“Entre el hielo y el fuego”. Hechos armados en la industria pesquera marplatense durante la década del 70´

 

Gonzalo Julian Yurkievich(*)

(UNMdP; gonzaloyurkievich@yahoo.com.ar)

 


1. Aquellos tiempos violentos

 

Ideas, creencias y representaciones estimulan, a través de configuraciones imaginarias que responden a variables temporales y espaciales definidas, las acciones de los seres humanos. De esta forma, debemos penetrar en el rico movimiento de ideas que se dio en la Argentina en las décadas del 60´ y del 70´ para comprender las prácticas de los agentes históricos que impulsados por “intensas pasiones ideológicas” actuaron por aquellos años[1]. Los diferentes grupos armados que operaron en nuestro país en la primera mitad de los 70´ daban por hecho un objetivo común y difuso: la construcción del socialismo, postergando la discusión acerca de qué tipo de revolución se llevaría a cabo por el debate acerca de cómo lograr tomar el aparato del Estado[2]. De esta forma, la opción por la vía armada aparecía como punto de partida y como horizonte de las diferentes facciones, listas para la acción directa. Los hechos de mayo de 1969 en Córdoba confirmaban que la revolución era posible en la Argentina y brindaban la certeza a las organizaciones y partidos, vinculados directamente o no con la lucha armada, de que la apelación a la violencia popular sería inevitable en algún momento del proceso revolucionario. La violencia aparecía, en este marco, como un momento inevitable de la vida política y como un derecho de “los de abajo” frente a la injusticia de “los de arriba”[3]. El Estado, monopolizador exclusivo de la violencia “legítima”, debía ser combatido a través de la acción del pueblo alzado en armas y de una lucha prolongada que conduciría a la transformación social demandada. La política había desaparecido por decreto pero mantenía una presencia subterránea y aparecía ahora transmutada en sus formas más radicales.[4]

Tres acciones puntuales cometidas en contra de la patronal pesquera en la ciudad de Mar del Plata nos sumergen dentro del problemático mundo de la lucha revolucionaria de aquellos años. Acciones en las cuales aparecía entreverada la necesidad de mejorar las condiciones materiales inmediatas de los obreros de la rama con la búsqueda de cambios sistémicos y radicales. Dentro de esta actividad existieron obreros, que envueltos en el clima revolucionario de la época se militarizaron y militantes de organizaciones armadas que observando el fervor presente en las luchas obreras del pescado consideraron la necesidad de participar en la misma como obreros constituyéndose rápidamente como delegados de planta.

Proponemos en este trabajo un recorrido por aquel turbulento 1974, observando el contexto económico, sindical y político en el cual se dieron los hechos, analizando la retórica de las organizaciones, identificando relaciones entre la dinámica de las organizaciones gremiales y la de las organizaciones político-militares, analizando el rol que jugó la ideología formal[5] del peronismo dentro de las plantas y observando el aislamiento en el cual quedaron los delegados cuando fueron retirados de la industria, por decisión de las organizaciones, durante 1974 para pasar a operar desde la clandestinidad en el plano netamente militar.

Hoy nos encontramos con algunos sobrevivientes de aquella función de gala, heroica y salvaje; son ellos quienes nos expresan sus motivos, sus ideas y sus imaginarios. Las fuentes gráficas no bastan por si solas, deben ser ayudadas por el testimonio de los sobrevivientes. Ambos, testimonio y fuentes, vivencias y sucesos, son insumos necesarios para construir un corpus interpretativo válido. Utilizamos solo los nombres de pila de estos personajes para así reservar su identidad, una identidad que sin negarse a sí misma no logra despegarse del miedo que generaron en ella, la persecución, la tortura y la desaparición de los compañeros de militancia.

 

2- El marco histórico

 

2.1 “Los años de oro” de la industria pesquera marplatense

Mar del Plata no solo cuenta con una gran variedad de especies costeras sino que además, por su ubicación, se constituye en centro de migración de la merluza (Merlucius hubbsi). A partir de la década de 1960, la industria pesquera nacional, hasta entonces vinculada a especies costeras como la anchoíta, la caballa y el magrú, reorientó sus funciones en pos de surtir de pescado congelado al mercado internacional ante el inminente agotamiento de varios caladeros tradicionales. El gran valor energético y proteico de la merluza fue detectado por los países pobres en carnes rojas y alimentación basada en carnes blancas (Japón, Hungría, la ex URSS, Bulgaria, España, Italia, entre otros). De esta forma comenzó un ciclo de transferencia del “esfuerzo de pesca”[6] desde los caladeros centrales hacia los caladeros periféricos. Las embarcaciones de altura, obsoletas ya en sus mares, fueron trasladadas hacia nuevos países productores de la periferia como la Argentina, Perú y México. Esta trasformación e incorporación de tecnologías fue fomentada por el Estado nacional quien otorgó créditos flexibles a los armadores locales para la incorporación y/o construcción de barcos de mayor autonomía y capacidad de captura. De esta forma, la expansión de la flota industrial de altura y de media altura se complementó con la construcción en astilleros nacionales de barcos subsidiados (Decreto10.033/66), financiados por el Banco Industrial de la República Argentina (BIRA), devenido luego en el Banco Nacional de Desarrollo (BANADE) y con la incorporación de buques bajo el régimen de licencia arancelaria (Decreto 10.032/60).[7] Entre los años 1970 y 1975, bajo el régimen promocional de la ley 19.000 y su Decreto Reglamentario 440/71, se importaron 74 buques fresqueros nuevos y usados y 6 buques procesadores-congeladores y se construyeron 11 embarcaciones en astilleros nacionales. Para el año 1971, el sector pesquero de Mar del Plata registraba el 82% de las capturas marítimas argentinas. La capacidad de la flota de altura marplatense se había triplicado y en el año 1973, junto con la flota costera, capturaba más del 90% del total de la producción nacional. La flota de altura pasó de 72 buques en enero de 1972 a 152 en agosto de 1974, lo que llevó su capacidad de bodega de 200.000 toneladas a 500.000. Las exportaciones pasaron de 2 millones de dólares en 1969 a 35 millones de dólares en 1974.[8] Este proceso promovió un desarrollo inédito de la industria pesquera local, llegando a existir más de 50 fábricas en la primera mitad de la década del 70´. Con la aparición de la gran planta de fileteado se rompió la estructura familiar de las firmas, emergiendo la figura del gran empresario, descendiente de los primeros italianos que llegaron a la ciudad, joven, emprendedor y visionario, listo para aprovechar la nueva coyuntura exportadora. Se rompió, así, la idea de la “gran familia pesquera marplatense”, despersonalizándose la relación entre patrones y obreros, resignificándose y clarificándose, desde entonces, las diferencias de clase.

Entre 1960 y 1974 se firmaron cuatro convenios colectivos de trabajo. Ninguno de ellos representó un cambio significativo en las condiciones laborales[9]. Debido al carácter estacional de las especies y a las fluctuaciones en las exportaciones las firmas mantenían con sus trabajadores una relación flexible, no estableciéndose por ley un salario mínimo garantizado en caso de faltar pescado para procesar (garantía horaria). Este último punto constituirá una de las más importantes consignas de lucha en el periodo siguiente.

 

2.2 Preámbulo del conflicto

Hacia principios de 1974, la coyuntura macroeconómica nacional, propiciada por la crisis económica internacional desatada en las postrimerías del estado de bienestar, generó una disminución drástica de las exportaciones. El cierre de algunas plantas y la disminución en la utilización de mano de obra en las empresas que habían hecho punta y se habían desarrollado con la exportación, en especial las del grupo Ventura y las de los empresarios Greco, Rodríguez Dopaso y Dos Santos Laranjeiras, propició las condiciones para la acción obrera organizada. La lucha emanó de la necesidad de que la patronal sostuviera y se hiciera cargo de sus trabajadores cuando no se pescaba o se interrumpía la producción.[10] La consigna obrera clamaba por la garantía horaria, el aguinaldo, las vacaciones pagas, el seguro médico y los incentivos familiares, entre otras reivindicaciones, ya alcanzadas entonces por ramas productivas más tradicionales. El Sindicato de Obreros de la Industria del Pescado (SOIP) dirigido por el justicialista Abdul Saravia[11], era acusado de colaboracionista de la patronal pesquera. Durante los años 1973 y 1974 se produjeron varios enfrentamientos entre obreros de la industria pertenecientes a las distintas agrupaciones gremiales opositoras[12] y grupos de choque del sindicato. Jorge, ex trabajador de la industria y militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR) y de la organización sindical clasista 1º de mayo nos relata uno de estos episodios, ocurrido el 16 de agosto de 1974: “Yo era delegado de la empresa “MIA”. Nosotros éramos un cuerpo de delegados opositor al sindicato. Las relaciones con el sindicato eran con armas… se arrancó el paro, nos concentramos en la plaza de los fileteros… de repente un grupo apareció corriendo, y atrás venía el sindicato con armas largas… nos empezaron a sacudir… el tiroteo duró desde las 9 de la mañana hasta el mediodía[13].

Existía, como podemos observar, un antagonismo entre el sector de trabajadores más radicalizados y el SOIP, a quien se asociaba con los intereses de la patronal pesquera. El sindicato, mientras tanto, era franco en su ofensiva contra las posturas clasistas dentro del gremio.

Los delegados de las listas opositoras participaban de las asambleas realizadas en el sindicato pero siempre en un marco hostil y sin la compañía de las bases obreras que sustentaban su liderazgo dentro de las plantas. La referencia a la posibilidad constante y frecuente de la violencia expresada a través de las armas o los golpes de puño se repite en la memoria de quienes participaron de estos eventos.

Jorge nos cuenta: “Yo llegaba a la puerta y miraba si entraba o no y mis compañeros de la fábrica se quedaban todos afuera. Adentro no sabías si te iban a cagar a tiros o cargar a trompadas[14].

Zenón, ex obrero del pescado y ex militante del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) relata que: “la que señalaba a los compañeros era la burocracia sindical. Había reuniones de los milicos, la burocracia y la patronal. Vos ibas a una fábrica a pedir aumento y levantaban un teléfono y te alzaban[15].

Existe, en este punto, un universo de análisis complejo ya que si bien la lucha tiene en vistas la mejora de las condiciones laborales y la consecución de un convenio colectivo de trabajo, el cual de hecho se conseguirá a mediados del año 75, existe un claro antagonismo en el cual se construye al enemigo de clase, encarnado en la figura del empresario, asociado a un sindicato corrupto y burocratizado, dotado de sus propios grupos de choque y amparado por el Estado quien pone a su servicio sus propias fuerzas coercitivas. Es aquí donde los objetivos de los manifestantes muestran un comportamiento pendular entre la necesidad de mejorar sus condiciones inmediatas de existencia y la búsqueda de un cambio sistémico radical y revolucionario. Creemos que no se puede dividir exhaustivamente el universo en este punto, sino más bien buscar una instantánea matizada en la cual se conjugan ambas metas como inspiradoras de la lucha librada. Es importante remarcar que es en este contexto que aparecieron las organizaciones gremiales de carácter clasista que buscaban disputar la hegemonía saravista. Adela, obrera del pescado, ex militante del Peronismo de Base (PB) y de la organización gremial “1º de Mayo”, nos cuenta al respecto: “Nosotros logramos que la 1º de Mayo tenga una inserción en la fábrica, tomamos las reivindicaciones justas y por eso prendieron en la gente. Las reivindicaciones tenían que ver con lo que luego se logró en el convenio del año 75”.[16]

Estas organizaciones, aunque no llegaron a disputar en aquellos años las elecciones del sindicato, fueron inspiradoras, sin duda, de las expresiones radicalizadas que comenzaron a germinar dentro de la actividad en aquel momento. Los partidos de la “Nueva Izquierda” lograron una inserción significativa dentro la industria pesquera durante los primeros años de la década del 70´, introduciendo miembros de sus filas en la industria. Muchos de éstos eran cuadros políticos que rápidamente se convertían en delegados de planta. Fue, sin embargo, matizada esta penetración por la fuerte impronta del peronismo dentro de la rama. La semántica del movimiento político mayoritario de la época no habría permitido un despliegue franco y fluido del discurso revolucionario, inclinando en ocasiones el fiel de la balanza hacía las arenas de la conciliación y la lucha reivindicativa. Sin embargo, los sectores más extremos del movimiento peronista traspasaron la muralla dentro de las plantas logrando sus delegados una prolífica tarea. El PRT-ERP, sin haber logrado una inserción tan manifiesta había, sin embargo, introducido sus fichas en la partida, y se decidió a jugar a todo o nada luego de retirar a sus cuadros de las fábricas hacia principios de 1974.

Este marco efervescente cobró su mayor dimensión a través de las acciones que narraremos a continuación.

 

3. Los acciones armadas

 

Las tres acciones que observaremos a continuación constituyen los hechos más relevantes del accionar de las organizaciones político-revolucionarias en la actividad industrial pesquera marplatense. Existieron otras acciones aisladas pero ninguna de la trascendencia de éstas tres las cuales pusieron de manifiesto el accionar de las organizaciones en una rama económica cuya propia dinámica organizativa promueve la generación de conflictos en torno a las condiciones y ritmo de trabajo así como a la remuneración del mismo tanto en tierra como en el mar.

 

3.1 El secuestro de Francisco Ventura

El primer hecho importante ocurrió el 8 de enero de 1974 cuando fue secuestrado de la puerta de su casa, en el barrio Parque Playa Grande, el acaudalado empresario pesquero Francisco “Paco” Ventura. El operativo fue llevado a cabo por tres hombres y dos mujeres que emplearon una pick up Ford F-100 celeste, modelo 1970, equipada con una cúpula con acceso en la parte trasera. El operativo, según relata el diario “La Capital”, fue ejecutado respondiendo a una prolija planificación y estudio previo del terreno. “Los secuestradores actuaron empuñando armas de grueso calibre -entre ellas un fusil argentino liviano FAL- y se desempeñaron con serenidad”.[17]

De larga trayectoria en la actividad pesquera marplatense, Ventura había ascendido posiciones durante la década previa al hecho hasta ser considerado en ese momento el número uno dentro del empresariado pesquero de Mar del Plata y del sur del país.

Su nombre figuraba asociado a numerosas empresas del ramo, entre ellas: “Dársena”, planta industrializadora de conservas de pescado, iniciada por el desaparecido progenitor de Ventura; “Polo Sur”, planta de frío y congelado de merluza y “Ventura Sociedad en Comandita por Acciones”, la cual contaba con 23 buques pesqueros de altura de diverso tipo y capacidad, siendo considerada en aquel momento la firma más poderosa del sector en cuanto a la capacidad de extracción de su flota. El gran poderío de las empresas Ventura comenzó a revelarse a partir de 1965, extendiéndose posteriormente hacia Puerto Madryn en donde forjó durante los 70´ otra de las empresas del emporio: “Ventura Sociedad Anónima”. Ésta pronto se constituyó en una de las firmas más prósperas de la actividad pesquera en el sur del país. Se calculaba que las empresas de las que participaba Francisco Ventura daban trabajo a unas 2000 personas solamente en la zona portuaria de Mar del Plata. Una importante flota de camiones integrada por modernas unidades, equipadas específicamente para el tránsito de pescado, completaba la estructura empresarial.[18]

El día viernes 11 de enero el diario “La Capital” titulaba: “Se mantiene el misterio sobre el secuestro de “Paco Ventura”, luego el matutino indicaba que el más infranqueable hermetismo signaba la investigación siendo infructuosos los esfuerzos del periodismo por penetrar en los resultados de la actividad desplegada por los funcionarios policiales asignados a la pesquisa. El mismo día este periódico publicaba un recuadro titulado “Personalidad” en el cual se destacaban las virtudes del empresario al cual se consideraba como “un hombre de empresa, tenaz, persistente y emprendedorquien en plena juventud, y ante la muerte de su progenitor, “había enfrentado la responsabilidad de tomar a su cargo la entonces modesta planta que fundara su padre”. Luego, dentro del mismo recuadro un trabajador de la firma exponía las virtudes de su patrón, quien “más que jefe era un amigo”, quien “luchó desde abajo” para con su visión comercial, su capacidad de trabajo y su fe en la industria construir y consolidar, junto con el resto de la familia, la empresa que conducía.[19]

El sábado 12 de enero “La Capital” publicaba un comunicado dado a conocer por un grupo de tripulantes de los buques pesqueros de Ventura. El mismo declaraba entre otras cosas: “No es un secreto para nadie medianamente informado en el puerto de Mar del Plata que Francisco Ventura ha llegado a ser figura principal de la pesca argentina en base a sus conocimientos de la misma, capacidad de trabajo, decisión e impulso comercial. Ese es Francisco Ventura, empresario. Para la gran familia que formamos sus tripulaciones es simplemente “Paco”, la mano amiga que se abrió siempre ante la posibilidad de mejorar nuestras condiciones mediante la compra de la casa, el automóvil, etc. Como trabajadores del mar repudiamos todo cuanto tienda a dañar la persona física de nuestro jefe y amigo: “Paco” Ventura.[20]

Adela, desde sus recuerdos, opina al respecto: “A Ventura casi nadie lo quería, todos le teníamos bronca en el puerto porque tenía un imperio y negreaba a la gente. Las manifestaciones de apoyo no eran espontáneas. Los trabajadores llegaban a la planta y los subían a los micros para ir a la municipalidad, y les pagaban el día[21].

No nos interesa develar la veracidad o no de las manifestaciones de apoyo a Francisco Ventura sino remarcar que existieron múltiples manifestaciones de apoyo al empresario a través de la prensa escrita las cuales enaltecían su figura, elemento que no se condice con los recuerdos de los militantes de la época quienes consideran que existió una coacción hacia los trabajadores para que esto sucediera, intentándose, así, elevar la imagen del empresario y desprestigiar las acciones pretendidamente revolucionarias.

El domingo 13 de enero “La Capital” publicó un recuadro titulado “Secuestro de Ventura, no hay novedad”. El matutino declaraba que pese a la presunción de que los familiares debían haber tenido contacto con los secuestradores no se había podido obtener ninguna información sobre la marcha del caso. La policía había desarrollado un operativo de rastrillaje en algunos sectores de la ciudad, registrando garajes, galpones y embarcaciones pesqueras siendo el resultado negativo, no encontrando indicios sobre el lugar de cautiverio del empresario. La policía guardaba esperanzas de que fuera reconocido por los testigos algunos de los captores a través de la exhibición de fotografías de integrantes de células guerrilleras, con antecedentes en operaciones similares en el país, procesados con anterioridad a la amnistía de mayo de 1973.[22]

El martes 15 de enero “La Capital” publicaba una nota titulada: “Ventura sin Novedad”. El primer párrafo de este artículo merece ser trascripto en forma textual ya que nos sitúa en cierto clima de ideas y posición de la prensa de la época. Decía así: “En tanto arrecian las declaraciones, solicitadas y otras exteriorizaciones producidas desde distintos sectores institucionales, empresarios y laborales, dirigidas a reseñar la personalidad del secuestrado y rechazando –como si naturalmente no apareciera suficientemente absurda- toda pretendida justificación de la acción; justificación que -como es habitual en delitos de estilo tan en auge auto-atribuidos por grupos subversivos- suele mostrarse como otra de las metas perseguidas por los autores. Este es precisamente, otro de los indicios que induce a calificar a quienes mantienen en cautiverio desde hace una semana al armador local como de delincuentes comunes[23].

Es decir que para el matutino no existían rasgos en el poderoso secuestrado que justificaran que una organización político-militar lo pudiera hacer blanco de sus objetivos en el marco de la lucha abierta que se libraba en esos años en la argentina. Desde esta interpretación, el hecho de ser el mayor empresario pesquero del país lo tornaba apetecible para delincuentes comunes, protegiéndolo, sus virtudes y el cariño de sus obreros, de la amenaza de ser secuestrado por injustificadas motivaciones políticas.

El miércoles 16 de enero la cámara de armadores, de la cual Ventura era vicepresidente, dio una conferencia de prensa. En ésta se destacó a Ventura como un “infatigable defensor de todo lo auténtico e indudablemente argentino”, quien prefirió siempre “la conducta que más convenía al país, aun con desprecio de los beneficios de su propia empresa”. Luego se destacaron “las exteriorizaciones espontáneas de sus obreros y empleados” con motivo del secuestro como “suficientemente emotivas”. En otro pasaje de la conferencia se hizo referencia al “espectro de violencias que estamos viviendo en el cual este tipo de atentado y su reiterada utilización como sistema, con distintos objetivos, merece nuestro repudio y es clamor de inquietud por parte de la ciudadanía la cual ve crecientemente amenazada su seguridad y las normas básicas de respeto y dignidad que deben constituir nuestro estilo de vida”.[24]

Edgardo, ex filetero y ex militante del Peronismo de Base (PB) y de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) nos relata: “Ventura era el mayor empresario de la época, tenía un emporio. Cuando lo secuestran los laburantes sienten una especie de satisfacción, de revancha. Después el sindicato y la Triple A empiezan a apretar, los delegados pasan a la clandestinidad y ahí los que quedan trabajando empiezan a sentirse desprotegidos… ahí aparece el miedo en la gente”.[25]

La investigación continuó en silencio durante los siguientes días y la prensa comercial local interrumpió el fluido diario de información relacionado con el tema, con excepción de pequeños recuadros en los que solo se expresaba la falta de novedades con respecto al secuestro del empresario.

Finalmente el día 30 de enero, por la noche, Francisco Ventura fue liberado por sus captores luego de 23 días de cautiverio, previo pago de un rescate de 335 millones de pesos. Las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) se adjudicaron el secuestro. Según relata el diario “La Capital” el día siguiente a la liberación: “A las 14:30, una comunicación telefónica recibida por personal jerárquico de La Capital expresaba: -Le habló de las Fuerzas Armadas Peronistas para comunicarle que ha sido liberado Francisco Ventura y que en un tambor de Petróleo en Alberti y Rioja encontrarán un comunicado y una foto[26]. Este comunicado fue entregado, según consta en archivos del Servicio de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (SIPBA), a la delegación local de la Policía Federal.[27] El mismo expresaba entre otras cosas: “El día 8 de enero de 1974 los destacamentos “Felipe Vallese” y “Eva Perón” de la regional Mar del Plata de las Fuerzas Armadas Peronistas, detuvimos en la puerta de su domicilio al Sr. Francisco Ventura. Al ser cumplimentadas las exigencias del pago de impuestos, en el día de la fecha hemos procedido a liberarlo.

El impuesto de 335.000.000 de pesos cobrado a Ventura está puesto al servicio de la organización que desde las bases, los trabajadores peronistas estamos construyendo. Construir nuestra organización nos plantea exigencias y no podemos cubrirlas solo con nuestro esfuerzo militante… los trabajadores aprendimos a expropiar el dinero de los explotadores, dinero que nos pertenece y que usaremos para combatirlos”.

Con respecto a este punto Edgardo, comenta: “Había necesidad del campo nacional y popular de cambiar el sistema y estábamos convencidos de que la auto-financiación era fundamental”[28].

La operación se manejó con una clave que se descifraba con un diccionario. Se pidió el dinero en una bolsa de cobre para que no pusieran ningún rastreador.

El comunicado de las FAP proseguía acusando a Ventura de: “comprometer la producción con Bunge y Born a cambio de préstamos, entregar la quinta parte de la pesca sin elaborar a firmas monopólicas brasileras, y participar en fábricas clandestinas de elaboración de pescado donde, aparte de no pagar ningún impuesto, explotan a los compañeros que no reciben ningún beneficio social.

El comunicado concluía: “El camino de la patria liberada. El camino de la patria socialista solo la podemos construir los trabajadores. Las FAP dirigen hoy su esfuerzo a aportar desde las bases, en la continuidad del enfrentamiento armado contra los enemigos de clase. Caiga quien caiga y cueste lo que cueste, venceremos!!![29].

Solo unos meses después de la liberación, el día 12 de Agosto, el comando "Eva Perón" de las FAP colocó explosivos en la casa de Ventura. El sábado anterior un grupo de empleados de la fábrica “Polo Sur” había abandonado una huelga de hambre que había llevado adelante durante varios días. Otros dos explosivos detonaron aquella noche, además del ya mencionado. Uno de ellos, a cargo del comando “Ortega Peña” de las FAP, en la casa del empresario Adolfo Luís López, quien era titular de las plantas San Francisco y San Andrés, en las cuales se había producido un conflicto dos semanas antes inspirado, según declaraciones difundidas oportunamente, en la “falta de trabajo”. López era, además, directivo del Club Aldosivi[30]. El otro explosivo, a cargo del comando “Felipe Vallese” de las FAP detonó en la casa del gerente de Ribazón SA, firma cuyas naves no habían iniciado, al momento del atentado, sus campañas pesqueras anuales.[31] Ambos empresarios tenían negocios en común con las firmas de Ventura.

El emporio Ventura se declararía en quiebra en el año 1991, encabezando una serie de quiebras de empresas pesqueras fuertemente endeudadas con el estado. Esta situación dejaría a miles de trabajadores en la calle los cuales serían en los siguientes años reinsertados en el circuito laboral en forma precarizada a través de cooperativas de trabajo.

El secuestro del mayor empresario pesquero de la época es interpretado por los obreros militantes del pescado (que miran desde el presente) como una epopeya que marcó el inició de un extenso ciclo de lucha que acabó con la firma del convenio colectivo del trabajo del año 1975. Para otros (obreros y analistas, también desde el presente), es observado, como un delito común, perpetrado por el demonio armado engendrado en la guerrilla revolucionaria de los 70´, la cual sufrió, en el periodo inmediato, la extensa furia de un estado aleccionador. No nos interesa sentar aquí una postura al respecto sino matizar ambas apreciaciones. Debemos entender que los objetivos de este secuestro difieren de los objetivos de un delito común en la motivación que lo desencadena. No es solamente la necesidad de dinero para la organización el que impulsa a las FAP a cometer la acción sino la voluntad de generar un hecho político, en el marco de una rama productiva en la cual los obreros no habían avanzado aún como si lo habían hecho en otras ramas productivas tradicionales. Ventura encabezaba a la burguesía pesquera que se había gestado con la aparición de la gran planta de fileteado. Ventura como victimario de una clase obrera atrasada fue víctima de las motivaciones de un sector que creía que el cambio era inminente y que aquellos “grandes explotadores” del momento debían, por un lado constituirse como ejemplos y por otro financiar el proceso de transformación. Dejando de lado las teorías que se inclinan hacia una u otra concepción totalizante, sería interesante analizar en posteriores estudios los por qué de la derrota del campo popular portuario interpretando los errores cometidos y las fortalezas de los contrincantes. Será más fructífero analizar las falencias que las virtudes de los movimientos armados en pos de descubrir los motivos de su aplastante derrota posterior y construir así un marco desde el cual analizar aquellas acciones que en la práctica tuvieron, a pesar de ciertos logros coyunturales, efectos y consecuencias diametralmente opuestas a lo fines que perseguían.

Observemos ahora otro caso.

 

3.2 Aquellos poderosos barcos griegos

El Mikinai y el Gnossos eran dos barcos congeladores-factoría[32] griegos que bajo bandera argentina a cargo de la Empresa Mediterránea Austral del armador Felipe Diamante pescaron en las aguas nacionales durante los años 1973 y 1974.

El día lunes 8 de octubre de 1974 una bomba estalló a bordo del Mikinai, amarrado junto al Gnossos a la altura de los sectores 9 y 10 del muelle de ultramar del Puerto de Mar del Plata. Unos días más tarde el Mikinai se hundió como producto de la explosión. Durante el atentado, un maquinista de origen correntino resultó herido.

Ninguna organización se adjudicó explícitamente el hecho pero versiones extraoficiales remarcan que miembros de las FAP y Montoneros habrían actuado en conjunto. Edgardo nos cuenta: “Todos estaban avisados de que iba a explotar un “caño”, nos habían dicho que no fuéramos al puerto porque ese día le tocaba al Mikinai; estábamos todos en la costanera mirando como explotaba”.

Según el diario “La Capital”, un llamado anónimo habría alertado a la tripulación acerca de la inminencia del hecho, posibilitando así que la nave fuera evacuada. Uno de los operarios, sin embargo, no alcanzó a hacer abandono de sus tareas y resultó herido a raíz de la explosión. El hecho nunca fue esclarecido pero aparece aun hoy en el imaginario militante portuario, como un hito en la lucha revolucionaria de los años 70´. Los intereses de los trabajadores locales de la industria del filet eran amenazados por la posibilidad de procesar el pescado mar adentro, lejos del epicentro de la industria ubicado en el Barrio Puerto de Mar del Plata. Los primeros buques factoría eran símbolos incipientes de la gran industria pesquera concentrada que se instalaría finalmente en la década del 90´. El hundimiento forma parte, hoy, de la memoria militante, la cual lo reivindica orgullosa como símbolo de lucha en contra de un tipo de pesca depredatoria, enajenante, antinacional y anti-obrera.

Repasemos ahora los hechos relacionados al asesinato, a manos del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP), del acaudalado empresario pesquero Antonio Dos Santos Laranjeiras.

 

3.3 El asesinato de Antonio Dos Santos Larangeira

Hacia mediados de aquel turbulento 1974, el Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP), quien consideraba hasta ese momento a la ciudad de Mar del Plata como un lugar de reclutamiento periférico y pertrechamiento para el accionar en otras ciudades y quien no contaba ya con cuadros dentro de la industria, habiendo pasado todos ellos a la clandestinidad, decidió intensificar sus acciones en la zona portuaria y en algunos barrios de la periferia de Mar del Plata en los cuales vivían trabajadores del pescado.[33] Roque, ex filetero y militante de la organización nos cuenta: “En Mar del Plata había dos frentes de lucha importantes, las canteras de Batán y el Puerto, la organización entendía que el puerto era un foco de conflicto y que había que actuar ahí[34].

Una de las primeras acciones importantes ocurrió el día 7 de junio cuando un comando de la organización repartió volantes y realizó una arenga a la salida de una fábrica de pescado. Luego, el 5 de julio, en las inmediaciones de Talcahuano y la calle 47, los ocupantes de un Ford Falcón negro arrojaron volantes que daban cuenta del copamiento de la localidad tucumana de Acheral, primera acción llevada a cabo por la unidad del monte “Compañía Ramón Rosa Jiménez” realizada el 30 de mayo de 1974. La siguiente acción ocurrió el día 29 de julio de 1974, cuando se colocaron dos banderas del ERP en la zona portuaria: una en Ortiz de Zárate y Alejandro Korn y otra en las calles 12 de Octubre y Cerrito. Ambas banderas estaban acompañadas de cajas que simulaban ser artefactos explosivos[35]. De esta forma se impedía que los símbolos revolucionarios fueran retirados por otro que no sea parte del escuadrón anti-bombas de la policía, permitiéndoles permanecer más tiempo e incluso adquiriendo mayor relevancia mediática.[36] El 26 de agosto tres militantes del ERP fueron detenidos frente a una fábrica mientras repartían volantes. El 9 de septiembre cinco hombres y tres mujeres irrumpieron, sin mostrar armas, en la escuela Nº 42 del Barrio Puerto para repartir útiles y zapatillas además de un volante de la organización para los 350 alumnos del turno tarde. Antes de irse izaron una bandera del ERP.[37] La situación en el puerto, en el marco de la crisis que enfrentaba la actividad, era candente. Los despidos eran constantes y los empresarios que tenían varias plantas cerraban algunas, reduciendo su personal efectivo. El 25 de septiembre, el ERP hizo explotar un artefacto en la delegación local del Ministerio de Trabajo, acusando al mismo de ser cómplice de la explotación empresarial en el puerto. Una semana después la organización tomó la planta “La Centolla”. La acción duró unos 15 minutos y en la arenga se realizaron llamados a la huelga y se repartieron volantes. La fábrica era propiedad de un empresario portugués llamado Antonio Dos Santos Larangeira y de un español llamado José Rodríguez Dopazo, dueños ambos, a su vez, de la firma “Galeote”, la cual había cerrado sus puertas a causa de la crisis. La organización les exigía a estos dos empresarios que volvieran a incorporar a todo el personal que había sido despedido, caso contrario seguirían las acciones en su contra. El 23 de septiembre la organización arrojó bombas molotov en las casas de ambos.[38] Unos días más tarde, el día 9 de octubre, arrojaron bombas molotov contra dos camiones semi-remolque que se hallaban estacionados en la estación de servicio ubicada en Vértiz y Edison, donde operaban los camiones de "La Centolla".[39] Cuatro días después, el 13 de octubre, dos desconocidos que montaban una motocicleta dispararon cuatro balazos sobre el garaje de la casa de Rodríguez Dopazo.[40] El 15 de octubre, dos sujetos montados en una motocicleta grande color verde, efectuaron varios disparos contra la fábrica ubicada en Matheu y Tucumán, donde habitaba Antonio Dos Santos Larangeira. Los disparos perforaron puertas y ventanas sin producir lesiones a los moradores.[41] Finalmente, a las 9:45 horas del día 14 de diciembre de 1974, fue ejecutado, a manos de la “Escuadra Luís Antonio Scoccimarro, Compañía Héroes de Trelew, Zona Mar del Plata”, Dos Santos Larangeira.[42] El episodio se desarrolló en contados segundos sin existir testigos presenciales de su desarrollo. Dos sujetos habrían aparecido al frente de su camioneta y desde corta distancia habrían disparado contra el industrial. Larangeira, según afirma el diario “La Capital”: “permanecía casi constantemente amenazado de muerte, pese a lo cual no contaba con custodia alguna”[43]. A través del mismo medio Rodríguez Dopazo declaraba que con Larangeira tenía diversos negocios y que a raíz de un problema planteado en “Galeote” habían comenzado las amenazas. También afirmaba que él había sido más frecuentemente amenazado que Larangeira, llegándose incluso a fijársele fecha para su ejecución. Sin embargo, se había negado sistemáticamente a satisfacer los pedidos de sus presuntos agresores. El mismo periódico afirmaba que un grupo de trabajadores de “La Centolla” se había acercado a la redacción en nombre de un centenar de obreros, para hacer público su repudio al atentado y expresar su solidaridad con la familia del asesinado. Estos obreros, además, habrían declarado no existir conflicto gremial alguno en la empresa.

El día 13 de enero el principal órgano de difusión del ERP, “Estrella Roja”, reservó dos páginas para la acción de mayor envergadura que la organización llevó a cabo en Mar del Plata. La nota se tituló “El ERP cumple sus promesas”, en el encabezado se explicaban los motivos del asesinato de la siguiente forma: “Por largos años la clase obrera del pescado vio postergados sus anhelos y reclamos frente a la prepotencia patronal, amparados ayer por la policía y el Ministerio de Trabajo de la Dictadura y hoy por los funcionarios de este gobierno que ha traicionado la esperanza popular. Fue así como han abierto y cerrado fábricas a su antojo.”. Luego la nota continuaba: “La fábrica “Galeote” cerró sus puertas sin pagar un solo peso a quienes con su trabajo enriquecieron los bolsillos del monopolio Rodríguez-Larangeira. Todo lo hecho por los trabajadores para impedir el cierre definitivo de la fuente de trabajo fue inútil. También fue desoída la sentencia de muerte de nuestro ERP a los explotadores Rodríguez y Larangeira para que reabrieran la planta y pagaron todo lo adeudado, de lo contrario se procedería a su ejecución. No confiamos que con la ejecución de este explotador terminen las injusticias contra los obreros del gremio, ya que estás solo terminarán cuando exista en nuestra patria un Gobierno Revolucionario Obrero Popular que construya el socialismo, que termine con la injusticia para toda la clase obrera y el pueblo de nuestra patria. Lo que si esperamos es que sirva como advertencia para todos los explotadores, para que sepan que sus crímenes no quedarán impunes”. El comunicado cerraba: “Ninguna tregua a los explotadores. A Vencer o Morir”.[44]

Observamos en este volante que la organización justifica el asesinato del empresario en función de haber éste y su socio desoído la vos del ERP quien ya les había advertido que de no reabrir las plantas cerradas y de no reincorporar a los trabajadores cesanteados serían ejecutados. Es decir que la organización, en este caso, se coloca como administradora de justicia ante un empresariado “explotador” amparado por un “estado represor”. Estas motivaciones de la organización, de transformarse en juez y parte, de situarse por encima de instituciones diseñadas “al servicio de la burguesía”, de conservar en estado puro su ideología, fueron quizás los rasgos que más le valieron la desaprobación de parte de la ciudadanía y por ende la oclusión y el debilitamiento que los condujo a la derrota en su ambición de establecer un “Gobierno Revolucionario Obrero Popular. Los explotadores escucharon la advertencia del ERP, no para cesar en sus prácticas empresariales sino para vincularse más estrechamente a sus estructuras corporativas, las cuales fogueaban lentamente la dictadura que se avecinaba.

El 28 de Diciembre, la Policía detuvo a Francisco Robles, individualizado como quien acompañaba al autor de los disparos contra el empresario.[45] Unos meses más tarde, el jueves 3 de abril de 1975, la policía provincial detuvo al grueso de la “Escuadra Scocimarro” del ERP. En total, 12 personas: Norma Susana Echarte (23 años), Silvia Beatriz Echarte (21 años), José Oscar Martínez (19 años), Roque Israel Funes (19 años), Susana Alicia Gabanelli (27 años), Roberto Felicetti (21 años), Luis Oscar Vicente (29 años), Alberto Adrián Bocle, Miguel Oscar Camejo, Nora Beatriz Maggi, Marcelo Edmundo Vicentini y Juan Carlos Abálos.

Un año después de estos hechos fue firmado, en julio de 1975, el Convenio Colectivo de Trabajo 161/75. El mismo consideraba derechos de los trabajadores de la industria del filet y la conserva inéditos hasta entonces[46]. Este hecho sucedió en el marco de una serie de concesiones otorgadas por el gobierno de Isabel a la clase obrera con posterioridad al “Rodrigazo” en pos de apaciguar los ánimos enfervorizados de los trabajadores argentinos, a sabiendas de que la jerarquía militar se encontraba agazapada, esperando el momento oportuno para dar su golpe, el cual sería legitimado por el deseo de orden de gran parte de los sectores medios de la sociedad. Esta situación no permite determinar el grado exacto de influencia de la lucha gremial y política-militar en la consecución del convenio, el cual, paradójicamente, permaneció vigente en los siguientes años debido al pleno empleo alcanzado por la actividad durante un ciclo expansivo que duró hasta fines de los 70´.[47] Sería recién la política pesquera menemista la encargada de flexibilizar nuevamente el empleo dentro de la rama a través de la creación del sistema de cooperativas de trabajo[48].

A partir de principios de 1974 las listas negras, se hicieron moneda corriente dentro de la actividad pesquera. Algunos militantes permanecieron dentro de la actividad en forma clandestina aunque las organizaciones continuaron con su política de “sacar los cuadros de las fábricas”. El PRT-ERP fue la primera organización que encaró este proceso hacia fines de 1973 y principios de 1974, las FAP y JTP-Montoneros siguieron la misma línea durante 1974. Esta situación dejó a las organizaciones muy alejadas de la masa obrera.

Jorge opina al respecto: “Las acciones pasaron a ser muy aisladas al conjunto de la gente… la masa nunca dejó de ser peronista. Si tenés un tipo que es buen delegado de fábrica y lo sacas de la fábrica ese tipo quedó aislado, puede haber sido el mejor delegado del mundo pero la gente ya no lo identifica, dejó de ser delegado y entra otro funcional a la burocracia. El error fue sacar a los delegados de las plantas y mandarlos a la lucha. El tema era como masificabas esa lucha, sino la masificabas por mas que tuvieras el mejor argumento estabas perdido. Los montos y el PB se metieron más en la masa. Los perros[49] eran mas duros, mas puros”.

 Muchos trabajadores, incluidos en listas negras, empujados por la necesidad, continuaron trabajando clandestinamente en el filet con documentos falsos. Muchos de ellos engrosan el grupo de 32 desaparecidos comprobados hasta el momento dentro de la industria pesquera marplatense.[50] Los sobrevivientes de aquella tragedia buscan hoy recuperar su identidad e identificar a sus compañeros faltantes. Lo hacen a través de la participación en la organización Memoria Portuaria y de la declaratoria en los Juicios por la Verdad. También aparecen presentes, algunos de ellos, en los conflictos pesqueros ocurridos en los últimos años.

Expondremos antes de concluir algunas reflexiones ensayadas desde el presente por algunos de estos “sobrevivientes”.

 

4- Los imaginarios

 

Dejaremos que hablen y que por sí mismos construyan el hilo narrador de este último apartado.

Zenón: ­-Nosotros peleábamos todos por un cambio radical y no por una mejora salarial, había una clase obrera que venía en ascenso, que venía del Cordobazo, sabíamos que había que tomar el poder.

Jorge: -En la Argentina había un debate acerca del camino a seguir pero con un horizonte, estábamos convencidos de lo que teníamos que conseguir, la gente sabía que tenía que luchar.

Zenón: -Nosotros queríamos cambiar el sistema como Agustín Tosco, Atilio López y Gregorio Flores.

Jorge: -Había discusiones ideológicas, pero con compañeros de otras tendencias pasamos momentos muy difíciles y eso nos permitió estar unidos.

Edgardo: -Los enemigos eran claros: la patronal y la burocracia sindical.

Zenón -Cada uno tiene su historia, pero todos caminábamos para el mismo lado, sabíamos quienes eran los burócratas y quienes eran los compañeros. Cuando tuvimos que hacer acciones siempre fue a favor de la clase trabajadora y del pueblo.

Jorge: -Yo fui al pescado por militancia. Nosotros pensamos que si había cambios iba a estallar el pescado, había mucho trabajo y la gente no quería trabajar más como lo hacía.

Zenón: -Ahora luchan por el puesto de trabajo. Antes era otro el problema. Había pleno empleo, veíamos que el recurso se iba a agotar y que íbamos a tener que meter más horas de laburo para ganar lo mismo.

Edgardo: -Nuestros caídos van a renacer desde el subsuelo de la patria.

Hay algo que la derecha no tiene: ni poetas ni mártires.

Nosotros tenemos poetas que les cantan a nuestros muertos.

Estos pasajes con la voz de los ex militantes ilustran las ideas de la época teñidas por el paso del tiempo y por la selectividad de la memoria. Decidimos incluirlos en este trabajo a modo de ilustración. Son protagonistas sobrevivientes de este pasaje de la historia portuaria marplatense y es este hecho el que da valor a su testimonio, aunque éste esté manchado por la subjetividad y el filtro emocional del tiempo y el recuerdo. Acertados o errados construyeron su existencia en un período en el cual los ideales revolucionarios estaban presentes. Pasaron por la cárcel y la tortura y hoy sus voces siguen vivas permitiéndonos interpretar hechos que también forman parte de nuestra historia.

 

5- A modo de interpretación

 

La retrospectiva espacio-temporal nos sitúa a principios de los años 70´. La política y la economía mundial se veían sacudidas. El modelo de acumulación fordista llegaba a sus postrimerías enfrentando una profunda crisis de sobre-producción potenciada por el aumento del costo energético. Los EE.UU desarrollaban estrategias para mantener su hegemonía continental y combatir los focos que iban encendiéndose en la región. El denominador común de estas expresiones insurgentes era el de ser nacionales y populares.[51] Esta revuelta política y cultural impactaba en la Argentina, sobre todo en la izquierda tradicional que a partir de allí comenzaba a fraccionarse dando lugar a los grupos y organizaciones de la llamada Nueva Izquierda (NI).[52] El nacimiento de la guerrilla hacia fines de los 60´, representaba la disputa del monopolio de la violencia, que ejercían entonces las Fuerzas Armadas bajo la tutela autocrática de Onganía, por parte un sector de la sociedad civil. El Cordobazo aparecía, en este marco, como un hito y como la más clara expresión del desborde social y político del régimen.[53] La supresión por decreto de la política generaba una transmutación de la misma bajo formas novedosas y radicales. Hacia los primeros años de la década del 70´, los grupos armados aparecían ya sumamente activos, contando con un considerable apoyo de los sectores populares y medios. La “Revolución Argentina” caminaba hacia su ocaso y el “Gran Acuerdo Nacional” (GAN) suponía un consenso para el retorno de la democracia. Consenso en el cual los militares renunciaban al poder y a la candidatura de Lanusse y los peronistas desistían de la candidatura de Perón y se comprometían a controlar a la guerrilla que emanaba del propio movimiento. La primavera camporista y el apoyo del “viejo general” a los sectores más radicales del movimiento solo durarían un mes, siendo favorecidos, desde entonces, los sectores más ortodoxos del movimiento, encarnados en la vieja estructura sindical, estrechamente vinculada a concepciones totalitarias. Sin embargo, luego de que Perón ganara las elecciones con el 62% de los votos en 1973, casi ninguno de los grupos guerrilleros declinó las armas sino que siguieron postulándose como ejércitos del pueblo en contraposición a las Fuerzas Armadas estatales, “garantes del poder burgués y pro-imperialista”.[54] En este marco, hacia fines de 1974 todas la organizaciones armadas se encontraban en la clandestinidad al tiempo que la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) se hallaba en plena ofensiva, “haciendo la guerra ante el intento de los sectores desposeídos de establecer la continuidad de sus luchas sociales y políticas”.[55] La violencia que emanaba del estado en estos años, lejos de disuadir y apagar la lucha popular, generaba una rutilante contra-ofensiva guerrillera sobre todo por parte del ERP, como del Comando Nacional de las FAP.[56]

Mar del Plata no era considerada estratégica por las organizaciones armadas. El escaso movimiento de masas permitía observar que la ciudad era concebida como un lugar de reclutamiento periférico y pertrechamiento para el accionar en otras ciudades.[57] Sin embargo, dentro de la estructura productiva local, la actividad pesquera aparecía como caldo propicio para el fermento del conflicto y la organización obrera. Los trabajadores de la rama enfrentaban hacia principios del año 1974 un receso en la operatoria provocado por una drástica disminución de las exportaciones. El trabajo a destajo y la inexistencia de un sueldo mínimo garantizado provocaban que la mengua en el procesamiento generara una disminución de las labores y de los ingresos. En este marco, los paros, las movilizaciones y las tomas de planta eran frecuentes desde finales de 1973. El sindicato conducido por Abdul Saravia respondía a la ortodoxia del movimiento peronista resultando funcional a los intereses empresarios. Los delegados opositores no encontraban las vías institucionales a través de las cuales canalizar las demandas de sus bases. La masa trabajadora del pescado tenía profundas raíces peronistas lo que determinó que el PB-FAP, la JTP y Montoneros lograran una mayor inserción en las fábricas que el resto de las organizaciones. Las necesidades inmediatas de los obreros eran teñidas por las ideas revolucionarias de la época, las cuales dibujaban un horizonte socializado. El discurso formal del peronismo, sin embargo, actuaba como catalizador del discurso extremo emanado de las fuerzas más radicales del propio movimiento. El ser peronista se enfrentaba con sus más profundas contradicciones sobre el escenario político portuario contraponiéndose los preceptos corporativistas y conciliadores promovidos por la ideología formal del movimiento con los ideales de cambios radicales en las relaciones sociales, políticas y económicas promovidos por los sectores más radicales emparentados con la ideología marxista.

Por fuera del peronismo actuaba un amplio espectro de organizaciones “clasistas”, las cuales en mayor o menor medida insertaban delegados en las plantas buscando cercenar el poder de los delegados oficialistas. Existía una estrecha relación de cooperación entre estas organizaciones y la izquierda del peronismo, llegando incluso a desarrollarse acciones en conjunto. Era el puerto el ojo del conflicto obrero en Mar del Plata y era mejorar la existencia obrera a través de dos vías no excluyentes sino coexistentes y con distintos plazos de concreción, el objetivo común de las organizaciones. La obtención de la garantía horario era un objetivo de corto plazo; la redistribución de la renta pesquera, a través de un cambio radical de las relaciones sociales, aparecía en el difuso horizonte de los militantes como un objetivo de máxima. Ambos móviles conducían a la lucha gremial y a la acción político-militar de aquellos años. Es difícil establecer el límite de estos dos campos de acción que en muchos casos son indisolubles. Las organizaciones armadas contaban con delegados emanados de sus brazos sindicales. Los delegados participaban de las acciones al tiempo que iban pasando a la clandestinidad y abandonando las fábricas. Este hecho iba aislando a los cuadros y generando un distanciamiento de las bases.

El secuestro de Ventura nos muestra dos objetivos del PB-FAP, quien no había retirado aún sus cuadros de las fábricas. Por un lado, la necesidad de financiamiento de la organización a través del cobro del “impuesto revolucionario”, por otro, el intento de amedrentar al mayor empresario pesquero de la época poniendo en evidencia la existencia de la expresión armada como forma de defensa de los intereses obreros. Es curiosa, en este caso, la expresión de ciertos trabajadores clamando, a través de los medios, por la salvaguarda del bienestar del patrón, enaltecido como “hombre de bien, perseverante y trabajador”. Existen testimonios, sin embargo, que dan cuenta de la falsedad y manipulación de estas expresiones de apoyo y del repudio que sentía la mayoría de los obreros por el poderoso empresario. Los cuadros del PB-FAP pasaron, sin embargo, rápidamente a la clandestinidad luego del episodio, dejando a los obreros librados a la conducción de delegados menos combativos y más imbuidos de la lógica formal del movimiento. La lucha, de todos modos, no se detuvo por este hecho, pero siguió los cauces sindicales, debiendo Sarabia adaptarse a los deseos de una masa que no estaba dispuesta a resignar la necesidad de mejorar sus condiciones laborales.

El hundimiento del Mikinai tiene un carácter político-simbólico ya que intenta combatir lo que luego será ley durante la década del 90´: la operatoria de los depredadores congeladores factoría ahorradores de mano de obra en tierra. Ninguna organización se adjudicó el hecho, el cual permanece en la memoria de la rama como una acción de veraz reivindicación de soberanía.

El asesinato de Dos Santos Larangeiras a manos del PRT-ERP resultó de una escalada de violencia ocurrida durante el periodo más crítico de la actividad y más álgido de la lucha de aquel 1974. La acción se llevó a cabo cuando esta organización ya no tenía trabajadores en las fábricas. Representó, a decir de la organización, un aleccionamiento para los empresarios “explotadores” que desoían “la voz del pueblo” y la advertencia de “su brazo armado”. Es probable que esta acción no haya obtenido entre los obreros el grado de aceptación con el que contaron las dos acciones anteriores. El hecho generó, además, un repudio generalizado en la opinión pública local. La organización primero había pasado a la clandestinidad, luego llevó adelante su ofensiva y finalmente quedó aislada del conjunto de los obreros.

Las acciones llevadas a cabo durante 1974 marcaron a la actividad y generaron un distanciamiento entre la esfera gremial y la político-revolucionaria en la pesca. A partir de enero del 1975 muchos delegados de planta que nunca habían integrado los brazos armados de sus organizaciones también debieron abandonar la industria. Quienes no lo hicieron quedaron atrapados en la trampa montada a partir de 1976 entre el empresariado pesquero y las fuerzas represivas del estado dictatorial.

Todos estos hechos permanecen en la memoria portuaria. Representan hitos simbólicos y expresiones locales del proceso más amplio de lucha armada en la Argentina. Fueron sucedidos por un periodo expansivo de la actividad que coincidió con los tiempos de dictadura y durante el cual desaparecieron muchos de los protagonistas.

La memoria portuaria está viva, rememorando, buscando los restos de los caídos, no renegando del pasado pero entendiendo que hoy, a pesar de la lucha desangrante de aquellos años, las mismas injusticias siguen vivas dentro de la actividad pesquera marplatense. Hoy el cambio radical y sistémico ya no aparece en el imaginario de los obreros, quienes trabajando precariamente y sin relación de dependencia con las firmas solo aspiran a regresar a las condiciones establecidas por el Convenio Colectivo de Trabajo 161/75. Convenio que resultara, entre otros factores, de la batalla librada durante aquellos años violentos.

 

 

RESUMEN

 

“Entre el hielo y el fuego”. Hechos armados en la industria pesquera marplatense durante la década del 70´

 

Tres hechos armados, cometidos en contra de la patronal pesquera marplatense en el año 1974, nos sumergen dentro del problemático mundo de la lucha revolucionaria de aquellos años. Realizamos, en este trabajo, un recorrido por aquel turbulento año, observando el contexto económico, sindical y político en el cual se dieron las acciones, analizando la retórica de las organizaciones, identificando relaciones entre la dinámica de las organizaciones gremiales y la de las organizaciones político-militares, analizando el rol que jugó la ideología formal del peronismo entre los obreros y observando el aislamiento en el cual quedaron los delegados de planta, militantes de organizaciones armadas, cuando, por decisión de éstas, fueron retirados de la industria y pasados a la clandestinidad entre principios y fines de 1974. Diarios comerciales, comunicados de las organizaciones, archivos de inteligencia y la voz de sobrevivientes dan forma al relato.

 

Palabras clave: Industria pesquera - lucha gremial - hechos armados

 

 

ABSTRACT

 

“Between ice and fire”. Armed urban conflicts in the fishing industry in Mar del Plata during the 1970s

 

Three armed urban conflicts against some managers of the fishing industry in Mar del Plata in 1974 illustrate the hectic world of revolutionary struggles in those years. In this article we explore the events occurred in that troubled year. In doing so, we look at the situation of the unions and the economic and political context; analyse the rhetoric of the workers’ organisations; identify the links between the dynamics of union organisations and the contemporaneous political and military organisations; analyse the role played by the formal ideology of Peronism amongst the workers; and point at the isolation to which union delegates in factories – who were themselves activists of armed organisations – were condemned when they were retired from the factories and forced to clandestinidad (secret political activity) during 1974. Newspapers, union briefings, intelligence archives and the voice of some survivors shape this story.

 

Key words: Fishing industry - struggles - urban armed conflicts

 

Recibido: 01/10/2011

Aprobado: 22/03/2012

Versión final: 07/07/2012

 

 

Notas



(*) Licenciado en Geografía, Doctor en Historia de la Facultad de Humanidades de la UNMdP y docente de las carreras de Historia y Sociología de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata. E-mail: gonzaloyurkievich@yahoo.com.ar

 [1] TERÁN Oscar, “La década del 70´: La violencia de las ideas”; en: Lucha Armada, Ejercitar la memoria editores, Bs. As., 2006, Nº 5, p. 20.

[2] CALVEIRO Pilar, “Antiguos y nuevos sentidos de la política y la violencia”; en: Lucha Armada, Ejercitar la memoria editores, Bs. As., 2005, Año 1, Nº 4, p. 10.

[3] TORTTI, María Cristina, “Protesta Social y Nueva Izquierda en la Argentina del gran acuerdo nacional”; en: La primacía de la política. Lanusse, Perón y la nueva izquierda en tiempos del GAN, EUDEBA, Bs. As., 1999, p. 218.

[4] CALVEIRO, Pilar, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70´, Norma, Bs. As., 2005, p.41.

[5] JAMES, Daniel, Resistencia e integración, Siglo XXI, Bs. As., 2010.

[6] Capacidad de bodega, potencia de motores, instrumentos de captura, etc.

[7] BERTOLOTTI, M. I.; ERRAZTI E; PAGANI, A., “El sector pesquero del PGP”; en: Mar del Plata productiva: Diagnóstico elementos para una propuesta de desarrollo local. Centro de Investigaciones Económicas; Facultad de Ciencias Económicas y Sociales; Universidad Nacional de Mar del Plata, Mar del Plata, 2002.

[8] Ibidem.

[9] Los intereses obreros estuvieron representados en un primer momento por el Sindicato de Obreros de la Industria del Pescado (SOIP) creado por anarquistas a principios de la década del 40´. En 1948 el peronismo creó un sindicato paralelo, el SOIPyA, asociado al sindicato de la alimentación desde el año 1950. Éste fue disuelto en el año 1955 volviendo la representación a ser exclusividad del SOIP anarquista. Esta situación se prolongó hasta el año 1966 cuando bajo el gobierno de Onganía el sindicato retornó a las fauces del justicialismo. Antes de la firma del convenio más importante en la historia de la rama, por el alcance de las reivindicaciones obtenidas, firmado en 1975, se habían firmado convenios en el año 1942, 1956, 1966 y 1972. Ninguno de estos convenios significó, sin embargo, un avance significativo para los intereses obreros.

[10] PRADAS, Mario, Un acercamiento a la problemática pesquera marplatense. El mensajero, Mar del Plata, 2005.

[11] Abdul Saravia dirigió el SOIP entre 1966 y el año de su muerte en 1997. Estaba muy asociado a la ortodoxia sindical peronista. Estuvo preso durante la dictadura en Puerto Belgrano en donde compartió un camarote con Lorenzo Miguel y Carlos Menem. Con este último desarrolló una relación de amistad debido, entre otras cosas, al origen sirio-libanés de ambos. Durante la década del 90´, Saravia fue reiteradamente acusado de ser funcional al proceso de desafiliación del gremio y flexibilización de la mano de obra encarado por la rama a partir de 1991.

[12] El abanico opositor a la dirigencia del gremio encaraba una postura clasista y reivindicativa. El mismo estaba compuesto por organizaciones que contaban, en su mayoría, con delegados en las plantas pesqueras. Entre las organizaciones más importantes se encontraban: la Agrupación Evita perteneciente a la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP), muy vinculada con Montoneros; la Agrupación 26 de julio perteneciente al Peronismo de Base (PB); la Agrupación 1º de mayo, perteneciente al Partido Comunista Revolucionario (PCR); la Agrupación Clasista de los Trabajadores del Pescado, perteneciente al Partido Socialista de los Trabajadores (PST); el Movimiento Unificador del Pescado, del Partido Comunista (PC) y la agrupación Bordó, del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). El PRT-ERP, a pesar de su política de inserción de cuadros en la industria no llegó a conformar una agrupación propia. Fue política de esta organización sacar rápidamente a sus militantes de la actividad a principios de 1974 pasando los mismos a la clandestinidad y a la actividad netamente militar. El PB y la JTP, en cambio, participaban activamente de la vida fabril y sus órganos gremiales tuvieron mucha más influencia sobre los obreros, los cuales, a decir de los entrevistados, eran en su mayoría peronistas. Otro actor que aparece en escena en este período es Corino Diaz quien habiendo llegado al sindicato junto a Saravia en 1966, creó en 1973 la Agrupación Naranja, la cual se ubicó como oposición del oficialismo dentro del esquema ortodoxo del peronismo.

[13] Entrevista realizada a Jorge (ex militante de la Agrupación 1º de Mayo y aun militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR) y delegado de la empresa MIA durante 1974) el día 11 de septiembre de 2010.

[14] Segunda entrevista realizada a Jorge, el día martes 22 de febrero de 2011.

[15] Entrevista realizada a Zenon (ex filetero de la empresa MIA, ex militante de la Agrupación Bordó y del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML)), el día 12 de septiembre de 2010.

[16] Entrevista realizada a Adela, (ex filetera de La centolla y ex militante del Peronismo de Base (PB) y de la Agrupación 1º de Mayo) el día 15 de septiembre de 2010.

[17] La Capital, miércoles 9 de enero de 1974.

[18] La Capital, jueves 10 de enero de 1974.

[19] La Capital, viernes 11 de enero de 1974.

[20] La Capital, sábado 12 de enero de 1974.

[21] Segunda entrevista realizada a Adela, el día 26 de febrero de 2011.

[22] La Capital, domingo 13 de enero de 1974.

[23] La Capital, martes 15 de enero de 1974.

[24] La Capital, jueves 17 de enero de 1974.

[25] Segunda entrevista realizada a Edgardo, (ex filetero de diversas empresas, entre ellas Galeote y La Centolla y ex militante del PB y de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)), el día 19 de febrero de 2011.

[26] La Capital, viernes 1º de febrero de 1974.

[27] Archivo del Servicio de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Bs. As. (SIPBA), legajo 1345. Folio 237.

[28] Primera entrevista realizada a Edgardo, el día 13 de septiembre de 2010.

[29] Archivo SIPBA, legajo 1345, folios 238 y 239.

[30] Tradicional club del puerto de Mar del Plata asociado con la identidad portuaria y muy vinculado al empresariado pesquero.

[31] La Capital, 13 de agosto de 1974.

[32] Los barcos congeladores factoría son aquellos que cuentan con la posibilidad de procesar y congelar a bordo la materia prima pescada. De esta forma, el pescado llega a tierra procesado y envasado, listo para ser transferido a buques mercantes y exportado. Los primeros barcos de este tipo ingresaron al caladero durante los años 70´, pero fue recién durante la década del 90´, en el marco de los Convenios en Materia Pesquera celebrados con la Comunidad Económica Europea en 1994, que se masificó la operatoria de los mismos en el mar argentino. Otro problema asociado a estos barcos, además de restar posibilidad de empleo al puerto local, es su gran potencia y capacidad de bodega lo cual los dota de un gran poder depredatorio. La crisis de sobre-pesca que estalló en el año 1997 debe sus causas a la irrestricta operatoria de estos buques durante el periodo 1994-1997.

[33] CARRA, Juan, “A vencer o morir en Mar del Plata”; en: Lucha Armada, Ejercitar la memoria editores, Bs. As., 2008, año 4, Nº 11, p. 56.

[34] Entrevista realizada a Roque (ex filetero de la empresa Galeote, ex militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP)) el día 19 de septiembre de 2010.

[35] Archivo DIPBA, legajo 1872.

[36] CARRÁ, Juan, op. cit., p. 57.

[37] Archivo DIPBA, Legajo 2052, folio 54 al 57.

[38] Lucha Armada, Ejercitar la memoria editores, Bs. As., 2008, año 4, Nº 11, p. 58.

[39] La Capital, 10 de octubre de 1974.

[40] La Capital, 14 de octubre de 1974.

[41] La Capital, 16 de octubre de 1974.

[42] Lucha Armada, Ejercitar la memoria editores, Bs. As., 2008, año 4, Nº 11, p. 58.

[43] La Capital, 15 de diciembre de 1974.

[44] Estrella Roja, 13 de enero de 1974. Citado en: CARRA, Juan, op. cit..

[45] La Capital, 29 de diciembre de 1974.

[46] Entre las reivindicaciones contenidas en el convenio podemos destacar, el seguro médico, el salario familiar, las vacaciones pagas, las licencias con goce de sueldo, el plus por antigüedad, la presencia de cuerpos de delegados y la garantía horaria. Este último es el punto más álgido ya que debido a la estacionalidad de la actividad los trabajadores permanecen ociosos durante extensos períodos del año.

[47] Entre 1975 y 1979 la capacidad de congelamiento aumento un 166 %, la de mantenimiento en cámaras, un 197 % y las capturas, 153,25 %. Las exportaciones a valor de dólar crecieron en cuatro años en más de un 1000 %, pasando de 19.405.000 dólares en el año 1975 a 213.792.000 dólares en 1979. Las exportaciones llegaron en 1979 a 248.715 toneladas (ESPOZ ESPOZ, Milcíades, Introducción a la pesca argentina: su rol en la economía nacional y mundial, Fundación Atlántica, Mar del Plata, 1985).

[48] Durante el año 1991 se produjo una ola de quiebras en el puerto local. Muchos empresarios tradicionales muy endeudados con el estado desde los años 60´ salieron del ruedo dejando un saldo de varios miles de obreros en la calle. Solo los empresarios más dinámicos de la rama lograron sobrevivir y lo hicieron en estrecha relación al capital extranjero el cual entró al país desde los años 80´ radicándose principalmente en la Patagonia. La mayoría de la mano de obra ociosa fue reincorporada en los años posteriores al circuito productivo pero ya no en el marco del Convenio Colectivo de Trabajo 161/75 sino a través de cooperativas de trabajo. En éstas los trabajadores aparecen como socios, trabajando en forma de monotributistas perdiendo, así, la relación de dependencia con las firmas y por ende todos los beneficios contenidos en el Convenio. Los recurrentes conflictos laborales de los últimos años fueron encabezados por trabajadores cooperativizados siendo una de las principales consignas la lucha por la registración laboral en el marco del convenio del 75.

[49] Se denomina en la jerga militante como “perros” a los miembros del PRT.

[50] Cabe destacar en este punto que la mayoría de los desaparecidos del puerto eran obreros, muchos de ellos ex delegados de planta.

[51] CALVEIRO, Pilar, op. cit., p.20.

[52] TORTTI, María Cristina, op. cit., p. 220.

[53] CALVEIRO, Pilar, op. cit., p. 38.

[54] TERÁN Oscar, “La década del 70´…”; op. cit., p. 27.

[55] MARÍN, Juan Carlos, Los hechos armados, La Rosa Blindada y P.I.Ca.So, Bs. As., 2003, p. 39.

[56] GILLIESPIE, Richard, Los soldados de Perón, Grijalbo, Bs. As., 1987, p. 192.

[57] CARRÁ, Juan, op. cit., p. 61.