Agro, ambiente y Estado en la región yerbatera argentina (siglo XXI)

 

Lisandro Rodríguez (*)

 

ARK-CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/x0iqmarfs

 

Resumen

 

La propuesta de esta contribución es abordar la dinámica agraria y ambiental en la producción yerbatera argentina, con epicentro en la provincia de Misiones. El objetivo principal es estudiar las formas que asume esta producción en las primeras décadas del siglo XXI y su relación con el ambiente en contexto está determinado el avance del agronegocio, la concentración capitalista y las asimetrías entre los sujetos sociales agrarios. La fuente principal de este artículo son las publicaciones referidas a la yerba mate y la sustentabilidad ambiental en la revista Bien Nuestro publicada por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La intención es reconocer qué propuestas medioambientales sostienen desde este organismo oficial y de alcance nacional.

 

Palabras clave: Región Yerbatera; Medio Ambiente; Agro-Estado.

 

 

 

 

Agriculture, environment and the state in the Argentinean yerba-producing region (21st century)

 

Abstract

 

The purpose of this contribution is to address the agricultural and environmental dynamics of Argentine yerba mate production, with a focus on the province of Misiones. The main objective is to study the forms that this production has taken in the first decades of the 21st century and its relationship with the environment in a context determined by the advance of agribusiness, capitalist concentration, and asymmetries among agricultural social actors. The main source for this article is publications on yerba mate and environmental sustainability in the magazine Bien Nuestro, published by the National Institute of Yerba Mate (INYM). The intention is to identify the environmental proposals supported by this official, nationwide organisation.

 

Key words: Yerba Mate Region; Environment; Agro–State.

 

Agro, ambiente y Estado en la región yerbatera argentina (siglo XXI)

 

Introducción

 

En término ambientales, la provincia de Misiones representa un espacio valorado internacionalmente por contener el último remanente continuo de selva paranaense. En la actualidad se conserva sólo el 7% de la masa boscosa que existía a inicios del siglo XX, del cual el 20% se sitúa en Misiones y el resto se presenta disperso regionalmente. Las características naturales de la región -compartida entre la Argentina, Brasil y Paraguay- forman un hábitat que alberga un sin número de especies de plantas y animales. La Ecorregión del Bosque Atlántico del Alto Paraná se encuentra situada sobre uno de los mayores reservorios de aguas subterráneas del mundo, el Acuífero Guaraní. Este reservorio se extiende sobre un total de 1.200.000 km2 desde la región centro-oeste del Brasil, a través del Paraguay, hasta el sur y el sureste de Brasil, el noreste de la Argentina y el centro-oeste del Uruguay (Di Bitetti, et al, 2003).

Misiones desarrolló una economía relacionada principalmente a cultivos agroindustriales, entre los que sobresalen la yerba mate[1] (Ilex paraguariensis), el té y el tabaco. Estas producciones modelaron las explotaciones agrícolas y al sujeto social agrario al amparo del Estado Nacional desde fines del siglo XIX. Actualmente, el sector agrario -con sus procesos de diferenciación social y económica- está integrado por diversos tipos de empresas, que conviven con modernas agroindustrias capitalistas y grandes explotaciones forestales con predominio de capitales internacionales (Bartolomé, 1975; Ramírez, 2017; Scalerandi, 2011). El predominio de las pequeñas explotaciones, la especialización en determinados cultivos (yerba mate, tabaco y té) y las condiciones inestables de comercialización que exhiben estos productos, constituyen las características principales del agro misionero (Schiavoni, 1995).

La propuesta de este artículo es describir el vínculo producción yerbatera- medio ambiente y el impacto que provocó el sostenimiento de un modelo basado en el monocultivo en las primeras décadas del siglo XXI. La delimitación temporal responde a la premisa de identificar los alcances del modelo neoliberal y la dinámica del capital en el agro y en el medioambiente en una región periférica y de frontera. Coincide además con la consolidación de la foresto- industria en la provincia y con los primeros ensayos de prácticas sustentables -como experiencias sui generis- llevadas a cabo por productores yerbateros en sus explotaciones, como así también con el regreso de la intervención oficial en la agroindustria yerbatera a partir de la creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La problemática que articula este trabajo gira en torno al interrogante si resulta factible la convivencia entre un proceso productivo asociado a la lógica capitalista y el equilibrio ambiental. En este sentido, este escrito pasará revista sobre las principales características del cultivo yerbatero, los auspicios oficiales en la consecución de esta producción, fijando la óptica en enunciados como desarrollo sustentable, conservación y crecimiento. Además, el desafío consiste en identificar cómo se pondera a la naturaleza desde los distintos programas oficiales. En este sentido, interesa considerar cómo la problemática ambiental es puesta en la agenda política, al tiempo que es necesario estudiar los vínculos que se establecen desde la mencionada arena y el desarrollo científico. En este sentido, la historia ambiental aporta herramientas fundamentales para analizar y comprender el accionar antrópico (Zarrilli, 2022).[2]

Las diferencias argumentativas, teóricas e ideológicas respecto del ambiente se polarizan entre las perspectivas que consideran que es posible lograr un equilibrio entre el actual modo de producción y el cuidado ambiental y aquellas que en las antípodas niegan tal consonancia. Las primeras se hallan enmarcadas en la denominadas economía ambiental y promueven el desarrollo de los mercados con medidas conducentes al cuidado medioambiental. En este sentido, el mejoramiento de las técnicas de producción, la reducción de la contaminación a través de técnicas sustentadas científicamente serían las soluciones posibles (Treacy, 2020). Las segundas más próximas a la ecología política o el marxismo ecológico cuyas premisas “se caracterizan por considerar que para el logro de la sustentabilidad es necesario un cambio social radical, en el sentido de que este no puede ser logrado ni a través del mercado ni en el marco del modelo de acumulación vigente” (Toledo López, 2009 citado en Treacy, 2020). En esta línea es posible advertir la discusión metodológica y conceptual que propone el término capitaloceno en contraposición a la categoría Antropoceno. Mientras que esta última es enmarcada como una definición apolítica, la primera refiere al impacto del modo de producción capitalista es el principal factor de la crisis ambiental contemporánea (Moore, 2020).

Partimos del postulado que tanto la crisis ambiental como su tratamiento son problemáticas sociales y que deben ser analizadas a partir de esta lógica (Aledo Tur y Domínguez Gómez, 2001) y que el abordaje de la situación problemática requiere una interrelación sociedad- naturaleza- cultura y no un estudio de cada una de esas variables como compartimentos estancos e individuales. Para dar cuenta del objeto en estudio recurrimos principalmente a una metodología cualitativa. A partir de la selección de números de la revista Bien Nuestro[3] publicado por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) abordaremos las categorías analíticas enunciadas en el párrafo anterior. Con la premisa de realizar una triangulación con datos cuantitativos, utilizaremos guarismos provenientes de censos y publicaciones oficiales, que serán puestas en diálogo con las voces productores recuperadas en entrevistas y trabajos de campo. Sostenemos la hipótesis de que la promoción de una actividad yerbatera sustentable se desarrolla en el marco de una forma productiva que no ataca al monocultivo ni a la lógica del capital en el agro.

El artículo está organizado en tres acápites (además la introducción y las consideraciones finales). En el primer apartado referimos a la actividad yerbatera propiamente dicha y cómo la lógica del capital estructuró la región en estudio. La contradicción hombre- naturaleza constituye una piedra angular para comprender la apropiación de una planta silvestre y su adaptación como un cultivo industrial. En el segundo apartado, presentamos de manera sintética las políticas estatales destinadas al cuidado ambiental en las últimas décadas del siglo XX, con la premisa de comprender las determinaciones que asumen en las primeras décadas del presente siglo. La dicotomía conservación con o sin presencia de seres humanos ocupa un lugar central en las discusiones del periodo y dan sustento al modelo que pretendemos presentar en el último acápite. En este sentido, en la sección final de esta contribución presentamos -a partir de la revista enunciada- cuáles son las determinaciones que asume el INYM en relación a la actividad yerbatera y el medio ambiente.

 

Yerba Mate: de la selva a la chacra

 

La relación hombre- naturaleza registró en el territorio misionero dos periodos diferenciados: la del frente extractivo (fines del siglo XIX y principios del XX), cuyo vínculo se centró en la explotación y apropiación de yerbales en estado silvestre y montes naturales y, la etapa de cultivo (principios del siglo XX hasta el presente) que diseñó la producción bajo la lógica capitalista (Abinzano, 1985). El accionar antrópico propició el retiro de las plantas de yerba mate de su hábitat natural para ubicarlas a cielo abierto y en unidades continuas. La conformación de la región yerbatera argentina se consolidó entonces a expensas del avance del hombre sobre la naturaleza. La alteración de este equilibrio estuvo acompañada del fomento por parte del Estado de una producción en base al monocultivo. Esta decisión condicionó la estructura agraria misionera y explica en parte las condiciones actuales de su desarrollo.

El proceso histórico referido se inició durante la primera mitad del siglo XX, cuando Misiones formaba parte de los denominados Territorios Nacionales y las decisiones recaían exclusivamente en el Ejecutivo Nacional. En este periodo, el espacio misionero cumplió el rol de frontera agraria, donde la colonización y el fomento inmigratorio ocuparon un lugar sustancial. Las selvas ubicadas en el nordeste provincial fueron las últimas sobre las que avanzó la frontera agraria, donde la tierra fue apropiada y puesta en producción por los pequeños productores, integrados tempranamente al complejo agroindustrial tabacalero y asalariados, eventualmente de las empresas forestales (Schiavoni, 2006; Ferrero, 2008).

 

Mapa I: Cultivos de yerba mate en la República Argentina (mapa de calor)

 

Mapa

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Fuente: Mapa Interactivo de la Producción Yerbatera Argentina (2025) Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM)

 

En cuanto al vínculo de la producción- medio ambiente y Estado se cuentan con antecedentes que provienen de Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), institución que junto con “la autorización de nuevas plantaciones de yerba en la década de 1950 establece la obligatoriedad del uso de curvas de nivel, generando el concepto de cuidado de suelo para una mayor productividad” (Bien Nuestro, Posadas, 2013, p. 4).

 

Ya en la década de 1970 y a través de un convenio firmado con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y el Gobierno de la provincia de Misiones para el desarrollo de tecnología; se impulsaron los primeros ensayos de plantaciones de alta densidad de yerba, superando las 1000 plantas por hectárea que originalmente aconsejaba la CRYM; se introducen los primeros ensayos de control químico de malezas; se concretan experiencias de estacionamiento acelerado de yerba mate y se fabrican los primeros prototipos para cosecha mecánica de la yerba (Bien Nuestro, Posadas, 2013, p. 4).

 

En el último cuarto del siglo XX e inicios del XXI, la estructura agraria misionera se caracterizó por la preponderancia de la expansión foresto- industrial, acompañada por un proceso de concentración de tierras, donde las explotaciones de más de 5000 hectáreas representaban el 35% de la superficie provincial.

 

Cuadro I: Explotaciones agropecuarias en Misiones (1960- 2018)

 

Año

Hasta 5 hectáreas

de 5 a 25 hectáreas

más de 200 y hasta 1000

Más de 1000 y hasta 2500

más de 2500 y hasta 10000

más de 10000

1960

1755

11346

196

43

56

12

2002

1159

13586

676

99

43

19

2018

1255

11155

673

86

57

17

 

Fuentes: Censos Nacionales Agropecuarios [1960- 2002- 2018]

 

La consolidación de la industria forestal demandó enormes extensiones de tierra y provocó modificaciones sustanciales en la estructura agraria y en el medio ambiente (Ramírez, 2017; Scalerendi, 2011; Zang y Haugg, 2023). Los guarismos aportados por investigaciones científicas dan cuenta de esta dinámica. Para el periodo “1992-2004, la superficie forestada casi se duplicó, pasando de las 260.700 hectáreas a 420.700, lo cual significó un ritmo de crecimiento de 17.000 hectáreas por año” (Arzeno y Ponce, 2014, p. 81). En el otro extremo, el fin de la colonización y el agotamiento de la expansión de la frontera agraria, llevó al aumento en el número de explotaciones pequeñas, cuyo tamaño varía entre 2 y 15 hectáreas, lejos de las explotaciones de 25 hectáreas consideradas como rentables, y que ocupan el 11% de la superficie provincial.

 

Las causas de la degradación ambiental de la ecorregión están asociadas a situaciones históricas y actuales de desigualdad social. Esto se puede ver claramente cuando se observa el patrón desigual de tenencia de la tierra que, en general, es similar en los tres países. En Misiones, el 93% de los productores tienen propiedades de menos de 100 ha, lo que representa sólo 1/3 de la tierra productiva. El resto de las actividades se realiza en grandes propiedades que ocupan los otros 2/3 de la tierra productiva. La tendencia a la concentración de la tierra en manos de unos pocos propietarios, mientras la mayoría de la gente posee pequeñas parcelas, ha aumentado en las últimas décadas (Di Bitetti, et al, 2003).

 

Desde finales de la década de 1980, cuando la frontera agraria estaba terminando de ocupar las tierras fiscales con selva y, a partir de la década de 1990 con el fortalecimiento de la foresto- industria, la imagen de los colonos, e incluso la de los pueblos originarios, se transformaron y comenzaron a ser presentados como los “destructores de la selva”. Esta representación simbólica contribuyó a la legitimación política y la necesidad de crear Áreas Naturales Protegidas:

 

En las políticas de creación de Áreas Naturales Protegidas, las poblaciones indígenas fueron expulsadas de las tierras que ocupaban, y donde se crearon Reservas, tal es el caso del Parque Provincial Cuña Pirú, se expulsó a dos comunidades, o fueron invisibilizadas, porque al crearse Reservas en tierras por ellos ocupadas, no consta su presencia en las actas o leyes de creación, tal es el caso de la mayor parte de los Parques Provinciales y de la Reserva de Biosfera Guaraní (Ferrero, De Micco, 2011, p. 181).

 

Además de la expansión de la frontera agraria, en Misiones se registró un proceso de concentración capitalista de la producción, manufactura y comercialización de los cultivos tradicionales en manos de acopiadores y molineros, quienes controlaban los precios de la materia prima, generaban cada vez mayor dependencia de los productores pequeños y medianos, los que se fueron descapitalizando y empobreciendo (Schvorer, 2003, p. 40). La profundización de los procesos de diferenciación social agraria y crisis de los cultivos tradicionales (como la yerba mate), generó, además, la expulsión de la población rural a los centros urbanos más importantes de la provincia (particularmente obreros rurales y pequeños productores) (Rau, 2012). Los datos estadísticos grafican esta realidad dado que, del total de 1.273.347 habitantes de Misiones, el 79,72% radica en zonas urbanas y el 20,28% en zonas rurales (IPEC, 2022). Esta tendencia se consolida a partir de la década 1980, periodo en que la población rural seguía siendo mayor que la urbana para el total provincial (Rodríguez, 2018).

En los últimos años, como consecuencia del cambio de políticos estructurales, las posibilidades de reproducción social de la pequeña y mediana producción agrícola quedaron en jaque. Éstas presentaron históricamente dificultades para hacer frente a las fluctuaciones de los precios y las diferentes determinaciones ejercidas por los mercados nacionales e internacionales. La retracción del Estado en la década de 1990 a partir de políticas desreguladoras y el proceso de concentración capitalista que vivió el país en este periodo, golpeó duramente en el sector agrícola en general y en las pequeñas y medianas explotaciones familiares, en particular (Barsky y Gelman, 2009; Slutzky, 2011).

En este contexto, se consolidó en Misiones un polo de desarrollo rural alternativo, aglutinado en torno al uso de métodos participativos y la defensa de la pequeña agricultura. Estaba integrado por ONG, sindicatos agrarios y agencias estatales vinculadas a la ejecución de programas compensatorios (Programa Social Agropecuario, 1993; Pro-huerta, 1994, y proyectos de la Unidad de Minifundio de Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria INTA). Este polo alternativo puso en circulación representaciones de marginados de las dinámicas dominantes (Schiavoni, 2006). Las políticas estatales para el desarrollo rural se extendieron en todo el país y formaron parte de una agenda gubernamental, donde las regiones y los actores fueron constantemente interpelados (Lattuada, Márquez y Neme, 2012).

 

Estado y política ambiental en Misiones en las últimas décadas del siglo XX

 

A fines de la década de 1970 se constituyó en la provincia un sector conservacionista bajo la premisa de salvar las últimas porciones de selva paranaense, antes de ser transformadas en espacios productivos. La base de este modelo radicaba en la perspectiva de que, para conservar la naturaleza, la misma debía estar separada de las sociedades humanas. En este sentido:

 

La expansión de la agricultura se ha identificado como la mayor causa que subyace al proceso de fragmentación del bosque en la ecorregión del Alto Paraná. Las principales actividades económicas que han llevado a este proceso de conversión del bosque nativo incluyen cultivos anuales (soja, caña de azúcar, maíz, trigo, algodón, tabaco) y cultivos perennes (café, yerba mate, té y plantaciones de pino y eucaliptos). La cría de ganado es también una actividad económica importante en la ecorregión que, generalmente, requiere de la conversión del bosque nativo en pastizales para pastoreo. La importancia de estas actividades económicas difiere a nivel regional dentro de la ecorregión debido, principalmente, a las diferentes historias y patrones de desarrollo de los tres países (Di Bitetti, et al, 2003).

 

En 1977 se sancionó la ley provincial 854 de conservación de la riqueza forestal, con el objetivo de organizar y regular la explotación de los bosques nativos e implantados, como así también ordenar el territorio a través de la figura de las reservas forestales. Esta ley adhirió a la Nacional 13273 sobre defensa de la riqueza forestal, sancionada en 1948 con el objetivo de lograr la protección, mejoramiento y ampliación de los bosques (Ferrero, 2008). Este parámetro conservacionista se asociaba con la noción de “culto a lo silvestre” (Martínez Alier, 2009), en tanto corriente que reivindicaba la necesidad de preservación medio ambiental, frente a la acción del hombre sobre la naturaleza. A partir de esta corriente, surgieron en los Estados Unidos los primeros parques nacionales y áreas de conservación ambiental y la lucha por la preservación de especie de la flora y fauna en extinción (Pinto Henrique, 2011).

En Misiones, el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales -primera repartición ambientalista provincial de la Argentina- se creó en 1984. Fue la institución responsable de efectivizar esta política a través de la creación del modelo estadounidense de parques[4] y áreas protegidas en contraposición al avance de la frontera agrícola. En este sentido, ubicaba la actividad productiva y a los productores rurales como responsables del deterioro y el desmonte. La mayor parte de las reservas naturales de la provincia se encuentran en el norte, región donde predominan las áreas de selva y las empresas madereras.

En concordancia con la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos de Argentina 26.331 sancionada en 2007, la provincia de Misiones promulgó en 2011 la Ley XVI Nº 105 de ordenamiento de Bosques Nativos, aplicando la escala de colores utilizada por la legislación nacional (rojo, amarillo, verde) (ver mapa I). Un estudio realizado en 2020 por la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones dio cuenta que la superficie total de bosque nativo fue de 1.612.558 hectáreas, de las cuales 233.083 has. corresponden a la categoría I (rojo) caracterizado por espacio de alto valor de conservación y que no debe transformarse; 901.617 has pertenecen a la categoría II (amarillo), distinguido por un mediano valor de conservación con posibilidad de aprovechamiento sostenible, turismo,

recolección e investigación científica y 477.858 has. son de la categoría III (verde), que significa bosques de bajo nivel de conservación que pueden transformarse total o parcialmente (UNaM- FCF, 2020).

 

Mapa II: Zonificación Bosques Nativos en Misiones

 

Mapa

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Fuente: https://mapalegal.crea.org.ar/otbn/misiones

 

Desde mediados de la década de 1990 se registraron una serie de transformaciones en la relación entre pobladores rurales y el sector ambientalista. Surge la noción de “conservación con población” (Ferrero, 2008). En este sentido, se pretendía integrar a las poblaciones locales, que dejaron de ser consideradas como enemigas de la naturaleza y pasaron a ser valoradas por ciertas cualidades, pasando a tener un mayor contacto con lo natural, posibilidades de producir alimentos sin uso de agroquímicos, así como contar y reproducir conocimientos sobre el ambiente local y su manejo.

Esta lógica propia del enfoque participativo, representaba una diferencia sustancial con el paradigma conservacionista, porque apunta al desarrollo de las comunidades, otorgándoles poder de decisión. Al mismo tiempo, el Estado comenzó a intervenir en la regulación del espacio junto a ONGs de desarrollo y conservación, movimientos sociales y pobladores locales. En este proceso, los problemas sociales de las comunidades originarias y los productores rurales comenzaron a ser abordados por actores interesados en la conservación ambiental, y pasaron a ser considerados como cuestiones ambientales. En este sentido, se produjo una “ambientalización” de los problemas sociales y de las políticas públicas:

 

El actual paradigma participativo de conservación, el colono y el indio se presentan como potenciales aliados para la conservación. A los colonos se los considera como poseedores de capacidades para una producción artesanal, a pequeña escala, que se opone al tipo de producción que llevan a cabo las grandes empresas forestales, que transforman grandes extensiones de selva en monocultivos de coníferas (Ferrero- De Mico, 2011, p. 181).

 

En la provincia se registraban experiencias de movimientos sociales con fuerte contenido ambiental, próximos a la noción de ecología popular postulada por Martínez Alier que incluía a los conflictos sociales con contenido ecológico (Martínez Alier, 2009). A mediados de la década de 1990 la organización contra las represas hidroeléctricas ocupó un lugar sustancial en el escenario misionero. La dualidad crecimiento económico e impacto ambiental devinieron en ejes nodales de la discusión. Este acontecimiento interpeló a la sociedad toda y se constituyó en la primera y única consulta popular [referéndum] realizada en Misiones con un contundente triunfo del No a Corpus (proyecto hidroeléctrico), que se impuso por el 88% de los votos (Primera Edición, 14/05/2025). Casi de manera sincrónica se creó el Grupo Ecologista Cuña Pirú, como forma de resistencia y lucha en la provincia de Misiones. Sus objetivos se centraban en la conservación de la biodiversidad de la selva misionera, la protección de los ríos, la restauración y plantación de árboles nativos (Misiones Online, 16/01/2022).

En el siguiente acápite se ponderan la relación producción yerbatera- ambiente a partir de guarismos publicados por un instituto oficial que reglamenta la actividad y que articulaba su accionar con otras instituciones del Estado como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). La producción sustentable constituye uno de los parámetros fomentados por el INYM y que son expuestos y publicados por la revista Bien Nuestro.

 

Yerba mate y ambiente: La Visión del INYM y la revista Bien Nuestro

 

El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) se creó en 2002 como ente oficial no estatal.[5] Las luchas de los productores contra la desregulación neoliberal constituyeron una de las fuerzas motrices que dieron origen a este organismo.

 

A fines de la década de 1990 la situación era insostenible. Pedíamos 16 centavos el kilo de yerba y nos pagaban 3 centavos de promedio, en algunos casos 4, en otros casos 4 centavos, nos daban vales de comestibles. Toda esto desencadenó en el famoso tractorazo que fue el puntapié inicial para que se cree el INYM (Comunicación Personal, Hugo Sand, dirigente agrario ex presidente de la APAM, septiembre de 2022).

 

Desde su creación se han diseñado programas conducentes a mejorar a la actividad en sus distintos eslabones. En este sentido:

 

impulsa desde el año 2007 investigaciones científicas para optimizar los diferentes eslabones de la cadena yerbatera, superando los 50 proyectos en marcha, de lo cual 6 son sobre aspectos que influyen en la calidad del producto; 12 sobre desarrollo de nuevos productos; 7 sobre procesos industriales; 3 sobre propiedades nutricionales y funcionales de la yerba mate, y 1 sobre yerba mate como prevención de enfermedades metabólicas o degenerativas. Este año el Instituto trabaja además en convenio con el CONICET y creó la Base de Datos Documental Bibliográfica sobre Yerba Mate y Salud (Bien Nuestro, Posadas, 2017, N° 19, p. 3).[6]

 

Para la redacción de este artículo utilizamos algunos ejemplares del órgano de difusión oficial de la entidad. La revista Bien Nuestro es una publicación bimestral del INYM, cuyo principal objetivo es divulgar las principales informaciones de la actividad yerbatera. Las distintas secciones que conforman este medio son escritos por agentes pertenecientes a la entidad, al tiempo que se recuperan entrevistas, relatos históricos y en determinados números se incorporan trabajos de personas externas.[7] Para nuestro propósito seleccionaremos algunos números donde se aborden la relación ambiente y producción de yerba mate. Además, consideramos algunas publicaciones de la sección informativa “producción sustentable” del mencionado organismo.[8] La óptica estará puesta en las aristas mencionadas en la introducción, es decir, producción sustentable, crecimiento y conservación.[9] En este sentido, daremos cuentas del accionar antrópico y pasaremos revista por experiencias concretas en chacras misioneras para contrastar con el interrogante inicial de si es factible lograr un equilibrio a partir de un modelo productivo enmarcado en la lógica del capital o, de lo contrario si se requiere experiencias alternas y sujetos sociales dispuestos a enfrentar el desafío.

En el año 2010 se puso en marcha la ejecución de un Plan Estratégico para el Sector Yerbatero bajo el lema: “Una actividad yerbatera con la mayor cantidad de actores, competitiva, socialmente responsable, equitativa y ambientalmente sustentable, que ofrezca al mundo productos naturales, genuinos y de calidad” (Revista Bien Nuestro, 2014, N°9, p. 4). El objetivo de dicho plan consistió en articular cada uno de los eslabones de la cadena y proyectar un accionar conjunto por un periodo de 10 a 15 años. En esta proyección se ponderaban a los distintos sujetos que integraban la agroindustria yerbatera, como así también a técnicos y profesionales de distintas áreas y especializaciones. El saber experto ocupó un lugar sustancial tanto en la agenda del organismo, como así también en las medidas implementadas respecto de la producción y la sustentabilidad.

 

Desde el INYM sostenían que hay tres ejes fundamentales de trabajo: el manejo de las plantas, el ambiente y el suelo. Este último es quizás el más trascendente, ya que en las chacras donde trabajamos iniciamos un proceso de recuperación que llevará tiempo en lograr resultados, que apunta a contar con suelos que proporcionen nutrientes, agua y minerales en forma permanente para la yerba mate (Bien Nuestro, Posadas, 2023, N°, 48, p. 18).

 

En este marco, las formas productivas dieron pie a la necesidad de establecer vínculos más armoniosos con el ambiente, pero sin abandonar la lógica productivista y mercantil. La incorporación de unidades yerbateras con mayor rendimiento y densidad por hectárea ocupó un lugar fundamental en la estrategia diseñada. Entre los postulados para sostener esta tesitura se encontraban las observaciones realizadas en yerbales con una antigüedad superior a los cuarenta años, incluso existían muchas unidades que aún conservan plantaciones de la etapa de colonización de principios del siglo XX, con un importante grado de deterioro y atado a rendimientos menores (Rodríguez, 2018).

Entre las acciones ejecutadas sobresalía el denominado “plan 3 x 1” que buscaba alentar a una mayor productividad a partir de plantar una “nueva hectárea de yerba mate de origen policlonal en un remanente de suelo de buena calidad, con insumos y asistencia que provee sin cargo (y con asesoramiento técnico) el INYM, (Buen Nuestro, Posadas, 2013, p. 10). Lo novedoso de esta propuesta radicaba en el intento de dinamizar las chacras puesto que alentaba a “sustituir tres hectáreas improductivas de yerba mate al cabo de 5 años de iniciado el proceso, por otra actividad agrícola, ganadera o forestal, adecuada a las condiciones del suelo” (Buen Nuestro, Posadas, 2013, p. 10). La capacidad de acumulación de los sujetos sociales devino en condicionante de este plan. Los pequeños y medianos productores no siempre pudieron dar cuenta de un cambio tan estructural, aún con la ayuda y auspicio del organismo mencionado (Rodríguez, 2024).[10]

El número de julio de 2013 dedicó unas páginas a uno de los primeros inmigrantes con perspectiva conservacionista en Misiones. Bajo el título “Roth, más vigente que nunca” la publicación da cuenta sobre la necesidad de repensar las formas productivas. La noción de cuidado ambiental prevalece entre las líneas dedicadas al inmigrante suizo y la experiencia realizada en su chacra de Santo Pipó, unidad que contó de manera primigenia con la producción orgánica de la yerba mate en la primera mitad del siglo XX. Por su labor, Roth fue condecorado en 1957 como el mejor conservacionista del Río Grande.[11]

El suelo pasó a ser una variable fundamental en la relación producción y conservación. En este sentido, señala que “Roth nos enseñó que la clave es dejar una cubierta verde y mover lo menos posible la tierra, enriquecerla (...). Por eso, en esta chacra muchos yuyos pasaron de ser enemigos a aliados de la producción” (Bien Nuestro, Posadas, 2013, N°2, p. 8). En el mismo número y con el título “Hay que mirar bien que hay en el suelo” el ingeniero agrónomo Ángel Fediuk, alentaba a los productores a pensar en cubiertas verdes como metodología apropiada para el cuidado de los yerbales (Bien Nuestro, Posadas, 2013, N°2, p. 10). Además, la edición mencionada dedicó un apartado titulado “con sombra mejor” donde se puntualizaba sobre las condiciones naturales en la que creció la yerba. La propuesta de INYM y sus técnicos consistió en estudiar la manera de insertar nuevamente sombra a los yerbales misioneros. Entre los beneficios señalaban que, con el granizo, por ejemplo, hay poco daño porque la yerba mate está más protegida. Otra mejora es que se atenúa el efecto del viento y es beneficioso, porque con el viento las hojas pierden más agua y a la larga se genera una merma de los rindes (Bien Nuestro, Posadas, 2013, p. 13). Además, “estos agroecosistemas, biodiversos, presentan una mayor resiliencia respecto a los monocultivos a cielo abierto, pudiéndose sobreponerse a condiciones climáticas extremas, como las sequías prolongadas (Bien Nuestro, Posadas, 2021, N° 34, p. 16).

El accionar antrópico bajo la lógica capitalista se encargó -como mencionamos- de extirpar a los yerbales de su hábitat natural y promover el cultivo continuo que actualmente conforma el paisaje misionero. Desde el INYM sostienen que la yerba mate

 

es una especie que no está adaptada al sol directo; tiene una corteza muy sensible a las condiciones que se dan a cielo abierto y basta recorrer los yerbales para ver que las ramas que tienen exposición al sol de la tarde, o aquellas en posición más horizontal sobre todo (que abren la copa) que reciben directamente el sol del mediodía, están fuertemente dañadas, con grandes secciones afectadas, o descascaradas (Bien Nuestro, Posadas, 2021, N° 34, p. 16).

 

Este accionar antrópico fue acompañado por el retiro de las cubiertas de las chacras bajo el sistema de carpida y rastra. También dio pie a la utilización de agrotóxicos para la eliminación de las malezas. La “idea” de un yerbal limpio estuvo acompañada por el contraste verde de las plantas y el suelo rojo, despojado de todo tipo de “yuyos” (ver imagen I).

 

Imagen I: Plantaciones de Yerba mate en suelo sin cubiertas

 

Jirafa de pie sobre superficie terrosa

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Fuente: Revista Bien Nuestro, INYM, 2014, p. 10

 

Más allá de las recomendaciones difundidas por el INYM (sistematizar el cultivo, empastar caminos internos, mantener los suelos con cubiertas vegetales naturales o implantadas durante todo el año, disminuir el laboreo mecánico, suprimiendo el uso de la rastra, preservar las fuentes de agua, mantener cobertura arbórea nativa tanto dentro como fuera del yerbal) y el accionar de algunos productores, fue posible observar que los problemas se mantienen en el tiempo. El ingeniero del INTA, Alberto Sosa señaló

 

los suelos yerbateros están en un estado de degradación alto; no es que no podamos producir yerba, sino que tenemos limitantes: compactación, bajo nivel de materia orgánica y bajo nivel de nutrientes. La mayoría de los suelos están en esas condiciones (Bien Nuestro, Posadas, 2017, N° 20, p. 11).

 

La noción de cubiertas y la yerba bajo sombra ocupan un lugar central en las actuales producciones agroecológicas y orgánicas de los yerbales misioneros (Gallero, 2019; Schiavoni, 2022). Un joven productor agroecológico de la zona centro de la provincia resume esta modalidad productiva:

 

Mi papá empezó ya a fines de la década del ´90 con la producción más sustentable abandonando el uso de productos químicos para desmalezar. Nosotros seguimos con la modalidad y empezamos a ensayar metodologías. Incluimos primero vacas y luego ovejas en las plantaciones de yerba. Sumamos árboles y entonces tenemos plantas bajo sombra y cubiertas en el suelo (Comunicación Personal, Johan, productor agroecológico. Oberá, 2023).

 

Un relevamiento del Servicio de Extensión Yerbatero (SEY) del INYM indica que las plantaciones de yerba mate en la zona productora (Misiones y norte de Corrientes) cuentan con 28.841,10 hectáreas de cobertura arbórea, lo que representa un aporte de importancia tanto en el posicionamiento del producto ante la creciente demanda de alimentos sanos vinculados a la naturaleza como en el equilibrio ambiental en la región de la Selva Paranaense o Mata Atlántica (INYM, 09/05/2024, p. 1). Estos datos se pueden ilustrar a partir el mapa interactivo del INYM

 

Mapas III y IV: Superficies de yerba mate bajo cubiertas arbóreas en Misiones y Corrientes

 

Mapa

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Fuente: Mapa Interactivo de la Producción Yerbatera Argentina (2025). Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM)

 

La práctica presenta antecedentes vinculadas a las prerrogativas sugeridas por los técnicos del INYM. En este sentido, en una chacra ubicada en la zona centro de la provincia un productor decidió en 2015 utilizar distintas estrategias para generar cubiertas al suelo de su yerba

 

dejamos los tallos del maíz, que se corta antes de florecer, en el suelo; no entramos con máquinas pesadas ni con arado; los caminos están empastados para evitar la erosión hídrica, plantamos grevillea hace tres años y también, claro, usamos cubiertas verdes. Con eso la tierra no se compacta y logramos conservar y recuperar sus nutrientes, sus microorganismos (Bien Nuestro, Posadas, 2015, N° 15, p. 5).

 

Las recomendaciones iniciales del organismo se traducen en el Programa de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) que consiste en optimizar las prácticas de manejo de las plantas y suelo del yerbal, garantizando, además, la seguridad laboral de los trabajadores (Revista Bien Nuestro, 2019, N° 30, p. 12). Además, desde la comunidad científica y en conjunto con actores que conforman la agroindustria yerbatera se vienen realizando estudios que centran la óptica en las propiedades de la yerba mate y en la tecnología de producción, cuyos aportes permiten establecer diálogos entre los postulados del INYM y aquellas que provienen de otros ámbitos como las empresas yerbateras, el universitario, el INTA y otras carteras estatales (Schmalko, Prat Krikum y Kanzig, 2015).

Al tiempo que propuso la eliminación de agrotóxicos y componentes nocivos para la salud, el INYM promovió la utilización de un fertilizante orgánico cuya finalidad es multiplicar las hojas de la yerba mate.[12] Bajo la denominación “super magro” el producto basado en la descomposición de diversas materias orgánicas, y enriquecido con sales minerales se aplica como abono foliar para solucionar deficiencias de nutrientes y proteger a los cultivos de enfermedades (Bien Nuestro, Posadas, 2021, N° 39, p. 12). La producción sustentable es bajo las premisas del instituto aquella que no utiliza agrotóxicos.

 

El INYM promueve prácticas amigables con el ambiente, sin el uso de agrotóxicos, para una producción de calidad y sostenida en el tiempo. Con este sistema vamos hacia una producción de calidad libre de agrotóxicos y lo deseable es que se extienda a todos los cultivos, en consonancia con una provincia que milita la conservación de la Selva y el equilibrio ambiental como uno de sus objetivos centrales (INYM, 05/07/2024, p. 2).

 

Empero, existen experiencias en unidades productivas con yerba mate que no utilizan ningún agrotóxico, pero se distancian de los postulados del INYM:

 

nosotros hacemos agroecología a nuestra manera, no nos limitamos a lo que dice el INYM o la Secretaría de Agricultura Familiar con su famoso manual. Acá no hay químicos, tratamos de volver a prácticas de cubiertas en suelo y yerba bajo sombra, pero a nuestro modo, a partir de formaciones en talleres y estableciendo redes entre productores (Comunicación Personal, Fernando, Aristóbulo del Valle, Misiones, septiembre de 2023).[13]

 

Otra de las aristas contempladas en la actividad yerbatera radica en el proceso de elaboración del producto. La articulación entre distintas instituciones ocupó un lugar central en este accionar. Al INYM se sumaron el INTA, el INTI y la Universidad Pública (UNaM) con el objetivo de implementar medidas conducentes a cumplimentar con los objetivos trazados en el Plan Estratégico, es decir producción sustentable y armoniosa con el ambiente. Maximizar la producción constituyó un tópico sustancial en las estrategias a implementar. Si bien existía una crítica al monocultivo, las acciones se dirigieron a contrarrestar el impacto ambiental de determinadas conductas. Emergió en este sentido la relación “conservación con producción”, sin descuidar la tensión entre los costos ambientales que genera el crecimiento de la producción y el consumo, que deviene de contemplar a los recursos naturales como riqueza, pero también como restricción o limitación a la expansión del sistema económico (Carpintero, 2008).

Bajo esta consiga se diseñó el programa Buenas Prácticas Manufactureras (BPM) que alentaba a los productores a seguir las premisas trazadas por las entidades mencionadas las consideran necesario “mejorar en forma integral la calidad del procesamiento de la yerba mate a través de la implementación de buenas prácticas de manejo y tecnologías apropiadas, mediante asistencia técnica, financiera y capacitación” (Bien Nuestro, Posadas, 2016, N° 16, p. 5). En cuanto a la recepción desde el Instituto sostenían que

 

lo que se puede notar es que hay mucha predisposición en general en todos los secaderos, están entusiasmados y quieren trabajar en pos de adaptarse a estas normas de inocuidad alimentaria específica para yerba mate, que han sido muy bien recibidas (Bien Nuestro, Posadas, 2017, N° 21, p. 13).

 

En total son tres los proyectos del INYM, orientados a fortalecer el sector, que cuentan con el apoyo y el trabajo de integrantes del INTI

 

uno es el Programa de Buenas Prácticas en Manufacturas; el segundo es un estudio de asimetrías técnicas, tecnológicas y contables de los diferentes sistemas tecnológicos de secado de yerba, y el tercero es la asistencia técnica para la homologación y certificación de los quemadores instalados para el secado del producto (Bien Nuestro, Posadas, 2016, N° 16, p. 5).

 

Con respecto al secado, existen básicamente tres formas de realizar el proceso: barbacuá, a cinta y rotativo. Las investigaciones realizadas desde el INYM se concentraron en cotejar estas formas de secar la yerba a partir de la eficiencia energética y calidad del producto elaborado:

 

al comparar los distintos sistemas de secado se encontraron diferencias significativas en el contenido de polifenoles. Los mayores valores se registraron en el secadero barbacuá, seguido por rotativo y a cinta. En cuanto al color, en los parámetros de color b y chroma se aprecia que el secadero barbacuá registra los mayores valores, con diferencias significativas respecto a los otros tipos de secado. Sobre eficiencia, el secado en cinta mostró valores de 23,3 % de eficiencia, el rotativo alcanzó valores más bajos, de 19,5 % mientras que el sistema barbacuá no superó el 14 % de eficiencia (Bien Nuestro, Posadas, 2018, N° 22, p. 11).

 

Se diseñaron distintas estrategias para evitar utilizar madera nativa, proveniente del desmonte, fuera utilizada como elemento para la combustión. Es necesario mencionar que una de las primeras formas de llevar a cabo este proceso fue conocida en la región como barbacuá.[14] Muchos productores contaban con este sistema instalados en sus chacras. En trabajos anteriores hemos referido a la acción colectiva entre técnicos del INTA y productores de la zona centro para recuperar esta práctica, pero con un sentido conservacionista (Rodríguez, 2017). A fin de evitar la utilización de “leña” el INYM puso en marcha el plan de Tecnificación del Proceso de Secado, a través del cual desde 2011 financia el equipamiento de los secaderos para utilizar el chip como fuente de calor (Bien Nuestro, Posadas, 2012, N° 7, p. 7).

El modelo orgánico y con mayor énfasis el agroecológico fue alentado en los distintos números de la revista citada. Esta propuesta se encontraba en total sintonía con las decisiones políticas del gobierno provincial respecto de la relación producción- medio ambiente (Rodríguez, 2024). En 2014 el INYM dio cuenta de una producción de yerba mate bajo la denominación orgánica en la localidad misionera de Oberá:

 

el producto es producido, elaborado y transportado bajo estrictas normas de calidad certificada, sin ningún componente de origen químico o agroquímico de síntesis (herbicidas, pesticidas, fertilizantes no orgánicos), lográndose con ello mantener las propiedades vitales del producto y el valor y sabor natural del mismo (Revista Bien Nuestro, 2014, p. 12).

 

Siempre hemos dicho que la agroecología emancipa; hace que el productor se empiece a formar en darle vida a su establecimiento, y la vida arranca por entender que el suelo es un organismo vivo, que tiene que estar cubierto, con plantas espontáneas y muchas veces el productor puede ayudar en eso, sembrando leguminosas y otras que le devuelven fertilidad. Y en ese transcurrir el cuidado de las plantas, evitando el uso de agroquímicos que sabemos que quizás mejora un proceso, pero tiene efectos colaterales (INYM, 05/06/2023).

 

Imagen II: Yerbales agroecológicos con cubiertas vedes y bajo sombra

 

Una persona parado al lado de un árbol

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Fuente: Bien Nuestro, Posadas, 2023, N° 47, p. 14.

 

Para incentivar al compromiso de los sujetos sociales que integran la cadena productiva, el instituto premiaba anualmente a quienes seguían y se ajustaban a las BPA y BPM. El reconocimiento Buen Productor Yerbatero fue otorgado por el INYM desde el año 2013 a productores yerbateros que se destacaban por aplicar prácticas de manejo de plantas y suelo que contengan principios innovadores basados en condiciones de sustentabilidad, y que puedan servir de modelos productivos independientemente de la superficie, ubicación y nivel tecnológico o mecanización aplicada (Bien Nuestro, Posadas, 2019, N° 29, p. 7).

 

Consideraciones finales

 

En las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI, Misiones se constituyó en un espacio ambientalista que entró en conflicto con la presencia y expansión de los pequeños y medianos productores. En tal proceso intervino una modalidad particular de pensar la naturaleza y la sociedad a partir del parámetro conservacionista, que llevó a la postulación de políticas estatales derivadas en la creación de Áreas Protegidas y Reservas Naturales. Las transformaciones recientes permitieron que se establezcan ámbitos de diálogos y negociación entre este parámetro conservacionista y los sujetos sociales agrarios, hecho que permitió vislumbrar una disolución de la distinción dualista entre naturaleza y sociedad en el campo misionero (Ferrero, 2008).

En términos socio- económicos, los pequeños y medianos productores se vieron afectados por las modificaciones del contexto socio productivo, que se registraron a partir de la década del 1970 y se acentuaron en la de 1990, afectando a la composición de la estructura agraria de Misiones. La crisis de las formas clásicas de asociación, la concentración capitalista, el avance de la foresto- industria, provocaron el empobrecimiento de los productores rurales y fueron artífices de la descomposición social del agro provincial. En este escenario la noción de “cuidado y protección del medio ambiente” se hizo presente en la agenda pública. Con el transcurso del tiempo la “visión tradicional” de protección ambiental fue reemplazada por una lógica de conservación donde intervinieron, además del Estado, agrupaciones ambientalistas, científicos, movimientos sociales y productores rurales.

El propósito de esta contribución fue abordar cómo se pondera desde un ente oficial la relación producción- naturaleza- cuidado ambiental. En este sentido, estudiamos a la producción yerbatera en tanto eje central en la economía misionera y del norte de la provincia de Corrientes. El breve recorrido histórico nos permitió contextualizar la situación problemática, al tiempo que posibilitó dar cuenta de cómo se consolidó y por qué persiste el monocultivo yerbatero en muchas de las chacras de Misiones. La dinámica ambiental y las nociones de protección y cuidado cambiaron a la par de las modificaciones en la estructura agraria y responden en gran parte al desarrollo interdisciplinar realizado en contextos macros. En este sentido, desde la historia ambiental y desde distintos postulados teóricos y metodológicos la discusión sobre si es factible o no un desarrollo sustentable bajo la lógica de acumulación capitalista persisten.

Las publicaciones de la revista Bien Nuestro editada por el INYM nos permitieron reconocer la óptica y la posición conservacionista de un ente oficial y de injerencia nacional. La incorporación de todos los sectores que conforman la agroindustria yerbatera es una de las premisas que sostiene el organismo y de la que dan cuenta las distintas ediciones del órgano de difusión. Las páginas y notas seleccionadas nos permitieron corroborar la hipótesis inicial, al tiempo que nos obliga a re pensar las nociones de desarrollo sustentable, no como un mero eslogan, sino como una herramienta en el sentido que le otorga Arturo Escobar, es decir, que nos permita cuestionar la estructura de poder y atacar las desigualdades y el impacto ambiental (Escobar, 1995).

 

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Recibido: 23/04/2025

Evaluado: 23/05/2025

Versión Final: 19/07/2025

 



(*) Profesor en Historia (Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Misiones). Doctor Mención Ciencias Sociales y Humanas (Universidad Nacional de Quilmes). Docente Regular en la carrera de Historia (Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Misiones). Investigador Adjunto (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnica). Argentina. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1579-7222

[1] En esta agroindustria se registran 200 establecimientos secaderos y 105 molinos (Ministerio de Hacienda, 2018).

[2] No es el objetivo de este artículo realizar una historia ambiental. Empero, se recurre a elementos y variables de esta corriente analítica para poder comprender el objeto en estudio.

[3] Esta revista de publicación bimestral se editó desde 2013 hasta 2024 y se encuentra disponible en la página oficial del INYM https://inym.org.ar/. Para el presente trabajo el criterio de selección de número estuvo direccionado por las categorías analíticas que estructuran la contribución (producción sustentable, agroecología, conservación, cuidado ambiental).

[4] En esta lógica se enmarcó la creación del Parque Nacional Iguazú, que tomara forma definitiva en 1934. La obra fue pensada y diseñada por el reconocido paisajista francés Charles Thays, quien fue enviado a la región en 1902 para trazar un plano de las Cataratas del Iguazú y el primer proyecto de creación y ordenamiento de un Parque Nacional en el país. El objetivo de la creación de dicho parque fue proteger la selva misionera subtropical, desarrollar –desde lo económico y lo socio cultural- la región y afianzar la imagen de jardín virgen y natural, así como para preservar la belleza panorámica y su fauna y flora. Su proyecto consolida la soberanía nacional, dada la zona de frontera; permite el desarrollo de la energía hidráulica y facilita el turismo para visitantes así como la instalación de un casco urbano poblado con diseño radial (Carreras Doallo, 2012).

[5] Entre las funciones del instituto se encontraban la fijación de precio de la hoja verde y canchada, atribución que fue suprimida a partir del DNU 70/2023.

[6] Existen investigaciones académicas que centran sus análisis en otras ramas de estudios y se centra por ejemplo en las formas de consumo. Sobresalen en este sentido, las alternativas al tradicional mate cebado caliente y al tereré (mate frio). La utilidad como ingredientes de comida, bebidas gaseosas (como por ejemplo “Materva” que se elabora en EE.UU.), o productos de bellezas (como los jabones producidos en Brasil) (Schmalko, 2015).

[7] La revista es de distribución gratuita y los números utilizados para este artículo se encuentran disponibles en la página del INYM https://inym.org.ar/descargar/publicaciones/material-de-consulta/revista-bien-nuestro.html Como hemos hecho referencia, la selección de este órgano de comunicación responde a una decisión metodológica cuya premisa es estudiar cómo la relación producción- conservación y medio ambiente es postulada desde un ente oficial. No desconocemos, ni negamos que existan otras espacios y colectivos sociales que difundan información sustancial para los estudios de esta índole.

[8] Esta sección se ocupa de la difusión de materiales y noticias informativas breves sobre el quehacer del instituto respecto de la producción sustentable. Disponible en https://inym.org.ar/noticias/produccion-sustentable.html

[9] Además de las prácticas agrícolas, investigaciones recientes se centran en las propiedades y composición química de la yerba mate, al considerarla como un alimento funcional, debido a la cantidad de compuestos bioactivos que contiene. Prevalecen, entre otros componentes, las propiedades antioxidantes (Arguello y Scipioni, 2015). En la misma línea se destacan las investigaciones que califican a la yerba como una infusión con importantes aportes nutricionales y que, a partir de determinados usos, puede ser útil para la prevención de determinadas enfermedades como el cáncer (Brumovsky et. Al., 2015).

[10] Es fundamental considerar que las modificaciones socio- económicas en el largo plazo generando variaciones en el número de productores que se dedicaban a la actividad yerbatera. Los guarismos indican una reducción pasando de 13.234 en 1988 a 11598 en 2002 y 9.334 en 2020 (CNA, 1988; CNA 2002 e INYM, 2021).

[11] Para profundizar la temática consultar el trabajo de Cecilia Gallero: Entre la selva paranaense y el cultivo de la yerba mate: el aporte de Alberto Roth (1901-1985) a la historia ambiental de Misiones (Argentina).

[12] A partir de 2025 y por intermedio de la Ley XVI-Nº124 del 2020, se prohíbe en todo el espacio misionero el uso del glifosato, sus componentes y afines (…).

[13] El manual mencionado por el productor en la entrevista es el Manual Operativo. Sistema Único de Certificación Participativa (SUCP) publicado en 2019 por la cartera de Agricultura Familiar de Misiones, cuyo contenido refiere al “modelo agroecológico” que el Estado provincial lleva a cabo en el territorio.

[14] Para ampliar la información sobre este método de secado ver: Do Santos, Valeria (2013). Problemática de Sistemas Productivos Tradicionales: Abordaje Sociológico de Secaderos Barbacuá en las colonias de Zona Centro de la Provincia de Misiones orientados al Turismo. Tesis de Grado. Posadas, Argentina: FHyCS UNaM, (Inédito).