo con el Ministro Julio De Vido, de creciente presencia en la provincia.[22] [23] Confirmando quienes eran los garantes del acuerdo, entre los Congresales nacionales estaban los nombres de Agustín Rossi, Omar Perotti y Jorge Obeid. Por su parte, el otrora poderoso reutemismo parecía desaparecer del mapa de poder organizativo del PJ. En este sentido, no es un dato menor que Ricardo Spinozzi, importante referente asociado al ex gobernador, dejó la presidencia con esta nueva selección de autoridades y anunció su pase al PRO en 2013.[24]

Este acuerdo, que buscó dotar al PJ de cierta estabilidad organizativa en su cúpula, duró poco tiempo. En parte, porque sobredimensionaba el poder del rossimo, cuya posición dependía más del patrocinio extraprovincial -el apoyo del kirchnerismo nacional- que de su performance electoral y de su capacidad para gestar alianzas internas en un contexto de extrema fragilidad y división del partido. En este sentido, si en 2012 el número de bloques en que se había dividido el PJ en la Cámara de Diputados era de ocho para 2013 se había elevado a doce, con varios pases a la creciente estrella del PRO.[25] Los senadores provinciales, en tanto, oscilaron entre dos o tres bloques, ninguno de los cuales respondía al rossismo y, -en especial luego de las elecciones legislativas intermedias-, consolidaron su autonomía mediante su vinculación con liderazgos nacionales: Daniel Scioli o Sergio Massa.

En el preludio de las elecciones para diputados nacionales de 2013 los intentos por avanzar hacia nuevos arreglos organizativos se profundizaron, en dirección a la tan ansiada y declamada “unidad” partidaria. Un primer paso en este proceso fue el reacercamiento entre los sectores liderados por Rossi y Obeid, que habían apoyado candidaturas distintas en la elección provincial de 2011. En este sentido, Marcos (estrecho colaborador de Obeid) recuerda una reunión personal con Rossi en donde comenzó a negociarse la unificación partidaria.[26] En sus palabras

 

El kirchnerismo, oficialmente actuado no por Mazzón sino por Rossi, le propone al Peronismo santafesino volver a unirse... Cuando salimos [de la reunión con Rossi] le digo “Jorge [Obeid], a ver si te entendí, vamos a hacer un acuerdo de todo el peronismo para ir en una sola lista”, “Sí”, “Segundo, la lista la va a hacer Kirchner, la va a hacer Cristina”, “Sí – dice – la va a hacer Cristina”. (Entrevista personal a Marcos, 21/01/20).

 

Se destaca en este fragmento el rol preponderante que había alcanzado para esta fecha la figura de CFK en tanto “gran electora”. Esta condición se reafirmó en los meses siguientes con un conjunto de decisiones que avanzaban en la búsqueda del reordenamiento partidario. En ese marco (y de forma sorpresiva para los propios involucrados), Agustín Rossi fue nombrado como ministro de Defensa a finales de mayo. Esta decisión -leída en clave de promoción de una carrera política y aún de reconocimiento a la lealtad de Rossi a CFK, pero también de alejamiento efectivo del centro del escenario político santafesino- facilitó la reintegración plena del obeidismo al PJ y al arco de alianzas del kirchnerismo; así Jorge Obeid fue seleccionado como primer candidato a Diputado Nacional.[27] También señaló el crecimiento de otros actores ligados al kirchnerismo y el impulso nacional a su desarrollo.

Por lo pronto, la nueva derrota del FPV en esas elecciones -volvió a obtener el tercer lugar- señaló el eclipse definitivo del obeidismo.[28] Jorge Obeid, además, transitaba por entonces una enfermedad que acabó con su vida apenas unos meses después, en enero de 2014. La muerte del “Turco” -como lo apodaban sus amigos-, el pase a la escala nacional de Rossi y el evidente alejamiento de Carlos Reutemann del PJ despejaron el camino para la rearticulación del kirchnerismo y del justicialismo provincial en torno a nuevos liderazgos. María Eugenia Bielsa y Omar Perotti eran los claros candidatos; sin embargo, es hora de detenernos un momento en el crecimiento de otros grupos nacidos al amparo del kirchnerismo nacional que en estos años tomaron mayor relevancia.

Como ya mencionamos en varias oportunidades el kirchnerismo en Santa Fe fue siempre plural y múltiple. Sin embargo, fue con la pérdida relativa de centralidad del rossismo que otros grupos adquirieron mayor visibilidad y relevancia. Una parcial excepción a esta afirmación fue el Movimiento Evita (ME), que ya había logrado ingresar un representante -Gerardo Rico- en la legislatura santafesina para el período anterior (2007-2011) y que se había conformado y organizado autónomamente del PJ. Su fortalecimiento en la provincia, sin embargo, fue propio de los años que abordamos en este trabajo.[29] En el 2011 logró ingresar dos legisladores provinciales (uno por el FPV del rossismo y uno por Jóvenes Kirchneristas, agrupación juvenil de la misma filiación).[30] Poco tiempo después, y ante el fallecimiento de Silvia De Cesaris del sector “Producción y Trabajo”, logró sumar a una tercera representante, Mariana Robustelli, en julio de 2013.

Junto al ME, se destaca por estos años el despliegue público y partidario de La Cámpora (LC). No existen trabajos previos que den cuenta del momento en que esta organización empezó a desplegarse en la Provincia. Aun así, es claro que en este período logró una visibilidad antes inexistente y una mayor inserción territorial. Según recuerda Luciano, el nacimiento “oficial” de la organización a nivel provincial puede datarse en 2010, conformada a partir de la convergencia de agrupaciones locales previamente existentes:

 

A principios del año 2010, a nivel nacional se toma la decisión… de conformar esa [primera] Mesa Nacional [de la Cámpora]... Después de ahí se empieza a unificar... A nosotros, acá, a nivel Rosario, tuvimos una ruptura muy grande, porque después del 2009, que no nos había ido tan bien… no habíamos llegado a concejal y habíamos apostado mucho a esa elección, se hace una ruptura… “Bueno, ¿cómo hacemos?”, porque yo tenía, bueno, este grupo de compañeros en el barrio Echesortu tratando de generar política. Bueno, tomar decisión de [ser] La Cámpora, también un grupo en ciudad de Gálvez con Germán, y, bueno, Marcos [Cleri] empezó a recorrer toda la provincia ya como La Cámpora, definiendo “nosotros somos de La Cámpora”. (Entrevista personal a Luciano, 06/02/20).[31]

 

Aunque es necesario profundizar nuestras indagaciones entendemos que su crecimiento fue motorizado tanto por una mayor militancia -fenómeno observado en otras localidades- como por el impulso que se le brindó desde el ámbito nacional, en especial en clave de militancia juvenil (Rocca Rivarola, 2016 y Anoro, 2018). Así, en el año 2011 fue electo como Diputado Nacional Marcos Cleri, primer integrante de LC de Santa Fe en alcanzar esta posición. Desde esa escala el flamante diputado intervino directamente en la provincia a los fines de obtener mayor protagonismo en el armado político justicialista santafesino.[32] LC se transformó pronto en un actor con presencia continua en la mesa de negociaciones por los candidatos a cargos electivos del PJ, en especial para las elecciones de 2013 y 2015.

Por razones de espacio no podemos extender el análisis de las nuevas organizaciones que se despliegan en el período, pero sí aprovechar para destacar la renovada presencia de Kolina -ligada a la figura de Alicia Kirchner, Ministra de Desarrollo Social-, junto con otras agrupaciones poco conocidas pero presentes en el escenario político local: Jóvenes Kirchneristas -rama juvenil del rossimo-; Martín Fierro -con inserción básicamente universitaria- y una plétora de grupos juveniles “de base” territoriales.[33]

Volviendo a las elecciones del año 2013, la derrota terminó por derrumbar el acuerdo de unidad plasmado un año atrás. El justicialismo santafesino en su conjunto entró a partir de entonces en una espiral de creciente fragmentación apenas matizada por el incipiente proceso de renovación que pretendió encabezar Omar Perotti y que por entonces se encontraba en sus inicios. La fragmentación tradujo la inestabilidad de su coalición dominante: si entre 2003-2005 es posible identificar un “clique” partidario (Sawicki, 2011), organizado en torno a una común identificación con Néstor Kirchner y entre 2005-2011 un claro intento para que la facción kirchnerista rossista logre el control del PJ, a partir de ese último año lo que observamos es la pérdida de centralidad del rossismo y, en paralelo, una renovada expansión de agrupaciones que se definen como kirchneristas pero que disputan entre sí por el control de los recursos organizativos, por dentro y por fuera del PJ. Simultáneamente, la práctica desaparición del obeidismo y el desplazamiento del reutemismo hacia el PRO -que culminó con el pase del propio Carlos Reutemann a ese partido, en febrero de 2015- también favoreció la fragmentación de los sectores justicialistas no kirchneristas y su reorganización en función de liderazgos territoriales con recursos propios -de allí la creciente importancia de los senadores provinciales, pero también de intendentes y aún de presidentes comunales-. Se puede afirmar, en este sentido, que la crisis de la coalición dominante alcanzó al conjunto del partido, que perdió cohesión y estabilidad.[34]

La crítica situación fue así percibida por los propios actores. En mayo de 2014, el Movimiento Evita solicitó “la unidad del Partido Justicialista santafesino, teniendo claro los niveles de contradicción que existen en su seno” En esa convocatoria incluyó a María Eugenia Bielsa y Omar Perotti, “quienes pueden ser la síntesis de esta construcción colectiva”.[35] Apenas unos días después, en junio, los senadores provinciales y algunos diputados del PJ -en una muestra clara de donde residía al menos parte del poder partidario- elaboraron un documento donde proponían “generar un ámbito propicio para la apertura del movimiento justicialista para lograr una posición común conteniendo todas las expresiones políticas”.[36] Sin embargo, el documento generó el rechazo de los “perottistas”, de “bielsistas” y aún de algunos diputados kirchneristas. Para diciembre de ese mismo año, el todavía presidente del PJ, José Luis Freyre dejaba en claro la división que afectaba al justicialismo santafesino y encomendaba al Congreso Partidario encontrar la fórmula de la unidad:

 

El Consejo tiene unos cuarenta miembros, pero... queremos asegurar... que haya representación de los intendentes, de los presidentes comunales, de senadores y diputados, del Movimiento Evita, de la Cámpora y de Kolina” y agregaba “Tenemos a Alejandro Ramos, que ratificó que está dispuesto a ser candidato a gobernador; lo propio hizo en estos días Omar Perotti, y esperamos a María Eugenia Bielsa”[37]

 

Las declaraciones de Freyre señalaban los ejes en lo que empezaba a ordenarse el partido de cara a las elecciones de 2015. No era un dato menor la presencia de Alejandro Ramos, que daba cuenta del peso creciente del kirchnerismo nacional en este momento para definir candidaturas en Santa Fe, como profundizamos luego.

Finalmente, María Eugenia Bielsa fue la gran perdedora de la compulsa interna. El Congreso Partidario provincial, desarrollado en febrero, no aceptó sus exigencias y los distintos sectores partidarios terminaron reagrupándose en torno a las figuras de Perotti y Ramos.[38] Su renuncia a la candidatura a gobernadora fue comunicada con una carta pública donde quedaron expuestas las diferencias internas del PJ pero también el hecho de que no logró el apoyo de CFK.[39] [40]

Ahora bien, no fue el Congreso Partidario el que finalmente definió quien sería candidato a gobernador, sino que esto se resolvió directamente en la Casa Rosada.[41] Los actores convocados de urgencia por el jefe de gabinete nacional Jorge Capitanich para resolver las candidaturas locales ilustran quienes poseían peso suficiente para participar en la "mesa chica" desde la óptica del poder central: el propio Omar Perotti, Alejandro Ramos, Agustín Rossi y Marcos Cleri. Fue notable la ausencia de cualquier representante de los referentes territoriales provinciales, ya sea senadores, intendentes o jefes comunales.[42]

Finalmente se acordó la fórmula de unidad Omar Perotti-Alejandro Ramos. Sus figuras sintetizaron una incipiente alianza que podía dar forma a una nueva coalición dominante para el partido; así lo dejaba entrever el nombre con el que el PJ decidió presentarse a las elecciones: Frente Justicialista Por la Victoria. En paralelo, desde el gobierno nacional se impulsó un reordenamiento del peronismo provincial detrás de una única lista para diputados provinciales. El candidato propuesto para encabezarla fue un viejo aliado del PJ santafesino: Héctor Cavallero (PPS). Es sintomático en este punto que la opción se inclinó por un candidato no peronista, dando cuenta de la dificultad para encontrar candidatos propios con suficiente consenso interno y atractivo electoral.

En esta coyuntura el sector de Rossi perdió poder y centralidad: dio por terminada la precandidatura a gobernador de su delfín Leandro Busatto, y debió acceder a que Luis Rubeo, principal referente en diputados provinciales, no fuera incluido en la lista de unidad. Ahora bien, justamente aquí es donde encontramos un límite a la capacidad de disciplinamiento ejercida desde el gobierno nacional: finalmente no se inscribió una única lista de diputados provinciales, sino seis, siendo la más importante la organizada por el rossismo, encabezada por los desplazados Rubeo y Busatto.

El grado de fragmentación partidaria había sido evidente durante el período legislativo 2011-2015 con múltiples bloques y la ausencia de coordinación legislativa entre diputados y senadores. Para las elecciones de 2015 no sólo se presentaron seis listas a diputados sino que los senadores también dieron cuenta de su autonomía presentándose en numerosas ocasiones con listas propias e, inclusive, con fuerzas partidarias nuevas.[43]

Las listas de diputados provinciales permiten vislumbrar a los principales sectores partidarios, algunos de los cuales encabezaron su reorganización en los años siguientes: el perottismo (que logró sumar a gran parte de quienes habían abrevado en el reutemismo), La Cámpora, el Movimiento Evita, Kolina, el obeidismo en extinción y el kirchnerismo rossista.[44] A este esquema podemos sumar el justicialismo territorial -municipios y comunas- vinculados a Alejandro Ramos vía la figura del Ministro Julio de Vido.

Para finalizar cabe mencionar otro elemento ilustrativo de la situación del PJ santafesino al momento en que se acordó la conformación de listas: las negociaciones ya no ocurrieron, como en campañas anteriores, en hoteles céntricos de la capital provincial -con la presencia de enviados del gobierno nacional-, sino directamente en la Casa Rosada. También se destacó en esta coyuntura la ausencia de Juan Carlos Mazzón, histórico operador hasta entonces muy activo en Santa Fe. El "Chueco" había sido el principal articulador de diversas agrupaciones kirchneristas con otros sectores justicialistas santafesinos. Sin embargo, para febrero de 2015 no participó de las negociaciones. Apenas un mes después, en marzo, se produjo su desplazamiento del cargo que ocupaba en el gobierno nacional.[45] Falleció ese mismo año, apenas horas antes de las PASO nacionales que oficiaron de antesala al triunfo nacional de Cambiemos y al comienzo de una nueva etapa de profunda división interna del kirchnerismo nacional y del peronismo.

 

Conclusiones

 

A lo largo de nuestro trabajo intentamos dar cuenta de las transformaciones que experimentó la coalición dominante del PJ santafesino -y el propio perfil partidario- en un período que trasciende al de este artículo (2003-2015), pero que tiene algunos de sus hitos más significativos entre los años 2011-2015. En los párrafos siguientes sistematizamos nuestras principales conclusiones.

Por un lado, la derrota en 2011 de la principal facción kirchnerista que se desarrolló al interior del PJ en Santa Fe -liderada por Agustín Rossi- abrió el juego a otros grupos de la misma filiación, ya existentes o nuevos en la Provincia. Estos últimos, en particular, se consolidaron y crecieron al amparo del patrocinio nacional -como La Cámpora-; mientras que otros, ya visibles en la política local, alcanzaron mayor relevancia en esta etapa -tal el caso del Movimiento Evita o Kolina-. Paralelamente, las facciones que habían sostenido una coalición dominante estable y unida hasta el advenimiento del kirchnerismo, se debilitaron de forma sostenida y -en ocasiones- definitiva, lo que no implicó la desaparición de los actores que las encarnaron sino su reafiliación en otros grupos.

Por otro lado, la creciente proliferación de “kirchnerismos”, lejos de asegurar el control del partido abrió una etapa de profunda inestabilidad y evidente falta de cohesión entre quienes contaban con los recursos organizativos clave. Aunque el partido parece “kirchnerizarse” -ante la identificación de los distintos liderazgos partidarios con la figura de CFK y el kirchnerismo nacional- lo cierto es que el mapa de poder partidario se complejiza y desarticula: los diputados provinciales se dividieron en múltiples bloques; los senadores locales se desvincularon de los liderazgos locales y establecieron relaciones directas con los candidatos presidenciales justicialistas; los jefes comunales e intendentes municipales articularon su gestión con los funcionarios nacionales presentes en la provincia. Ninguno de los potenciales líderes -Omar Perotti, María Eugenia Bielsa, Alejandro Ramos y aún el alicaído Agustín Rossi-, logró consolidarse como el principal dirigente reconocido por los múltiples actores partidarios, esto es; como el “conductor” del PJ.

Fragmentación y debilidad de quienes aspiraban a consolidarse como integrantes de una nueva coalición dominante local en un contexto de predominio político del kirchnerismo nacional posibilitaron una intervención mucho más asertiva y directa de CFK en la dinámica justicialista local. La Presidenta definió candidatos en las listas -en los años 2011, 2013 y 2015- alentando a ciertos grupos y figuras en detrimento de otros. También exigió condiciones -si asumimos como válidas las declaraciones de María Eugenia Bielsa- para facilitar su apoyo y, finalmente, alentó la conformación de una fórmula que articuló a representantes del kirchnerismo nacional -con raíces locales- junto a liderazgos con la capacidad de aglutinar a los integrantes de viejas y nuevas facciones. Sin embargo, su capacidad de intervención local encontró límites en la multiplicación de listas para diputados, en la autonomía relativa demostrada por el rossismo y en la autonomía político-territorial de los senadores provinciales.

Finalmente, no podemos dejar de considerar el hecho de que así como el kirchnerismo sumó grupos y actores nuevos al justicialismo local -en especial integrantes de organizaciones sociales y, en esta etapa, sectores juveniles- también tuvo un efecto expulsivo sobre otros sectores, en especial vinculados al viejo reutemismo, que migraron al PRO o la novel disidencia del Frente Renovador.

En definitiva, un conjunto de transformaciones que, hacia el final del período, auguraba una posible recomposición de la coalición dominante del PJ en torno a la figura de Omar Perotti pero también un partido que había modificado sustancialmente su composición e integración.

 

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Recibido: 26/02/2025

Evaluado: 06/05/2025

Versión Final: 04/06/2025

 

 

 

 

 



(*) Profesor y Licenciado en Historia (Universidad Nacional del Litoral. UNL); Magíster en Integración y Cooperación Internacional (Universidad Nacional de Rosario. UNR); Doctor en Relaciones Internacionales (UNR).  Investigador (Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas); Profesor (UNL); Profesor (Universidad Católica de Santa Fe), Argentina. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1807-633X

(**) Profesor y Licenciado en Historia (Universidad Nacional del Litoral. UNL); Doctorando en Ciencia Política (Universidad Nacional de Rosario. UNR). Docente (Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales y Facultad de Derecho. UNR), Universidad del Centro Educativo Latinoamericano. Argentina. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0832-8847

[1] La centralidad que adquirieron los justicialismos provinciales en el armado del kirchnerismo en las provincias es uno de los elementos que se destaca en la compilación de Sosa y Ortiz de Rozas (2022). En algunos distritos, sin embargo, el kirchnerismo alcanzó importantes desarrollos en organizaciones sociales (caso Jujuy) e intentó, con escaso éxito, competir electoralmente por fuerza del PJ cuando no logró insertarse en la estructura partidaria (caso Córdoba) o cuando el partido no avaló las estrategias nacionales (caso Mendoza, con la Concertación Plural en el año 2007). Retamozo y Trujillo Salazar (2019) ofrecen un excelente análisis de las estrategias políticas desplegadas por el kirchnerismo nacional desde 2003 hasta el 2019 que puede contrastarse con los casos provinciales. Sidicaro (2011) ofrece una mirada que tuvo una clara influencia a la hora de pensar el kirchnerismo en la escala nacional pero que no se corresponde con su composición en las provincias donde la centralidad del PJ es mucho mayor.

[2] En los años que abarca esta investigación el FPCyS era la fuerza gobernante en la provincia. En 2011 revalidó su predominio electoral con la candidatura de Antonio Bonfatti, del Partido Socialista (PS). El FPCyS estaba integrado por la Unión Cívica Radical (UCR), el PS, el Partido Demócrata Progresista (PDP), el ARI y otros partidos menores.

[3] La derrota posicionó al PJ provincial por primera vez desde 1983 en el 3er lugar, frente al primer puesto obtenido por el FPCyS (39,68% de los votos válidos) y al segundo logrado por el novel Unión PRO Federal (con el 36,08%). El PJ sumó 22,76% de los votos.

[4] Los nombres citados en este trabajo son ficticios a los fines de preservar la identidad de los entrevistados.

[5] Levitsky (2001 y 2005) abordó el análisis del PJ desde esta perspectiva para los años 90 por lo cual es una referencia insoslayable. Sin embargo, la crítica que Balbi (2020) realiza a su trabajo nos convenció de la necesidad de retornar a Panebianco (1990). Nos referimos en especial a la confusión entre partido y movimiento que se observa en su trabajo que dificulta el análisis de la organización partidaria en sentido estricto así como a una mirada instrumental sobre el partido -esto es, que el PJ es poco más que una herramienta al servicio de las apetencias electorales de sus líderes- que imposibilita una adecuada comprensión de las prácticas políticas peronistas y de su valoración del partido.

[6] Entre los principales, cabe destacar a:  Cherny y Delgado (2004), Delgado (2009) y Ramos (2011).

[7] En principio un outsider muy conocido por su pasado deportivo. Hacia finales de los 80, ingresó a la política local de la mano de Carlos Menem. Amparado en un cambio electoral -la ley de lemas- y en asociación con liderazgos intermedios del partido logró ganar la gobernación en 1991. Luego de su segunda gobernación (1999-2003), regresó a la Cámara Alta hasta el año 2015 bajo el sello del PJ. En este último año fue reelecto pero por Propuesta Republicana (PRO).

[8] Obeid contaba con una extensa militancia en el peronismo que se remonta a los años 70. A partir de 1983 ocupó los cargos de concejal e intendente de la ciudad de Santa Fe. En 1995, y en estrecha relación con Carlos Reutemann, fue electo Gobernador para el período 1995-1999, luego Diputado Nacional y nuevamente gobernador para los años 2003-2007.

[9] La Ley de Lemas posibilitó la presentación de múltiples listas por partido -lema-. En las categorías unipersonales (como el cargo de gobernador) eso implicaba la sumatoria de votos para el candidato -sublema- más votado. En las categorías con varios cargos, en cambio, como es el caso de las diputaciones provinciales los lugares se distribuían de forma proporcional. Esto habilitó el ingreso de sectores partidarios minoritarios en la Legislatura provincial.

[10] En palabras de un dirigente del PJ: “Acá el peronismo está alambrado en Santa Fe desde el 91, hubo un alambramiento del peronismo en Santa Fe (…) el peronismo se santafenizó, es un producto muy santafesino, que tiene apoyo electoral y político, partidario, y sociológico muy importante que fue lo que le permitió a Reutemann gobernar 16 años en la provincia” (Entrevista personal a Diego, 19/07/2017). Diego tuvo un vínculo muy estrecho con Jorge Obeid y ocupó varios cargos electivos y políticos.

[11] Una vez asumida la presidencia nacional Néstor Kirchner emprendió, ante la debilidad de su base de sustentación política, una estrategia conocida como el nombre de “transversalidad”. Para Retamozo y Trujillo Salazar (2019:189), ésta “consistió en la apertura a la incorporación de cuadros, sectores de partidos y movimientos sociales en una suerte de inclusión subordinada que operaba sobre los escombros del sistema de representación partidario” En términos políticos debilitó las fronteras partidarias y facilitó la convergencia de dirigentes y militantes del amplio campo de la centroizquierda en torno al proyecto kirchnerista.

[12] En marzo de 2008 el gobierno nacional intentó modificar el régimen de retenciones a las exportaciones agropecuarias mediante la Resolución 125 a favor de un sistema móvil atento a los cambios en los precios internacionales de los granos. Frente a esta medida los principales actores del sector lograron articular un frente opositor particularmente eficaz para bloquear la iniciativa gubernamental. La “Mesa de Enlace”, compuesta por la Federación Agraria Argentina, la Sociedad Rural, la Confederación Intercooperativa Agropecuaria y las Confederaciones Rurales Argentinas sumados a un conjunto de productores autoconvocados pusieron en práctica una serie de medidas de protesta que, amén de derrotar políticamente al gobierno, lograron ponerlo a la defensiva e instalar una dinámica de polarización de larga data en la política argentina.

[13] Las fórmulas tradujeron a los principales sectores internos del peronismo santafesino: Agustín Rossi-Jorge Hoffmann, exponentes del kirchnerismo partidario-sindical más afín al gobierno nacional; Omar Perotti-Carlos Bermúdez, que aglutinaba un fuerte liderazgo regional con vínculos con el kirchnerismo nacional y con sectores de la vieja coalición dominante del partido; Rafael Bielsa-Oscar Martínez, nuevamente un referente para el kirchnerismo nacional pero con escasa raigambre territorial en Santa Fe, en alianza con un sector que había respondido en los años 90 al menemismo y Juan Carlos Mercier-Ángel Baltuzzi, que expresaba a sectores remanentes del “reutemismo”.

[14] La boleta única inauguró un sistema donde los electores votan por categoría eliminando la boleta sábana (y, por ende, el efecto “arrastre”). Por añadidura, la pertenencia partidaria quedó desdibujada frente a la foto de los candidatos. En el caso del gobernador este cambio afecta a los candidatos con imagen negativa -era el caso de Rossi- al que, además, se le retacea su filiación política. En el momento de la votación sólo los legisladores kirchneristas se opusieron, pero no lograron evitar su aprobación.

[15] Cabe recordar que en 2011 el candidato del PRO, Miguel Torres del Sel, obtuvo apenas 60.000 votos menos que el ganador, el socialista Antonio Bonfatti.

[16] De acuerdo a Página 12 “La Corriente Nacional de la Militancia es un espacio conformado por un núcleo de agrupaciones y organizaciones netamente kirchneristas como el Evita, el Frente Transversal, el Movimiento Peronista Revolucionario y la Corriente Martín Fierro, entre muchas otras” y buscaba “conformar un espacio que expresara al kirchnerismo como fuerza política militante, buscando dar organicidad al entramado kirchnerista” (Página 12, “El kirchnerismo abre la campaña 2011”, Rosario, 11 de marzo de 2011). La CNM es reiteradamente mencionada en las fuentes gráficas consultadas en la Santa Fe; no así el caso de Unidos y Organizados (UyO), agrupamiento al que sólo se lo menciona una vez en 2013 y en la ciudad de Rosario (El Litoral, “El kirchnerismo marchó y pidió justicia en Rosario”, Santa Fe, 25 de enero de 2013).

[17] La Cámara de Diputados de Santa Fe tiene 50 integrantes. Por disposición constitucional quien obtiene la victoria se alza con 28 diputaciones. Los restantes 22 cargos se reparten por sistema D´Hont. La Cámara de Senadores, en tanto, se compone de 19 senadores provinciales, uno por cada Departamento. En esta ocasión el PJ logró 11 cargos.

[18] El Litoral, “En un acto político de su sector, Obeid pidió por la unidad del PJ”, Santa Fe, 2 de diciembre de 2011.

[19] El Litoral, “Rubeo prometió gobernabilidad”, Santa Fe, 3 de diciembre de 2011.

[20] Carlos fue legislador provincial en múltiples períodos y referente del kirchnerismo santafesino.

[21] Al no estar afiliada no pudo figurar como congresal nacional. En su nombre se designó a Alejandro Fraga, por entonces intendente de Fray Luis Beltrán.

[22] El Litoral, “Freyre presidirá el PJ”, Santa Fe, 21 de abril de 2012.

[23] Parte del impulso que facilitó el cierre del acuerdo provino del Foro de Intendentes, ligado directamente a la figura de De Vido. Ramos fue intendente de la ciudad de Granadero Baigorria -ciudad del sur provincial- entre los años 2007-2011 y 2011-2012. En este último año fue nombrado Secretario de Transporte de la Nación, cargo en el que se desempeñó en estrecha vinculación con Julio de Vido hasta el año 2015.

[24] El Litoral, “Reutemann se enojó porque le usan el nombre en una alianza”, Santa Fe, 4 de junio de 2013.

[25] Los ejemplos de la creciente fragmentación son múltiples: la alianza entre el rossismo (bloque FPV), Producción y Trabajo y 100% santafesino no resistió el proceso eleccionario de 2013. 100% santafesino se separó del kirchnerismo y se integró al liderazgo de Sergio Massa. El bloque FPV también experimentó el abandono de una de sus integrantes.

[26] Marcos fue un importante funcionario obeidista que ocupó cargos legislativos nacionales.

[27] Sobre este punto, un militante de larga data del rossismo recuerda: “en 2013 Agustín iba a ser candidato y bueno, lo llevan a un Ministerio que, qué sé yo, es como que es un reconocimiento pero a su vez te limita en la construcción política, porque te neutraliza eso, te quedas en un Ministerio de segundo orden como es el de... en este país como el de Defensa.” (Entrevista personal a Juan, 07/02/20). Juan fue un militante de base del kirchnerismo que accedió a cargos electivos municipales.

[28] Obtuvo sólo el 22,6% de los sufragios válidos (dos bancas), frente al 42,3% del FPCys -que ingresó 4 diputaciones- y el 27,2% de Unión PRO-Federal, que sumó 3 diputados.

[29] Sobre el Movimiento Evita consultar a Longa (2019).

[30] El Litoral, “Rompecabezas de la futura Legislatura”, Santa Fe, 23 de mayo de 2011.

[31] Luciano es dirigente de La Cámpora en el departamento Rosario.

[32] Las fuentes periodísticas consultadas indican que LC orientó los fondos disponibles durante la campaña de 2013 a favor de sus propios candidatos locales, que también se renovaban ese año, y en desmedro de la lista nacional encabezada por Jorge Obeid (La Política Online, “Santa Fe: Tras el tercer puesto, Obeid le quita a La Cámpora los fondos de la campaña”, Buenos Aires, 25 de agosto de 2013). Disponible en https://www.lapoliticaonline.com/nota/nota-93290/

[33] Debemos mencionar aquí que así como el ME se mantuvo cerca del rossimo, La Cámpora se posicionó siempre, en estos años, en cercanía de María Eugenia Bielsa. Esto hizo que dos de los sectores más relevantes del kirchnerismo mantuvieran un enfrentamiento -en ocasiones latente, en otras explícito- a lo largo de todo el período.

[34] La división del kirchnerismo a nivel nacional -con el nacimiento del Frente Renovador en 2013- se sobreimprimió a las divisiones locales, profundizándolas. Un ejemplo claro fue 100% Santafesino, que rápidamente se pasó a las filas renovadoras; en ese camino, sin embargo “perdió” a una de sus integrantes, que decidió mantenerse en el PJ, aunque no con el kirchnerismo. (El Litoral, “Scioli llevará a Zannini de vice”, Santa Fe, 17 de junio de 2015.

[35] El Litoral, “Para el Movimiento Evita, la unidad con Perotti y Bielsa”, Santa Fe, 28 de mayo de 2014. El resaltado nos pertenece.

[36] El Litoral, “Por el apuro, el documento del PJ se quedó sin firmas”, Santa Fe, 9 de junio de 2014.

[37] El Litoral, “El PJ intentará reunir a todos sus precandidatos a gobernador”, Santa Fe, 16 de diciembre de 2014.

[38] Los medios gráficos consultados indican que Bielsa solicitó la exclusión de Luis Rubeo de las listas partidarias y que el partido se presentase a las elecciones con el nombre de su propio sector, Encuentro Santafesino.

[39] El Litoral, “El PJ se quedó sin la candidatura de Bielsa”, Santa Fe, 10 de febrero de 2015.

[40] Bielsa daría más detalles sobre su negociación y las condiciones que CFK pretendió imponer algunos años después: 1) prioridad para La Cámpora en la conformación de las listas; 2) aceptar a Leandro Busatto -líder de los “Jóvenes Kirchneristas” alineados con Rossi- como vicegobernador; 3) ceder el control de la campaña electoral, que se gestionaría desde Buenos Aires (La Política Online, “María Eugenia Bielsa explosiva contra Cristina: "No hay que robar en la política.””, 27 de octubre de 2018). Disponible en https://www.lapoliticaonline.com/nota/115892-maria-eugenia-bielsa-explosiva-contra-cristina-no-hay-que-robar-en-la-politica/

[41] Tal como afirma el diario El Litoral “El congreso partidario del jueves pasado ni siquiera sirvió para definir el nombre del frente que competirá con los otros dos que se están preparando para largar en el primer lugar” (El Litoral, “Por ahora, sin nombre y sin candidato”, Santa Fe, 1 de febrero de 2015).

[42] Página 12, “Encuentro en la Casa Rosada”, Rosario, 11 de febrero de 2015.

 

[43] En 2015, amparados por el sistema de Boleta Única -que en los hechos escinde la elección a senadores provinciales de la competencia por la gobernación-, tres senadores peronistas (Rosconi, Gramajo y Berra) optaron por presentarse en busca de la reelección por fuera del PJ, utilizando el sello partidario de Unión Celeste y Blanco. Los tres fueron exitosos.

[44] Aunque el partido nuevamente quedó en tercer lugar, lo cierto es que las tres principales fuerzas competidoras se acercaron a un triple empate. La escasa diferencia y el crecimiento de votos entre las PASO y las generales alentó un camino venturoso para esta nueva estructura de poder partidario. Finalmente, en 2019 Omar Perotti fue electo gobernador de Santa Fe.

[45] El Litoral, “El gobierno nacional decidió prescindir de los servicios del "Chueco" Mazzón”, Santa Fe, 6 de marzo de 2015.