Poder hacer otra sociedad. Un desafío para el pueblo argentino y todos los pueblos latinoamericanos(*)

 

 

Irma Antognazzi(**)

 

 

Muchas gracias a todos quienes hicieron posible estas VI Jornadas del Grupo Hacer la Historia; a todas las entidades auspiciantes y patrocinantes y particularmente a los equipos de Hacer la Historia de esta ciudad de Necochea y de la vecina Mar del Plata. Y a todos quienes vinieron de tan lejos, de nuestro país y de otros de nuestra América.

Fueron diez años de trabajo continuado desde Rosario pero hoy hemos ampliado nuestra capacidad con valiosas incorporaciones de estudiantes y docentes de esta región.

¿Cómo surgió la idea de constituir un Grupo que se titule HACER LA HISTORIA? Volví al país del exilio forzoso el día de las elecciones de octubre de 1983. Elegí ese día, porque supuse que iban a levantar el estado de sitio que me impedía retornar. Iba tratando de seguir la historia de mi país. Entendía que se estaban sumando fuerzas y factores que obligaban a la retirada del gobierno militar y a la necesaria apertura electoral. Sin embargo era consciente que los dueños del capital financiero que habían dirigido el terrorismo de estado y todas las políticas económicas, sociales y culturales de la etapa anterior no estaban derrotados. Las herramientas teóricas y metodológicas de que disponía me permitían descubrir que la democracia que se abría venía condicionada por el poder de ese sector social, la oligarquía financiera y que las cúpulas de los partidos políticos mayoritarios, tanto el que ganase como el segundo se estaban preparando para ser los representantes de dicho poder financiero sin cuestionarlo, aunque con una careta que les permitiera ganar consenso. Y lo lograron muy pronto.

Ví las expectativas de justicia, de libertad, de democracia, de tranquilidad, de mejoras que manifestaba el pueblo argentino. Empecé a tomar conciencia cada vez más clara, que se avecinaba una nueva frustración si el pueblo no lograba entender qué pasaba y si no encontraba cómo hacer otra historia.

La nueva democracia limitaba la participación del ciudadano a votar periódicamente, sobre listas sábanas, caras sonrientes en afiches, elegidas desde otros lugares. Promesas lanzadas para no ser cumplidas. Discursos falaces, que engañaron y lograron crear opiniones contrarias a los intereses del pueblo: como hacia las llamadas privatizaciones, los reiterados endeudamientos, los reiterados saqueos a los salarios y a las expectativas de vida; a una legislación que fue conculcando los derechos y las libertades públicas, produciendo el vaciamiento de la justicia, de la educación, de la seguridad, de la salud, el deterioro de las condiciones laborales y de vida de millones de argentinos. Todo sobre una escenografía de corrupción, crímenes sospechados de mafiosos y asqueantes modelos de funcionarios venales enseñoreándose en la impunidad.

Siempre nos hicieron creer que Historia se escribe con mayúscula porque es una materia de la escuela que estudia lo que pasó hace mucho. La idea que nos fuimos formando, con esas experiencias encima, fue todo un descubrimiento que nos llevó a hablar de la historia del presente. Otra historia era necesaria y posible. No sólo para estudiarla, sino como protagonistas para hacerla. Vivimos en la historia, hacemos la historia aunque estemos de brazos cruzados, aunque no sepamos qué, ni cómo, ni por qué. Entonces, nos dijimos, necesitamos hacer otra historia, dirigir nuestras fuerzas en una dirección que nos convenga a nosotros- pueblo y no que la hagan a su antojo los grupos o sectores que tienen el poder. Este es el desafío. Creamos el Grupo Hacer la Historia para contribuir, modestamente, a abrir ese debate desde adentro de la Universidad. Y con esta preocupación empezamos desde que tomé la cátedra de Problemática Histórica en 1984 en la Universidad Nacional de Rosario.

En esos primeros años los estudiantes preguntaban “qué pasó”. Luego, las nuevas generaciones, ante los primeros síntomas de frustraciones fueron agregando otra pregunta, “qué pasa”. Y más adelante, los que siguieron empezaron a plantear “qué hacer”, hacia fines de la década del 90. No sin desánimos, cuando a primera vista les parecía que no era posible erradicar el poder de los sectores que se creen con atribuciones para hacerse dueños de nuestro país, de A.L. y hasta del planeta entero. Pareciera que todos los caminos están cerrados.

Hacer la Historia no es sólo estudiar historia. Sin embargo nos planteamos como exigencia conocer qué pasó y qué cree el pueblo que pasó, es decir qué historia y qué memoria colectiva –o memorias- se han instalado. Hacer la Historia es tomar conciencia del papel activo y las consecuencias que puede tener crear una fuerza capaz de darle otra dirección al curso que le imprimen quienes tienen el poder del estado.

Y así llegamos al tema del poder, que si bien fue planteado en los `70, recién ahora, está quedando claro para las amplias mayorías de los pueblos de América Latina. Para Argentina, un pico en esa toma de conciencia fueron los días de diciembre de 2001. No sólo qué poder tienen otros y quiénes son esos otros. Sino qué poder podríamos tener como pueblo porque tenemos razones justas, porque sabemos que deben respetarse nuestros derechos, porque nos asiste la fuerza de la razón, de la justicia, de los derechos que los humanos hemos ido construyendo en una larga historia sobre este planeta, porque no podemos tolerar la injusticia de ver o saber que existen tantos millones de seres humanos que no pueden vivir como tales y un puñado de delirantes que quieren mantenerse en la historia con la guerra mientras los pueblos ya han descubierto que hay otra historia posible y experimentan formas de concretarla.

Entonces es necesario conocer el proceso histórico, recurrir a la ciencia de la historia, una historia que no se queda en el pasado, sino que está transcurriendo debajo de nuestros pies.

Estos temas deben estudiarse en la universidad y en las escuelas públicas. La universidad no puede ser una isla ni el universitario una figura decorativa ni estudiar para lograr una salida individual. La universidad pública debe ser un servicio para el pueblo, debe investigarse y estudiarse la realidad, y la forma en que podemos cambiar la sociedad en beneficio de todo el pueblo y cómo cada área puede aportar en esa dirección; del mismo modo que se estudia cómo combatir nuevos virus o cómo descubrir el código genético o el movimiento de las partículas cuánticas. Esos problemas deben estar en los planes de estudio de todas las carreras, no sólo de las humanidades. Desde el poder del estado y sus funcionarios al servicio del poder contra el pueblo pretenden hacer creer que estos temas de la sociedad y su historia no son científicos. Sin embargo es imprescindible que desde la universidad pública los reivindiquemos como tales.

Hacer otra sociedad, hacer la historia, es un problema central a abordar desde todas las carreras y áreas de investigación. No podemos dejar que el pueblo sólo haga la historia por ensayo y error habiendo ciencia de lo social, ciencia de la historia. Es un problema que abordan quienes tienen el poder a través de intelectuales a su servicio. Ellos, los otros, los enemigos de los pueblos, tienen científicos a su cargo que estudian cómo mantener una sociedad favorable a sus intereses.

HACER OTRA SOCIEDAD es una tarea central y requiere investigación, no meros discursos contestatarios, ni facciones, ni pura agitación, ni meras denuncias.

Este es el desafío que dejamos planteado en estas Jornadas. Luchamos para que se haga carne entre estudiantes, docentes de todas las áreas y niveles de la educación e investigadores. Esperamos que estas Jornadas contribuyan a desarrollar esa dirección del pensamiento y de la acción.

Por eso hemos convocado en torno a este título “Poder hacer otra sociedad” como un desafío colectivo. Entonces, aún sabiendo que los que estamos aquí tenemos distintas ideas al respecto, esperamos de todos y los convocamos a que nos escuchemos, porque nadie sabe cómo hacer, ni aunque supiera, nadie, ningún grupo ni sector podría hacerlo sólo. Nos abocaremos estos dos días a trabajar con el objetivo de ayudar al pueblo al que pertenecemos a avanzar en fortalecer su poder. Para ello hagamos diálogos fraternos, profundos, apasionados pero fraternos. Si antagonizamos entre nosotros, si sólo buscáramos ganar discursos, sería porque no tenemos claro que hay una parte de la sociedad cuyos intereses son opuestos al pueblo, la oligarquía financiera y que para derrotar su poder es necesario construir fuerza popular.

Las ideas que surjan serán registradas y en lo posible publicadas y difundidas. A trabajar. juntos, fraternal y solidariamente porque como estudiantes, docentes e investigadores de Argentina y América Latina, pertenecemos al pueblo y desde este lugar, haremos nuestros aportes.

Gracias a todos quienes hicieron posible este encuentro, a quienes vinieron de lejos, de nuestro país y de otros pueblos hermanos de América Latina. Estamos convencidos que estamos contribuyendo a hacer otra historia. Modestamente contribuyendo, pero para que nuestros pueblos sean fuertes también necesitan de nosotros, quienes tenemos la gran responsabilidad de estudiar, enseñar, investigar, aprender, actuar, crear conocimiento y difundirlo para que podamos usarlo creadora y colectivamente en el arduo pero fascinante trabajo de hacer otra historia. Gracias.

 

Necochea, 15 de octubre de 2004.

 

 



(*) Este texto es la desgrabación de la intervención de Irma Antognazzi en la Mesa de Apertura de SEXTAS JORNADAS NACIONALES. TERCERAS LATINOAMERICANAS del Grupo Hacer la Historia, Necochea (Argentina). 15 y 16 de octubre de 2004.

(**) Profesora en Historia (Universidad Nacional del Litoral). Grupo de Trabajo Hacer la Historia. Argentina. Email: irmaantognazzi@gmail.com