Transformaciones en el paisaje agrícola de Arequipa (Perú): andenerías, repartos de tierras y población indígena en el periodo colonial temprano

 

Felipe Mario Zapata Delgado(*), Percy Raúl Llanos Palomino(**),

José Marcial López Moscoso(***) y Ramón Orlando Maque Díaz(****)

 

ARK CAICYT:  http://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/7fqz7nh3l

 

Resumen

 

El estudio analiza la organización de asentamientos prehispánicos en Arequipa durante la colonia temprana, centrándose en la estructura agrícola previa a la llegada de los españoles. Contrario a la idea de una población estable, se revela una predominancia de comunidades itinerantes. A través del análisis de fuentes arqueológicas y etnohistóricas, como ordenanzas y registros de visitas, se evidencia que las áreas agrícolas y las comunidades indígenas sufrieron transformaciones significativas bajo el control español, incluyendo una reorganización de las andenerías y la redistribución de tierras. Los resultados indican una desconexión entre la demografía indígena y la capacidad agrícola, concluyendo que los asentamientos indígenas, principalmente de los grupos Collaguas, Condesuyos y mitmas del Cusco, consistían en aldeas transitorias enfocadas en una economía de subsistencia.

 

Palabras clave: Asentamientos primigenios; agricultura colonial; población indígena; Arequipa colonial temprana.

 

 

Transformations in the agricultural landscape of Arequipa: terraced fields, land redistribution, and indigenous population in the early colonial period

 

Abstract

 

This study examines the spatial organization of pre-Hispanic settlements in the Arequipa region during the early colonial period, with a particular emphasis on the agricultural landscape before the Spanish conquest. Challenging prevailing assumptions of a demographically stable indigenous presence, the research identifies a predominance of itinerant communities. Drawing upon archaeological evidence and ethnohistorical documentation, including colonial ordinances and visitation records, the study demonstrates that both agricultural zones and indigenous social structures experienced profound alterations under Spanish colonial administration. These transformations encompassed the reconfiguration of terraced agricultural systems (andenerías) and the redistribution of land. The findings suggest a notable disjunction between indigenous population patterns and the region’s agricultural capacity, concluding that the settlements, primarily associated with the Collaguas, Condesuyos, and Mitma groups from Cusco, were characterized by transient habitation and a subsistence-oriented economic model.

 

Key words: Primitive settlements; colonial agriculture; indigenous population; early colonial Arequipa.

 

Transformaciones en el paisaje agrícola de Arequipa (Perú): andenerías, repartos de tierras y población indígena en el periodo colonial temprano

 

Introducción

 

En Hispanoamérica, la fundación de ciudades se guío por la presencia de asentamientos humanos y agricultura importantes. Estos factores facilitaron el desarrollo urbano que llevó a la creación de ciudades reconocidas como patrimonio cultural (Benedetti, 2022; Davidson, 2017; Guerci & Mugueta, 2008; Rodríguez, 2021; Slavutsky, 2020), como es el caso de Cusco, Quito, Sucre, Chuquisaca, Ciudad de México y Oaxaca.

En los virreinatos de Perú y México, la temprana presencia española enfrentó dos realidades estrechamente entrelazadas: la densidad y movilidad de la población indígena y la apropiación de sistemas agrícolas preexistentes. Desde México hasta Chile, los nuevos centros urbanos se situaron allí donde los andenes, chinampas o camellones aseguraban excedentes, pero también donde las comunidades originarias podían ser movilizadas para sostenerlos (Mader et al., 2018). Este patrón coincidió con el más drástico colapso demográfico registrado en la historia: entre 1492 y 1600 la población autóctona pasó de unos 60 millones a apenas 6 millones de personas, liberando 56 millones de hectáreas que pronto se reforestaron y contribuyeron a una caída del CO₂ atmosférico del 47 – 67 %, el llamado “enfriamiento de la pequeña edad de hielo” (Koch et al., 2019). Así, la primera gran transformación climática de origen humano se tejió junto con los asentamientos primigenios de la colonia.

Con una fuerza laboral en rápida retracción, las instituciones de trabajo forzoso –encomienda y mita– demostraron ya en el siglo XVII su ineficacia estructural: la evasión tributaria, migraciones, las pugnas entre Corona y élites regionales y la propia caída productiva terminaron por minar su rentabilidad(Arroyo & Maurer, 2024). Al mismo tiempo, estudios de capital humano sugieren que los pueblos andinos partían de niveles educativos bajos, y aunque la aritmética básica mejoró con la evangelización, la brecha con los europeos persistió (Juif & Baten, 2013). Más que simples víctimas pasivas, estas sociedades desplegaron estrategias de movilidad estacional y reasentamiento, manteniendo infraestructuras agrícolas de escala regional sin anclarse definitivamente a ellas. Ejemplos contrastantes, como la triple fundación-abandono-refundación de Valdivia (1552 – 1645) y el patrón policéntrico de los cabis, lebos y rewes mapuche-huilliche(Munita et al., 2021), ilustran la variedad de respuestas locales frente a la expansión hispana.

Este artículo inserta el valle de Arequipa dentro de ese mosaico continental. Planteamos que la magnitud y perfección técnica de sus andenerías –obras previas al contacto europeo– no corresponden a asentamientos sedentarios y densos, sino a una ocupación transitoria protagonizada por Puquinas, Collaguas, Kuntis, Yanaguaras, Chumbivilcas y Mitmaes del Cusco.

Desde otra perspectiva, las narrativas decoloniales subrayan que las ciudades andinas fueron deliberadamente moldeadas para imitar modelos urbanos occidentales, ocultando la singularidad de sus culturas. Frente a este legado, voces críticas plantean la necesidad de deconstruir los conceptos epistémicos europeos y reivindicar identidades originarias (Boaventura de Sousa Santos, 2018; Escobar, 2010; Quijano et al., 2000; Rivera Cusicanqui, 2010)Arequipa se convirtió así en un espejo arquitectónico y discursivo de las urbes europeas, generando un relato regionalista que reproducía –más que cuestionaba– los patrones coloniales de poder y conocimiento.

La comparación continental revela, en suma, que Arequipa no fue una excepción sino un episodio singular de un fenómeno panamericano: la coexistencia de sistemas agrícolas avanzados con demos fluctuantes y la tensión entre imitación colonial y resistencia cultural. Este marco replantea la relación entre infraestructura agraria, demografía y poder durante la Arequipa colonial temprana, y llama a revisar los sesgos epistemológicos que aún moldean nuestra comprensión del pasado andino.

Es dentro de ese contexto, que las particularidades de Arequipa son complejas y diferentes al no ser un asentamiento principal como los fueron otros,  más bien “hechura española”,  ubicada en la región sur de Perú, su población bordea un millón 316 mil habitantes (INEI, 2017), de los cuales el 71 % reside en la capital del mismo nombre. Esto sido objeto de investigaciones que han reformulado la comprensión de su historia temprana. Tradicionalmente, se creía que fue poblada con la llegada de los Incas (Cieza, 1922; Garcilaso, 2010; Leguía, 1912). Sin embargo, las evidencias arqueológicas y estudios etnohistóricos han demostrado que antes de los Incas, existían grupos indígenas como los Collaguas, Kuntis, Yanahuaras, Chumbivilcas y Puquinas (Galdos, 2012; Hurtado, 1970; Sandoval, 2020), beneficiados por el río Chili y una red de acequias que facilitó una agricultura avanzada y sugiere una ocupación densa y zona administración eficiente del territorio mucho antes de la llegada de los españoles.[1] Sin embargo, observamos distorsiones en los planteamientos arqueológicos e históricos relacionados con los asentamientos iniciales de la colonia temprana. Estas deformaciones moldean discursos sobre la presencia autóctona en la fundación de las primeras ciudades en el Perú. Además, definen la preexistencia de etnias y señoríos que fueron utilizados para implantar conceptos de “civilización” que justificaban el yugo sobre los naturales (Livi, 2006).

Los estudios arqueológicos y etnohistóricos muestran que los asentamientos en la Arequipa prehispánica eran más variables que fijas en sus etapas iniciales. Para 1540, la agricultura utilizaba andenerías y chacras, adaptadas a la escasez de tierras cultivables, esencial para la sostenibilidad agrícola y seguridad alimentaria de la región (Davies, 1977, p. 183). El historiador Emilio Romero (2006) nos entrega una visión cruda pero objetiva del territorio peruano como inhóspito, marcado por la falta de tierras y agua, altitudes elevadas y volcanismo. Las áridas llanuras y vegetación escasa, usadas principalmente para pastoreo, dieron lugar a una economía de subsistencia familiar (Chayanov, 1974), pero también destaca el control de pisos ecológicos, trabajo colectivo, redistribución y reciprocidad (Murra, 1975), además en este sistema hubo intercambios interregionales (Pérez de Armiño, 2005; Rostoworoski, 2002; Zabala, 2005; Zapata, 2019).

En contraste, los colonizadores españoles impulsaron una economía extractivista y mercantilista, que ha decir de Spalding (1984) no era más que una economía del pillaje; aunque Lockhart (1982) sostiene que fue una economía adaptativa basada en una lógica europea y las condiciones económicas prehispánicas donde se configura en la explotación de recursos naturales, encomiendas, haciendas y el monopolio comercial(Brown, 2008; Contreras et al., 2010). Tanto los estudios clásicos como los más recientes coinciden en subrayar cómo la geografía condicionó severamente la expansión agraria en Arequipa y, en general, en la sierra sur peruana. Davies (1977) y Contreras (2009) destacan que, desde época prehispánica hasta bien avanzado el periodo colonial, la superficie arable era escasa y mal distribuida en los estrechos valles y quebradas del entorno arequipeño, lo que limitó la densidad de los asentamientos y obligó a estrategias agrícolas de alto riesgo, basadas en terrazas y riego intermitente. En la misma línea Polar (1891) y Tristán (2020) describen el paisaje andino como “áspero” y “agreste”, con suelos delgados y laderas abruptas que exigían ingentes esfuerzos de infraestructura hidráulica para hacer viable cualquier cultivo; esta dureza ambiental, señalan, explica tanto la modesta productividad de la región como la precariedad de sus poblaciones rurales. En conjunto, estos autores convergen en la idea de que la estrechez de tierras cultivables y la dureza del medio físico constituyeron el principal obstáculo estructural para el desarrollo agrícola y, por extensión, para el crecimiento económico y demográfico de Arequipa.

Ese es el contexto de esta investigación, donde se revisa la supuesta densidad de la población originaria en Arequipa, analizando factores como epidemias, guerras civiles y desintegración de sistemas económicos que contribuyeron a su drástica disminución (Borah & Assadourian, 1982; Cook, 2010; Lovell, 2020; Mellafe, 1980). Desde 1570, las epidemias fueron devastadoras, aunque se mantuvo la alimentación tradicional. La demanda creciente de trabajo, exacerbada por la asignación de tierras a los españoles, intensificó la explotación laboral indígena. Este estudio también destaca la itinerancia de la población indígena, particularmente los mitmas quienes fueron reubicadas en el imperio incaico, además de Collaguas, Chumbivilcas y Apurímac(Benavides, 1989; Murúa, 1890), cuya importancia en rituales como la Capacocha ha sido subestimada (Graulich, 2006; Julien, 2011; Socha et al., 2021); documentada en la visita del virrey Toledo(Málaga, 1975, 300).

En lo que respecta a la metodología es mixta de un lado el uso de informes arqueológicos y de otro el método histórico, que permitió explorar mejor la organización y distribución de poblaciones prehispánicas a la llegada de los españoles. En los informes arqueológicos, se examinó patrones de asentamientos, viviendas, enterramientos y andenerías, empleando detalladas estimaciones de las áreas de andenes (Cardona, 2002, 2004, 2010, 2015; Huanqui Hurtado, 1970; López, 2010; Quequezana & Quequezana, 2015); y el método histórico, desde la perspectiva interdisciplinaria, basado en una contextualización y análisis crítico (Arostegui, 2001; Bolívar, 2012; Briñis Zambrano, 2019; Denzin & Lincoln, 2012; Van Lent & Durepos, 2019) permitió la revisión de las provisiones de Pizarro de 1540 sobre el reparto de tierras, junto con otras ordenanzas y disposiciones, (Barriga, 1939, 1940, 1951, 1955; Cabrera, 1924; Echeverría, 1804; Travada, 1752) han sido fundamentales para entender el asentamiento español y la subyugación de los pueblos indígenas; además las Ordenanzas hechas en Arequipa en las reuniones de Cabildo y que fueran enviadas a España para su aprobación confirmadas en Valladolid el 4 de agosto de 1550, publicada en la revista Inédita por Eduardo Ugarte (1973) y la Visita del Virrey Toledo; también, se consultaron cronistas como Cieza de León (1922), Martín de Murúa (1890), Pedro Pizarro (1986), Bernabé Cobo (1892) y Vásquez de Espinoza (1948), para capturar la dimensión humana de estos cambios. Los estudios demográficos (Cook, 2002, 2010; Noble Cook, 1974; Covey, 2020; Covey et al., 2011) sobre el periodo 1520-1620 ofrecen un contexto crucial sobre los impactos demográficos en Arequipa, que  a partir de revisión de Visitas a diversos archivos, resultaron fundamentales para este trabajo. Además, es menester señalar que no solo fueron las epidemias que ante la falta de inmunidad devastaron a los indios; la nueva historiografía, está demostrando que no se tenía inicialmente una cantidad constante de indios o incluso existieron  diversos fenómenos naturales que de manera recurrente hacían de los labrantíos escasos (Chauca & Azcona, 2022). Hubo otros aspectos como los tributos que reorganizaron a la población (Contreras, 2020) e incluso  hubo oscilaciones poblacionales en el Surandino (Covey et al., 2011).

Una limitación de esta investigación es la falta de información demográfica en archivos parroquiales sobre natalidad y mortalidad de la población inicial indígena.[2] Ante esa dificultad, este estudio comparó y entrelazó sistemáticamente revisiones arqueológicas con las fuentes históricas para comprender la itinerancia de estas poblaciones (Cardona, 2010; H. Hurtado, 1970; M. López & J. Yépez , 2015; Quequezana & Quequezana, 2015), permitiendo confirmar datos y validar resultados, logrando la comprensión de las dinámicas de la población y la agricultura. De esta forma, el análisis se centra en los primeros asentamientos del Cercado de Arequipa, mostrando que los andenes agrícolas circundantes eran más extensos que en la propia ciudad durante la colonia temprana.

Entonces ¿Cómo se vinculan la estructura y extensión de los andenes en el Cercado de Arequipa durante la Colonia Temprana con los patrones de ocupación transitoria de grupos indígenas o etnias como los Puquinas, Collaguas y mitmaes del Cusco, en el marco de una dinámica demográfica fluctuante y un sistema agrícola heredado del periodo prehispánico?, la hipótesis  sostiene que estos grupos, organizados en aldeas estacionales, aprovecharon la flexibilidad de los repartos de tierras y el cambiante régimen de tributación para cultivar, intercambiar y después desplazarse, dejando tras de sí un paisaje de terrazas que excedía con creces las necesidades de una población siempre fluctuante. Al rastrear ordenanzas de tierras, registros de visitas y evidencias arqueológicas, se muestra cómo la agricultura colonial, la población indígena y los asentamientos primigenios se articularon en Arequipa entre esperanzas milenaristas de pachakuti andino y Apocalipsis hispano (Covey 2011, 2020), crisis epidémicas y erupciones volcánicas.

En ese marco la investigación se ha organizado en tres partes: primero, el estudio de la ubicación de los asentamientos prehispánicos en Arequipa; segundo, la evolución de la agricultura a través de los sistemas de andenerías; y tercero, la distribución de tierras y la demografía de las poblaciones indígenas locales. Los resultados muestran que las interpretaciones occidentales han distorsionado la comprensión original de estos asentamientos andinos, al aplicar conceptos como población, ciudad y agricultura desde una visión mercantilista y de “civilización” europea, en contraste con la economía de subsistencia indígena. Además, se observó que las parcelas asignadas a los colonos españoles solapaban las andenerías prehispánicas, aunque no hay evidencia de que la población indígena haya manipulado directamente la capacidad agrícola de estas estructuras. Por último, se reveló que las comunidades indígenas en Arequipa eran principalmente estacionales, originarios de zonas Collaguas, Condesuyos y como mitmas del Cusco, y que el Cercado de Arequipa estaba compuesto por pequeñas aldeas dispersas.

 

1.       Disposición de los asentamientos primigenios de las etnias prehispánicas en Arequipa

 

Las estimaciones demográficas sitúan, para la segunda mitad del siglo XVI, una población de aproximadamente 40 000 indígenas tributarios en el Partido de Arequipa (Matienzo, 1910), cifra que, extrapolada según la tasa de tributación vigente, equivale a unos 201 830 habitantes indígenas (Málaga, 1989). La traza urbana se superpuso a la matriz prehispánica conforme a los cánones hispano-coloniales, instaurando una retícula que la historiografía reconoce hoy como estrategia de imposición toponímica: los nuevos nombres, presentados como supuestamente autóctonos, desarticularon la lógica territorial y simbólica de las etnias originarias. Para problematizar esta reconfiguración proponemos dos ejes analíticos: i) la lectura arqueológica del registro material asociado a la población indígena en el Cercado, que revela patrones de ocupación, uso del suelo y persistencias culturales, y ii) la examinación histórica de los asentamientos creados durante la colonia temprana, con atención a los mecanismos jurídico-administrativos —doctrinas, reducciones y repartimientos— que modelaron la distribución demográfica y la producción del espacio colonial. Este enfoque integrado permite dilucidar los grados de continuidad y ruptura entre el paisaje prehispánico y la ciudad colonial, así como las tensiones sociopolíticas subyacentes en la reordenación del territorio arequipeño.

 

1.1. El contexto arqueológico de la población indígena en el Cercado

Los estudios sobre los asentamientos humanos en el Cercado de Arequipa durante los primeros años, (López et al, 2015) han sido limitados y suelen centrarse más en descripciones que en explicaciones del espacio. Es así, que se han identificado algunas tipologías de presencia y asentamiento en la zona, destacando los hallazgos de Huanqui Hurtado (1970) quien reportó más de 576 tumbas en Challapampa y otros descubrimientos en el Colegio Independencia Americana y Señor de la Caña, asignados a la fase tardía de Churajón y a la cultura Inka, entre 1300 y 1450 d.C.(Delgado, 2016). Sin embargo, la afirmación de Huanqui Hurtado sobre el sitio tipo Churajón se contradice con el hallazgo de solo 231 ceramios y capas superpuestas que sugieren pertenencia a varias épocas y no solo a la fase Churajón (Szykulski, 2010).

 

Sección

Numero de Sitios

Sitios Arqueológicos

Viviendas

Terrazas

Enterramientos

Antigüedad

Quiswarani - Uchumayo

59

Quiswarani, Mollebaya, Uchumayo

Estructuras con bloques de dacita ignimbritica

Terrazas de cultivo presentes

Sitios con petroglifos y restos ceremoniales

6000 años de ocupación registrada

Uchumayo - Socabaya

9

Kasapatac, Alata, Huacuchara

Aldeas y abrigos rocosos

Ampliamente desarrolladas para agricultura

Cementerios como Challapampa (desaparecidos)

2000 a.C. hasta 1000 d.C.

Socabaya - Yarabamba

73

Kasapatac, Alata, Huacuchara

Aldeas y caseríos desarrollados

Terrazas en Yumina y Characato, importante para el riego

Cementerios Tiwanaku en Sonqonata (ahora desaparecidos)

600 d.C. hasta 1000 d.C.

Yarabamba - Sogay

28

Diversos sitios con arte rupestre y petroglifos

Campamentos temporales, probablemente estacionales

Menos desarrolladas, mayor énfasis en pastoreo

Menos enfocado en enterramientos, más en arte rupestre

no especifica antigüedad exacta

 

Nota. Tomado de Cardona, 2004, 2010; Hurtado, 1970; Linares, 1970 y López J. et al., 2015.

 

Además se identificó 73 sitios arqueológicos en Socabaya-Yarabamba donde se focaliza la zona agrícola más densa; 59 en la zona de Quiswarani-Uchumayo la cual presenta terrazas de cultivo, refleja una adaptación al entorno montañoso y las condiciones climáticas de Arequipa. Las variaciones en la densidad de las estructuras de vivienda y el desarrollo de terrazas indican diferentes niveles de sedentarismo y movilidad, con algunas áreas mostrando signos de comunidades agrícolas establecidas y otras más dependientes de la agricultura de subsistencia y pastoreo.

 

 

Mapa centro histórico elaborado por el intendente Álvarez y Ximénez en el año 1794 (Cortesía Municipalidad provincial de Arequipa; Superintendencia del Centro histórico.

 

1.2. El contexto histórico de los Asentamientos humanos en la colonia temprana

La reorganización de los espacios y las poblaciones transformó profundamente el universo andino, generando un impacto que definió las fronteras geográficas, políticas, sociales y culturales de las etnias del valle de Arequipa (véase figura 2). Estas etnias se clasificaron en varias "Naciones Oriundas": Yarabayas, Copoatas y Arunis; Puquinas, migrantes del área de Tiahuanaco (siglos VI-XII) que se desplazaron hacia los ríos Chili y Tambo, formando asentamientos en Churajón, Kasapatac, Kakallinca y Alata. Por otro lado, los Collaguas, originarios del altiplano, que se asentaron inicialmente en el Colca y luego se expandieron hacia La Chimba y Tiabaya. Los Cabanas, provenientes de Maca, Pinchollo y Kunti, relacionados con los Arunis de Condesuyos, que llegaron al valle del Chili durante la expansión Wari. Asimismo, Los Apurímac y Cotabambas, representados por la nación Yanahuara, se establecieron en La Chimba y Tiabaya. Mientras que los Chumbivilcas fueron migrantes del Cusco que se asentaron en la cuenca del Chili. Chilque, contemporáneos a los Chumbivilcas, también establecidos en el mismo periodo. Los Callapas y Mitimaes incas se asentaron en el Chili; Mitmas Mascas, procedentes del Cusco, y Chichas, otro grupo de Mitimaes del Cusco decidieron residir en la zona de Yumina y Paucarpata (Zapata, 2018).

No cabe duda que la diversidad y la migración de diferentes grupos étnicos fue parte del devenir temprano de Arequipa, reflejando su adaptación a las condiciones geográficas y políticas de la región.

 

 

 

Nota. Guillermo Galdós Rodríguez (1993), “Una ancestral tradición agraria – Etnias y Canales de Regadío en el Camino a Tingo”. En: Nuestra Leche. Gloria y el Desarrollo Ganadero del Sur.

 

En torno al río Chili y sus afluentes secundarios, así como a acequias como el Coa (Véase mapa de escorrentías), coexistieron grupos étnicos como los puquinas, quechuas y aymaras. Con la llegada de los españoles, estos territorios fueron ocupados por reducciones, donde se formaron pueblos de indios y se les asignaron topónimos. Sin embargo, este proceso resultó problemático, ya que los patrones coloniales de repartimientos, reducciones, encomiendas, doctrinas, curatos y urbanismo desestructuraron y colapsaron las organizaciones territoriales tradicionales de las etnias prehispánicas andinas. (Galdos 2012; Neira, et al., 1990).

 

 

Cartografía de las etnias ancestrales y los desplazamientos hacia Arequipa

 

Los primeros documentos históricos sobre Arequipa ofrecen descripciones imprecisas de sus territorios y poblaciones. Lugares como La Chimba, Tiabaya, Chiguata y Characato fueron integrados bajo patrones culturales españoles, entre ellos la asignación de santos patronos, sin vincularse a las jurisdicciones o identidades étnicas previas. Este proceso formaba parte de una estrategia colonial más amplia conocida como reducciones, destinada a reunir diversos grupos étnicos en asentamientos centralizados, administrados bajo un sistema de encomiendas. Dicha reorganización no solo alteró la geografía física y social de la región, sino que también impuso una nueva estructura cultural y administrativa sobre las comunidades indígenas existentes. Julien (2011)  indica que:

 

Parece que el grupo sujeto a Caya estaba poblado en varias partes de la banda oriental, y con el tiempo, cada parte adquiría identidad propia, sobre todo luego de la creación de las doctrinas. Podemos ver que antes era un solo grupo, sujeto a un solo cacique, pero a pesar de los cambios, las distintas partes del grupo seguían siendo parte de una misma encomienda (p. 114).

 

Los de Caya (cacique) eran varios pueblos centralizados a su jerarquía de manera dispersa en la banda oriental DE…. Después, cada uno de ellos desarrolló su propia identidad a través de la doctrina, la reducción y la encomienda, lo que significa que podía haber más de un grupo étnico subdividido en una sola encomienda. Por tanto, en las provisiones de Pizarro a favor de Hernández, Pedro Pizarro y Martínez Vegazo, había grupos étnicos subdivididos en otras encomiendas y con otros españoles. Es así que la formación de ciudades y fronteras a la usanza occidental se impusieron en la nueva configuración de las primeras regiones coloniales, Cieza de León (1922) comenta:

 

Desde el valle de Hacari para adelante, hasta pasar de Tarapacá, son términos suyos [Arequipa], y en la provincia de Condesuyo tiene asimismo algunos pueblos subjetos a sí, y algunos vecinos españoles tienen encomienda sobre los naturales dellos. Los hubinas y chiquiguanita y quimistaca y los collaguas son pueblos de los subjetos a esta ciudad, los cuales antiguamente fueron muy poblados y poseían mucho ganado de sus ovejas (p. 252).

 

La documentación temprana, nos lleva a un análisis más complejo de lo que verdaderamente existió en la perspectiva y comprensión de los españoles. Las fronteras prehispánicas, ¿si existieron?, estaban basadas en un sistema de subsistencia, con jerarquías que no necesariamente eran la Inca, sino curacazgos focalizados en cuencas como Majes, Siguas, Vítor y Tambo. Además, eran más dinámicas que fijas.

 

2.       Agricultura temprana: andenerías y repartos de tierras

 

Nuestro análisis se centra en el Cercado de Arequipa y colindancias desde la perspectiva arqueológica y etnohistórica, así como un estudio de los repartos de tierra que realizó Pizarro, y su influencia en la ocupación y organización agrícola en el área de estudio. [3]

 

2.1. Cercado y áreas colindantes agrícolas

Los estudios arqueológicos identifica a las terrazas/andenes y chacras con fines de producción alimentaria; capacidad funcional por acequias, canales, los cuales dependen de un río Chili que es inestable debido a su carácter torrentoso, principalmente durante las lluvias ocasionales enero-febrero; frontera agrícola con desierto seco; presencia estacional de recursos hídricos subterráneos al Sureste (Yumina, Characato, Socabaya) y Oeste (Uchumayo, Tiabaya, Tingo) permitía cultivos mediante sistema complejo de terrazas y canales riego (De La Vera Cruz, 2019; Lopez, 2013;  López et al. 2015).

Bajo esas particularidades, según López, et al. (2015) el Cercado  tendría 441 hectáreas en 1540, principalmente en la zona histórica y monumental. Por otro lado, las colindancias de zonas agrícolas y asentamientos abarcan alrededor de 5650 hectáreas (Quequezana & Quequezana, 2015) Sin embargo, según la periodificación arqueológica, estos terrenos no fueron utilizados simultáneamente( López & Yépez, 2015, p. 27), ya que en 1540 algunos estaban en producción y otros abandonados. Es decir, hubo intervenciones y diversos asentamientos en diversas épocas (Cardona, 2010; López J. et al., 2015; López & Linares, 2005; Neira et al., 1990) en un proceso histórico totalmente heterogéneo.[4] Por lo que más que apoyar la centralidad o focalización en el cercado de los asentamientos prehispánicos, se dispersan no existiendo aldeas o grupos humanos de importancia.

Teniendo en cuenta las excavaciones que se hicieron en el Cercado de Arequipa y zonas colindantes, se pueden diferenciar las siguientes zonas:

- Calle La Merced: vivienda, andenería

- Casa Vargas Llosa: cementerio, andenería

- San Lázaro: vivienda, cementerio, andenería

Colindancias de Arequipa

-Chilina, Selva Alegre, Cerro Juli, Cerro Alata, Buena Vista/Sabandía, Empresa Alicorp, Leche Gloria, Cerro Coronado y Yanayacu, Yumina: Vivienda, Cementerio, Andenería

- Sachaca/Fernandini, Challapampa, Cerro Pillo B: Cementerio, Andenería

- Cerro Pillo A, Cerro Kasapatac: vivienda, cementerio

- La Rinconada/Socabaya, Cerro Huacucharra: vivienda

- Cahuillacta/Mollebaya, Sonqonata/Mollebaya: vivienda, andenería

Los datos indican que fue la zona periférica donde hubo más cultivo, por lo tanto, es probable que los españoles cuando deciden la fundación de Arequipa no hayan encontrado una zona agrícola en el espacio fundacional del damero hipodámico que en la actualidad está representado por el centro histórico de Arequipa. De otro lado, también estaría demostrándose que las andenerías al estar dispersas tendrían focos poblacionales muy diferenciados, relacionados con los grupos étnicos que se aposentaron en la Arequipa prehispánica. Contradiciendo los estudios que se han realizado desde la arqueología (López J. et al., 2015; López et al, 2015) como desde la historia (Málaga B, 1958; Linares E, 1970; Málaga A, 1979, 1989; Quiroz, 2005, 2010) que señalan el centro histórico como espacio poblado con agricultura importante.

Entonces ¿cómo estaban distribuidas las áreas agrícolas?; se encontraban dispersas de acuerdo a los ríos y veneros, filtraciones y manantiales en el flanco oriental; se observa que tuvo extensiones agrícolas importantes, pero es necesario tomar en cuenta que estas fueron cultivadas por grupos étnicos diferenciados, (véase tabla 2) en épocas diferentes y en la periferia del centro histórico. Es decir, las precisiones de historiadores y arqueólogos, concurren en la idea de un origen poblacional y agrícola único que después con los españoles se gesta esta ciudad; esta forma de apreciar este proceso más trata de una lectura actual de los asentamientos étnicos que existieron y la recurrencia española; y no tanto de análisis contextual y nomenclatural de estos fenómenos en la colonia temprana.

 

Nombre

KM aprox.

Hectáreas

Chiguata

24

1600

Mosopuquio

30

400

Paucarpata (Paucarpata, Sabandía y Yumina)[5]

11

1200

Characato[6] (Quiscos y Cancahuani,)y Socabaya

11.78

300

Tejar, la rinconada y Cerro Sonqonata

9

-

Mollebaya

19

200

Yarabamba y Quequeña

18

1500

Pocsi

31.6

200

Piaca

31.5

150

Tablones , Seneguilla, Tuctumpaya, pastopampa, la calera, Huactalacta e Ichuña

35.3

1500

Cayma (Chimba)

11.9

200

Tiabaya (chimba)

10.2

100

Total

 

5650

 

Tomado de Quequezana, López y Cardona (2015)

 

Además, la evidencia de andenes preincaicos y su estado en 1540 apoyan la hipótesis de que la influencia Inca fue tanto de adopción como de adaptación de estructuras agrícolas existentes, con un impacto variable que dependía de la localización y la estrategia política y económica del imperio en ese momento. Es decir, no se puede comprender la existencia de toda esta andenería solo desde los incas, sino que concurren diferentes expansiones culturales y las más marcadas fueron Tiahuanaco y Wari en la cuenca del Chili.

 

2.2. Los repartos de tierras a españoles

 

“El 21 de junio de 1540 marca un momento importante en la historia de Arequipa. Pizarro emitió una provisión en el que se entregaba fanegadas a los españoles de la nueva Villa, y el 15 de septiembre del mismo año, se emitió otra provisión que dictaba la repartición de estas fanegadas.[7] Garci Carbajal[8] lugarteniente de Pizarro, realiza repartos de tierras, “… tierras para sus chácaras, [españoles] las cuales les señalareis de las del Sol y de las del Inga, y otras que los indios no las hayan labrado de tres años a esta parte; las que las señalareis con el menor perjuicio que pudiereis, de los naturales” (Cabrera L, 1924, p. 202).

 

La cantidad de tierra cultivable entregada a los españoles en la colonia temprana en Arequipa, serán en el Ejido y Encima de la barranca, dudosamente sin tomar en cuenta las tierras del sol, del Inka; no obstante, las tierra de indios estaban sembradas colindando con los solares españoles es el caso que la propiedad de los dominicos lindaba con un caserío indígena; el veintitrés de mayo de mil quinientos cuarenta y uno[9] alcalde ordinario Francisco de Montenegro, da posesión de tierras, al capitán Andrés Jiménez,

 

…dos pedazos de tierra, que pueden haber poco más de diez janegadas(sic) de sembradura, en el ejido, de esta dicha vía, poco más de media lenga[10] (sic), linde, de una parte, los buíos[11] de las otras, son linde de Diego Hernández, vecino de esta villa, por parte de arriba, son indios del dicho capitán, las cuales parecían ser del inka…(V. Barriga, 1939a).

 

Las tierras del Inca también se encontraban en el Ejido, al igual que las tierras del Sol, que no solo estaban presentes en Yumina, Paucarpata y Characato. Asimismo, existían terrenos denominados "buios" (bohíos), que probablemente correspondían a tierras destinadas a los indígenas.

Para estimar la producción agrícola primigenia, se tomó como referencia las fanegadas asignadas a los españoles, lo que permitió calcular la extensión de tierra cultivable. Estas fanegadas se convirtieron en hectáreas (ver Tabla 3), obteniendo las siguientes cifras: en el Ejido, 144,5; encima de la barranca, 251; totalizando 395,5.[12]

A esta cifra se suman las fanegadas otorgadas a fundadores que no aparecen en la lista oficial[13] aunque sí se conocen sus nombres[14] (V. Barriga, 1939; L. Cabrera, 1924). Estos "españoles sin datos" recibieron un promedio de 8,2 fanegadas cada uno, acumulando 106,6 fanegadas entre 13 beneficiarios. Además, los documentos registran nuevos repartos entre 1541 y 1548, incluyendo a Rodrigo Bravo (8 fanegadas[15]Luis Méndez (3 fanegadas[16]); Ximénez (10 fanegadas), Gaspar Hernández (14 fanegadas[17]) y López de Carbajal (una parcela de tierra), lo que añade 35 fanegadas más al total.

 

Lugar

Fanegadas

Hectáreas

Encima de la Barranca

251

728.9

El Egido

144.5

418.05

Sin Data

106.6

309.14

Nuevos Repartos

35

101.5

Total

537.1

1557.59

 

Fanegadas conversión a hectáreas.

 

La conversión, basada en un factor de 2.9 hectáreas por fanegada (Brown, 2008), permitió calcular que 537.1 fanegadas equivalen a 1557.59 hectáreas. Este paso fue imprescindible, ya que los registros arqueológicos de las áreas de cultivo se expresan en hectáreas.

No obstante, consideramos que es relativo, dado que, a pesar de la disposición de los españoles de considerar ese criterio, lo que ocurrió fue que se repartieron tierras en el Ejido y Encima de la barranca donde se encontraban las tierras de los indios, como es el caso de los Yarabayas asentados al borde la lloclla de San Lázaro.

También consideramos que el Ejido (418.05 hectáreas) estaba ubicado entre el rio Chili zona oriental y sus linderos llegaban hasta los solares. Las fanegadas repartidas Encima de la Barranca, se extendían desde el límite de los solares hacia el Sur Este, su espacio era mayor (728 hectáreas); entonces es coherente que los datos que no se consignan sobre estos 13 españoles “sin data”; y los “nuevos repartos” se le tuvo que entregar encima de la Barranca y en menor cantidad en el Ejido.[18]

Hasta este punto es importante notar que la historiografía y la arqueología, no se han preocupado por determinar, dónde se encontraba el Ejido y Encima de la Barranca, han tomado en cuenta solares que se repartieron a los españoles, las iglesias, el cabildo y otras instituciones, que en la actualidad es el centro histórico. Por lo que se reclama una lectura sobre el pasado de la cuenca del Chili para la colonia temprana, que permitan establecer esas zonas de manera coherente e integral.

 

2.3. Confrontaciones sobre zonas productivas desde la perspectiva arqueológica e histórica

Para analizar las diferencias en las zonas de cultivo entre Quequezana y López (arqueología) y La provisión de Pizarro (Reparto, Ejido y Encima de la Barranca)-fuente histórica-, podemos considerar que la información histórica y arqueológica varían en los datos:

 

Zona

Área de Cultivo (ha)

Explicación Histórica y Arqueológica

 

Colindancia

5650

Su marco es el área de andenerías prehispánicas.

 

Centro Histórico

441

Zona del centro histórico con menos espacios para la agricultura.

 

Pizarro (Reparto Ejido y Encima de la Barranca)

1146

Zona destinada a los españoles, en terrenos prehispánicos.

 

 

Nota. Se elaboró con los estudios Quequezana y Cardona (colindancia); López (Centro Histórico); Barriga (Reparto Ejido y Encima de la Barranca).

 

Las lecturas de estas tres zonas permiten una comprensión más flexible de un solo territorio; pero con diversas perspectivas, tanto los argumentos históricos y arqueológicos hacen “oídos sordos” construyendo sus análisis desde sus resquicios. Sin embargo, lo que se observa son yuxtaposiciones de tierras, zonas agrícolas y espacios ocupados por españoles e indios.

Las evidencias sobre las áreas agrícolas, nos trae a colación algunas interrogantes; 1ro, si se hubiese cultivado esta extensión de tierras para 1540, representaría un hallazgo significativo, aunque los estudios contemporáneos no lo corroboran. Una de las principales restricciones es la escasez de investigaciones exhaustivas que permitan establecer si todas estas terrazas fueron cultivadas de manera simultánea antes y durante esa década; 2do, Las lluvias estacionales intercaladas con periodos de sequía, provenientes del río Chili, el Postrero y Socabaya, así como la dependencia de las aguas subterráneas de Pichu Pichu, han planteado dudas sobre la capacidad de una gran población para gestionar extensas áreas de andenes en el valle del Chili. A pesar de hallazgos cerámicos vinculados a las fases Tiahuanaco, Churajon medio y tardío, e Inka, (Cardona, 2004, 2010; Linares, 1970, 1973, 2016; López, 2010; 2009) no hay certeza de una población considerable que pudiera cultivar simultáneamente tales hectáreas. Estudios indican que la población del valle, especialmente en áreas como Cayma, Paucarpata, Quequeña, Characato, Sogay, Yarabamba y Mollebaya, se expandió entre 1100 y 1350, tras la desestabilización de Tiahuanaco, lo que sugiere una adaptación a nuevas tierras agrícolas en la periferia de Arequipa (López, 2010, 2013). Además, los enterramientos como un indicador poblacional son de fechas diferentes y no la última generación a la llegada de los españoles.

Finalmente, la disposición de los asentamientos inca-clásico reflejaba un aprovechamiento estratégico de las pendientes para la agricultura mediante la formación de terrazas. Esta distribución no solo responde a una ubicación táctica, favoreciendo el acceso a tierras fértiles y recursos hídricos, sino también a un entramado poblacional densamente conectado. En contraste, en el Cercado de Arequipa predominaban pequeños núcleos agrícolas bajo el dominio inca, como Yumina, Pillo, Lari Lari, Kasapatac y Cerro Coronado, funcionarios incas y mitimaes, ademas por comunidades étnicas locales y foráneas, reflejando una organización menos intensiva del territorio. (López  et al., 2015).

 

3.       Aproximación a la población indígena temprana en Arequipa

 

En este caso es importante resaltar el rol de los estudios regionales (Galdós, 1984; Málaga, 1989; Neira et al., 1990), los cuales asumen como criterio de hito poblacional para el Cercado y aledaños de Arequipa: la Tasa de la Visita del Virrey Toledo, pero existe un vacío de información sobre la población indígena entre 1533 y 1572.  No obstante, las declaraciones de la existencia de una población importante como sugieren algunos estudios arqueológicos [19](Cardona, 2010; Galdós, 1984; Hurtado, 1970; López, 2013); incluso el historiador Alejandro Málaga(1989) señaló que “la Chimba y Yarabaya fueron las zonas más densamente pobladas antes de la fundación”[20] (p.106).  Lo cierto es que no se han encontrado evidencias que indiquen la existencia de un asentamiento poblacional denso, y mucho menos ubérrimo, en estos espacios[21]. Asimismo, Maldonado Valz(2015) señala que a “Arequipa prehispánica, como destino, fue poco más que un sitio de descanso en el trayecto de un camino. Bajo los conceptos actuales de territorio, no llegaba a ser un centro”(p. 363) En esa medida visualizamos como causas de esta mínima población: a. percepciones de inestabilidad geológica; b. Evolución de la población entre 1540 y 1572.

 

3.1. Percepciones de inestabilidad geológica

Los desastres naturales, son en realidad el resultado de la vulnerabilidad de las poblaciones al concentrarse en áreas expuestas a fenómenos geográficos (García, 1997). La región de Arequipa se ubica en el Círculo de Fuego, lo que la hace propensa a sismos y erupciones volcánicas de volcanes como el Misti, Coropuna, Ampato, Pichu Pichu y Chachani, los cuales han generados graves impactos naturales e históricos en la región. Estos eventos, combinados con epidemias traídas por los españoles, enfermedades, guerras civiles y hambrunas, resultaron en un profundo cataclismo demográfico que provocó la disminución de la población, el abandono de actividades agrícolas y una drástica reducción en la alimentación (Sanchez-Albornoz, 2000; Borah, 2010; Cook, 2002; Mannarelli, 1979).

Desde una perspectiva cultural, estos fenómenos tienen diferentes interpretaciones. Para el hombre andino, los terremotos y erupciones volcánicas representan un pachacuti o gran transformación de la pacha (Flores , 2001, p. 6) simbolizando el fin de un mundo y el nacimiento de otro, lo cual implica un nuevo orden universal en el marco del poder y la autoridad inca, un cambio total del orden, se finaliza un mundo y nace otro mundo,(Bouysse-Cassagne, 1988). Este concepto refleja una visión del universo como un entorno simétrico y complementario; bajo este criterio analizamos la erupción del Misti en 1450.

En contraste, la perspectiva española durante el terremoto de 1582 interpreta estos fenómenos como castigos divinos, evidenciando un contexto de temor y lucha contra fuerzas malignas, lo que refleja las construcciones culturales y sociales europeas de la época “designio divino y sancionador”(Mulcahy, 2008) bajo esas premisas se analizó el terremoto de 1582. De esta forma, se estudia a los dos fenómenos bajo dos perspectivas diferentes.

 

3.1.1.        Gran pachacuti huaca pacarisca putina, 1440-1450

Para este caso señalamos que la connotación del volcán Misti[22], el apu tutelar de Arequipa, representa un ente animado, vivo, dinámico, tutelar y de alta dignidad para el hombre andino. Cabe resaltar que el volcán sufrió una  erupción entre 1440 y 1450 (Chávez, 1993; Murúa, 1890; Silgado, 1978)  durante el gobierno del inca Pachacútec. Este suceso representó un gran cambio natural reflejado en el orden social (Bouysse-Cassagne, 1988). Tenemos primero un evento ritualístico, el cual se muestra mediante un gran número de sacrificios humanos que testimonian los nevados denominados Santuarios de Altura en toda la zona andina (Basadre, 1985; Ceruti, 2003; Graulich, 2006; Linares, 2016; Soriano, 2019). Es así que básicamente se recurrían a estos rituales mediante la capacocha (Zapata, 2019, p. 9). Dicho ritual buscaba aplacar la furia de la naturaleza expresada en terremotos, erupciones y sequías, y se pretendía acallar la ira de las montañas mediante sacrificios humanos y animales. El padre Víctor Barriga señala (1951),“Triste y azarosa era la vida de aquellos primitivos moradores atemorizados con frecuencia por furiosos cataclismos, atribuidos a míticas supersticiones que los impulsaban a rendir pleitesía y ofrendarse sacrificios a los volcanes de la comarca” (p. V).

 Pero el sacrificio (Taipe, 2005) hace que la deidad sea representada por seres humanos o animales; mientras que el sacrificio -ofrenda- es un proceso de purificación en este ritual (Ceruti, 2001, 2003; Millones, 2022; Socha et al., 2021). Las ofrendas generalmente consistían en un niño y una niña, todo entendido como una ablución, mantenimiento y sostenimiento de las nuevas generaciones, y de nueva vida (Graulich, 2006), pero que también conlleva no solo como furia de los dioses, sino y sobre todo la ira de Illapa (divinidad de los rayos y truenas). Ese prestigio se traslada a los pueblos sometidos por los Incas, es así que terminaba siendo un privilegio ser parte de la capacocha en subordinación al Inca, así que mediante este culto-ritual desde su concepción terminaban en alianzas de obediencia y de prestigio para los pueblos conquistados. Asimismo, según Albornoz, los volcanes como huaca pacarisca fueron “criadores de la naturaleza”(Duviols, 1967, p. 20)  un elemento fundamental es el agua, de los deshielos, las lluvias y filtraciones, por lo tanto vital, de otro lado el fuego inmanente a los volcanes. El Misti erupcionó en 1450 y se hizo una capacocha. Para 1998 una expedición realizada por Reinhard y Chávez encontraron en el cráter del Misti restos de 8 niños con 47 figurillas de oro, cobre, plata y concha de Spondylus sp.(Socha et al., 2021, p. 146),  tuvo una función propiciatoria. Entonces los grupos étnicos que no tenía relación con el culto incaico, en algunos casos se sometieron a este ritual, por el prestigio que honraba ser parte entendiendo que lo religioso estaba íntimamente vinculado a lo político. Eran los mitmas del Cusco quienes convergen en la región Arequipa y son los cuidadores del Apu, que a propósito señala Murúa:

 

… que si no fuera por el gran valor del famoso Inga Yupangui(sic) y de la Coya Ipahuaco su mujer, se hubieran los indios de todo el Piru á lo menos hasta donde llego la dicha ruina, los unos aporradose y los otros desesperados y dejádose morir, …de suerte que no quedo tan sola una persona ni un edificio en ella que no feneciese salvo los indios de la parrochia(sic) que tiene en su distrito llamada San Lázaro que estos escaparon por no estar en ella, sino en la ciudad del Cuzco á causa de haber ido á hacer la mita al Inga, … y así no hay ningún indio natural desta dicha ciudad en ella, sino todos mitimaes y de los que trujo el Inga cuando vio la ruina (1890, p. 150).

 

La población de Arequipa, representada por los Yarabaya, estaba cumpliendo la mita del Inca. Esta obligación llevó a la desaparición de la población mistiana, incluyendo sus edificios, de tal manera que "no quedó ni una sola persona ni un edificio en pie" (Murúa, 1890, 150). Curiosamente, Los mitmas de Condesuyo y Collasuyo, provenientes del Cusco, eran los encargados del culto al volcán Misti, en lugar de los habitantes originarios del lugar.

El volcán fue dotado por los Incas con criados y rebaños. Estos criados vivían en el valle de Arequipa. Algunos de ellos eran mitmas de provincias de altura, de las regiones al Sur y Este del Cusco, pero otros parecen haber sido naturales del valle. Su naturaleza multiétnica es el resultado de un proyecto incaico para dotar al volcán Misti (Julien, 2011). Los mitmas a su servicio, encargados de su culto, eran los Yanaguaras, Chumbivilcas y Chilques de la parcialidad de Condesuyo del Cusco, quienes se avecindaron en la Chimba, en la margen derecha del río Chili. Por otro lado, los Canas y Canchis del Collasuyo se establecieron en Chiguata y Characato, ubicados en la margen izquierda del río Chili. De esta forma, el volcán servía como línea divisoria de los dos suyos: Collasuyo y Condesuyo (véase tabla 5), y su culto estaba a cargo de ambos suyos. A partir de esta información, podemos obtener detalles sobre la población mitma en Arequipa.

 

 

Nombre del Lugar

Tipo de Grupo

Población (Tributarios / Total de personas)

Condesuyo del Cusco

 

La Chimba

Yanahuara

tiabaya

Mitmas (Collaguas)

1,059 tributarios / 4,223 personas

Chiguata

Originarios (posibles mitmas)

113 tributarios / 532 personas

Collasuyo del Cusco

 

Characato

Originarios (posibles mitmas)

245 tributarios / 978 personas

Paucarpata

Originarios y mitimas

127 tributarios / 551 personas

Yuminas (Orejones)

Mitmas (Canas, Canchis)

62 tributarios / 227 personas

Yuminas y Canchis

Mitmas

52 tributarios / 265 personas

Yuminas (Guaypar)

Mitmas (Quiguas)

12 tributarios / 60 personas

 

Total

1,670 tributarios / 6,836 personas

Nota. Tomado de Cook, (1975), Julien, (2011), Málaga, (2012)

 

En Arequipa, la documentación sobre la presencia de mitmas en lugares específicos como Yanahuara, Cayma, Tiabaya, Characato y Chiguata es limitada y aproximada. Sin embargo, se sabe que los mitmas, originalmente del Cusco, incluían a grupos étnicos de la zona Collaguas como Yanque, Lari y Cabana, quienes se movilizaron hacia Tiabaya y la Chimba. Esta migración afectó la distribución poblacional de los mitmas en la región. La conciencia española sobre estos movimientos fue tardía. Generalmente, los mitmas no eran nativos de Arequipa, sino grupos itinerantes incas procedentes de las provincias de Collaguas y Condesuyos, áreas que destacaban por su densa población y producción agrícola.

 

3.1.2.        La percepción española del terremoto de 1582

Dentro de la escatología cristiana existe la trilogía pecado-castigo-destrucción, las cuales se vinculan a la trasgresión colectiva y conlleva a una destrucción. Así el castigo divino  es simbolizado  por terremoto la cual se torna en una figura moral restauradora (Durkheim, 1968) o la teodicea como explicación religiosa del mal y el sufrimiento, las catástrofes son pruebas divinas que conlleva a la transformación de la conducta mediante la penitencia; y el cristianismo tiene su propia explicación en la expiación del pecado mediante un castigo vinculado a un desastre (Weber, 2002). Además, la religión es un mecanismo del orden (Berger, 1969) primero el desastre  que lleva a la contaminación moral  y la expiación se da a partir de un castigo divino como reacción natural de lo impuro (Douglas, 1991).

Los fenómenos naturales son interpretados como "castigo divino" que muestra la posición moral de lo inexplicable, refuerzan la cohesión social, gestionan el miedo y la culpa, y afirman algo puro (castidad) e impuro, reafirmando lo ordenado. Este enunciado persiste en la construcción cultural del riesgo y la religiosidad. Estas premisas están presentes en la perspectiva española frente al terremoto de 1582.

La actitud de los conquistadores asentados en Arequipa, como producto de malos comportamientos, malos actos de hombres y mujeres, sobre todo la ociosidad se evidencia un aspecto moral-religioso, de un incumplimiento de los mandatos divinos (Petit-Breuilh Sepúlveda, 2016, p. 62), cruzado por la avaricia, el desenfado; y en las mujeres una actitud de arrogancia y soberbia, pero sobre todo una situación mundana (Zapata & Ramos, 2020), tenemos entonces elementos claramente definidos como el pecado por la vida mundana sin expectación de la religiosidad, , que conlleva a un castigo la cual se simboliza con el terremoto que gestionan el miedo y la culpa ese es el marco que provocó el terremoto de 1582:

 

…son unos castigos visibles dirigidos por la providencia para que recuerde del letargo en que cae y yace por la repetición del pecado el mundo todo llora las desmedidas desgracias las que han acontecido en los terremotos vivían sus vecinos entregados al negocio del interés y al juego con los desórdenes que le acompañan después que lograron el descanso… ya habían olvidado la lectura de libros espirituales no se conocía la oración ni se anotaba la plática de la mortificación las costumbres gobernados por las pasiones más eran excesos criminales que acciones humanas …el exceso de las mujeres con el desahogo de sus vestidos las modas y los usos eran disolutos … los hombres las diversiones públicas tanto como reiteradas cuanto menos honestas las habían entregado el lujo a la vanidad y a la disolución sin otro pensamiento que el de llevar una vida carnal…( Barriga, 1951, p. 3).

 

Además aparece en este desastre la imagen de lo impoluto en forma de milagros donde emerge la imagen de la Santísima Virgen María, Virgen del Rosario, (Altez, 2017, p. 278); el rescate de una niña debajo de los escombros (V. Barriga, 1951, p. 5).  Arequipa se volvió en un gran espacio penitencial, no era casualidad que se diera el terremoto en la cuaresma, miércoles de cenizas (Lavalle, 2011, p. 6) y es allí donde se entroniza Santa Marta como la patrona que garantizará la tranquilidad y el sosiego de esta atemorizada población:

 

…se mandó sean fiestas el día de Santa Marta que por ella han cesado los temblores… la ordenanza décima séptima se ordenó sea grande fiesta el día de la fundación de Arequipa y se lleven seis toros otra se saque del remate de carnicería seis toros para cada fiesta indicada…”[23] (Ugarte, 1973, p. 31).

 

Ante tanta desgracia la sociedad arequipeña realiza un cabildo abierto para decidir cambiar la población a otro lugar mediado por el Virrey Martín Enríquez. Los pobladores más antiguos a partir del informe de   Juan Ramírez Zegarra y Rodrigo de Orihuela, contador Real de la ciudad; además de los religiosos de San Juan, San Agustín y la compañía de Jesús; decidieron reconstruir la ciudad en el mismo lugar[24] (V. Barriga, 1951, p. 10), tuvo como consecuencia la solicitud de 984 indios Collaguas; de la Chimba 164; Colasuyo 263; Characato y Paucarpata 178, para la reconstrucción de Arequipa (véase figura 4).

 

Nota. En la columna se observa los lugares, grupos étnicos o españoles a quienes pertenecen la cantidad de indios que se encuentra en el histograma. Elaboración propia, datos de Cabrera Valdes,  (1924, p. 255).

 

Esta reconstrucción se evidenció la crucial contribución de la mano de obra indígena, aunque esta no provenía mayormente del centro de Arequipa, sino de áreas más remotas. A pesar de que en el centro histórico, como los Yarabayas de San Lázaro, residían apenas 117 indígenas, la mayor parte de los trabajadores llegaba desde zonas como La Chimba y sectores orientales cercanos, reflejando la baja demografía indígena local y la tendencia de muchos mitmas a regresar a sus lugares de origen (Sanchez-Albornoz, 2003).

Esta escasez de mano de obra se agravó por el retorno de la población indígena a sus comunidades originarias o mudarse a otras ciudades, en parte debido a los onerosos tributos impuestos (Pollack, 2017). Como respuesta, el Cabildo impuso medidas severas como la prohibición del uso de molinos de maíz desde el año1583, permitiendo solo aquellos para trigo, con el fin de controlar la crisis y asegurar trabajadores para la reconstrucción.

La labor de reconstrucción abarcó no solo la restauración física de la ciudad sino también la infraestructura privada, como acequias y canales, responsabilidad que recaía principalmente en los indígenas (Peralta, 2021). Un padrón de 1584 revela que la mayoría de los trabajadores provenían de fuera de Arequipa, subrayando la dependencia en comunidades externas para la recuperación urbana.

Los desafíos de la reconstrucción se complicaron con la vulnerabilidad de las nuevas estructuras religiosas, como las ermitas dominicas, frente a los terremotos. Además, la inicial falta de medidas adecuadas de salud pública durante la reconstrucción exacerbó los desafíos, incluyendo brotes de enfermedades, lo que eventualmente condujo a la creación de un hospital. En conjunto, estos factores destacan en el renacimiento post-desastre de Arequipa, que dependió significativamente del trabajo y sacrificio de las comunidades indígenas distantes, y no del Cercado de Arequipa.

 

3.2. Evolución de la población en el cercado de Arequipa

En este caso, el estudio se centra en ver de un lado la complejidad poblacional en el Cercado de Arequipa; y de otro la evolución de estas poblaciones desde 1540 hasta 1572:

- Poblaciones locales establecidas, asentamientos con mayor tiempo como los Yarabayas y Copoatas, y probable origen puquina (Málaga, 1958; Bouysse-Cassagne, 1975; Wachtel, 1976) podrían llamarse estable ya que sus características difieren de los otros grupos avecindados en la parte occidental el valle denominado Chimba y también se diferencia de algunas poblaciones incas que se encontraban en la parte oriental del mismo valle. A través de la evidencia poblacional se observa en los Yarabaya de San Lázaro que quedaron para 1582 solo 117 pobladores indígenas. Fueron organizados como una parroquia definida como Yarabaya de San Lázaro, (Galdos 1995: 46); sin embargo, en el damero hipodámico donde se fundó Arequipa no existe un asentamiento originario.

- Poblaciones étnicas migratorias: de origen Altiplánico, Colla; donde destaca los migrantes provenientes de la provincia Collaguas, Lupakas; Chumbivilcas del Cusco; Yanahuaras de Apurímac además mitmas y orejones del Cusco; mientras que los Puquina (Zapata, 2020) provenían del altiplano. Por lo que eran más una población de paso, sin un asentamiento estable y permanente. El corregimiento más densamente poblado fue los Collaguas quienes controlaban sus poblaciones de Majes, Camaná, Vítor y Arequipa (Vázquez de Espinosa, 1948, p. 478 ;Málaga, 2012, p. 65). Los indios Collaguas que se encontraban en calidad de mitmas en el valle de Arequipa, es decir tanto Yanahuara, Tiabaya y Cayma, así como en los barrios Antiquilla, San Lázaro y Santa Marta estaban sujetos directamente a sus repartimientos principales, solo por razones de distancia fueron empadronados en estos lugares (Málaga, 2012 p. 75). Asimismo, debemos destacar que Galdos Rodríguez acertadamente señalaba que los Collaguas y otros pueblos (en sus planes de expansión en la banda oriental del rio -donde se fundó Arequipa) "tuvieron una constante etapa de migración natural en busca de mejores lugares de sustento...precisaron de sitios de aguada y pastura para su trashumancia de los Andes y el altiplano hacia las fértiles lomas costeñas,"(1987, p. 204); los de Lari, tenían poblaciones en la Chimba y Tiabaya, y llegaban a 1444 indios mitmas Collaguas (Málaga, 2012, p. 75). Además, hubo poblaciones de valle y costa basado en relación intercuencas entre los ríos Majes-Chili-Tambo. Las crónicas versan sobre esta poca población en el cercado de Arequipa:“…de este Cápac Apo Mullo descendiente de ellos hasta este tiempo de cristianos, y son indios pobres, poco poder desde los yngas, hasta ahora de poca gente indios Cuntisuyu, provincia de la ciudad de Arequipa”(Guamán Poma, 1980, p. 57).

Esto significa que (QUIENES) tenían pequeñas tierras en la cuenca de Chili, como parte complementaria de su subsistencia; y que debían trasladarse a otras zonas productivas, dándose también una relación transversal o lo que se conoce como intercambio interzonal, que se visualiza esencialmente en épocas de secano de las zonas altoandinas, como es el caso de los Collaguas, en la cual se busca alimentos no disponibles en su lugar(Valdivia, 2010, p 2). Garcilazo (2010) señala que el Inka “fundó cuatro o cinco pueblos entre ellos la Chimpa y Socabaya, haciendo de esta región parte del Contisuyo” (p. 152).

 

3.3.             Progresión histórica de la población

La documentación histórica y cédulas de encomiendas, entre las que destacan las provisiones de depósito de indios que realiza Francisco Pizarro a españoles avecindados en el cercado. La cédula de encomienda de Diego Hernández de Mendoza Cusco, 22 enero 1540;( Barriga, 1939, tomo I, p. 46). La cédula de encomienda de Lucas Martínez Vegazo, Cusco, 22 enero 1540. (Barriga, 1955, p. 17-18). La cédula de encomienda de Pedro Pizarro, Cusco, 22 enero 1540; (Barriga, 1939, p. 40 ; 1955, p. 17). Además de estimaciones demográficas y estudios relevantes: la población que contempla Noble Cook (2010);  la Tasa de la Visita del Virrey Toledo (Cook, 1975), nos invitan a tener una idea  inicial de los primeras cuatro décadas de presencia de población originaria, ya que permite asumir que a pesar de la presencia española en Arequipa la población estuvo asentada en términos étnicos de origen; la complementariedad de la explotación de los recursos en diversos  pisos ecológicos, la relación interzonal, la horizontalidad intercuencas, los centros poblacionales importantes en el prehispánico y propiamente inka (véase Tabla 6). Hace que recién cuando se implementan las reducciones se pueda definir una cantidad aproximada de indios en Arequipa.

 

Lugar

Cantidad de Indios (1540, Barriga)

Cantidad de Indios (1540-1549, Noble Cook)

Cantidad de Indios (1570+, Noble Cook)

Cantidad de Indios (1572, Visita de Toledo)

Coquihuaya apecos

25

-

-

-

Curane

35

-

-

-

Varios: Urcos /cangallo/pomacanches

35

-

-

-

Yanquichoqui

30

-

-

-

Ahuela Yumina

30

-

-

-

Desconocido (Canchis, Panca)

35

-

-

-

Desconocido (Curimaqui)

10

-

-

-

Ynnina (Yumina)

25

-

-

-

Llalliguaha

40

-

-

-

Guasacache

10

-

-

-

Socabaya

170

-

-

-

Tilumbaya

50

-

-

-

Camata

10

-

-

-

Incuraque

20

-

-

-

Capiota

55

-

-

-

Yumina

80

-

-

-

Chiguata

14

100

532

Copoata

-

260

522

Yarabaya

-

295

523

Yuminas y Canchis

-

80

265

Caracoto

-

-

938

978

Guayparuminas (Guaypar Yuminas)

-

-

60

Vítor

-

-

134

Chule (y Tambo)

-

-

120

Chimba de Cornejo

-

-

1799

-

Chimba de Arequipa

-

-

565

Chimba de Tiyabaya

-

-

4223

4222

Collaguas de Picado

-

-

805

-

Bocavaya, Quispillan

-

-

380

Guayba (y Colan)

-

-

487

Colani

-

-

278

Cuquivaya y Colani

-

-

409

Paucarpata

-

-

551

Chichuaguasacache (Chicas de)

-

-

156

 

Orepones (Orejones Yuminas)

-

-

230

226

Socovaya y Porongoche

-

-

343

Los de Retamoso (Collaguas que están en la Chímba)

-

-

-

639

Yanaconas

-

-

-

514

Total por Categoría

663

735

11698

14508

 

Nota. En la columna se observa los lugares, grupos étnicos o españoles a quienes pertenecen la cantidad de indios que se encuentra en el histograma. Elaboración propia, datos de Cabrera Valdes (1924, p. 255).

 

Con la visita del virrey Toledo entre 1570 y 1575, en el contexto de la formación de las reducciones a pueblos de indios, se registraron únicamente 514 indígenas varones entre 18 y 60 años en la jurisdicción de Arequipa. A pesar de que existía tributación indígena en otras regiones antes de este periodo, estos individuos no habían tributado previamente y desempeñaban diversas ocupaciones, incluyendo el servicio doméstico y laboral para los españoles. Muchos de ellos, tras la visita, retornaron a sus lugares de origen (Málaga 1975: 299-311; 1977: 93-130). Este dato revela que el sistema de tributo convencional, tal como ha sido interpretado por la historiografía tradicional, no se aplicó de manera homogénea en todo el virreinato. En el caso específico de Arequipa, este modelo no funcionó como en otras zonas donde no se establecieron ciudades de importancia estratégica desde el inicio de la conquista.

 

Conclusiones

 

La investigación ha demostrado que la distribución de los asentamientos primigenios de las etnias prehispánicas en Arequipa, está marcada por una reformulación occidental del mundo andino respecto de los asentamientos iniciales que encontraron los españoles. Como resultado, la transformación del Cercado de Arequipa y sus alrededores durante la colonia temprana refleja un choque entre el orden prehispánico basado en la adaptación y la sustentabilidad ambiental, y un nuevo orden colonial que buscaba reorganizar el espacio y la sociedad según modelos europeos. Este estudio no solo proporciona una visión más clara de la historia urbana y agrícola de Arequipa, sino que también subraya la importancia de considerar las perspectivas indígenas en la narrativa histórica de la región.

El estudio permite replantear las nociones tradicionales sobre el desarrollo agrícola y la ocupación humana en el Cercado de Arequipa durante la Colonia Temprana. A partir del análisis histórico y arqueológico, se evidencia que la relación entre la población indígena y la capacidad productiva del paisaje agrícola no fue lineal ni homogénea. La yuxtaposición de tierras indígenas, incaicas y solares, tras la llegada de los colonos españoles, generó una compleja reconfiguración territorial y productiva, caracterizada por la inestabilidad en el uso sostenido de los andenes. Lejos de ser un núcleo agrícola autosuficiente, el Cercado se sostenía gracias a zonas periféricas con abundancia de recursos hídricos y tradición agrícola consolidada. En este contexto, las poblaciones indígenas —en su mayoría itinerantes, provenientes del Cusco y regiones altoandinas como mitmas u orejones— se adaptaron a las nuevas condiciones impuestas por la dominación colonial, manteniendo formas de ocupación flexibles y estrategias de subsistencia resilientes. Las reducciones toledanas del siglo XVI permiten constatar la baja tributación y la movilidad de estos grupos, desafiando así las lecturas generalizadas del tributo colonial. La correlación entre la distribución de andenes y los patrones demográficos revela un modelo adaptativo, condicionado tanto por la volatilidad ambiental como por las transformaciones sociopolíticas impuestas por el régimen virreinal.

Finalmente, la configuración urbana del centro histórico de Arequipa, hoy reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad, es el resultado de una compleja interacción entre la población española y los indígenas, marcada por un entramado político, social y espacial. Aunque inicialmente la población indígena local era escasa, la llegada de grupos étnicos como los Collaguas, Cabanas, Chuquibambas, Apurimac, Chumbivilcas y mitimaes del Cusco permitió la continuidad de sistemas de producción prehispánicos bajo el dominio español, contribuyendo al desarrollo de la ciudad. Sin embargo, los estudios históricos y arqueológicos han tendido a ignorar este primer encuentro y los procesos iniciales de ocupación, como los repartos de tierras en el Ejido y la Barranca, fundamentales para la construcción de la ciudad. Este vacío en el análisis histórico limita la comprensión integral de los orígenes de Arequipa, cuyo entramado cultural y social temprano fue determinante en su evolución hacia el símbolo patrimonial que representa en la actualidad.

 

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Recibido: 09/09/2024

Evaluado: 18/12/2024

Versión Final: 17/09/2025

 

 



(*) Licenciado en Historia (Universidad Nacional de San de Agustín de Arequipa). Doctor en Gestión y Ciencias de la Educación (Universidad de San Pedro). Perú. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6354-226X

(**) Licenciado en Comunicación Social (Universidad Católica de Santa María). Doctor en Comunicación y Desarrollo (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa). Perú. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1257-914X

(***) Licenciado en Relaciones Industriales y Públicas (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa). Doctor en Ciencias y Tecnologías Medioambientales (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa). Perú. Email: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6674-4024

(****) Licenciado en Turismo y Hotelería (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa). Doctor en Ciencias Empresariales (Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa). Perú. Email: [email protected]  ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7905-0697

[1] La presencia española se remonta a 1533, atravesaron este valle cuando la conquista de Chile por los almagristas, incluso muchos españoles se aposentaron en Arequipa (V. Barriga, 1939).

 

[2]  Comunicación del Director de Archivo Arzobispal de Arequipa, Dr. Álvaro Espinoza de la Borda.

 

[3] Denominamos colindancia la zona que era el límite entre los solares y zona rural. Una cuadra tenía 4 solares y una manzana 16 solares, existió 56 cuadras (Equipo Técnico del Plan Maestro Gerencia Centro Histórico De Arequipa y Zona de Amortiguamiento, 2017) en la actualidad se ha zonificado 1. Centro histórico. 2 zona monumental y 3 zona de amortiguamiento.

[4] El esquema de la arqueología Arequipeña ha evidenciado, donde se observa peculiaridades entre los periodos y horizontes, con una de la expansión Tiahuanaco primordial y una etapa Wari más moderada, pero que sin embargo indujeron a estilos propios sobre todo en el intermedio tardío cuya fase Churajón destaca.

 

[5] Yumina llegaría a unas 700 hectáreas de andenes de riego. El cual posee un manantial.

[6] Los andenes iniciales fueron modificados en la colonia por el uso de yuntas para la labranza, además se alteraron y ampliaron canales, acueductos y acequias incluso corrales por lo que en muchos casos el andén fue modificado duplicando su tamaño. Según Salas y Vásquez, (citado por Kendall & Rodríguez (2009)  En el cerro Characoto, Arequipa, se juntan pares de andenes. Se utilizaron dos, cuyo ancho era 6.4 m y se hizo uno de 12.8 m.

[7] Las fanegadas eran unidades de medida agrícola utilizadas en la época, que equivalían aproximadamente 2.9 hectáreas

[8] Garci Manuel de Carbajal nombra al regidor Hernando de Torres para el reparto de las tierras de sembrío entre los pobladores de la villa hermosa de Arequipa y se hace el reparto. Villa Hermosa de Arequipa, 15 de setiembre de 1540 (F. J. Delgado, fundación de Arequipa, pág. 19)

[9] Archivo Municipal Arequipa, Luque; el subrayado es nuestro

[10] Debe decir legua, “lenga” en la escrituraria del siglo XVI

[11] El subrayado es nuestro.

[12] Según Cabrera habría 4109 topos entre el Ejido y Encima de la barranca que en hectáreas serian de 1369 hectáreas

[13] Kendall Brown Señala que mediante provisión se dispone de 702 fanegas entre 46 españoles, los lotes estaban distribuidas entre 4 a 14 fanegadas y una fanega equivalía a 2.9 hectáreas. De acuerdo a Ladislao Cabrera Valdez se llegaba a 76 españoles.

[14] Felipe Gutiérrez, Miguel Rodríguez, Miguel Cornejo. Juan de Arve, Francisco Pinto, Gómez Delgado, Pedro Fuentes, Juan López.

[15] Arequipa 4 de abril de 1541, Recalde, Pedro Mendoza, Gómez Juárez de Figueroa, Hernán Bueno, Miguel Vergara, Juan Velásquez de Avila:  Arch Municipal Areq. Luque Fol CLIII, en Barriga (1939, p. 113)

[16] Arequipa 4 de abril de 1541, Arch Municipal Areq. Luque Fol CLIII , en Barriga(1939, p. 115)

[17] Arequipa 24 de octubre de 1548, cabildos de Arequipa. T. II. Fol. 127. En Barriga  (1939, p. 264), Tomar en cuenta que son tierras del Inka y del sol, de acuerdo a la provisión de Pizarro; ya habían transcurrido tres años y pudieran ser ocupadas por lo españoles.

[18] Es extraño que Arequipa histórica y monumental al ser declarada patrimonio cultural de la humanidad, en el expediente que se presentó a UNESCO, no existe una sola referencia a esta primerísima distribución de tierras que hicieron los primeros conquistadores que se aposentaron en estos lares, consideramos de suma importancia este dato, porque es en estas áreas donde la arquitectura, sementeras y el contexto socio-espacial es la que se enseñorea y es la razón de ser esa declaración.

[19] Véase Quiroz Paz Soldán(2005); Neira et al (1990); Polar (1891),(Belaunde, 1958); quienes también consideraron  estos argumentos de “densa población” , se basan más en un arraigado arequipeñismo, ya que esta elite intelectual arequipeña a inicios del siglo XX, se enfocaron más en una visión  académica , como los sostuvo Thomas Love.(2020).

[20] La ciudad de Arequipa fue fundada el 15 de agosto de 1540, en parte debido al clima desfavorable de la fundación previa en Camaná. Además, esta decisión tenía un propósito estratégico, ya que Francisco Pizarro, tras realizar repartos de tierras e indígenas en 1534 y 1535, notó que estos beneficiaban mayormente a los cusqueños, dejando de lado a otros conquistadores que le habían sido leales en el Sur y otras regiones. Para equilibrar estas tensiones, en 1540 distribuyó nuevamente tierras e indígenas y fundó las ciudades de Arequipa y La Plata.

[21]La narrativa tradicional presenta a Arequipa como símbolo del mestizaje, pero la historia muestra una dominación constante desde la conquista. Los españoles subyugaron a los indígenas con relaciones de poder desiguales, y en la República, los criollos perpetuaron este modelo excluyendo a los indígenas de la construcción nacional. El mestizaje en Arequipa no fue armónico, sino una imposición cultural que negó las identidades originarias y reprodujo estructuras coloniales de dominación.

[22] El volcán se denominó Putina, San francisco, finalmente Misti, véase Julien (2011), Chávez Chávez (1993), Duviols (1967)  y Ferro (1978).

[23] Ordenanzas hechas en Arequipa por el cabildo aprobadas Rey en Valladolid, 4 de agosto de 1550.

[24] Para 1600 existía 450 hogares españoles(Lavalle, 2011, p. 2) y en 1618 solo trescientos (Vázquez de Espinosa, 1948, p. 466) en cambio para esta misma época el Cusco tenía 3,500 españoles(Vázquez de Espinosa, 1948, p. 554) Esto permite deducir que Arequipa, en sus inicios coloniales, era un espacio periférico en comparación con el Cusco, que concentraba una mayor población española. La fundación de Arequipa respondió más a estrategias políticas y militares que a la visión de convertirla en un polo de desarrollo.