“Apologistas de lo negativo”. La cultura sexual en la revista Cerdos & Peces durante la transición democrática. (1983-1984)

 

Yanina Fantini(*)

 

ARK-CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/fra78l9yz

 

Resumen

 

El presente texto analiza la formación de una cultura sexual durante la transición democrática argentina (1983-1984), centrándose en la revista Cerdos & Peces. Frente al fenómeno masivo y heteronormativo del destape sexual, el grupo de intelectuales marginales que dirigía la publicación representó una contracultura sexual. El estudio demuestra que, desde los márgenes y para los márgenes, la revista denunció la continuidad de las estructuras represivas y las prácticas disgregadoras. Cerdos & Peces no solo expuso los límites de la nueva democracia sino que se situó en la vereda de enfrente de otros intelectuales que la celebraban. Se contrapuso al discurso hegemónico del destape, llevando la sexualidad a los límites de lo aceptable para la sociedad postdictatorial.

 

Palabras clave: Contracultura; Cultura sexual; Transición democrática; Cerdos & Peces; Transgresión.

 

 

 

“Apologists for the Negative”: Sexual Culture and Counterculture in Cerdos & Peces Magazine During Argentina's Democratic Transition (1983-1984)

 

Abstract

 

This text analyzes the formation of a sexual culture during the Argentine democratic transition (1983-1984), focusing on the magazine Cerdos & Peces. In contrast to the massive and heteronormative phenomenon of the sexual destape (unveiling), the group of marginal intellectuals who directed the publication embodied a sexual counterculture. The study shows that, from the margins and for the margins, the magazine denounced the continuity of repressive structures and disruptive practices. Cerdos & Peces not only exposed the limits of the new democracy but also positioned itself in opposition to other intellectuals who celebrated it. It stood against the hegemonic discourse of the destape, pushing sexuality to the boundaries of what was acceptable for post-dictatorship society.

 

Keywords: Counterculture; Sexual culture; Democratic transition; Cerdos & Peces; Transgression.

 

 


 

 

“Apologistas de lo negativo”.[1] La cultura sexual en la revista Cerdos & Peces durante la transición democrática. (1983-1984)[2]

 

Introducción

 

Con la sangre derramada en la guerra de Malvinas se produce una de las últimas y más importantes heridas de muerte a la dictadura iniciada en 1976. En el año 1983 con la asunción a la presidencia de Raúl Alfonsín, candidato por la Unión Cívica Radical, se abre una nueva etapa democrática para nuestro país.

La máquina represiva autodenominada Proceso de Reorganización Nacional se adjudica la defensa de una infantilizada población, a la cual debe reeducar y defender, frente a una generación de subversivos. A través de distintas instituciones el gobierno de facto hizo efectiva una gran censura en todos los medios de comunicación masiva, las artes, el teatro y toda aquella declaración que pudiera alterar la moral católica y cristiana de la sociedad. La cultura sexual argentina, reprimida en todas sus expresiones, con la vuelta a la democracia experimenta un destape sexual en todos sus ámbitos.

En la marea del destape centraré el estudio sobre la revista cultural Cerdos & Peces, la cual surge como un suplemento dentro de la revista El Porteño en 1983 y que, haciéndose de un público propio, hace su aparición en los kioscos de diarios y revistas el 1 de abril de 1984. El staff que conformo la revista tendrá una fuerte crítica a la recientemente reconstituida democracia, trató temáticas que eran tabúes para la sociedad de la época, tales como: el sexo, las drogas, la salud mental, la homosexualidad.

Centraré el análisis en los dos primeros años de la revista (1983-1984), donde pretendo dar cuenta de cómo este grupo de intelectuales marginados están pensando la cultura sexual, post represión. Con secciones exclusivamente dedicadas a la comunidad gay, escritores como Perlongher y Gumier Maier, entre otros, denunciaban la persecución que los homosexuales seguían padeciendo, con anuencia del nuevo gobierno democrático. Sin perder de vista que esta cultura concebida por los intelectuales de Cerdos & Peces se posiciona de la vereda de enfrente de la cultura sostenida por los vectores culturales de la década de los 70's.

 

Una sinuosa transición a la democracia

 

Luego de siete años en los cuales la sociedad argentina había renunciado “al ejercicio de la soberanía” después de fervorosos años de resistencia y acción política, en 1983, con la asunción a la presidencia de Raúl Alfonsín, se abre una nueva etapa democrática para nuestro país. Este proceso sinuoso es conocido como transición. Es difícil determinar cuándo empieza o tiene fin un proceso de estas características, pero podemos ubicarlo en los últimos tres años del régimen dictatorial y continua durante gran parte del gobierno de Raúl Alfonsín (Novaro, 2010).

La “transición a la democracia” está inscrita en la lógica histórica, por lo tanto, tiene rupturas y continuidades. Es difícil determinar para los actores que vivían ese momento qué curso iba a tomar, era más una expresión de deseo a donde se quería llegar. De hecho, esta transición como hoy la conocemos “es una constatación a posteriori, es decir, sólo varias décadas después podemos confirmar” que el devenir era efectivamente, el de una forma de gobierno democrática, sin presencia militar y sin proscripciones, con un proceso de suma de derechos sociales (Novaro, 2010).

La transición democrática en Argentina tuvo sus particularidades, a diferencia de otros países latinoamericanos como Brasil, Uruguay y Chile. En nuestro país el gobierno dictatorial, aunque demostró intenciones de que esto sucediera, no pudo imponer condiciones en el esquema de transición. El interés de los militares era la no revisión de la terrible represión perpetuada sobre los subversivos, reclamo principal en la agenda de los organismos de derechos humanos.

Desde 1976 hasta 1983, las Fuerzas Armadas se impusieron sobre la sociedad argentina con un terrorismo desplegado desde el aparato estatal, que sembró el miedo, la persecución, la postura apolítica, la censura en todos los aspectos de la vida del ciudadano, pero luego de 1982 con la guerra de Malvinas el poder del Proceso cayó en picada de tal manera que no pudieron imponer ningún tipo acuerdo en su salida. Cabe preguntarse ¿cómo cayó su poder en tan poco tiempo? Aun cuando antes de la década del ochenta parecía no tener gran resistencia civil. Es más, era visto con “buenos ojos”.

Al interior de los cuarteles las Fuerzas Armadas no se constituían como una unidad, un todo, existían tres sectores: uno de ellos, la corriente más dura, compuesta por los comandantes de cuerpos del Ejército y la Fuerza Aérea, abogaba por sostener a los militares en el gobierno, sin participación de los sectores civiles y continuar con la lucha antisubversiva. Este sector estaba dividido entre los que aceptaban las políticas liberales y los que proponían la defensa de un Estado que protegiera y estimulará el desarrollo productivo nacional. Otro sector moderado pretendía un acercamiento a los civiles con la intención de crear una nueva clase dirigente y estaban de acuerdo con las políticas económicas puestas en marcha por el ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz. El último de los tres sectores era el más politicista y veían con buenos ojos convocar a los partidos políticos y a las organizaciones sindicales. Se encontraban en desacuerdo con las políticas liberales tomadas en la economía (Franco, 2023).

Dentro de este sector se encontraba el general Roberto Viola que asumió la presidencia el 24 de marzo de 1981. Su intención era lograr una cierta apertura y distensión política. Este sector quería dialogar con los sectores civiles y encauzar el proceso hacia elecciones tuteladas por los militares. Esto provocó las tensiones dentro del propio gobierno. Sus internas políticas ya estaban expuestas a la opinión pública, la cual criticaba y rechazaba al gobierno. La iniciativa politicista del gobierno no llegó a buen puerto, la inflación creció superando el 130%, el PBI se derrumbó un 14%. La crisis económica y política llevó a que Viola se viera obligado, por sus propios camaradas, a renunciar. Asumirá el poder un militar de la corriente más dura, Leopoldo Fortunato Galtieri (Franco, 2023).

Si bien en 1979 se había impulsado una de primera marcha en contra del régimen, la cual no tuvo mayores repercusiones, y los sectores partidarios seguían sin mostrar una fuerte oposición al régimen. Esta situación cambiaría para el año 1981. La inestabilidad económica era cada vez mayor, los planes de política económica de Martínez de Hoz habían desatado un proceso de desindustrialización, debido a la apertura de importaciones, el flujo de capital y el endeudamiento externo. El cierre parcial de la industria nacional, concentrada en menos y más grandes empresas, dejó a gran parte de la masa de trabajadores industriales sin trabajo, o con empleos precarizados.

El malestar social era de oposición al régimen, con un relajamiento en la censura, este estado también se refleja en la cultura y la vida social. Surgen nuevos medios de comunicación, diarios y revistas, así en el ámbito cultural se empieza a manifestar este descontento y el pedido de libertades (Franco, 2023).

En este contexto surge en julio del 1982, un nuevo actor político nombrado como la Multipartidaria, compuesta por partidos tradicionales: la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista, el Partido Intransigente, Movimiento de Integración y Desarrollo y el Partido Demócrata Cristiano. El principal objetivo era concretamente reclamar el llamado a elecciones y la normalización institucional. Sin duda sumó un problema más el gobierno del general Viola (Novaro, 2010).

El general Galtieri venía de la corriente más dura dentro de las fuerzas, su idea era volver a las bases del Proceso, que para estos años dejaba en evidencia su resquebrajamiento. Años de malas administraciones y enfrentamientos habían erosionado el régimen. El flamante presidente retomó las medidas ortodoxas respecto a la economía liberal, prometiendo recomponer la crisis en la que se encontraba el país. El hecho con el cual el gobierno recuperó la legitimidad que venía perdiendo fue la guerra de Malvinas. Una de las épocas más tristes de nuestro país (Quiroga, 2005).

El apoyo de la población a la guerra fue altísimo, miles se congregaron en las plazas para expresar su apoyo. Aun cuando el 30 de Marzo se había dado una gran movilización sindical opositora al régimen. Su lema principal fue “pan, paz y trabajo, la dictadura abajo”. El rechazo solo vino de unos pocos sectores, como las organizaciones de derechos humanos. Las cuales manifestaban “las Malvinas son argentinas y los desaparecidos también”, una de las figuras que se opuso fue Raúl Alfonsín (Franco, 2023).

La guerra se dio por finalizada el 14 de junio con la rendición de las tropas argentinas de las islas. Dejó un total de 649 muertos argentinos, número que creció con los suicidios de los ex combatientes que fueron rechazados y olvidados, en un contexto donde la transición a la democracia tomó el rol central.

Luego de la derrota la Junta Militar se disolvió. La crisis económica se sumó a las presiones internacionales y nacionales por la violación a los Derechos humanos. Con el “problema de los desaparecidos” ya instalado, el fracaso político terminará por quebrar el régimen iniciado en el ‘76. Con la salida de la Fuerza Aérea y la Marina, la Junta sólo quedó presidida por el Ejército durante unos meses, asumiendo la presidencia del gobierno Benito Bignone.

Las elecciones estaban pactadas para 1984 pero la situación se agravará más rápido de lo pensando. Los desaparecidos es un tema que empieza a crecer no solo para los que estaban involucrados directamente sino también para toda la sociedad. Los militares seguirán apostando a que ese tema quedará en el olvido. Pero el devenir de los hechos y su pérdida de legitimidad y poder de coerción sobre la sociedad marcaron otras condiciones para esta transición.

El gobierno jugó su última carta, la autoamnistía. Sancionó la Ley de Pacificación (Ley 22.924) en septiembre de 1983, solo 37 días antes de las elecciones. La norma dejaba por fuera cualquier acción penal que se haya cometido en el intento de frenar o prevenir actos subversivos. Las fechas que comprendía eran desde Mayo del ‘73, con el gobierno peronista, hasta comienzo del mandato de la última Junta Militar en junio de 1983. Esta ley no se sancionó sin discusión dentro de las propias fuerzas. La fuerza aérea no tenía la misma responsabilidad y se oponía.

El conflicto surgió principalmente porque esta ley los dejaba en igualdad de condiciones que los terroristas. Las fuerzas armadas están “convencidas” de que su “labor” era en defensa de la patria. La autoamnistía era, en última instancia, el reconocimiento de que “algo habían hecho”. Pero era igual necesaria, los exculpaba penalmente, era lo que buscaban desde un primer momento en la transición, algo que no estaban pudiendo negociar. También cerraba la posibilidad que las fracciones internas rompieran dentro de sus filas y empiecen a declarar los delitos cometidos.

Desde los sectores políticos lo veían como algo destinado a suceder, irrefrenable. En Argentina ninguna ley de amnistía había resultado nula. Ni tampoco se había condenado los actos represivos de las fuerzas armadas. Pero contra los pronósticos alentadores, la ley tuvo un profundo rechazo.

A medida que los días corrían y se acercaban las elecciones el repudio a las Fuerzas Armadas iba en aumento. Rechazo que se retroalimentara con la información sobre de las aberraciones cometidas por estas. En este sentido, Novaro (2010) hace hincapié en la necesidad de la población en dar vuelta la página, de una decadencia que había comenzado en el ‘76, pero era un proceso que se podía extender al primer golpe de Estado en 1930.

 

La transición cultural

 

Para los años 80's del siglo pasado la sociedad argentina era una olla a presión en consistente ebullición. La crisis del Proceso empezaba a mostrar sus raíces, lo cual permitió que se pudieran dar puntos de fuga. Estos dieron avisaje en la cultura cuando la censura comenzó a menguar y los sentimientos antidictatoriales se expresaron en el cine, la música, el teatro y los medios gráficos. La situación se vio alentada por esos años con la llegada de artistas que se encontraban en el exilio. El proceso cultural de crítica y expresión antidictatorial fue más rápido y anterior al proceso que luego se dará en la política respecto al régimen. La cultura siempre fue un lugar de resistencia y expresión, bien enmascarado, durante el proceso autoritario de larga data que se dio en el país.

Durante la transición, uno de los elementos culturales más característicos del periodo fue el “rock nacional”. Si bien su expansión era previa, su masificación se dio por dos motivos: la prohibición de la música en inglés por parte de la dictadura y por la guerra de Malvinas (Franco, 2023).

El rock fue una forma de expresión de los jóvenes que se transformó en un espacio de encuentro y de formación de una identidad “nacional” y generacional. Durante la dictadura este tipo de shows no se prohibieron, aunque sí estaban bajo el control policial y eran espacios frecuentados por servicios de inteligencia. Más allá de la situación represiva sobre las expresiones culturales, entendemos que los recitales fueron un espacio de encuentro, durante la dictadura y la transición, las letras contenían críticas a la dictadura militar. Charly García en 1982, cantaba “Mama, la libertad, siempre la llevarás, dentro del corazón, Te pueden corromper, te puedes olvidar, Pero ella siempre está”. Este fragmento pertenece a “Inconsciente colectivo” canción ampliamente significativa del músico, una de las figuras sin dudas emblemas de esta transición a la democracia, y de todo el cambio cultural que cubrirá el país con su llegada. El disco Pubis angelical/ yendo de la cama al living salió en octubre 1982, en el último año del Proceso ya en decadencia, perdían el poder coercitivo y el poder efectivo, la censura en la población, las letras empezaban a cubrirse de las problemáticas sociales (Franco, 2023).

El rock era un estilo musical que expresaba muy bien la rebeldía, el cambio cultural acelerado que se estaba viviendo. Durante la transición fue un espacio de resistencia juvenil, crítico del autoritarismo, que además no tenía que ver con las formas de militancia radicalizadas y el mundo juvenil revolucionario que se estaba dejando en el pasado. Era una nueva generación de jóvenes, con otras ideas y otras vivencias.

Los jóvenes se encontraban en el centro de la escena, habían vivido la lapidaria represión, ahora se veían como una promesa a futuro, junto con la promesa de la democracia. Anteriormente se los había cargado con la “culpa” de la violencia y las turbulencias de los años setenta. Durante el proceso de transición serán el símbolo del cambio generacional (Franco, 2023).

Al tratarse de un proceso transicional, había continuidades, aún sobre los jóvenes en democracia, continuaba ciertas formas de disciplinamiento y control, muchos recitales y fiestas terminaban con razias policiales. También controles se dieron restricciones, prohibiciones y persecución ante la actividad política juvenil.

La apertura cultural que venimos desarrollando, sumada al levantamiento de la censura trajo un fenómeno cultural apodado como “el destape”. Esto ya había ocurrido en España, durante el final de la dictadura franquista en 1977 - se toma el término para lo que fue el destape sexual de los argentinos-. Después de años de represión, de censura, la sexualidad dio sus pasos de lo estrictamente privado, la “habitación matrimonial”, al ámbito de la esfera pública.

 

La transición a la democracia levanta la tapa, se viene “el destape

 

Hacia el final de la dictadura, el régimen militar comenzó a perder capacidad para mantener el agobiante aparato que había impuesto para la censura. Distintos factores confluyeron en este debilitamiento: la crisis económica iniciada en 1981, el ascenso de la protesta social y el escrutinio interno e internacional por las graves violaciones a los derechos humanos. Si bien la censura sobre el cine, la radio y la televisión no desapareció de inmediato, su aplicación se hizo más laxa y menos sistemática en los últimos años del Proceso.

Hacia el ocaso de la dictadura, se abre un nuevo capítulo para la democracia argentina. Junto con este proceso político se da un proceso de transformación de la cultura sexual. El fenómeno que comienza es conocido como el destape, el cual Natalia Milanesio (2021) caracteriza como un “fenómeno masivo y socialmente inclusivo” (p. 44). Este proceso representó una explosión de la sexualidad en el espacio público después de años de represión y silencio. Según la autora, el sexo se convirtió en “la estrella del escenario democrático” (Milanesio, 2021). Revistas, programas de televisión, obras de teatro y otras producciones artísticas comenzaron a abordar abiertamente temas sexuales que antes estaban prohibidos o solo se insinuaban, reflejando un cambio radical en los límites de lo decible y lo mostrable en la sociedad argentina.

En muy poco tiempo algo que estaba reprimido empieza a circular. Los medios gráficos y audiovisuales de la época ampliaron radicalmente su agenda temática para incluir debates explícitos sobre la sexualidad. Cuestiones que antes se consideraban tabú, como el placer sexual, el erotismo, la anticoncepción, la educación sexual o incluso la pornografía, pasaron a ser tratadas con frecuencia. Las temáticas tienen distintos abordajes tanto “como artículos científicos y pseudocientíficos, editoriales, escritos humorísticos, historietas, cuentos cortos, carta de lectores, relatos autobiográficos y entrevistas con sexólogos, sociólogos, escritores, educadores, artistas y autoridades del gobierno” (Milanesio, 2021).

En los programas de televisión se va haciendo común que a los entrevistados se les pregunte sobre sexualidad, quizás hasta de manera forzada. Los cuerpos femeninos son expuestos y las publicidades muestran a mujeres en la playa con trajes de baño.

Por otra parte, dos meses después de que Alfonsín asumiera la presidencia se aprobó en el Congreso la ley 23.052 que derogaba la Ley 18.019, que llevaba adelante la censura cinematográfica con el Ente de Calificación Cinematográfica (ECC). La persecución fue tan severa sobre la industria del cine en la Argentina que terminar con ella era parte de una promesa de la campaña electoral del presidente. En este sentido, Alfonsín, una vez electo, concedió subsidios para la industria cinematográfica nacional, dado la situación del sector.

El destape, de alguna forma, condicionaba la libertad creativa de los distintos medios culturales. El sexo y la sexualidad, y sus representaciones, eran muy lucrativas, por ello los productores se veían presionados a incluir el sexo en sus productos culturales. Era entendible que frente a lo prohibido durante los gobiernos autoritarios, surja este interés por el sexo, la sexualidad, el goce y el deseo.

Pero no llegó a todos los niveles ni exploró todas las sexualidades, seguía siendo completamente machista y heterosexual. Este proceso expuso a las mujeres, en primera instancia, como objetos sexuales y mantuvo excluidas al resto de las identidades sexuales que no respondían a la heteronorma. No logró romper, así, con dos elementos centrales de la cultura sexual argentina de tradición. Las vidrieras del destape mostraron una hipersexualización de los cuerpos femeninos como objetos, pero al mismo tiempo dieron la posibilidad de sacar a la luz la sexualidad femenina, hasta entonces confinada a lo privado. Las mujeres, que hasta ese momento, y bajo los gobiernos dictatoriales, habían sido relegadas a roles maternales, de amas de casa o esposas, pasaron a ser reconocidas como sujetos sexuales.

Publicaciones femeninas tradicionales, como Para Ti, empezaron a incluir columnas y reportajes sobre salud sexual, deseos y frustraciones, contribuyendo a una redefinición de la mujer como sujeto activo de su propio deseo. Este proceso las incluyó como sujetos deseantes, no solo como meros objetos de deseo.

Durante la dictadura militar, el imaginario público se configuró en torno a una hipermasculinidad fetichizada, que ensalzaba los cuerpos rígidos y disciplinados como símbolos del poder. En contraste, la representación de las mujeres fue prácticamente borrada, reduciéndolas simbólicamente a roles de pureza y sacrificio, alejadas de la esfera política y social. Curiosamente, esta exaltación de lo masculino también encontró eco en sectores de izquierda y guerrilleros, que promovieron un ideal revolucionario encarnado en un cuerpo joven, heterosexual y ascético. En ese marco, la corporalidad femenina fue frecuentemente desvalorizada, tachada de débil o demasiado sensual, lo que reforzó una jerarquía que ubicaba a las mujeres en un plano secundario, incluso en los proyectos que pretendían transformar la sociedad.

En su análisis del fenómeno cultural posterior a la dictadura, Milanesio (2021) observa que el destape se representó, literal y simbólicamente, en cuerpos de mujeres. Por un lado, estaban los de las jóvenes modelos y actrices, sensuales y exhibidos; por otro, el cuerpo colectivo de las Madres de Plaza de Mayo, descrito como “infatigable y generoso” (p. 97). Con la democracia, estos cuerpos no solo regresaron al imaginario, sino que retomaron físicamente el espacio público.

Frente a los cánones que en la actualidad se exponen, aquellas figuras parecían más naturales, aunque no por ello dejaban de ajustarse a los estereotipos hegemónicos de la época: blancas, delgadas, jóvenes y heterosexuales. Según Milanesio (2021), ese cuerpo femenino se convirtió en el icono central del destape, condensando significados como “la modernidad, el placer, la libertad, la vida” y, en última instancia, la propia democracia. Sin embargo, esta representación no estuvo exenta de contradicciones: el mismo cuerpo que simbolizaba la liberación fue también objetivado, fetichizado y mercantilizado. De hecho, la autora señala que terminó siendo utilizado para vender desde revistas y entradas de cine hasta productos de consumo, transformándose así en “el mejor negocio de la democracia” (Milanesio, 2021).

 

El “destape” de las disidencias sexuales

 

El fenómeno conocido como el destape posterior a la última dictadura argentina, a pesar de su aparente apertura sexual, mantuvo un carácter predominantemente heteronormativo. Si bien el sexo se convirtió en un tema central en el debate público, esta nueva visibilidad no se extendió hacia el reconocimiento de diversas identidades y orientaciones sexuales. La comunidad homosexual continuó enfrentando persecuciones incluso en el contexto democrático.

A pesar del viento en contra, el activismo gay comenzó a reorganizarse tras los años de represión. Un hito fundamental fue la creación en 1984 de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), organización que tuvo en Carlos Jauregui a uno de sus fundadores y principales referentes. Paralelamente, algunos medios de comunicación alternativos como las revistas El Periodista, El Porteño y Cerdos & Peces, abordaron en sus notas la situación de discriminación y violencia que enfrentaban las disidencias sexuales, dando cuenta de una realidad mayormente ignorada por los grandes medios de comunicación. En las dos últimas centraremos nuestro análisis. A pesar de visibilizar la situación que vivían las disidencias sexuales aún en democracia, las revistas hicieron foco en las problemáticas que viven los gays. La situación en que se encontraban las lesbianas era doblemente invisibilizada, por la sociedad y por su misma comunidad.

La llegada de la epidemia de VIH a mediados de los ochenta intensificó la estigmatización hacia la comunidad homosexual. Lejos de generar una respuesta solidaria o informada, el desconocimiento inicial sobre la enfermedad se combinó con prejuicios preexistentes, situando a los homosexuales como un peligro público y reforzando su exclusión social.

No obstante, el propio destape ofreció herramientas simbólicas para contrarrestar la cultura del miedo heredada de la dictadura. La posibilidad de acceder a revistas eróticas o películas pornográficas, más allá de su contenido predominantemente heteronormativo, representó para muchos argentinos un acto de reapropiación de su sexualidad. Este consumo hoy puede parecer trivial, pero funcionó en su contexto como un mecanismo concreto de afirmación identitaria y de resistencia frente a décadas de censura y autorrepresión.

 

“Imaginen a los dinosaurios en la cama”. La represión sexual en dictadura

 

La censura cultural y sexual no era una práctica novedosa en la Argentina: había acompañado a los distintos golpes de Estado desde 1930. Sin embargo, el dispositivo censor aplicado durante los años setenta alcanzó un grado de sistematicidad y rigor sin antecedentes.

Para el autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional, la educación y la producción cultural constituían ámbitos especialmente propicios para la reproducción de ideas consideradas subversivas. Inmerso en esta lógica, la defensa del orden moral cristiano se entretejía con el anticomunismo. Desde esta óptica, la subversión y la revolución se relacionaban y correspondían con la libertad sexual y la sexualidad.

Los medios de comunicación, el cine y las artes eran vistos como espacios inquietos y difíciles de disciplinar; por eso se convirtieron en objetos privilegiados de vigilancia. La dictadura buscó erradicar cualquier manifestación que pudiera cuestionar su programa moral, combatiendo aquello que nombraba como un germen capaz de desestabilizar el orden social (Milanesio, 2021).

La dictadura militar argentina abogaba por una cultura basada con una subordinación a la moral católica. Esta cultura promovida por el gobierno, priorizaba valores como la familia, el decoro, la patria y el orden tradicional, lo que se materializó incluso en el sistema educativo con la incorporación de la asignatura Educación Moral y Cívica. Esta materia buscaba impartir "un orden moral fundado en la voluntad de Dios", donde la familia cristiana era la base social y el padre ejercía la autoridad, mientras que la madre e hijos cumplían roles asociados a "la ternura y el amor", subordinados estos bajo el mando de los varones (Milanesio, 2021).

Para implementar el control y la censura cultural, el régimen desplegó un aparato censor multifacético, que contó con el respaldo y apoyo de grupos ultracatólicos. Como señala Milanesio, organizaciones como la Liga de Padres de Familia y la Liga de Madres de Familia afirmaban en un comunicado: “de nada valdrán grandes planes económicos, políticos y sociales en pro de la familia y de la comunidad, si no combatimos la inmoralidad en todos los terrenos, desterrando el erotismo, la pornografía y la violencia de los medios de comunicación” (2021, p. 43). En agradecimiento a ese apoyo, la dictadura colocó a miembros de estas organizaciones en cargos clave dentro de las agencias censoras, como la presidencia del Ente de Calificación Cinematográfica.

El Ministerio del Interior clasificó las amenazas al orden moral en tres categorías: la obscenidad, la inmoralidad y la inmoralidad subversiva, asignando responsabilidades específicas para cada. La represión de la obscenidad, entendida como pornografía y asociada a la excitación de los instintos sexuales más bajos y el ataque a las buenas costumbres, quedaba bajo la jurisdicción de la justicia penal. Por su parte, la censura de la inmoralidad, vinculada al hedonismo, el goce sensorial y el libertinaje, era responsabilidad de los gobiernos municipales y provinciales. Finalmente, la llamada inmoralidad subversiva, definida por el Ministerio del Interior como el desprecio hacia la vida, la sociedad, la familia, la tradición nacional y los valores éticos, era combatida directamente por esa cartera (Milanesio, 2021).

La sexualidad se integró del amplio espectro de lo que denominaba ideología subversiva, un concepto flexible que iba desde el aborto hasta la experimentación sexual (Milanesio, 2021). Esto llevó a una práctica editorial marcada por la autocensura: en lugar de referirse a hombres y mujeres, muchas publicaciones optaban por usar los términos esposas y maridos para evitar toda alusión a relaciones extramatrimoniales. La censura era tan severa que cualquier contenido considerado inapropiado podía llevar a la confiscación de tiradas completas o al exilio forzado de periodistas y directores. Un caso emblemático fue el de Oskar Blotta, director de la revista Satiricón, quien fue secuestrado y obligado a abandonar el país luego de que la publicación fuera clausurada (Milanesio, 2021). Las denuncias por contenido inmoral podían provenir tanto de instituciones privadas y ciudadanos que acudían a los tribunales, como de organismos estatales que utilizaban estas acusaciones para sancionar otro tipo de críticas, como la oposición a medidas gubernamentales.

El área cultural que pertenecía al cine fue censurada y controlada por el Ente de Calificación Cinematográfica (ECC), creado en 1968 durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Si bien las dictaduras anteriores ya habían establecido controles sobre la vestimenta y las expresiones culturales, la última dictadura militar llevó la represión y sistematización de la censura a un nivel sin precedentes.

El crítico de cine, Miguel Paulino Tato asumió la dirección del Ente de Calificación Cinematográfica (ECC) en 1974 y se convirtió en un símbolo de la represión cultural durante los últimos años del peronismo y en particular en la dictadura, llegando a prohibir 337 películas y aplicar cortes o modificaciones en aproximadamente 1200. A partir de 1978 y hasta 1984, el organismo fue dirigido por el abogado Alberto León, un referente de la Liga de Padres de Familia. Bajo su gestión, el número de películas censuradas disminuyó, lo que refleja el progresivo debilitamiento del régimen militar.

El mundo editorial también fue duramente perseguido. Miles de libros fueron quemados por tener contenido “subversivo”. Editoriales tuvieron que cerrar y los escritores tuvieron que escapar del país y asentarse en el extranjero. El número de publicaciones anuales cayó en picada de 5 millones en 1976 a 1,3 millones para 1980 (Landi, 1984, p. 111). La lista de libros censurados es muy larga, tan amplia como variada en sus temáticas por las cuales recibieron su censura. Los libros que fueron censurados por su contenido erótico y sexual son:

-Los grandes delitos sexuales- Badanelli, Pedro

-Aphrodisiac: erotic drawings- Boyce, John

-El nuevo desorden amoroso- Bruckner, Pascual- Finkielkraut, Alain

-Cómo suprimir las preocupaciones masculinas- Chesterman, John- Marten, Michael

-El goce del sexo- Confort, Alex

-Tantra sex- Devi, K.

- La Nueva satisfacción sexual- Fast, Jullius

-Cómo compartir el placer- Gary-Bishop, Helen

-Los últimos días de la monogamia- Havas, Laszlo- Pauwels, Louis

-Sinceridad sexual: así nació el informe Hite- Hite, Shere

-Los problemas sexuales y sus soluciones- Jacobson. S

-The complet Book of Erotic Art- Kronhausen, Phyllis- Kronhausen Eberhard

-La joya del sexo- Lorbais, Jean

-Técnica del comportamiento sexual en la mujer- Malewska, Hanna- Amzalag, Gisse -1001 sueños eróticos- Masterton, Graham

-Posiciones (libro rojo del amor)- Mc Wislow, J

-A pictorical history of sex in the movies- Pascall, Jeremy- Jeavons, Clyde -Masterpieces of Erotic Photography- Pellegrini, M

-300 confesiones sexuales- Pisu, Renata

-Todo lo que el adolescente desea saber sobre el sexo- Preston, Harry, Margolin, Jeanette

-La memoria, el sexo y el hastío- Sarto, R -Mountain Ectasy- Slingel, Nik- Douglas, Penny

-Erotic Art of the Master- Smith, Bradley

-Técnicas sexuales modernas- Street, Robert

-Two woman in love- Volkman, Roy

-A pictorical history of striptease- Wortley, Richard. (Canedo, 2016).

La policía y el ejército daban apoyo para el control de las publicaciones para que la Dirección General de Publicaciones (DGP) supervisara los libros y publicaciones periódicas, todo bajo la jurisdicción del Ministerio del Interior, se controlaba el material que se encontraba en librerías y bibliotecas. También ordenaron la intervención de las editoriales.

Pero todo proceso de represión cuenta con su “válvula de escape” y este lugar lo vinieron a ocupar las comedias picarescas. Las cuales se filmaron en la dictadura, protagonizadas por Olmedo y Porcel. Abordaban temas prohibidos, como la infidelidad y el doble sentido, la figura del sexo sin amor y la presencia de mujeres como objetos con poca ropa. Sin embargo, estaban vacías de desnudos y de contenido sexual de forma explícita. Los integrantes del ECC justificaban su falta de censura ya que el sexo en ella era ridiculizado, expuesto a los ojos del público como “algo feo, torpe y vulgar”.[3] Estas eran solo aptas para mayores de edad y eran vistas sobre todo por el público urbano; generaban una idea de una falsa libertad y apertura sexual, pero carecían de contenido sexuales y eróticos “reales” (Milanesio, 2021).

En todos estos años de dictadura militar prosperó una censura por parte del estado represor, pero también la autocensura que existía en la constitución de la identidad sexual de los argentinos, que no solo venían sufriendo desde el ‘76, sino que operaba ya con los golpes de estado anteriores y aún durante periodos de mayor apertura. En los 60 mientras el mundo vivía una liberación sexual, el avance del feminismo y de las libertades con movimientos contraculturales, esta apertura no llegó a nuestro país con igual ímpetu.

La dictadura se coloca en un rol paternalista con la sociedad argentina, la infantiliza. Foucault en la Historia de la sexualidad hace referencia a la concepción que tiene la sociedad sobre la sexualidad de los niños, la cual se considera inexistente, al hacer eso se los reduce, se les quita la existencia. La sexualidad es una función “constitutiva del ser humano” (Foucault, 1976).

La sociedad con la llegada a la democracia hace su paso a los “adultos” porque decide que leer, que escuchar, que ver. En este mismo sentido es que se da el “show del horror”, no solo el sexo circula por los medios de comunicación, los crímenes cometidos por la dictadura, empiezan a ser retratados con amplios detalles. Criticado por la búsqueda de llegar a bordes totalmente macabros. Pero que también lo podemos entender en este paso que da la población a la verdad, a sacarse la venda y tomar conciencia de lo realmente se estaba ocultando, aun en plena democracia.

 

Las revistas culturales en la transición

 

Beatriz Sarlo hace referencia a las revistas como “antenas de lo nuevo”, útiles para dar cuenta de la coyuntura. La autora nos habla de que no hay nada más “vetusto” que una revista que responde siempre a los intereses e inclemencias de su época, es una respuesta al tiempo corto. Establece la distinción con el formato libro, pensado desde su concepción en una temporalidad de mediano y largo plazo. Las revistas además de dar respuestas a las necesidades públicas de un presente, se constituyen por un colectivo, los consejos de dirección (Sarlo, 1992).

Las revistas culturales son usinas para poder pensar una época, hacer una historia de la cultura sin recurrir a las revistas culturales es un sinsentido. Estas mantienen un estrecho vínculo con la esfera pública y nos expresa sus tensiones y redefiniciones (Patiño, 2006).

Lo que proponen las revistas con el tiempo pasan a ser parte de las instituciones, de los libros, y su formato queda anclado en el pasado como forma de producción y circulación, dejando fuera los textos que ellas incluyen. Si bien esto también puede producirse en libros, las revistas están ancladas a las decisiones de un conjunto para generar una reacción en el presente, intervenir para modificarlo. Todo esto las vuelve testimonios perfectos para las periodizaciones, objetos muy adecuados para la lectura socio-histórica. Son espacios habitados por discursos diversos, “un mapa de las relaciones intelectuales, con sus clivajes de edad e ideologías, una red de comunicación entre la dimensión cultural y política (Sarlo, 1992).

Las revistas culturales están totalmente ligadas a sus productores, intelectuales ligados a la coyuntura. Nos ofrecen en tanto información para poder reconstruir la historia de estos, cómo surgen esas redes y lo que se están reflexionando en estos grupos en distintas épocas. La transición a la democracia es una de ellas.

Una parte importante de intelectuales argentinos en los años ochenta estaban volviendo al país del exilio y otros podían expresarse con mayor libertad. El advenimiento de la democracia planteó un cambio en el pensamiento político-ideológico de muchos intelectuales que habían vivido los setenta en su juventud y abogaban por ideas de izquierda.

Durante los ‘80 se presenta un cambio en la cultura política, la cual pasa de ser de carácter autoritario a un nuevo tipo de cultura política democratizante. Un gran sector de los intelectuales hace crítica del pasado reciente, con prácticas revolucionarias, con un ideario más relacionado al autoritarismo que a la democracia. Por eso el periodismo literario o cultural nos permite visualizar ese proceso de reconfiguración de su identidad. Se genera una reestructuración casi total de las tradiciones político ideológicas de estos, se empieza a dar una autocrítica de su parte.

Durante años, el campo intelectual argentino estuvo influenciado por una cultura política de izquierda, cuyo paradigma dominante fue el marxismo, este se vio declinar ante un “un pensamiento socialista renovado, reformado, cercano al paradigma democrático, a tono con los aires socialdemócratas europeos del momento” ideas que traían muchos de los exiliados (Patiño, 1997). Se da una redefinición de la idea de cultura, con el advenimiento de la democracia, en tanto se redefine la función, el rol y la identidad del intelectual.

Los intelectuales que están pensando la cultura en transición pertenecen en general a un amplio sector de izquierda de los sesenta y sesenta. En este sentido, se puede establecer un parte aguas entre los que se quedaron durante el régimen dictatorial, logrando sortear la censura (como por ejemplo la revista Humor) y los que se vieron obligados a exiliarse. El exilio no contaba con la represión por ellos algunos debates se dieron antes para ese grupo. Como el caso de la revista Controversia, que desde México, en el 1979, empezó su consideración crítica de la tradición marxista, e incluyó en su número intelectuales procedentes de la izquierda y del peronismo revolucionario. Este debate se dio un poco después en revistas en la Argentina con disidencia cultural al régimen, entre las principales: Punto de Vista, Nova Arte (1978-1980), Brecha, El Ornitorrinco (1977-1987), El Porteño (1982-1992), entre las principales. Funcionando éstas como espacios de discusión crítico-cultural, que sí existía en los años 60-70 pero que se paralizó entre 1975 y 1976.

Los intelectuales de izquierda, con un paradigma que no reivindicaba precisamente la democracia, tienen que hacer una torsión hacia un nuevo tipo de cultura política democrática, y se suben al tren democrático. En estos términos, durante la transición se da lo que Patiño denomina el “ocaso del intelectual revolucionario” (1997).

Las revistas nos permiten comprender esta temporalidad de transición post-dictatorial y de apertura democrática, con primeras impresiones, debates y posturas de los intelectuales argentinos. Estos debates también tuvieron lugar en revistas que alternaban las notas periodísticas, de actualidad y opinión con otras de carácter más cultural, donde confluyen intelectuales y periodistas. Revistas como El Porteño o Humor, eran algunas de ellas.

Si gran parte de los intelectuales estaban “abrazando” la democracia, tomando responsabilidades de los hechos políticos que habían ocurrido en los sesenta y setenta, haciendo una fuerte autocrítica. En este trabajo analizaremos un grupo de intelectuales, pero sobre todo periodistas que se encuentran mirando esta transición con desconfianza, utilizando las revistas culturales para denunciar y tratar temáticas vedadas durante la dictadura militar, y hasta para el mismo proceso de transición a la democracia.

 

Cerdos & Peces, la revista de este sitio inmundo

 

El Porteño, la "prehistoria” de Cerdos & Peces

La revista Cerdos & Peces, empezó a publicarse en el año 1983, como un suplemento de la revista de gran circulación, El Porteño. Esta empezó a publicarse en 1982, en dictadura aunque ya había comenzado su proceso de descomposición de esta, y cerró su publicación en 1993. Fundada por Gabriel Levinas, periodista y crítico de arte, tuvo como jefe de redacción a Miguel Briante y a Jorge Di Paola como secretario. El staff tuvo numerosos escritores y artistas de la escena de los ‘80, que se pasearon por distintas publicaciones. Entre ellos Eduardo Grüner, Jorge Gumier Maier, María Moreno, Olga Viglieca, Ernesto Tiffenberg, Eduardo Aliverti, Aníbal Ford, Eduardo Blaustein, Álvaro Abós, Andrea Ferrari, Rolando Graña, Juan Salina y María Eugenia Estenssoro. Hilda Lizarazu fue parte del proyecto como fotógrafa. También el periodista Jorge Lanata que subió su implicación hasta llegar a ser Jefe de redacción. La revista desde sus comienzos estuvo muy ligada a los organismos de Derechos Humanos, ocupando un espacio muy relevante. Como el caso de Augusto Conte referente de la lucha por los Derechos Humanos y cofundador del CELS. También las Madres de Plaza de Mayo tuvieron una columna desde Noviembre de 1983 (Liberczuk, 2022).

 

 

La revista desde un primer momento tuvo la intención de tratar cuestiones relacionadas al interés general y la cultura. No buscaba el tono político que alcanzó en poco tiempo producto de la coyuntura. Este viraje se dio después de la primera huelga general en oposición al régimen, la guerra de Malvinas con su posterior derrota y la apertura democrática. Tocó temáticas como el autoritarismo, los crímenes cometidos por el Estado, la ruptura del gobierno militar, la situación de los movimientos de derechos humanos y la vuelta a la democracia. Con la censura menguando también revisó asuntos que estaban prohibidos como: “la cuestión indígena, la cultura del rock, la exposición de sexualidades disidentes, la salud mental y el problema de las drogas” (Liberczuk, 2022). También fue precursora al contar con una sección orientada exclusivamente a la mujer llamada “La Porteña”, la cual estaba a cargo de María Moreno. En ella se trataban cuestiones e imágenes que cuestionaban el rol que siempre se les había adjudicado a las mujeres.

Antes que otros medios de comunicación la revista abordó la temática de la apropiación de niños y el trabajo incansable de Abuelas de Plaza de Mayo. La revista del mes de agosto de 1983 fue el primer medio de comunicación en denunciar que había más de 400 niños desaparecidos robados de sus familias. Contaba con declaraciones de Hebe de Bonafini, expresando que habían torturado niños en busca de que sus padres declararan. Se contaba también el caso de Clara Anahí, la nieta de Chicha Mariani, secuestrada en 1977.

La editorial de ese mes comparaba a los militares argentinos con los nazis. Además, anunciaba informes contra la Ley de Amnistía. En ese mismo mes salió por primera vez el suplemento Cerdos & Peces, el cual trataba sobre la legalización de la marihuana. Por estos motivos la revista sufrió un atentado en su redacción el 11 de agosto ubicada en San Telmo, con pocos días de circulación de la misma en la calle.

Luego del atentado a la revista, un grupo de militares civiles acompañados por policías federales allanaron la redacción y robaron documentos de la revista. La próxima edición tendría como contratapa la foto de un agente militar, vestido de civil, robando materiales. El atentado da cuenta de la situación de violencia, censura y represión que aún se vivía en el país, y también de lo frágil que sería la democracia en un primer momento.

En ese contexto de transformación, los elementos que en esta se hurgaba supieron trastocar los valores de la clase media, que tenía valores tradicionales como decencia, respetabilidad y estabilidad. La revista fue alcanzada por el fenómeno del “destape”, con un aumento del doble sentido en sus títulos e imágenes cada vez más provocadoras. La apertura se dio al mismo tiempo en las cuestiones referidas a sexualidad que se empezaron a tratar con relevancia como la anticoncepción y el aborto, la sexualidad y las sexualidades disidentes, distintas formas de concebir el cuerpo, entre otras. A su vez, tuvieron una mirada crítica hacia la iglesia inmiscuyéndose en los asuntos privados. Como expresamos las disidencias sexuales no fueron tomadas en cuenta en la gran mayoría de los medios del destape, no fue el caso del El Porteño, que contó con estas temáticas en sus números. Los referentes del movimiento gay, Grumier Maier y Perlongher formaban parte del staff de la revista.

El público de la revista era amplio y plural, donde el lector debía tener perceptibilidad de referencias culturales y variadas expresiones artísticas, ligadas a la movida del under porteño. Sus números salían mensualmente, lo que llevaba a que sus notas no fueran sobre noticias del día a día, sino que su lectura invita más a la reflexión. Sus lectores pertenecían a sectores medios progresistas en oposición a la dictadura.

 

Cerdos & Peces, el suplemento juvenil de El Porteño.

En agosto de 1983, la revista de este mes salió a la calle con un suplemento dirigido a los jóvenes. El formato de suplemento se debía a la oposición sobre todo de Miguel Briante y su grupo, a que Enrique Symns publicará en la revista. Consideraban que su trabajo no era serio, que sus notas no eran en rigor periodísticas.

Symns era el mayor exponente del periodismo gonzo en el país. Un estilo donde no se pretende que el periodista mantenga la objetividad, y las investigaciones pueden ser contadas en primera persona, donde muchas veces el periodista es el protagonista. Con una prosa más literaria que de redactor, tiende a tener un modo exagerado, recurriendo a la sátira para representar una fuerte crítica social. Este estilo conllevaba a que sus trabajos no fueran considerados como “periodísticos” por parte de sus compañeros del staff. El periodista exploró asuntos que por sí solos eran muy transgresoras para la época como drogas, prostitución, sexo orgiástico, pedofilia, delincuencia, problemáticas referidas a la salud mental. En muchos casos estas temáticas eran tratadas con un tono apologético, lo cual llevaba la transgresión a niveles inaceptables para los tiempos postdictatoriales.

Este programa de rebeldía animal llegó a qué Gabriel Levinas tomará la decisión de separar el suplemento de la publicación, dando como resultado que en el año 1984 Cerdos & Peces salga a la calle como una revista. Podemos inferir que no fue solamente la situación de discordia que generaba el estilo periodístico o las temáticas tratadas en el suplemento, también este tenía un público joven que estaba viviendo la transición a la democracia y que se encontraba interpelado por este grupo de “intelectuales marginados” que veían con desconfianza el proceso, y que además tendrán mucho por denunciar y expresar.

Dichos contenidos atravesaban tópicos tales como: drogas, prostitución, sexo orgiástico, pedofilia, delincuencia, entre otros temas controversiales para la época, fundamentalmente por el tono apologético que era transversal a todos los artículos desplegando e instalando un estilo que fue el sello editorial de Symns en lo que se esbozaba como revista a partir de 1984, luego de la decisión de Levinas de separar el suplemento de la revista.

 

Cerdos & Peces “se larga sólita”

En abril de 1984 salió el primer número de Cerdos & Peces independiente de El Porteño. Después de siete largos años de dictadura militar, la democracia se había recuperado y se firmó un nuevo pacto social alrededor de ella. Gran parte de los intelectuales apoyaron la democracia con fervor; entendemos que correctamente, ya que el poder de las fuerzas armadas era muy fuerte y podía hacer tambalear al nuevo y frágil modelo político, social y cultural que era el ideario de la democracia en estos primeros momentos.

Desde su materialidad era una revista que deja ver que no se contaban con fondos muy altos para la producción. El papel era lo que se conoce como papel obra, sin color. Solo la tapa y la contratapa eran en papel ilustración a color. Los primeros números donde centramos nuestro estudio no tiene pautas publicitarias, por ellos solo tendrá entre 42 y 46 páginas.

El staff en estos primeros años tenía en la dirección a Gabriel Levinas y como jefe de redacción a Enrique Symns. Esto cambia en el N°4 donde este último pasa a ser director y Levinas figura como director ejecutivo. Posiblemente este quería despegarse de la revista por el estupor causado en la opinión pública. Cuando la revista vuelve a salir a la calle en 1986, Levinas se separa del proyecto definitivamente. Entre los colaboradores nos encontramos con: Indio Solari, Juan Carlos Insua, Jorge Gumier Maier, Néstor Perlongher, Laura Haimovichi, Eduardo Berti, Marcelo Fernández Bitar, con historietas de Rocambole.

 

La transición democrática desde Cerdos & Peces

En este periodo de transición democrática, conocido como primavera alfonsinista, se discuten y cambian los postulados ideológicos de la década anterior (De Diego, 2023). Las revistas nos permiten conocer el presente en el cual surgieron, como describimos más arriba. Lo nuevo en el ‘83 es el nuevo pacto democrático que se estaba gestando en la Argentina. La representativa frase de Alfonsín “Con la democracia se vota, se come, se cura y se educa” expresa el clima de esperanzas e ilusiones con respecto al nuevo proceso. Pero la revista Cerdos & Peces toma una posición diferente. Es una antesala a la desilusión que después se vivirá con el alfonsinismo, y dejan expuesto en sus diferentes secciones y notas los límites de este modelo de gobierno. Es más, la revista buscará constantemente transgredir estos límites. La postura de este grupo responde al horror, la profunda represión y la violencia ejercida desde el Estado durante siete años de dictadura.

La revista pasó los limites aceptados por la sociedad postdictatorial y escandalizó a la sociedad y al gobierno, haciendo apología de las drogas, de la pedofilia y del robo, y dándole voz a las disidencias sexuales. Symns en entrevistas hace referencia a que el “gobierno que más nos persiguió fue Alfonsín”. A su vez agrega: “nos hizo un favor porque vendimos”. Estos dichos dan cuenta de que había un público que era interpelado por la revista. Sobre todo los lectores jóvenes, que se sentía parte, se veían representados en las problemáticas y en la desazón con la reciente democracia, que todavía tenía vestigios del proceso dictatorial.

Entendemos que la revista está escrita desde los márgenes hasta los márgenes. Los intelectuales se inscriben y se reconocen como outsiders. Es desde la periferia que rescatan lo residual y lo marginal de la sociedad, interpretando en clave de denuncia, de mostrar lo “podrido”, lo “feo” y redefinirlo poniéndolo en valor. Todo esto en una época transicional, donde nada es permanente y lo general es la incertidumbre. Esta “marginalidad” no está asociada a lo económico, ni siquiera a lo social, sino como este espacio que habitan los que se salen de la norma, los que van a parar a las cárceles y manicomios, en las sociedades de control. Y se revaloriza todo esto que durante la dictadura fue censurado y pasado por alto, pensando siempre en un ideal de sociedad católica y heterosexual.

 

La cultura sexual en Cerdos & Peces

Tomaremos en este análisis los primeros cuatro primeros números para poder dar cuenta de la construcción de los primeros momentos del proceso transicional y sobre el tipo de construcción de la cultura sexual. Como desarrollamos anteriormente, conforme cae el poder del Proceso empieza a ceder la censura ejercida por el gobierno. La cultura sexual de los argentinos, que estuvo reprimida estrictamente a lo privado y bajo la moral cristiana, vira hacia lo que se conoce como “el destape”. Es en el marco de este proceso de transición y destape sexual que hacemos el análisis de la revista Cerdos & Peces.

Enrique Symns, principal cerebro detrás del proyecto, se encontraba exiliado en España cuando allí se daba “el destape”. El fenómeno del destape fue una reacción a los 40 años de dictadura franquista. Podríamos inferir que Symns fue influencia por este destape de la cultura sexual que estaban viviendo los españoles.

Durante 1984 salieron a la calle cuatro números de Cerdos & Peces y todos los números tienen un alto contenido erótico, con una gran mayoría de notas donde se abordan el sexo y la sexualidad. En esta instancia primigenia de la revista, con tonos experimentales la revista no tiene secciones fijas muy marcadas. Situación que cambia con los años, y sobre todo cuando la revista vuelve a editarse luego de cerrar para finales del ‘84.

No obstante, podemos encontrar dos apartados constantes: Clítoris, escrita por Erika Kirchner, y Glande, redactada por Tristan Heckel (ambos nombres son seudónimos). Otra de las secciones fijas que podemos ver en este periodo es la destinada a las disidencias sexuales, sección Gay como la llamaban, escrita por Jorge Gumier Maier, artista plástico y curador. En la última edición que se da en este periodo la sección tiene como corresponsal en Brasil a Néstor Perlongher, poeta, periodista, sociólogo y uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual Argentino surgido en 1971.

Si bien el destape sexual había puesto el sexo, las sexualidades en boca de todos, el paso de lo privado a lo público, era puramente heterosexual. Los medios masivos de comunicación eligieron no tratar las disidencias sexuales, lo opuesto a este grupo que conformaron Cerdos & Peces. En el primer número de abril 1984, la Sección Gay escrita por Gumier Maier, titulada “Azules Vs. Rosas” la cual se encuentra atravesada por la desilusión hacia la reciente democracia expresando:

 

Elecciones en más, almas sensibles creyeron en un reino de la libertad que bajaría a nos. Una suerte de socialdemocracia, permitiría a B.A. asemejarse a Ámsterdam, tal vez Barcelona (¿Sitges incluido?). El toque latino, (Brasil y Caribe), no se haría faltar: música y bailes en las calles, vestimenta audaces y coloridas. La posibilidad de entablar una relación con cualquier desconocido. Una fauna heterogénea poblaría parques y calles... En muchas locas cabecitas... se incubaba la idea: “esto está floreciendo”. Luego supimos que aquellos diminutos pimpollos eran todo los que nos habría de deparar esa primavera tardía; y que el rojo y el blanco elegante (que tantos gays ostentaron en sus vestimentas, y así escudados, inmunes se diría, paseaban desafiantes frente a la cana) no nos proveyeron del resto de los colores.[4]

 

La nota continúa referenciando que el color que no estaría es el rosa, dejando en claro que la democracia es para los heterosexuales y que los gays seguían recibiendo la represión de la policía, que para este entonces era exactamente la misma, con los mismos ideales, que durante los 7 años de dictadura. Las conocidas razias policiales sobre la comunidad gay seguían sucediendo, y lo denunciaban con una nota completa que sobre el final argumenta “La represión es UNA. El represor es UNO y él mismo”. El ministro del Interior Antonio Troccoli es uno de los integrantes del gobierno que marchita esa esperanza. En una entrevista declara “La homosexualidad es una enfermedad y nosotros pensamos tratarlas como tal”.[5] Los distintos segmentos de la revista se cuestionan acerca del deseo. Lo ponen en tensión y lo llevan a un límite que escandaliza y transgrede al lector hoy en día. Lo que en ella se describe aboga por la libertad, pero esta es llevada a un punto donde choca con lo moralmente aceptable. Es el caso de la revista de N° 3 con una nota escrita por Enrique Symns, donde se hace una clara apología de la pedofilia. Desde el primer párrafo se la define como “amor a los niños”. En ella hay una foto de una nena desnuda, la cual escandalizó a la sociedad de la época al punto de recibir denuncias por parte de sectores conservadores relacionados a la Iglesia Católica.

En la misma revista de mayo de 1984, la sección Clítoris, en su desarrollo se plantea desde el título: “Violadoras violadas”, el “Drama de las seductoras”. En este escrito se expone que muchas mujeres son violadas día a día, en contra de su voluntad. Pero que hay otro grupo de mujeres que fantasea y tienen como objeto de deseo ser violadas. Glande el apartado que acompaña en la página siguiente, es titulado “La fantasía es un sueño para el deseo”, continúa esbozando que en la mente son libres, “así nadie puede penalizar ni reprimir a menos, claro está, que nos hayan hecho la cabeza y creamos en la existencia de buenas y mala fantasías”. Este planteo totalmente lógico luego de la censura y autocensura sufrida durante los años de represión militar. Pero posteriormente trasgrede en el discurso al decir: ¿a quién puede molestarle que deseo besarla a esa niña de siete años que viste en el colectivo?, De esta manera pone en tensión problemáticas a nuestro entender totalmente tabúes e inaceptables para la época. Aun cuando el sexo habita las publicaciones, los programas de televisión, el cine, este grupo de intelectuales lo lleva hasta el límite del desagrado.[6]

Entendemos que esta transgresión que atraviesa la revista tanto en el sexo como otras temáticas, consumo de drogas, la delincuencia, la locura, no es producto del azar. Cuando Enrique Symns comenzó a escribir para El Porteño, ese “otro” al que oponerse era el gobierno de facto de las fuerzas armadas. Ahora con la recién llegada democracia, oponerse a la hegemonía de la cultura sexual requería de una transgresión aun mayor, era necesario ser “lo peor de lo peor”.

En julio de 1984, se emite el último número de la revista, de esta primera etapa, hasta que regresa en 1986. En la página 29 el segmento Glande se muestra firmado con el nombre de Osvaldo Darío Vigna, poeta y periodista, es el único que no está escrito bajo el seudónimo de Tristan Heckel. La sección es titulada “Otros manoseos sobre la masturbación”. En ella hace referencia a la masturbación como acto de placer sexual, realizando un recorrido por los distintos estadios etarios del sujeto y como esta práctica está presente, tomando la escuela freudiana tradicional. El psicoanálisis recorre gran parte de la nota, posteriormente tomara a Carl Gustav Jung caracterizándolo como “eximio trepador del inconsciente” el cual considera gracias al descubrimiento del “inconsciente colectivo” que la masturbación es común a toda la humanidad. En el último párrafo de su escrito Vigna hace referencia a la necesidad de educación sexual dirigida a todos los sectores de la sociedad.

El reingreso del psicoanálisis como teoría y práctica es propio de la época del “destape”, de la transición a la democracia. Durante los años del Proceso se persiguió a los psicólogos y en distintas universidades del país la carrera de Psicología fue cerrada o amoldada a los estándares ideológicos de la dictadura. Freud era considerado como un autor “peligroso” junto con Marx. Es también durante la transición, sumado a los cambios que este proceso trae a la cultura sexual de los argentinos, que se retoma la problemática de la salud reproductiva y la anticoncepción. Un problema urgente por la gran cantidad de embarazos adolescentes, “los hospitales de Rosario y Buenos Aires atendían a pacientes embarazadas de 12 y 13 años de edad” (Milanesio, 2021). Esta situación conlleva a que se empiece a reclamar la importancia de la educación sexual en los jóvenes.

Las inclusiones de estas problemáticas en la revista nos dan cuenta de su relación con la coyuntura. Con las problemáticas que entorno a la cultura sexual de la época que estaba en un periodo de constante transformación y avance hacia libertades sexuales que los sujetos habían perdido, en lo colectivo y en lo individual, tanto por la censura como por la autocensura.

Los que conforman la revista se encuentran y se inscriben dentro de una contracultura. Término que toman del historiador estadounidense Theodore Roszak, desarrollado en su libro El nacimiento de una contracultura publicado en 1968. El grupo dirigido por Enrique Symns se construye en función de la cultura hegemónica, como lo opuesto a ella. Ante el “destape sexual” los intelectuales de la revista llevan el erotismo, el deseo, la sexualidad, las prácticas sexuales hacia los límites inaceptables para la sociedad en transición.

 

Conclusión

 

La revista Cerdos & Peces da cuenta de ese presente en transición cultural. Esperanzador para muchos intelectuales argentinos, por la llegada de un nuevo pacto democrático y una nueva cultura política. Decepcionante para otros, como es el caso del grupo de intelectuales que conforman la revista Cerdos & Peces.

La revista escribe desde los márgenes para los márgenes de la juventud de la época que no se siente representada por los medios hegemónicos. Los intelectuales de nuestro objeto de estudio transgreden todos los límites sociales aceptados en la búsqueda de conformar una identidad contracultural propia, totalmente opuesta a la que se está gestando en la sociedad argentina durante la transición.

En la cultura sexual que mutó con la transición a la democracia de lo privado a lo público, el fenómeno del “destape” caracteriza este paso, que decantó en una nueva construcción de la identidad sexual de los argentinos. El psicoanálisis, el sexo y la sexualidad pasó al ambiente público, dejó de estar reprimido. Estas temáticas que el destape sexual pone “sobre la mesa” son tratadas en la revista liderada por Enrique Symns pero desde una postura transgresora en la que hacen apología de “lo peor de lo peor” de la sociedad.

Creemos que frente al destape sexual ubicado como la hegemonía cultural sexual, este grupo construye y piensa su contracultura sexual en oposición a este, corriendo sus límites hasta niveles que la sociedad post dictatorial no tolera. Lo cual conduce a su cierre hasta que se vuelve a retomar su publicación en el año 1986.

 

Bibliografía

 

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Sitios

 

https://es.rollingstone.com/arg-enrique-symns-el-heroe-del-whisky/

https://www.comisionporlamemoria.org/argentina-1983/11-de-agosto/

https://www.infobae.com/cultura/2022/04/03/la-historia-de-el-porteno-o-la-trama-secreta-del-periodismo-progresista-en-los-anos-80-de-symns-a-lanata/

https://www.topia.com.ar/articulos/psicologia-represion-y-resistencia#:~:text=La%20mayor%C3%ADa%20de%20las%20carreras,el%20proyecto%20de%20la %20dictadura.

 

Videos

 

Documental sobre la revista Cerdos&Peces https://www.youtube.com/watch?v=U5sXOyijO40&ab_channel=OscarZippo

 

 

Recibido: 02/11/2024

Evaluado: 21/11/2025

Versión Final: 09/12/2025

 

 



(*) Profesora de Historia (Instituto de Educación Superior N° 29 "Galileo Galilei"). Argentina. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0009-0000-9209-3248

[1] Entrevista a Enrique Symns, documental “Revista Cerdos&Peces” https://www.youtube.com/watch?v=U5sXOyijO40&ab_channel=OscarZippo

[2] Este artículo es una reelaboración del Trabajo final de la cátedra de Seminario de Investigación Histórica de la carrera de Historia del Instituto de Educación Superior N° 29 "Galileo Galilei" bajo la dirección del Prof. Manuel Núñez.

 

[3] Citado en Gindi y otros, 1987, p. 105.

[4] Cerdos & Peces. Buenos Aires, N° 2, Abril 1984.

[5] Enrique Symns: “Troccoli y las reglas del juego”, El Porteño, Buenos Aires, N° 29, 29.05.1984.

[6] Cerdos & Peces. Buenos Aires, N° 2, Mayo 1984.